Universidad y Libertad
El sábado día 25 de octubre salió soleado en Pamplona y daban ganas de retozar por el campus, distinguir entre abetos y abedules (algo no tan sencillo para un residente en Mérida), observar la piedra zen de la Biblioteca y volver a ver la noria que Quino Molina se trajo de Azuaga, además de árboles y flora extremeña diseminados por la pradera pamplonesa. De esas cosas hablaba con el dombenitense Manolo Casado, mi entrañable amigo y algo más, en su despacho de la Biblioteca.
Tan agradable estaba resultando mi estancia que, será la edad, me puse a contarles vivencias a mis hijos. "...por ahí íbamos el Xavier Fábrega y yo al Sadar .; ahí fue la homilía de amar al mundo apasionadamente; ahí perdían las asambleas Tinoco y Manuela; ahí cantábamos, ahí, ahí..." y todos los "ahí" de mi vida se encontraban, gozosos, por el campus de la Universidad de Navarra, llenos de recuerdos y de cariño.
Nos reuníamos los 'Alumni', la asociación de antiguos alumnos de la Universidad de Navarra y una ventolera de simpatía y de recuerdos pululaba por el amplio y limpio hall del Edificio Central. Estas gentes de 'Alumni', lo decía José Ángel, tenemos en común una contraetiqueta, una denominación de origen que nos caracteriza, el sentimiento de pertenencia a una Universidad que no es algo por donde pasamos, nos dio un titulo y después olvidamos. No. Aquellos que realizamos nuestros estudios en la Universidad de Navarra seguimos compartiendo esa corriente de agradecimiento y de afecto por lo recibido y por los momentos vividos, por los esfuerzos realizados para hacernos hombres libres. ¡Libres!, con la libertad de los hijos de Dios. Porque universidad y libertad van, unidos, en la búsqueda de la verdad, esa que nos hace libres. La libertad hace y no deshace, crea y no destruye, ama y no odia.
El jueves siguiente me llamó mi hija Elena para decirme que donde yo había aparcado el coche otros aparcaron una máquina de matar. Me quedé en silencio y, otro sentimiento, este mezcla entre dolor y asco, me pasó por la garganta. Tan injusto me parecía todo. ¡Cuántas veces he pasado por ese lugar bajando la Torre I de Belagua! Sólo un milagro ha evitado una masacre en este atentado contra la libertad, contra mi Universidad. Pero, mira por donde, el bombazo terrorista me da ocasión para pregonar mi cariño por esos edificios y el espíritu que anida en ellos, por los días allí pasados y por la cercanía de quienes allí están, hoy, ahora, más cerca que estuvieron nunca.
En Pamplona volverá a salir el sol, y esta nube negruzca pasará como ya ha pasado otras veces, porque hay algo intangible pero evidente que ni las bombas desplomarán ni los de las cavernas conseguirán asolar. Se trata de esa bendita asignatura que aprendí en mi Universidad de Navarra, es la libertad.
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Cobertura completa del atentado contra la Universidad de Navarra
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