Noticias© Comunicación Institucional, 04/02/2008

Universidad de Navarra

Por amor al arte

Autor: Josep Tàpies
Titular de la Cátedra de Empresa Familiar del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 4 de febrero de 2008

Publicado en: Expansión (Madrid)

Hacer algo por amor al arte es la frase que utilizamos para explicar la realización de una acción que requiere la aplicación de un recurso –tiempo, dinero, esfuerzo físico– sin esperar nada a cambio, más que la propia satisfacción que pueda proporcionarnos el haber protagonizado el hecho en sí. Cuando el beneficiario de la acción es una tercera persona, hacer algo por amor al arte se convierte en filantropía, generosidad o altruismo.

El principal objetivo de las empresas familiares, y de las que no lo son, es ser rentables y ganar dinero. A pesar de que para ganar dinero ha de producirse un bien o un servicio que satisfaga una necesidad, no se hace a cambio de nada, sino a cambio del precio de comercialización de dicho bien o servicio. Algunas veces, cuando en el entorno académico preguntamos a los alumnos cuál es el objetivo principal de una empresa, obtenemos respuestas de lo más diverso: “Generar valor para el accionista”, “proporcionar almercado bienes y servicios de calidad”, “satisfacer una necesidad”. Todo ello, que es verdad, no ha de hacernos olvidar lo que siempre ha sido más importante: ganar dinero. Sin rentabilidad, no hay empresa, no hay servicios y no hay valor para el accionista.

Pero al margen del beneficio, en la empresa –y especialmente en las familiares– ha habido tradicionalmente un espacio para la filantropía y el altruismo. Lo que hoy viene englobado bajo el paraguas de responsabilidad social corporativa (RSC) ha estado siempre presente en el mundo de los negocios. Es de justicia hacer memoria para, al mismo tiempo, darnos cuenta que conceptos y terminología que hoy están muy presentes en la agendamediática no fueron inventados ayer y que las familias empresarias han jugado desde siempre un papel determinante al traspasar de generación en generación el valor de ese necesario y valioso compromiso social.

Las empresas familiares se implican en proyectos filantrópicos por convencimiento y también por tradición. No podría ser de otro modo en compañías en las que el legado en forma de valores tiene tanta trascendencia. Por poner sólo un ejemplo actual, aunque podríamos llenar páginas con otras experiencias, citaré el férreo compromiso con el que la Fundación Jesús Serra desarrolla múltiples iniciativas de este tipo.

También es cierto que en algunas otras ocasiones los recursos aplicados a estas acciones son tratados como una inversión de la que se espera un retorno en forma de publicidad y notoriedad. Cuando la justificación de la acción está en aquello que se espera obtener a cambio, ya no estamos situados en el terreno de la filantropía, sino en el del márketing solidario y política de marca. El beneficio del tercero redunda en un beneficio propio. No estamos hablando, pues, de amor al arte. Ahora bien, si se tratan las acciones que benefician a terceros como una inversión que sirve para incrementar los recursos que se destinan a llevarlas a cabo, bienvenida sea esta nueva terminología.

¿Son relevantes los motivos por los que algunas grandes corporaciones donan cientos de millones anuales para la ayuda al tercer mundo? ¿Es de verdad trascendente saber si el objetivo primero es ayudar a los demás o, en cambio, ganar notoriedad y mejorar la imagen de la compañía? Puede debatirse sobre el fondo de la cuestión, pero no parece que la respuesta que obtengamos a esta pregunta vaya a cambiar el resultado final: miles de personas, por ejemplo, tienen acceso a una educación y a una atención sanitaria que de ningún modo obtendrían, si no fuera por iniciativas de este tipo.

Independientemente de cual sea la motivación, ayudar a terceros nos hace siempre mejores como personas. Quedémonos con eso y añadamos, una vez más, que en las empresas familiares la génesis casi siempre está en el compromiso sincero.

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