Noticias© Comunicación Institucional, 05/04/2007

Universidad de Navarra

A vueltas con el Proceso de Bolonia

Autor: Carlos Bastero de Eleizalde
Escuela de Ingenieros (TECNUN)
Universidad de Navarra

Fecha: 5 de abril de 2007

Publicado en: Diario Vasco

Hablar del Proceso de Bolonia es plantear algo que está convulsionando intelectualmente a la Universidad española. Todo cambio, si es a mejor, ¡bienvenido sea! No queremos con este artículo plantear un debate sobre si debería o no haberse firmado la integración de España en el Espacio Europeo de Educación Superior. A todas luces, sería incongruente dar la espalda a algo a lo que nos sentimos abocados por cultura, por situación geográfica, por sentido económico, por política, etc.

Lo que nos preocupa es que algo, que es naturalmente mejor que su contrario, convulsione la Universidad, cree disensión, fomente partidarios –los ‘apóstoles de Bolonia’– y cree enemigos furibundos. La causa no es baladí.

El auténtico universitario no quiere que nuestra Universidad forme peor a sus estudiantes. Quizá éste sea el nudo gordiano del tema planteado. No queremos una Universidad en la que se investigue menos, pero no podemos ni debemos permitir que se cree una Universidad que forme menos. Hay que hacer que el estudiante universitario salga cada vez mejor formado. Es una pescadilla que se muerde la cola o un círculo vicioso. Si nuestros universitarios salen peor formados de las aulas, difícilmente crearemos hornadas de jóvenes investigadores que eleven más el nivel investigador de nuestra Universidad y, por ende, de nuestro País.

Cada carrera tiene sus características y, desde el punto de vista de la Ingeniería Industrial, algo podemos decir.

La Federación Europea de Asociaciones Nacionales de Ingenieros –a la que pertenecen conjunta y paritariamente tanto el Instituto de Ingeniería de España como el Instituto Nacional de Ingenieros Técnicos–, en su asamblea general en Malta de 1 de octubre de 2004, aprobó por unanimidad que debieran existir dos perfiles diferenciados de Ingeniería –Generalista y Especialista– y que ambos son valiosos y necesitan ser preservados.

Todos sabemos que el modo de formar ambos tipos es distinto. El Generalista, –con un enfoque más académico y, por consiguiente, más asentado en los principios básicos– ha de tener la formación correspondiente a quien se pregunta por los porqués. El Especialista –como su mismo nombre indica– es un ingeniero con una rápida empleabilidad que tiene la capacidad de responder a los cómos.

Cada uno puede optar por un camino a la hora de decidirse a elegir una carrera. No sería de buen gobernante el cercenar la posibilidad y cerrar caminos que hasta ahora han servido a la Industria de nuestro País. Como muy bien se expresa en la Asamblea de Malta, nadie sobra o, por mejor decir, nadie falta en nuestro sistema. Queremos que nuestro País se sitúe en el añorado 3% de inversión del PIB en I+D+i. Para ello, necesitamos tener universitarios formados que tiren de la Industria y sean capaces de ponerla al nivel que deseamos. Esto no será posible, si desvirtuamos el proceso formativo en aras a una convergencia europea, en la que cada país –basta con analizar las reformas que han o están llevando a cabo– mantiene lo que le es genuino y lo adapta con los mínimos cambios necesarios. Porque, no lo olvidemos, los cambios han de servir para mejorar y no para empeorar.

© 2007 Universidad de Navarra | Campus Universitario. 31080 Pamplona. Navarra (España). Tfno: +34 948 42 56 00 | Enviar e-mail de consulta Noticias

 

NoticiasDirectorioCuerpo