Noticias© Comunicación Institucional, 01/08/2005

Universidad de Navarra

Carlos Pérez García, cuando un amigo se va

Autor: Héctor L. Mancini
Director del Departamento de Física y Matemática Aplicada
Universidad de Navarra

Nos conocimos en El Escorial, en julio de 1982, durante un congreso de Física No-lineal. Allí vi por primera vez a Carlos Pérez García, un joven físico, investigador y docente, unos años menor que yo, que por entonces trabajaba en el departamento de Termología de la Autónoma de Barcelona. Yo tocaba la guitarra y a él le gustaba cantar. Nos hicimos amigos enseguida. Ninguno de los dos pensaba entonces que terminaríamos codo con codo, el resto de nuestras vidas, luchando por un proyecto común.

Al finalizar el congreso continuamos nuestra amistad por carta (no había e-mail). Carta va, carta viene, planeamos una actividad de investigación conjunta. Logramos que la Secretaría de Cooperación Internacional del Gobierno español le subvencionase en 1984 una estancia de un mes en mi país, Argentina, y a mí otra en Barcelona, en 1986. Tres años más tarde, mientras me encontraba en Estados Unidos, me comunicó que le habían ofrecido la dirección del departamento de Física de la Universidad de Navarra, lo que le hacía gran ilusión. Quería que colaborara con él; decía que necesitaba "un físico con perfil de fontanero y capaz de levantar un laboratorio casi de la nada o con chatarra".

Su maestro, el profesor Casas Vázquez, y él me convencieron de que resultaba mucho mejor el proyecto de construir una universidad que el de hacer currículo. Pero lo más atractivo era lo intangible: se trataba de empujar una universidad "al servicio de la persona". Nunca había escuchado algo así, me parecía algo imposible. Creía que con tantos estudiantes y profesores "la persona" siempre quedaba disuelta. Pero me quedé aquí y comencé a trabajar con él; a partir de entonces esa ilusión, casi inalcanzable, se convirtió en nuestra referencia.

Decidimos juntar nuestras experiencias y combinar la investigación teórica y experimental sobre un mismo tema. Con el apoyo de la Universidad, avanzamos con luchas y altibajos y, gracias a la ayuda de mucha gente, en quince años logramos alcanzar el nivel que poseemos hoy: una investigación puntera, un programa doctoral reconocido y una buena docencia de grado. Para conseguirlo, trajimos docentes y estudiantes de otras universidades españolas y extranjeras. Cada profesor, cada alumno, era un problema nuevo: "una persona". Carlos, buen comunicador y de carácter afable, conectaba con todos rápidamente y facilitaba la tarea.

En quince años ha pasado por el departamento gente de diversas nacionalidades: rusa, belga, americana, argentina, chilena, italiana... Carlos Pérez García mantuvo esta característica de apertura a todos, con la máxima generosidad y el único requisito del respeto y la seriedad científica, mientras fue director del departamento y del Instituto de Física. Yo me he limitado simplemente a continuarla.

Con sus estudiantes de grado el trato era directo y llano. Se granjeaba la simpatía de alumnos y asesorados, sin dejar por eso de mantener el nivel de exigencia en los estudios. Se le veía a menudo tomando café con ellos, mientras dejaba caer el consejo oportuno, o una corrección amable y estimulante.

No terminaré sin destacar la cuestión fundamental sobre la que se apoyó nuestro trabajo: Carlos era un gran amigo. Durante los veintitrés años que ha durado nuestra amistad y los quince de nuestra empresa en común nunca decayó el respeto mutuo y la fidelidad, en la alabanza y en la crítica. Por último resalto su fidelidad a Dios, al que procuró servir a través de su trabajo ordinario, dándose por entero a los demás. Seguramente el Señor le habrá compensado con creces. Ahora nos seguirá ayudando de otra manera.

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