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22/09/2009

El 75% de casos de trastorno bipolar en edad pediátrica se diagnostica tarde

Un 25% presenta un retraso en el dictamen médico superior a los tres años y cuatro meses, según un estudio de la Clínica Universidad de Navarra

El 75% de casos de trastorno bipolar en edad pediátrica se diagnostica tarde

César Soutullo e Inmaculada Escamilla, autores del estudio.
Foto: Manuel Castells

Un 75% de los casos de trastorno bipolar en la edad pediátrica sufre un retraso en el diagnóstico de, al menos, 18 meses, debido a que los síntomas de la enfermedad se presentan de manera diferente en niños y en adultos. Además, un 25% de ellos presenta un retraso en el dictamen médico superior a los tres años y cuatro meses, según un estudio realizado por el departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra, en colaboración con la Unidad de Psicofarmacología Pediátrica del Hospital General de Massachusetts de la Universidad de Harvard.

La investigación parte de un artículo en el que se observaba una prevalencia muy baja en Europa respecto a Estados Unidos, según explica Inmaculada Escamilla, especialista de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente.

El estudio ha concluido que "en Europa se estaba infradiagnosticando la enfermedad en la mayoría de los casos. Se diagnosticaba tarde o de forma errónea, circunstancia que influye negativamente en la respuesta al tratamiento", detalla. En Europa, según apunta, "se conoce y diagnostica bien la enfermedad en adultos, pero no ocurre lo mismo con los niños. Sin embargo, estudios realizados en adultos muestran que el 60% tuvieron el inicio de la enfermedad antes de los 20 años".

En concreto, la investigación se realizó sobre una muestra de 38 niños que habían sido diagnosticados de enfermedad bipolar en la Clínica Universidad de Navarra, durante un periodo de seis años.

Se recogieron los síntomas que estaban presentes antes y en el momento del diagnóstico, se analizaron los antecedentes psiquiátricos familiares, los tratamientos que habían recibido y el rendimiento escolar con el objetivo de "describir la enfermedad para que se pudiera reconocer y realizar una intervención temprana".

Como consecuencia, se halló una prevalencia del trastorno del 4,6%, "un porcentaje que se aproxima al observado en algunos estudios estadounidenses con muestras clínicas similares". La edad media en el momento del diagnóstico fue de 13,9 años.

El estudio reveló que sólo un 25% de los pacientes son diagnosticados en los primeros siete meses desde que se manifiestan los síntomas, en otro 50%, el plazo hasta lograr una valoración correcta se sitúa entre los 18 meses y los tres años y cuatro meses y en el resto el retraso supera los tres años y cuatro meses.

Además, se recoge que antes del dictamen médico definitivo, "los pacientes eran diagnosticados de múltiples trastornos, hasta cuatro diferentes en el 14% de los casos. Los más frecuentes: trastorno de conducta, déficit por atención e hiperactividad y depresión mayor".

Como consecuencia, añade la doctora, los pacientes recibían distintos tratamientos, "en la tercera parte de los casos, habían sido tratados con tres fármacos diferentes".

Igualmente, se observó que el 92% de los pacientes diagnosticados de enfermedad bipolar pediátrica presentaba otro trastorno. El 18% tenía como mínimo tres trastornos psiquiátricos asociados.

Tanto el retraso como el diagnóstico erróneo están relacionados, según Escamilla, con la distinta presentación del trastorno en niños y en adultos, ya que "en los niños, la alteración del humor más frecuente es la irritabilidad, mientras que en los adultos la presentación típica es la euforia y la expansividad".

"En la enfermedad bipolar pediátrica, la irritabilidad característica es explosiva y severa. En ocasiones cursa con importante violencia y se produce de forma recortada o episódica, y muchas veces no es reactiva a nada o el desencadenante es mínimo. Puede confundirse con una rabieta, pero es mucho más desproporcionada", explica la especialista.

A diferencia de los adultos, en los niños los episodios no están claramente definidos, ya que "cambian de humor con mucha frecuencia y fluctúan de forma rápida. Pocas veces llegan a tener un periodo de, al menos, dos meses sin síntomas".

Además "la grandiosidad del niño puede mostrarse en el colegio, donde considera que tiene más autoridad que el profesor, a quien desafía, y llega a interpretarse como un problema de conducta" y también "se puede observar desinhibición social en estos niños que, por ejemplo, hacen comentarios despectivos o groseros en voz alta por la calle a otras personas o incluso de contenido sexual inapropiado para su edad".

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