“El mayor problema de la interpretación de Darwin es concluir que el mundo humano debe operar del mismo modo que la evolución”
El físico Karl Giberson, experto en el debate creación-evolución, participó en un congreso internacional en el Thomas More Institute de Londres, en memoria del profesor de la Universidad de Navarra Mariano Artigas
En el 250 aniversario de la publicación de El
origen de las especies, no duda en asegurar que Darwin
es el “precursor de un amplio esquema explicativo para entender
nuestro mundo” y en reconocer su creciente importancia. Sin embargo,
el físico Karl
Giberson (Eastern
Nazarene College), uno de los autores más reconocidos internacionalmente
en el ámbito del debate creacionismo-evolucionismo, advierte asimismo
de las carencias de esa teoría para explicar al hombre de forma
integral.
“El mayor problema de la interpretación
de Darwin
es concluir que el mundo humano debe operar del mismo modo que la evolución,
admitiendo que las mutaciones ocurren y que la reproducción diferencial
conduce a adaptaciones mejores”. Así lo aseguró el
profesor estadounidense con motivo de un congreso
internacional sobre ciencia y religión en memoria de Mariano Artigas
(1938-2006), filósofo de la Universidad de Navarra. El evento fue
organizado por el Thomas
More Institute y el Grupo
de Investigación en Ciencia, Razón y Fe (CRYF) de la
Universidad de Navarra.
Según el experto, en este planteamiento del biólogo británico, “la naturaleza pasa a ser una especie de árbitro moral, y su forma de obrar se convierte en el modo correcto de hacerlo en todos los ámbitos. Pero nada de esto debe ser interpretado como una mejora o un empeoramiento en el sentido moral. Hay que dar un paso y salir fuera de la ciencia para establecer los valores, pues la evolución no nos puede decir cuáles son”.
Amistad mutua entre ciencia y fe
Y es que, en opinión de Karl Giberson, “la ciencia trata sobre lo que se puede realizar con el conocimiento, pero no sobre qué es correcto hacer. La voz de la Iglesia resulta necesaria para recordarnos que los seres humanos tenemos dignidad y que es necesario protegerla. Debemos pensar en las consecuencias del progreso científico, pero para ello no contamos con herramientas en la ciencia: es necesario que vengan de fuera”.
El físico de Eastern Nazarene College se refirió en ese sentido a uno de sus libros, Saving Darwin, en el que trata de mostrar por qué el evolucionismo es un tema tan controvertido en EE .UU. y ha llegado a convertirse en una importante parte del debate cultural de la nación. “En ese país -indicó-, no se limita a la Teoría de la Evolución biológica de Darwin, sino a una cosmovisión atea en la que todo se explica sin hacer referencia a Dios. En Europa, especialmente en los países católicos, esto es muy diferente, puesto que la Iglesia ha hecho un excelente trabajo para informar a los católicos sobre cómo estas ideas se relacionan con su teología”.
Precisamente, señaló este factor como uno de los mayores aciertos de Mariano Artigas, filósofo de la Universidad de Navarra, con el que escribió Oracles of Science: “Su obra desprende una gran convicción de que la ciencia y la fe son mutuamente amistosas, y que la visión cristiana tradicional de Dios como un creador es una perspectiva valiosa para alcanzar una cosmovisión científica completa. Formó una cierta claridad y cautela de pensamiento que es un modelo importante para los académicos del campo de la ciencia y la religión”.
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