Noticias: 29/02/04 [ © Comunicación Institucional, 2004 ]
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Fernando Lázaro Carreter, amante apasionado del idioma
Autor:Manuel Casado Velarde
Catedrático de Lengua española
Universidad de Navarra
Fecha: 5 de marzo de 2004
Publicado en:  Expansión (Madrid)

Pocos lingüistas han ejercido, como don Fernando Lázaro, un influjo tan amplio y sostenido en el panorama de la cultura española contemporánea. Su magisterio desbordó hace ya medio siglo las viejas aulas salmantinas -donde fue catedrático entre 1949 y 1970-, para verterse al ancho mundo de los manuales, de los medios de comunicación y de las listas de libros más vendidos. Su rica y polifacética personalidad ha sabido aunar la investigación filológica más especializada con el artículo periodístico, la monografía plagada de notas eruditas con el libro de texto de bachillerato, la disquisición filológica de detalle con el gobierno de la Real Academia. Por eso es tan difícil trazar en pocas líneas su perfil biográfico.

Don Fernando se inició en la investigación y docencia universitarias con Dámaso Alonso, en los años cuarenta. Realizó notables aportaciones a la historiografía lingüística y al estudio de nuestros clásicos, tanto a los del Siglo de Oro (Lope, Góngora y Quevedo) como a figuras sobresalientes del siglo pasado (Guillén, Aleixandre, Unamuno o Valle-Inclán). Simultáneamente, se ocupó de una serie de obras que han desempeñado un influjo importante en la formación de muchas generaciones de estudiantes: me refiero a su Diccionario de términos filológicos, a su guía sobre Cómo se comenta un texto literario y a su Lengua española de COU.

Tras su largo magisterio en Salamanca pasó a enseñar a Madrid, primero en la Autónoma y luego en la Complutense, hasta su nombramiento de emérito en 1988. Muy pronto, en 1971, la Real Academia Española lo incorporó a sus tareas de velar por el idioma. Entre 1991 y 1998 dirigió la institución. Bajo su impulso, la Academia se lanzó a la tarea de realizar un ambiciosísimo registro informatizado del idioma, con centenares de millones de fichas idiomáticas. Para tal fin, don Fernando logró algo sin precedentes en nuestro suelo: concitar el entusiasmo y la aportación material de instituciones, empresas, bancos y ciudadanos singulares, que juzgaron del máximo interés cultural sumarse a tal objetivo.

A mediados de los años setenta, don Fernando empezó a publicar una serie de colaboraciones en la prensa, bajo la rúbrica de "El dardo en la palabra". En 1997 publicó con ese título su primer volumen de dardos, al que seguiría un segundo, en el 2002. El dardo en la palabra ha sido un libro mucho tiempo omnipresente en las listas de los más vendidos. Recogen estos volúmenes tres centenares de artículos que el autor ha venido publicando en estos treinta últimos años en periódicos españoles y extranjeros. En ellos queda reflejada su preocupación no solo por el uso idiomático (lanza, en efecto, sus dardos sobre cerca de tres mil palabras o expresiones) sino también por modas, modos y modelos sociales e intelectuales de estas tres últimas décadas. En ellos se nos revela un Lázaro Carreter muy distinto del profesor universitario. Aparece un maestro del humor, de la amenidad, de la ironía. Los dardos se siguen leyendo hoy con igual o mayor interés y regocijo que cuando vieron la luz por primera vez. Sin estos dardos la historia idiomática de los treinta últimos años hubiera sido diferente. Gracias, don Fernando, por su magisterio. Gracias por su amor apasionado al español.

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