¿Crisis de la prensa o crisis de la mediación de la prensa?
Carlos Barrera. Viene siendo ya un tópico recurrente hablar de la crisis de la prensa. Dicha sea la verdad, no recuerdo un tiempo, más reciente o más lejano, donde no se haya hablado de crisis de la prensa. Parece que va en el ADN del propio medio una especie de victimismo que atraviesa toda su historia y le hace andar quejándose por sistema… Pero la crisis de estos últimos tiempos posee un ingrediente diferente porque va asociada a la supuesta, o ya incluso real, pérdida de su hegemonía en el ámbito de la configuración de la opinión pública debido al impacto de las nuevas tecnologías y en especial de Internet.
La necesidad de estar informados acerca de lo que sucede a nuestro alrededor no va a desaparecer. En este sentido no hay que preocuparse en exceso por el futuro de las noticias, cualesquiera que sean los formatos a través de los cuales lleguen a los ciudadanos/consumidores/clientes. Evidentemente los empresarios de prensa y los periodistas están más bien preocupados porque se va extendiendo la sensación de que tanto unos como otros pueden llegar a ser prescindibles, al menos en cuanto al rol que durante los dos últimos siglos han tenido. Ayer, en El País, el coautor de un estudio sobre tendencias de los medios expresaba su temor a que esto sucediera: “Me preocupa que [la prensa] pueda perder su papel como mediador”.
¿Son temores fundados? Todo parece indicar que sí. Basta hablar con directores de comunicación de grandes empresas o con profesionales de la comunicación corporativa, e incluso de la política, para darse cuenta de que cada vez se cuenta menos con los periodistas. Si puedo comunicarme con mis públicos directamente, ¿para qué destinar recursos y perder tiempo con los periodistas? La capacidad de generar información directa por parte de empresas, organizaciones, partidos y gobiernos es tal que el margen de maniobra que se deja a los periodistas ha disminuido drásticamente a lo largo de los últimos años. Además, el público puede acceder cada vez a más información sin su mediación.
¿No sería más apropiado entonces hablar de crisis de la mediación de la prensa? Hace unos días me lo corroboraban algunos profesionales de la comunicación en Bruselas. Ya no vienen tanto los periodistas, me decían, a obtener información de lo que sucede en la Comisión Europea o en el Consejo… porque lo tienen todo a un click en pantalla. No comparto, sin embargo, el análisis que hacía el mismo coautor del informe antes mencionado: “Si la prensa pierde su financiación, no tendrá fuerza para mediar entre el poder y la sociedad”. Me parece sumamente peligroso condicionar la capacidad de mediación sólo a la capacidad económica. No van por ahí los tiros, me temo, en el complicado mundo de la Red. El argumento parece agarrarse a la tradicional concepción de la empresa periodística. Si se yerra en el diagnóstico, difícil será hacer frente a los problemas reales del periodismo actual y más se ahondará en su desconexión con el público. Reinventar, refundar o reorientar el rol de la prensa, y por ende el de los periodistas, se torna tarea urgente para satisfacer las necesidades de unas sociedades cuyas conductas de consumo de medios están cambiando. Y el que no quiera darse cuenta… acabará lamentándose.
Posdata: Y que conste que yo sigo comprando prensa de papel.