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La ancianidad del Papa
Autor:Josep-Ignasi Saranyana
Profesor de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 4 de mayo de 2003
Publicado en:  La Vanguardia (Barcelona)

Con casi ochenta y tres años, enfermo de cuidado, con varios accidentes a cuestas y un grave atentado en su haber, Juan Pablo II ha emprendido su quinto viaje pastoral a España.

Me interesa ahora destacar sólo una: el Papa es un ejemplo de cómo se puede envejecer con dignidad y santo orgullo. Ofrece una lección a la sociedad contemporánea que teme la vejez y la enfermedad, y procura prescindir de los viejos y ocultarlos. Esto no ha sido siempre así: muchas culturas antiguas han tenido respeto y veneración por la ancianidad, que las ha honrado.

Ahora, las cosas parecen haber cambiado. ¿Será que sucumbimos al egoísmo? ¿Será que nos puede el utilitarismo? Cuando una cultura valora al hombre sólo por lo que éste rinde y hace, mala cosa. Porque el hombre no vale tanto por lo que hace, cuanto, sobre todo, por lo que él mismo es.

La doctora Mary Ann Glendon, de la Universidad de Harvard, en una reciente entrevista concedida en Pamplona, resaltaba, un tanto preocupada, el eclipse total de personas que lo fueron todo en la vida pública mundial de los años ochenta. Comentaba que Ronald Reagan, Margaret Thatcher o Helmut Kohl son ahora escondidos por sus conciudadanos e ignorados por los medios, como si se avergonzasen de su decrepitud. Por el contrario, contemplar cómo envejece el Santo Padre, ilusionado con tantos proyectos, pidiendo a Dios que le conserve la vida, sin importarle ni poco ni mucho que le vean en silla de ruedas, usando frecuentemente un pañuelo para secar su boca, a veces con un hilillo de voz y conescasa capacidad de vocalización, constituye un revulsivo para todos y, desdeluego, una esperanza para muchos.

El Papa nos presenta la ancianidad como algo natural, que no implica desdoro para la persona. Y, sobre todo, su ejemplo estimula a aprovechar bien la vida, larga o corta, mientras dure. No tenemos aquí morada permanente, es cierto; pero aquí edificamos nuestro futuro definitivo. La vida es valiosa.

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