Noticias© Comunicación Institucional, 01/11/2005

Universidad de Navarra

La reforma que trae Leonor debajo del brazo

Autor: Asunción de la Iglesia
Profesora de Derecho Constitucional
Universidad de Navarra

Fecha: 1 de noviembre de 2005

Publicado en: Diario de Navarra

El 31 de octubre de 2005 la Princesa Letizia ha dado a luz a una niña de tres kilos y medio que llevará por nombre Leonor. Según el Real Decreto 1368/1987 ostentará título de Infanta y, como hija de Príncipe, tendrá tratamiento de Alteza Real. Así que -para irnos acostumbrando- tenemos ya entre nosotros a su Alteza Real la Infanta Dña. Leonor.

Segunda en el orden de sucesión a la Corona de España, llega en el trigésimo aniversario de la proclamación como Rey de España de D. Juan Carlos I de Borbón y en tiempo de cambios constitucionales, entre los que asoma ahora con más premura la modificación de las reglas de sucesión a la Corona para suprimir la preferencia del varón. Es de recordar que esta preferencia se mantuvo en 1978, recogiendo en el texto de la Constitución las reglas sucesorias tradicionales del derecho histórico español:

"La sucesión en el Trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado el varón a la mujer, y en el mismo sexo la persona de más edad a la de menos" (art. 57 CE).

Pues bien, este es el precepto constitucional que debería ser modificado para eliminar la discriminación por razón de sexo, indicando expresamente la salvaguarda de los derechos de D. Felipe. Así se ha hecho ya en las reformas que sobre este mismo punto se han aprobado en otras monarquías europeas: Suecia (1980); Holanda (1983); Noruega (1990) o Bélgica (1991).

Sobre el particular hay que decir que la primera actuación dirigida a la revisión de esta cuestión ha producido este año 2005, precisamente cuando estaba en el horizonte la llegada de los descendientes del Heredero de la Corona. En efecto, en marzo del año en curso, el Gobierno de la Nación dirigió un extenso escrito de propuesta de reforma constitucional al Consejo de Estado con esta y otras cuestiones.

Pero, como es sabido, la modificación de cualquier aspecto relativo al Título II de la Constitución Española, dedicado a la Corona, es más compleja desde un punto de vista procedimental, lo que -junto a otros factores políticos- ha ralentizado la puesta en marcha del proceso.

En efecto, la Constitución establece dos procedimientos distintos de reforma según la parte del texto que se pretenda modificar. Uno es el procedimiento "normal" o sencillo- dicho coloquialmente-. Este procedimiento no exige ni disolución de Cortes, ni referéndum obligatorio, y basta con que el proyecto sea aprobado por mayoría de tres quintos de ambas cámaras o mayoría absoluta del Senado y de dos tercios en el Congreso.

Sin embargo, tratándose de la reforma del Título II dedicado a la Corona, y aún no siendo cuestión polémica entre los grupos políticos las exigencias procedimentales del propio texto constitucional complican la reforma en breve, pues, el afán de proteger a la Corona, hizo que el constituyente reservara un procedimiento especial para el Título II, junto con el Título Preliminar y los derechos fundamentales de los ciudadanos. Este procedimiento es, ciertamente, más complejo y dota de mayor rigidez a esa parte del texto constitucional.

Según lo previsto, primero el Congreso y el Senado deben aprobar la propuesta de modificación por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y, seguidamente, deben disolverse y convocarse nuevas elecciones. He aquí la primera y principal dificultad con la que se topa la puesta en marcha inmediata de esta reforma. En el momento actual, dicha disolución, sin haber recorrido ni la mitad de la Legislatura es una barrera evidente, pues no parece que el Gobierno esté dispuesto a dejar de gobernar, a pesar de su exigua mayoría, y más con las cuestiones de naturaleza político constitucional que están en este momento sobre la mesa. Lo esperable es que, se apure o no la Legislatura, inmediatamente antes de la disolución de las Cortes éstas ratifiquen la propuesta de reforma, y que sea el próximo Parlamento el que la apruebe con las mayorías de dos tercios exigidas y el posterior referéndum constitucional. Por tanto, si se mantiene el calendario político medido en tiempo normal de las legislaturas, es poco probable que la reforma salga adelante antes de dos años, salvo que todo se precipite a la vista de las novedades del día último de octubre.

Ahora mismo, entiendo que la reforma constitucional apremia, pues debe hacerse antes del nacimiento del segundo hijo, por los problemas -no insalvables pero sí inconvenientes- que se suscitarían en el caso de que sin aprobarse los cambios naciera un niño, que con las reglas sucesorias vigentes precedería a Leonor en la Corona de España por el hecho de ser varón. Y, por otra parte, una reforma posterior en el caso de segundo hijo varón plantearía el tema de las expectativas de derechos ya generadas. Más allá del argumento-amenaza de los episodios históricos de España la legitimidad dinástica como elemento sustentador de la Corona debe verse libre de discusiones políticas y de debates jurídicos.

Por eso, si efectivamente es clara la intención de suprimir la regla de la preferencia del varón, que los políticos no se demoren. El proceso de reforma constitucional debe ponerse en marcha.

Claro está, y a nadie se le escapa, que esta no es cuestión aislada, y que en la actual coyuntura política española la revisión constitucional que exige el precepto nos abre un panorama de incertidumbres e interrogantes que afectan a nuestra forma de Estado en lo relativo al modelo territorial, y ahí no puede decirse a fecha de hoy que exista el necesario acuerdo de las principales fuerzas políticas, ni tampoco que esté claro el modelo que se propone para sustituir al actual. Desde luego, sería un ejercicio de posibilismo muy cuestionable ligar a este tema de modesta trascendencia práctica, otras decisiones de mayor calado en este último sentido, sin conseguir el necesario consenso. Veremos qué nos trae Leonor debajo del brazo. De momento deseémosle salud, larga vida y una infancia despreocupada y feliz.

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