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Noticias © Comunicación Institucional, 02/04/2005Universidad de Navarra
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Generaciones humanas interdependientes
Autora:Carmen Urpí Guercia
Departamento de Educación
Universidad de Navarra
Fecha: 2 de abril de 2005
Publicado en:  La Estafeta de Navarra

Llegar a viejo no es difícil hoy en día, gracias a la calidad de vida y las condiciones sanitarias que disfrutamos en los países denominados 'desarrollados'. El gran número de personas que alcanzan esa edad, en que se exime del trabajo, de la productividad, lo hacen en su mayoría en unas condiciones cada vez mejores: buena salud, bienestar material, apoyo social, regulación legislativa, etc. Probablemente ahora la palabra 'jubilación' encuentre las condiciones óptimas que le hagan verdadero honor, debido al 'júbilo' que realmente se puede disfrutar al llegar a esa etapa de la vida. ¿Pero podemos afirmar que se vive satisfactoriamente esa etapa hoy en día?, ¿y qué ocurrirá dentro de unos años? Es el sentir general de todos que en el futuro próximo, cuando el temido desequilibrio poblacional que ya estamos viviendo ponga en peligro de quiebra al sistema de pensiones, estas condiciones pueden variar notablemente.

Vivir larga vida sigue siendo un deseo generalizado en nuestra cultura por mucho que la modernidad lo haya desmitificado. La excesiva mentalidad materialista y pragmatista de la vida moderna parece no encontrar mucho sentido en una etapa en la que predomine el deterioro orgánico, la disminución de fuerzas físicas y la pérdida de facultades. Por eso, algunas propuestas actuales de atención a la vejez ponen el énfasis en la promoción de múltiples actividades adecuadas a una edad avanzada que no siempre responden a las verdaderas necesidades e intereses de los mayores: viajes de placer, conmemoraciones festivas, cursillos, etc. Pero esta opción no hace sino agudizar este afán frenético de actividad que sufrimos todos, jóvenes y mayores, en nuestra sociedad occidental 'desarrollada', que distrae de satisfacer otras necesidades más hondas. Muchas veces las personas mayores se quejan de ser meros sujetos pasivos de la oferta disponible de servicios, de convertirse en simples consumidores que se acogen a un programa o producto ya diseñado y sobre el que no pueden ejercer ningún poder de cambio, ni participar activamente en todo el proceso previo de reflexión, elaboración, contraste, etc.

Los pronósticos demográficos y sociológicos sobre el envejecimiento de la población que ya empiezan a cumplirse anuncian cambios importantes que requieren otro tipo de soluciones. No cabe duda de que el protagonismo social de las personas mayores se muestra cada vez más patente y es preciso replantearse las crecientes posibilidades que tienen de participar e intervenir en la marcha de la sociedad, con intereses propios, inquietudes, proyectos; en definitiva, con lo que todavía esperan de la vida.

En este sentido, el filósofo Francisco Altarejos propone la recuperación del concepto 'juventud de espíritu' en cualquier etapa de la vida, también en la vejez. Esta juventud de espíritu se concreta en la irrenunciable aspiración humana a seguir creciendo, a proyectarse hacia el futuro, un futuro necesariamente incierto, pero que permite seguir esperando de él. Quien ha perdido la esperanza de vivir es que ha abandonado sus proyectos de futuro y se limita simplemente a matar el tiempo que le queda. Pero una actitud así lleva directamente a la despersonalización de la vida, es decir, a la falta de sentido, al absurdo, a la depresión. La condición permanente de los humanos es el estar en camino, a la espera de lo inesperado, con una mirada de asombro y de admiración. Diferentes filósofos y poetas a lo largo de la historia la han definido: Antonio Machado habla del caminante que "hace el camino al andar", para Heidegger es el "aún no" de los deseos más profundos, y Silvio Rodríguez canta ese "caminando fui lo que fui".

Por eso, conviene que la sociedad actual reconozca que el potencial social de las personas mayores tiene mucho que aportar todavía en beneficio tanto de ellos mismos como de la sociedad en su conjunto.

Más que pensar en un espacio social específico para personas mayores, sería preferible fomentar el diálogo intergeneracional para contrastar necesidades comunes y convenir intereses diversos a través de: foros de debate, aulas universitarias abiertas a mayores, asociaciones de diversa índole donde estén representadas todas las edades, etc.

Planteamientos de este tipo permiten reconocer con claridad la interdependencia que existe entre todos, viejos y jóvenes, niños y adultos, para la buena marcha de nuestra sociedad.

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