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11/09/2009

Un catedrático de Economía propone cambiar el impuesto sobre la renta por un impuesto sobre el consumo

El profesor de la Universidad de Navarra Luis Ravina plantea que la factura de esta crisis la deben pagar aquellos que gastan más

Luis Ravina Bohorquez es director del área Pobreza y Desarrollo del Centro de Investigación en Humanidades.
Foto: Manuel Castells

Luis Ravina, catedrático de Economía de la Universidad de Navarra, manifestó que la actual crisis financiera plantea una oportunidad para corregir el modelo de crecimiento español. En este sentido, planteó una reforma tributaria que podría hacer más sostenible este modelo: “Una propuesta sugerente y que debe ser estudiada es cambiar el impuesto sobre la renta por un impuesto sobre el consumo. Podemos hacer que la factura la paguen aquellas personas que gastan más”.

Así lo afirmó durante la lectura de la lección inaugural de la apertura del curso académico 2009-10 en la Universidad de Navarra. “Es verdad que nuestra primera preocupación debe ser poner los medios para salir de la crisis cuanto antes, pero estos momentos son una excelente oportunidad para llevar a cabo las reformas adecuadas”.

Luis Ravina Bohorquez, director del área Pobreza y Desarrollo del Centro de Investigación en Humanidades de la Universidad de Navarra, explicó que el impuesto sobre el consumo puede adoptar muchas formas, pero la aplicación más simplificada del tributo sería la siguiente: “El consumo de una familia es la diferencia entre la renta y el ahorro. Esa cantidad menos una deducción, en función del número de personas que componen la familia, sería la cantidad objeto del impuesto. La tasa empezaría muy baja y aumentaría progresivamente en función de los incrementos del consumo”.

A continuación, se refirió a las ventajas que tendría este cambio impositivo. “En el impuesto sobre la renta la tasa marginal no puede crecer a partir de cierto nivel sin castigar el ahorro y la inversión; bajo un sistema de imposición al consumo, la tasa marginal creciente aumenta los incentivos a ahorrar. Al mismo tiempo, este impuesto no hace diferencia entre los bienes consumidos; se graba la cantidad total en un año”.

Más ahorro para estimular el crecimiento, la productividad y el consumo

“Al establecer un impuesto progresivo sobre el consumo ahorraremos más, compraremos casas con menos metros cuadrados y menos coches lujosos; reducimos nuestro consumo de bienes posicionales, no el de los considerados necesarios”, indicó. Este cambio en los patrones de consumo y ahorro de las familias tendría impactos macroeconómicos positivos: “Al incrementar las tasas de ahorro del país estamos estimulando el crecimiento, la productividad y podremos disfrutar de un mayor consumo en el futuro”.

“En una situación como la que vive la economía española, con un déficit público creciente, baja productividad y déficit exterior, la propuesta formulada unida a las reformas estructurales que necesitamos generará un cambio en el modelo de crecimiento más equilibrado y sostenible”, afirmó Luis Ravina.

El profesor de la Universidad de Navarra se adelanta a las críticas que sostengan que la aplicación de un impuesto sobre el consumo puede reducir el consumo y llevar a la economía a una recesión. “La producción y el empleo vienen determinados por el gasto total, no sólo por el consumo. El cambio debe llevarse a cabo de una manera gradual. En el caso de producirse una recesión en la economía, una reducción de la tasa impositiva puede estimular la economía de una manera más eficaz que los estímulos fiscales por parte del Estado”.

El dinero no trae la felicidad

Durante su Lección inaugural en el acto de apertura de curso de la Universidad de Navarra, titulada "Felicidad y capitalismo", el profesor Luis Ravina también cuestionó nuestro modelo de crecimiento y la idea de que esta forma de capitalismo aumenta la felicidad de las personas.

“Los seres humanos solemos pensar que si tuviéramos más dinero seríamos más felices, cuando la realidad es más compleja”, señaló. En este sentido, añadió que “un incremento brusco de la renta, por ejemplo, cuando nos toca la lotería, no produce un efecto duradero, nos adaptamos en unos cinco años. Sin embargo una pérdida importante de nuestra salud o la separación matrimonial tienen efectos duraderos en nuestro índice de felicidad”.

Entrevista al rector en 98.3 Radio

 

 

 

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