Noticias© Comunicación Institucional, 03/07/2006

Universidad de Navarra

Promover la excelencia, asegurar el futuro

Autor: Javier Tourón
Departamento de Educación
Universidad de Navarra

Fecha: 3 de julio de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

Hace unos días tuve ocasión de leer unas interesantes reflexiones del Director general de CIMA sobre la importancia que tiene el desarrollo de la investigación de alto nivel como garante del desarrollo y futuro de las sociedades en general y particularmente de la navarra, aparecidas en un artículo que publicó Diario de Navarra el pasado día 15 de Mayo. Estoy de acuerdo en lo que señala el Sr. Errasti, pero me parece que su análisis precisa de alguna otra consideración que entiendo como condición sin la que no puede garantizarse el futuro.

La segunda parte del título de su artículo dice: ¿Y si llegamos tarde? Desde luego apoyar el futuro en el desarrollo del conocimiento es imposible de contestar; apostar por el desarrollo de una investigación creativa, útil y al servicio de la sociedad, tampoco puede negarse. Pensar que, por tanto, el futuro está en la investigación parece sensato. Sin embargo, entiendo que es poco plausible que se pueda desarrollar un tejido de investigación y desarrollo sólidos y pujantes si no se promueve la excelencia desde la escuela. Los científicos de vanguardia de mañana deberán empezar a formarse en las escuelas elementales de hoy.

La excelencia debe promoverse en todos lo niveles, desde la escuela infantil, facilitando a los alumnos los medios y recursos que precisan para avanzar de acuerdo a sus potencialidades.

No voy a entrar ahora en consideraciones, de todos sabidas, respecto al sistema educativo y a su pertinaz obstinación en ofrecer una educación básicamente igual para todos los niños, de acuerdo con su edad y no con su competencia intelectual. Ya se sabe que la escuela se organiza en función de la edad y no de la competencia, lo que supone aceptar algo que es inaceptable: que todos los niños de la misma edad tienen las mismas necesidades educativas.

Algunos de los ejemplos de progreso y pujanza científica que se citan en el acertado artículo del Sr. Errasti, están precedidos por una decidida apuesta por promover el talento de los escolares más brillantes. Y es que desde los estudios pioneros de Terman en Stanford a partir de 1925, o las aportaciones entonces revolucionarias de Letta Hollingworth, hasta el modelo consolidado por Stanley en la Universidad Johns Hopkins a principios de los 70 e implantado desde hace tres décadas por su Centro para Jóvenes con Talento, de cuyo consejo Asesor me honro en formar parte desde hace algunos años, se ha implantado una corriente de detección y desarrollo del talento en los escolares que es responsable, en muy buena medida, de la pléyade de eminentes científicos que brillan en las Universidades e instituciones científicas norteamericanas hoy.

Son cientos de miles los jóvenes brillantes que cada año participan en actividades de formación intelectual específicamente diseñadas para ellos. ¿Podemos decir nosotros quiénes son el 5% de nuestros jóvenes navarros, por ejemplo, más brillantes? ¿O es que seguimos pensando que el talento se desarrollará sin intervención específica?

Los talentos emergen y crecen evolutivamente, y para algunos no llegan a emerger porque no se produce una adecuada estimulación en la escuela y la familia. Es imperativo que todos los que trabajan con jóvenes vean los talentos y potencialidades como algo educable y emergente, y no como algo fijo e inmutable, tal como decían Treffinger y Feldhusen.

No tenemos que reinventar la rueda, basta con analizar prudentemente lo que la investigación y la práctica educativas han mostrado de manera solvente hasta la fecha, fuera y dentro de nuestras fronteras, incluso en nuestra propia Comunidad Foral. La posición de ventaja de algunos países en la investigación más avanzada, no está desligada de la promoción y desarrollo del talento desde la más tierna infancia.

El futuro de Navarra se está fraguando en las escuelas de hoy. Pero es necesario tener una cierta visión que alcance más allá de la inmediatez, de la inversión con retorno a corto plazo, de los resultados -siempre inciertos por otra parte- de unas elecciones que se celebran cada cuatro años, de lo que haremos mañana...

Es preciso vertebrar el tejido social creando las condiciones que permitan la inversión educativa de los más diversos agentes sociales y económicos. Es necesario hacer planes a largo plazo. Es imprescindible saber imaginarse que será de nosotros dentro de cinco, diez o quince años. ¿Estamos dispuestos a tomarnos en serio el futuro de España, de Navarra? ¿Sí? Pues tomémonos con toda seriedad la educación...desde la escuela.

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