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Noticias © Comunicación Institucional, 06/02/2005Universidad de Navarra
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De la Constitución para Europa
Autor:Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 6 de febrero de 2005
Publicado en:  La Vanguardia (Barcelona)

Los españoles juzgaremos, el próximo día 20 de febrero, el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, que menciona la religión en cinco artículos.

Además de la alusión del preámbulo, en que se señala "la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa", hay cuatro referencias en la segunda parte (que desarrolla la carta de los derechos fundamentales) y una quinta en la primera parte (que define la Unión europea y se señalan sus objetivos). El Tratado reafirma también la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que cuentan en su haber bastantes sentencias protegiendo la libertad religiosa, entendida como un derecho humano fundamental.

Juan Fornés, siguiendo la doctrina más solvente, ha subrayado la importancia de esas cinco menciones. La Unión respeta las iglesias y asociaciones o comunidades religiosas; reconoce el derecho a la libertad de religión, a manifestar la religión públicamente y a la objeción de conciencia; señala el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas; prohíbe toda discriminación por razones religiosas; y respeta, finalmente, la diversidad religiosa. Queda garantizado, por tanto, el derecho de libertad religiosa, en sus dimensiones personal, colectiva e institucional.

Todo esto es muy positivo. Los fieles católicos no deben alarmarse, al menos a priori, por el silencio del Tratado sobre el cristianismo, aunque habría sido mejor y más justo una referencia expresa. Tampoco la Iglesia católica como institución debe temer, en principio, pues el Tratado reconoce la posibilidad de establecer relaciones institucionales y de cooperación entre la sociedad jurídico-política y las confesiones religiosas.

Determinado el marco constitucional, si se aprueba el Tratado, el futuro de la Iglesia queda -como siempre- en las manos de los católicos. Con la ayuda de Dios, la suerte de la evangelización depende de la coherencia y autenticidad de cada uno y de la firmeza de sus convicciones. No cabe excusarse en la reciedumbre de los tiempos.

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