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Un teólogo compara la humildad y la magnanimidad en las vidas de Josemaría Escrivá y Tomás de Aquino

- José María Casciaro, profesor de la Universidad de Navarra, asegura que los santos huyen del espectáculo

La Facultad de Teología de la Universidad de Navarra celebró este año la festividad de su patrono santo Tomás de Aquino, enmarcada en el centenario del nacimiento del beato Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei y de este centro universitario. Entre los actos académicos, el profesor José María Casciaro pronunció una conferencia. Con ejemplos esclarecedores de la vida y escritos de ambas figuras, profundamente eclesiales y universitarias, el ponente subrayó dos virtudes complementarias, la humildad y la magnanimidad -la apertura del espíritu humano a comprometerse a hacer cosas grandes en beneficio de la sociedad-, con las cuales, santo Tomás y el beato Josemaría han enriquecido el pensamiento y el dinamismo de la Iglesia.

El profesor Casciaro aludió a diversas ocasiones en las que tanto el santo como el beato renunciaron a cargos eclesiásticos al juzgar que obstaculizaban la misión que Dios les había encomendado: "La persona magnánima no se deja distraer por cualquier cosa, sino que se dedica con tesón a lo que ve que es su vocación divina, y persevera en su decisión sobreponiéndose a sus propias limitaciones y defectos, a los obstáculos externos y a los sufrimientos".

Sacrificio escondido y silencioso

Pero, complementando esta virtud, la humildad permite que las grandes acciones propias de la magnanimidad se realicen mediante el sacrificio escondido y silencioso. José María Casciaro citó un párrafo de Camino del beato Escrivá: "Así obraron los santos: sin espectáculo. Si lo hubo, fue a pesar de ellos". Por último, señaló que "la audacia sobrenatural, la magnanimidad, junto con la humildad, se atreve, con la gracia de Dios, a abordar empresas grandes, que se tejen, sin embargo, en el pequeño quehacer de cada día".

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