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27/05/2009

“Reconocer que el mundo es extraordinario supone un gran incentivo para estudiarlo”

James Le Fanu, médico y periodista, participó en un congreso internacional en el Thomas More Institute de Londres, en memoria de un filósofo de la Universidad de Navarra

James Le Fanu, médico y periodista, participó en un congreso internacional en el Thomas More Institute de Londres, en memoria de un filósofo de la Universidad de Navarra

El médico y periodista James Le Fanu.
Foto: Rafael Rodríguez

Durante las tres décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial, se produjo una gran revolución terapéutica que transformó la práctica médica de una forma sin precedentes. Pero hoy en día los facultativos occidentales se encuentran con retos de los que aún no conocen todas las respuestas, como el cáncer y las enfermedades relacionadas con la edad.

Esta paradoja -la ‘edad dorada’ de la medicina frente a la incertidumbre del futuro- y otros temas relacionados con la divulgación científica son objeto de admiración para James Le Fanu, médico y periodista de Daily Telegraph. El experto participó en un congreso internacional sobre ciencia y religión en memoria de Mariano Artigas (1938-2006), filósofo de la Universidad de Navarra. El evento fue organizado por el Thomas More Institute y el Grupo de Investigación en Ciencia, Razón y Fe (CRYF) de la Universidad de Navarra.








¿El futuro de la salud es realmente tan incierto ?

Con el avance de la medicina en Occidente tras la Segunda Guerra Mundial, el problema de la enfermedad se redujo a los dos extremos de la vida. Por un lado, la mortalidad infantil se encuentra en un mínimo irreducible, un seis por mil. En el otro, la gente muere por enfermedades fuertemente determinadas por la edad, como las cardiovasculares, y por otras que no terminamos de conocer bien -la artritis reumatoide, la diabetes o la esclerosis-. Si no conocemos completamente sus causas, podemos paliarlas, pero no curarlas. Entonces, el gran problema sigue ahí.

¿Seremos capaces de identificar sus causas?

Ha habido intentos de explicarlas a través del entorno o el estilo de vida, así como desde el ADN. Pero ni son enfermedades completamente sociales ni genéticas: la gran mayoría parecen ser esporádicas; simplemente aparecen. De esta forma, la medicina se enfrenta a un techo intelectual, y no sabe cómo superarlo. Algunos aspectos de la medicina han cambiado de tal forma que no se podría haber predicho hace diez años. Pero esto es esencialmente una función técnica; las cuestiones intelectuales fundamentales son las mismas.

Precisamente, algunos culpan a la religión de constituir una barrera para el progreso de la ciencia. ¿Es así?

No; de hecho, está íntimamente relacionada con la religión. Galileo y Newton, por ejemplo, parten del concepto de un mundo ordenado, que remite a Dios. Desde ese punto de vista, lo más interesante es el modo en que la ciencia supone un fenómeno occidental. Obviamente hay algo específico sobre el punto de vista cristiano, que predispone hacia ella. Pero más allá, ¿cómo puede contribuir la fe a la ciencia? Pienso que reconocer que el mundo es extraordinario, que está lleno de misterios y milagros como la transformación embrionaria, supone un gran incentivo para estudiarlo. Esa perspectiva religiosa constituye un gran aliciente para entender cómo funciona en su nivel más simple.

Los medios prestan cada vez más interés a las cuestiones relacionadas con la ciencia. ¿Cómo pueden evitar banalizarla y, a la vez, ganar el interés de los lectores?

El tipo de historias ‘tenemos todas las respuestas’ en los medios de comunicación hace aburrida la ciencia. El reto no reside en combinar rigor científico y sencillez, sino en abandonar la convicción de que sabemos todas las respuestas. Esa perspectiva materialista es cerrada: si no conocemos las soluciones, lo haremos pronto, lo que implica presentar las cosas de una forma reduccionista. Y esta idea de que no hay nada extraordinario en la ciencia también provoca que muchos jóvenes no se interesen por cursar carreras de ese ámbito. Newton estudiaba el universo porque pensaba que era algo increíble que las estrellas rotaran alrededor de las otras. Lo interesante no es lo que conocemos, sino lo que no sabemos, y eso debería suponer una gran inspiración.

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