Noticias© Comunicación Institucional, 04/06/2007

Universidad de Navarra

La protección de la dependencia: una ecología para la Revolución Demográfica

Autora: Inmaculada Baviera Puig
Profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Universidad de Navarra

Fecha: 4 de junio de 2007

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Nuestra sociedad globalizada experimenta una revolución demográfica sin precedentes que se puede expresar en dos indicadores ilustrativos: la esperanza de vida, que ha aumentado significativamente en todo el mundo, lo que sin duda es uno de los grandes logros del siglo XX, y la fuerte caída de la natalidad. La conjunción de ambos plantea incertidumbres y problemas. Una característica de este proceso es, precisamente, la rapidez con que ha tenido lugar en los países en vías de desarrollo. Estas transformaciones constituyen un desafío para la política de los países a escala mundial. La magnitud del hecho es tal, que podría compararse a lo acontecido en la revolución industrial, por sus importantes repercusiones económicas, sociales y culturales. España, pese al repunte de la natalidad podría convertirse en uno de los países más envejecidos del mundo.

La dependencia se configura como un fenómeno universal. Últimamente, se habla mucho del problema del cambio climático o calentamiento global. Las informaciones publicadas contribuyen a que toda la ciudadanía tome conciencia de un peligro que afecta al medio ambiente, producido en buena medida por el propio crecimiento económico. Algo parecido va a ocurrir con la dependencia. Es urgente que tomemos conciencia de la importancia que va a tener el aumento de personas dependientes en nuestra sociedad.

No hay que olvidar que esta “revolución silenciosa” coincide con una etapa de recortes y de reajustes en el presupuesto destinado al Estado de bienestar y con el desmoronamiento de las estructuras de atención informal, especialmente desde la incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo y el aumento del número de familias desestructuradas. Y es que para estas transformaciones ningún sistema de pensiones –público o privado– está preparado. En efecto, los cambios sociales y familiares, característicos de las sociedades postindustriales, han sacado a la luz una serie de carencias asistenciales. En este sentido, la protección de la dependencia no puede reducirse a una cuestión meramente financiera, sino que se trata sobre todo de una cuestión social. Muestra de ello fueron los trágicos efectos de la ola de calor en Francia en el verano del año 2003, que acabó con la vida de varios miles de ancianos, no por falta de recursos sino porque muchos de ellos vivían solos en sus hogares.

Una idea común de los documentos preparatorios de la Segunda Asamblea Mundial sobre envejecimiento, fue la necesidad de apoyar las redes de atención informal, bien mediante ayudas de tipo económico o bien por medio de seguros sociales. La solución adoptada en la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia, apuesta por un modelo basado en el desarrollo de los servicios sociales, que no ignora otras posibles líneas de política legislativa fundadas en la Seguridad Social: la nueva ley introduce el seguro social para el cuidador informal.

En definitiva, junto a la búsqueda de mecanismos adicionales que complementen la asistencia básica social y sanitaria hay que tener también en cuenta a la persona del cuidador informal o familiar. Se puede traer aquí a colación la propuesta del Abogado General Tizzano en el caso Gaumain-Cerri y Barth donde propone la extensión del concepto “trabajador comunitario” al asistente informal del beneficiario del seguro de dependencia alemán. Y es que en la dependencia, en cualquier caso, siempre se ve implicado un tercero. Por ello, la protección adecuada del cuidador es desde todos los puntos de vista fundamental. Frente a la escasa tutela dispensada en España a esta figura me parece de interés la propuesta del legislador, aún pendiente de desarrollo reglamentario.

Por último, hay que añadir la necesidad de introducir mecanismos laborales más flexibles para hombres y mujeres, con un apoyo económico más decidido del Estado. Sólo de esta manera será posible generar, como afirma el Consejo de Europa, mecanismos de solidaridad, fortaleciendo el apoyo entre las distintas generaciones.

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