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04/02/2009

Por la revolución científica contra el cáncer

Autor: Luis Montuenga
Director del Área de Oncología del CIMA y vicerrector de Investigación
Universidad de Navarra

Fecha: 4 de febrero de 2009

Publicado en: Diario de Navarra

El 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer. Fue en el año 2000 en París cuando se determinó esta fecha como un día para reflexionar sobre tan trágica enfermedad y difundir estrategias para disminuir su incidencia. Conviene no olvidar que más del 40% de casos de cáncer son claramente prevenibles. La Unión Internacional Contra el Cáncer (UICC) ha diseñado un plan plurianual de divulgación de hábitos saludables y quiere concentrar su mensaje en la idea de la prevención desde la infancia. Así como 2008 fue el año de la infancia libre de humo, 2009 está dedicado a difundir la importancia de la dieta sana y la actividad física en los primeros años de la vida, para evitar los efectos perniciosos de la obesidad en la vida adulta. La International Obesity Task Force estima que uno de cada diez escolares tiene sobrepeso y que en el mundo son obesos más de 30 millones de niños de entre 5 y 17 años. Como el sobrepeso y la obesidad en la edad adulta aumenta el riesgo de cáncer, la UICC en su campaña quiere llamar la atención a padres, educadores y responsables políticos de la importancia, también para la prevención del cáncer, de poner los medios para que los niños se beneficien de una alimentación saludable y de una actividad física adecuada, que les aleje del peligro de la obesidad.

El año 2009 es también un año de celebraciones en el ámbito de la investigación oncológica. En abril, en Denver (Colorado), se celebrará la edición número 100 del congreso anual de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (AACR), Como en años anteriores, varios investigadores del CIMA presentaremos en ese foro algunos de los nuevos resultados de nuestro trabajo en el laboratorio. Un siglo de investigación en cáncer es mucho tiempo. En cien años el avance ha sido enorme en la comprensión, el diagnóstico y el tratamiento de esta enfermedad, que en 1909 era básicamente incurable. En estas décadas, la investigación biomédica ha rendido sus frutos. Hoy conocemos bien muchos de los mecanismos celulares y moleculares que están desestabilizados en las células tumorales, y diseñamos activamente nuevas estrategias para identificar esas células cancerosas y para dirigir tratamientos moleculares específicos contra ellas. La innovación tecnológica en el mundo de la Biología Molecular y Celular, que llevó a descifrar el genoma humano, ya ha identificado también muchos de los cambios en el genoma de la célula tumoral. Con las nuevas tecnologías biológicas, podemos conocer al detalle cientos de miles de aspectos moleculares específicos de las células del cáncer. Actualmente, los investigadores tenemos a nuestra disposición bases de datos que recogen millones de resultados generados en experimentos que los científicos llamamos de alto rendimiento. Pero la mayor parte de esta ingente nueva información todavía no se ha trasladado a la práctica clínica. La avalancha de datos sobre el cáncer, generada gracias a la reciente innovación tecnológica, requiere aún ser interpretada y explotada adecuadamente. Es urgente desarrollar más el aspecto traslacional de la investigación oncológica, para promover la aplicación al paciente de los numerosos resultados que se generan en los laboratorios. La investigación traslacional se ha de apoyar también en los hallazgos de las nuevas tecnologías de la información como la Bioinformática, la Biología Computacional y otras nuevas disciplinas del ámbito de la Bioingeniería, como la Nanotecnología o la Ingeniería de Nanomateriales.

Se puede afirmar sin duda que en los últimos cien años se ha avanzado mucho, pero es necesario seguir progresando, investigar con más empeño y mejorar los recursos disponibles. No me refiero sólo a los medios materiales o a la financiación, que son muy importantes. Es preciso formar con mucho esfuerzo a las personas, los talentos necesarios para esta nueva fase de la investigación biomédica. Estamos siendo protagonistas del comienzo de una revolución biotecnológica y necesitamos profesionales preparados para afrontarla. Para poder encauzar esta revolución, de modo que rinda de verdad en beneficio de nuestros pacientes, es preciso que los científicos seamos muy expertos en estos ámbitos especializados y que, a la vez, sepamos desarrollar un tipo trabajo intensamente multidisciplinar. Resulta crucial, por ejemplo, que los investigadores se muevan con soltura a la hora de entender los problemas clínicos y que los clínicos conozcan los nuevos hallazgos de la Biología Molecular. En definitiva, es necesario conjugar un conocimiento ajustado de las nuevas tecnologías y una mentalidad decididamente aplicada. De hecho, el citado Congreso del centenario de la AACR se propone subrayar en esta edición la importancia de las sinergias entre disciplinas. Sólo podremos beneficiarnos del avance revolucionario de la Biología, si somos capaces de integrar las especialidades entre sí y, sobre todo, si sabemos conjugar los conocimientos de la nueva Biología con las demás perspectivas que se interesan por el enfermo oncológico, desde las más tecnológicas hasta las más humanas. Sólo con el diálogo interdisciplinar lograremos que nuestros avances revolucionarios en el conocimiento del cáncer sean auténticas revoluciones terapéuticas que alivien el sufrimiento producido por el cáncer en los pacientes y sus familias.

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