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Noticias © Comunicación Institucional, 04/03/2005Universidad de Navarra
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El siglo XXI... ¿También en la construcción?
Autor:Íñigo Puente Urruzmendi
Doctor Ingeniero Industrial
Universidad de Navarra
Fecha: 4 de marzo de 2005
Publicado en:  La Gaceta de los Negocios

En las últimas semanas se han producido varios acontecimientos relacionados con el mundo de la construcción, que la han puesto en el punto de mira de la opinión pública: un terremoto en Murcia, un sonado incendio en Madrid y un no menos sonado hundimiento en Barcelona. En este contexto, parece especialmente interesante preguntarse por la situación actual del sector en España, no sólo en lo relacionado con la seguridad, sino también desde el punto de vista de su adaptación al mundo actual.

En primer lugar, es obligado felicitarse por el hecho de que no se hayan producido en ninguno de los casos mencionados víctimas personales. En segundo lugar, se ha demostrado que nuestras estructuras han superado con buena nota la prueba de resistencia sísmica y frente al fuego. Estos dos hechos están íntimamente relacionados no sólo con la suerte, sino también con la bondad de las normas técnicas que han regido nuestra construcción.

En el lado negativo de la balanza se pueden mencionar, por su parte, otros dos aspectos: fallos en las instalaciones contra incendios y en la ejecución de obra civil. Cabe preguntarse, sin pretender entrar en profundidades, por las causas de estos fallos y, en su caso, por las medidas a adoptar para evitar que se puedan reproducir en el futuro.

Abordando, en primer lugar, las instalaciones contra incendios, creo que todos los implicados en la ejecución de edificación llegaríamos pronto a un consenso en dos puntos: nuestra normativa es bastante estricta y se cumple, al menos sobre el papel, a la hora de ejecutar las obras; sin embargo, sin pretender afirmar que este sea el caso concreto de lo ocurrido en Madrid, el mantenimiento y revisión de las instalaciones debe mejorar. ¿Cuántos hemos realizado alguna vez un simulacro de evacuación en nuestro lugar de trabajo? Y, en su caso, ¿cuántas veces? Por otro lado, muchos hemos asistido a falsas alarmas, producidas por sistemas de alerta sometidos a un escaso o poco competente mantenimiento. Sin embargo, este problema parece de menor entidad. La experiencia hará que, en lo sucesivo, las inspecciones sean más rigurosas y los propietarios más cuidadosos con el mantenimiento y actualización de los sistemas.

Mucho más significativo parece, sin embargo, lo ocurrido en las obras del metro de Barcelona. Sin pretender tampoco entrar a valorar los hechos concretos, la realidad es que, en el mundo de la obra civil se producen con relativa frecuencia hechos, no tan graves como el mencionado, pero que indican una tendencia: la obra civil se ha enfrentado ya a retos mucho mayores que la edificación residencial o comercial. Cualquier autopista o vía férrea actual implican, debido a nuestra orografía, la ejecución de viaductos y túneles cada vez más largos, y más altos o profundos, respectivamente; además, siempre con una gran presión económica. Esta tendencia hace que los proyectos de obra civil se enfrenten a retos crecientes, que obligan a acudir a técnicas de ejecución y materiales cada vez más costosos y complejos. Ante este reto, la construcción de obra civil ha evolucionado de forma rápida, resultando cada vez menos artesanal y adoptando criterios más industriales. Se han cometido y se cometerán, a buen seguro, errores en el futuro; sin embargo, el proceso está en marcha y es imparable.

Pero ¿ha evolucionado de la misma manera la edificación? A día de hoy, la respuesta es, salvo honrosas excepciones, negativa. Una visita a cualquier obra residencial o comercial nos permite comprobar que se sigue encofrando de forma bastante artesanal, que los ciclos de ejecución se deciden en muchos casos sin atender a criterios técnicos o económicos y, sobre todo, que la edificación hace un uso extensivo de mano de obra barata y, en muchos casos, poco cualificada. Pocos espectáculos pueden resultar tan clarificadores como la ejecución de tabiquería: ladrillos de dimensiones ridículamente pequeñas, que obligan a colocar manualmente miles de ellos para ejecutar cualquier edificio residencial; en definitiva, cientos de horas de trabajo para obtener un resultado que podría alcanzarse igualmente con tabiquería seca o con elementos cerámicos aligerados de mayores dimensiones y ejecución mucho más eficiente... y a un coste muy inferior.

Parece llegada, pues, la hora de cambiar las cosas. Debemos comenzar a plantear la edificación, como ya se ha hecho con la obra civil, desde un punto de vista mucho más industrial; pero para ello, no es necesario sólo un cambio de costumbres sino, por encima de todo, el recurso a dos recetas de comprobada eficacia: la formación y la investigación. Si queremos cambiar una cultura debemos en primer lugar desarrollar nuevas técnicas y, en segundo, difundirlas en nuestros centros de formación profesional y en nuestras escuelas de arquitectos, aparejadores e ingenieros.

El sector de la construcción supone, aproximadamente, un 17% de nuestro PIB; sin embargo, los recursos destinados a la investigación son ridículamente escasos: nuestro Plan Nacional de I+D+I 2004-2007 tiene un Programa de Construcción que destina a este campo unas dotaciones económicas que es mejor no mencionar para no avergonzar a nadie. Es comprensible que programas de investigación en medicina, telecomunicaciones, nuevos materiales u otras áreas puedan resultar más atractivos a priori, pero también hay que reconocer que no se puede dejar casi desasistido de ayudas a la investigación a un sector con un peso tan grande en la economía del país. Desistir de la innovación en un área de esta importancia estratégica no es sólo negativo para el mercado interior; por el contrario, si queremos que nuestras empresas sean competitivas a nivel internacional, debemos ser competitivos tecnológicamente y, en este contexto, no parece que la situación de la edificación en nuestro país sea tan positiva como a muchos nos gustaría. Si no ponemos pronto remedio a esta situación, podemos vernos abocados en un futuro no muy lejano a importar tecnología para algo aparentemente tan simple como construir, de forma económicamente eficiente, nuestras viviendas o lugares de trabajo.

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