Noticias© Comunicación Institucional, 04/02/2006

Universidad de Navarra

Disfrutar del pluralismo

Autor: Jaime Nubiola
Profesor de Filosofía
Universidad de Navarra

Fecha: 4 de febrero de 2006

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

En las fiestas de Navidad llamaron mi atención los rótulos luminosos con letreros de "paz", "esperanza", "libertad", "solidaridad", "democracia" y otros parecidos instalados en los postes de la plaza de Amara en San Sebastián. El conjunto resultaba simpático, pues las palabras ondeaban al viento con gracia y además se entremezclaban pacíficamente los términos en castellano y en euskera. De entre todos aquellos rótulos me impactó uno que decía: "PLURALIDAD". Se me grabó en la memoria aquel letrero, quizá por ser mucho menos común que los demás, pero también porque acababa de visitar a un buen amigo a las puertas de la muerte, el filósofo Jorge Vicente Arregui, cuyo último libro se titula precisamente La pluralidad de la razón. Aquel rótulo avivaba mi convicción de que, aunque todos queramos la paz y la prosperidad, sin embargo, no todos pensamos que la pluralidad sea un valor para cada uno de nosotros y para la sociedad. El pluralismo es precisamente el sistema que reconoce como valiosa la pluralidad de opiniones y la favorece.

Imaginemos por un momento que mañana por la mañana al levantarnos comprobáramos con estupor que todos estábamos de acuerdo en todo. La sorpresa sería enorme al advertir que los grandes debates nacionales que agitan la convivencia social se habían apagado, los políticos habían enmudecido —o repetían todos lo mismo— y las discusiones y la crispación habían desaparecido por completo. La primera impresión sería de un gran alivio por haber alcanzado por fin el anhelado sosiego y la definitiva concordia social, pero en cuanto comprobásemos que el acuerdo era tan total que coincidíamos con todos nuestros familiares, colegas y amigos hasta en nuestras preferencias sobre fútbol, música, comidas, programas de televisión y todo lo demás, un terrible aburrimiento se abatiría sobre nosotros dejándonos completamente bloqueados. En esa gris uniformidad de pesadilla habríamos dejado de ser humanos porque lo que realmente queremos los seres humanos no es el acuerdo o el consenso, sino la verdad.

La pluralidad de opiniones no es consecuencia de la limitación de la razón humana, sino que más bien es una consecuencia lógica de nuestra libertad personal y de que ninguna experiencia humana, por rica que sea, es capaz de agotar la realidad. No sólo perciben la realidad de manera distinta las sucesivas generaciones, sino que incluso cada uno a lo largo de su vida va evolucionando en sus opiniones, gustos y aficiones. Además quienes viven en áreas geográficas distintas y en el seno de tradiciones culturales diversas acumulan unas experiencias vitales sensiblemente diferentes. En estos años de inmigración creciente comprobamos esto a diario nada más salir a la calle. Los seres humanos somos distintos y eso es un tesoro para todos. Como suele decirse, cada persona es un mundo. Quienes defendemos el pluralismo pensamos que esa pluralidad de mundos es enriquecedora, es valiosa, es algo de lo que podemos y debemos disfrutar.

Nuestras teorías son producto de nuestra inteligencia para dar sentido a nuestras experiencias y así poder actuar razonable y consistentemente. No hay una única razón como pensaron los ilustrados, que solían escribirla con mayúscula inicial en señal de respeto. Los problemas con los que nos enfrentamos tienen facetas, distintas caras, y hay maneras diversas de pensar acerca de ellos. La teorización que los seres humanos hemos desarrollado a partir de nuestras experiencias es del todo multifacética, es una razón plural. Mi amigo filósofo, que falleció tres días después de mi visita, escribía en el prólogo de su libro: "A lo largo de estos años y a través de vicisitudes múltiples se ha ido perfilando lentamente [en mí] una convicción nuclear: la razón es plural y lo es en todos sus niveles. No sólo porque además de una razón teórica hay una razón práctica, una razón política, una estética, etc., que no pueden ser entendidas como aplicaciones de esa razón teórica, sino, sobre todo, porque la razón se vuelve a pluralizar en cada una de esas dimensiones. No hay un logos, sino muchos logoi. Hasta el punto de que resulta mucho más ajustado a la experiencia entender la racionalidad en términos de un parecido de familia entre las muy diversas cosas que llamamos 'racionales' o 'razonables'". Estoy del todo de acuerdo.

Disfrutar del pluralismo implica gozar de una concepción solidaria y multilateral del conocimiento humano. Como pone el poeta Salinas en boca del labriego castellano: "Todo lo sabemos entre todos". Defender la pluralidad de la razón no significa afirmar que todas las opiniones sean verdaderas —lo que además resultaría contradictorio—, sino más bien que ningún parecer agota la realidad, esto es, que una aproximación multilateral a un problema o a una cuestión es mucho más rica que una limitada perspectiva individual. Las diversas descripciones que se ofrecen de las cosas, las diferentes soluciones que se proponen para un problema, reflejan de ordinario diferentes puntos de vista. No hay una única descripción verdadera, sino que las diferentes descripciones presentan aspectos parciales, que incluso a veces pueden ser complementarios, aunque a primera vista quizá pudieran parecer incompatibles.

No todas las opiniones son igualmente verdaderas, pero si han sido formuladas seriamente en todas ellas hay algo de lo que podemos aprender. No sólo la razón de cada uno es camino de la verdad, sino que también las razones de los demás sugieren y apuntan otros caminos que enriquecen y amplían la propia comprensión. "La verdad que se cree no es verdad porque se cree, sino que se cree porque es verdad", escribe la valiente filósofa chilena Alejandra Carrasco. Y el premio Nobel de literatura Imre Kertész anotaba en su Diario de la galera: "Comprender en un momento que donde la verdad no es tratada como tal, la vida simplemente se estanca. Una civilización que ha llegado a algo a pesar de todo se basa en que la verdad moral, científica y lógica se ha abierto paso en ella y se ha convertido en medida y al mismo tiempo en organizadora de la vida social".

La defensa del pluralismo se nutre de la fecunda experiencia de que los seres humanos mediante el diálogo abierto, el estudio sosegado y el contraste con la experiencia, somos capaces de ordinario de llegar a reconocer la superioridad de unos pareceres sobre otros en aquellas cuestiones vitalmente importantes. Esto no es posible siempre ni en todos los temas, porque no hay suficiente diálogo, faltan datos o no se disponen de las herramientas conceptuales o técnicas para resolver el problema. Sin embargo, en todos esos casos es imprescindible seguir hablando, seguir estudiando, seguir investigando el asunto hasta que, si es posible, se encienda la bombilla que logre el acuerdo. En esto quizá lo más importante es escuchar a quienes tienen opiniones diferentes de la nuestra. Esa es la señal más clara de que amamos la libertad y defendemos de verdad el pluralismo hasta disfrutar con él.

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