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Noticias © Comunicación Institucional, 02/04/2005Universidad de Navarra
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Un agur joven y musical para el Papa
Autor:Rafael Hernández Urigüen
Profesor de Ética
Universidad de Navarra
Fecha: 2 de abril de 2005
Publicado en:  Deia (País Vasco)

Hace unos días me encontré con Mikel Laboa mientras esperábamos turno en una farmacia de Donostia. Comentamos el impacto que supusieron muchas de sus canciones y las demás del emblemático Ez dok amairu entre los universitarios de mi generación. A raíz de aquel encuentro entrañable, y reflexionando sobre la libertad, ese valor humano tan fascinante y difícil, suele venirme a la cabeza el viejo estribillo de la canción Txoria txori que compusieron Mikel y J. A. Artze. Efectivamente, no se trata de cortar las alas en la consecución de objetivos, ni en la educación, pues entonces ''ez zen gehiago txoria izango eta nik... txoria nuen maite''. Quien ama una realidad ha de aceptarla como es, ya que una valoración posesiva puede terminar desnaturalizándola. Desde ese presupuesto procurará, en todo caso, mejorarla. Un pájaro sin alas resulta demasiado manejable, pero ¿dónde queda su identidad? Como dice el libro de Job: ''Dios hizo los pájaros para volar y a los hombres para trabajar''.

No sabía entonces que estábamos en las vísperas del fallecimiento de Juan Pablo II a quien he visto en tantos encuentros vibrar junto a los jóvenes con sus mismas melodías y ritmos. Estos días he recordado la imagen de Bob Dylan, cantando la emblemática Blowing in the wind ante el Papa en el marco de un Congreso eucarístico, o a Bono, Cantante de U2, entregando sus características gafas de sol a un Karol Wojtyla siempre acogedor y cercano.

La música que desde hace décadas respira nuestra juventud aparece con un abanico de ofertas inabarcable: rock, pop, tecno, hip-hop, heavy metal, reagee, rap... asequible de día en día por los reproductores MP3. No existen barreas de acceso a ese macromundo. Nadie duda que los contenidos de las letras presentan variadas valoraciones no siempre positivas. La accesibilidad a ese universo musical resulta sencilla y su extensión ilimitada, por lo que sólo quienes sepan autocontrolarse podrán escoger lo mejor y proteger su calidad moral de las agresiones que influyen negativamente en los comportamientos.

Como escribió Kreeft en su libro Best thing to do: ''No pretendo decir (...) que la música rock sea mala, sólo que tiene poder. El poder puede ser utilizado para el bien o para el mal. Pero incluso el hecho de que la música rock puede ser una herramienta poderosa para hacer un trabajo diabólico, implica que también puede ser una poderosa herramienta para hacer algo bueno''.

Efectivamente, la música actual puede transmitir valores positivos, como la libertad tan bien esbozada años atrás por Laboa en Txoria txori, algunas letras de Alaitz eta Maider, o Álex Ubago y La Oreja de Van Gogh, por citar compositores cercanos, cuando cantan al amor, a la vida y a Dios. Juan Pablo II aprovechaba las letras de baladas para transmitir la buena noticia del Evangelio. Así en el encuentro con Bob Dylan completaba el estribillo ''the answer is blowing in the wind'' glosando: ''Sí... la respuesta está en Jesucristo''.

Sin miedo a discernir el estado de la cuestión, trescientos estudiantes vascos junto a otros cuatro mil de todo el mundo, se encontraron en Roma durante la Semana Santa para su Congreso Internacional UNIV. No sabían aún que era el último que iban a celebrar en vida de Juan Pablo II. Han debatido a fondo sobre el lenguaje de la música joven estudiando los aspectos positivos y enfrentándose con los contravalores. Así, universitarios de TECNUN diagnosticaban patologías en algunos grupos heavy pues: "Les fascina la sangre, en sus letras hay una exaltación a la autodestrucción. Incluso se podría añadir que hay una exaltación de hacer sufrir sangrientamente". Otros estudiantes de Ingeniería exigen al pop español "letras de calidad, historias bien contadas, dignas, veraces, honestas: sentimientos nobles, que realcen los valores humanos clásicos de amistad, generosidad...".

Alumnas de ISSA, que obtuvieron menciones especiales en la fase local de Euskadi, analizaban el perfil de los consumidores de su edad, destacando dos grupos diferenciados: "Por una parte tenemos una minoría selectiva y, por otra, la gran mayoría que consume productos comerciales. Pero, ¿la mayoría busca este tipo de música o se limita a escuchar lo que los medios ofrecen? Creemos que la gran masa de consumidores es acrítica y escucha la música que le facilitan los medios".

Por fortuna, parte del mundo universitario conserva aún su capacidad crítica, esto es, de análisis y reflexión. Por eso, evocando ahora la figura blanca que no podrán ver ya en la Tierra, comentan positivamente el impacto de las últimas palabras dirigidas por Juan Pablo II a los jóvenes del Congreso: "La música, como todos los lenguajes artísticos acerca el hombre a Dios (...) Pero, al mismo tiempo, el arte puede transmitir a veces una concepción del hombre, del amor, de la felicidad que no corresponde con la verdad del designio de Dios. Es necesario, por tanto, realizar un sano discernimiento".

Esa ambivalencia de las artes y los lenguajes supone un reto formativo que ayude a discernir, incluso desde la universidad. Como profesor de Ética me siguen interpelando unas palabras de Platón, en el libro III de su República, que no han perdido vigencia: "¿No debiéramos buscar artistas hábiles, capaces de seguir las huellas de lo gracioso y de lo bello, a fin de que nuestros jóvenes, educados (...) en un ambiente puro y sano (...) reciban impresiones saludables por la vista y el oído que desde la infancia les inclinen, insensiblemente, a imitar y a amar lo que es razonable y bello, y a establecer entre esto y ellos mismos un perfecto acuerdo?".

Pienso que toda la sociedad necesita despertar en esa búsqueda más o menos platónica pero urgente y factible que ofrezca a los jóvenes modelos y testimonios imitables para que alcancen la excelencia que requiere la nueva civilización del amor. Esa civilización a la que les ha convocado siempre Juan Pablo II y que en la juventud del siglo XXI le acompañaba con canciones y rezos a lo largo de su agonía. En las vísperas del sábado 2 de abril el Papa dirigió su último mensaje, a las chicas y chicos que le velaban desde la Plaza de San Pedro: "Os he buscado y ahora vosotros habéis venido a verme. Os doy las gracias". La convocatoria de Karol Wojtyla ha encontrado un eco mundial en cientos de miles de jóvenes que durante estas jornadas rezan por él cantando sin renunciar a su música y con el contenido de un nuevo compromiso cristiano a favor del Evangelio, de la paz, y de la solidaridad. Hay futuro.

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