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Saber tomarse su tiempo
Autor:Guido Stein
Secretario general
de la Universidad de Navarra
Fecha: 5 de enero de 2003
Publicado en:  La Voz de Galicia

Vivimos fechas en las que se hace balance personal y corporativo del año transcurrido, se acaricia, simultáneamente y con renovada expectación, lo que el Año Nuevo puede traer bajo el brazo, y, aunque en la última hora de nuestro tiempo, hasta las predicciones se han tornado impredecibles, algunas intuiciones anecdóticas pueden resultar sugerentes cara al futuro.

Por ejemplo, el alemán Hans Von Pierer, presidente de Siemens, acaba de recordarnos que " en el mundo del deporte, como en el de los negocios, no se puede dominar siempre". Afirmación que cabría glosar con las recientes palabras del francés René Carron, artífice de la macrofusión bancaria Agricole-Lyonnais: "Como campesino que soy, les diré que es importante tomarse su tiempo. Y entre tomarse su tiempo y perder el tiempo, a veces hay una línea muy estrecha".

A estas alturas, muchas punto.com están muertas y no pocas restantes dando las últimas bocanadas, si bien la revolución que iniciaron ya es imparable. La experiencia nos debería haber aportado un suplemento de prudencia inversora como la que, con tintes cínicos, expresa el financiero norteamericano Warren Buffet, segunda fortuna yanqui después de Bill Gates, al explicar por qué prefiere centrarse en compañías sin glamour, pero con recorrido alcista: "Hay que invertir en compañías que puedan ser gestionadas por un idiota, porque más pronto o más tarde estarán gestionadas por un idiota".

Seguramente, el incansable futuro ya ha llegado, si bien quizá lo haya hecho a otra empresa, sector o país. La clave para cambiar estriba en enterarse, en arbitrar el conocimiento, trasladando las ideas de las empresas tecnológicamente punteras a las que no lo son, de los que están a la última a las seguidoras, de las que saben a las que desconocen.

Las personas somos capaces también de cambiar; sin embargo, a veces se olvida que quizá no lo seamos tanto de huir de nosotros mismos, como más de un empresario y directivo pretenden vanamente. "¡Terribles ilusiones! - advertía González Ruano en los años treinta- Nadie podemos huir de lo que efectivamente somos. Imposible huir de uno mismo. Cuando esa necesidad de huir nos pide urgencias en la juventud, acaso no es sino un sentimiento natural de inquietudes en la hora propicia de romper cadenas, casi siempre presuntas. Más tarde, las cadenas que atan al hombre a sí mismo son cadenas de su propia sangre, que no admiten posible ruptura sin que al romperlas rompa el hombre su vida". Guido Stein. Secretario General de la Universidad de Navarra.

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