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Presentación de la asignatura |
Esta asignatura forma una
unidad, articulada en dos partes en razón de la división académica del curso en dos
semestres, pero en completa continuidad interna, respecto del temario como de la
metodología didáctica y la evaluación.
La Filosofía de la Educación puede
contemplarse desde distintas perspectivas. Como disciplina sapiencial se vincula
estrechamente a otras dos disciplinas filosóficas superiores: la Ética y la
Antropología. Se las considera superiores por ser las referencias directas a la
filosofía que tiene el estudio filosófico de la educación. Esto no significa que la
Filosofía de la Educación sea una derivación lógica o aplicación práctica a la
educación de la Ética y de la Antropología filosóficas. El punto de partida no está
en estos saberes, sino en la reflexión sobre la experiencia pedagógica inmediata. Cuando
surgen determinados conceptos en esta reflexión tales como los de persona, libertad
o virtud es cuando opera la referencia a la Ética o a la Antropología; el discurso
reflexivo se determina sobre todo por la dinámica propia de la indagación sobre la
experiencia educativa.
Desde otra perspectiva, la Filosofía de la Educación puede
considerarse como el saber teleológico de la educación. La consideración de la
finalidad conforma nuestra disciplina, de manera que no sólo consta del estudio del fin
de la educación, sino también del estudio del sujeto y de la propia acción educativa,
pero contempladas desde la perspectiva de la finalidad. ¿Para qué se educa? Tal es la
cuestión última en la Filosofía de la Educación.
Como disciplina académica, la Filosofía de la Educación tiene una
corta historia. Su presencia en los currículos académicos apenas llega a un siglo de
existencia. Esta juventud determina su actual consistencia, pues su nacimiento y
constitución están determinados por el relativismo dominante en el pasado siglo XX;
relativismo general del saber, pero acuciante precisamente en la Ética y en la
Antropología. Se dice que según sea el modelo de hombre es decir, según sean la
ética y la antropología profesadas así será la concepción de la educación, y
así será su filosofía. Según ésta visión, habría que hablar con propiedad de
"filosofías" de la educación, en plural; y su contenido consistiría en la
mera exposición de lo que puede extraerse para el saber educativo de las distintas
filosofías existentes, insistiendo en unas u otras según su mayor o menor presencia en
la cultura del momento.
Pero esta concepción, además de relativista, es fáctica, pragmática
y utilitarista; o sea, en buena medida es a-filosófica, en cuanto que no aborda el
estudio de las causas. Más que "filosofías de la educación", se estarían
considerando ideologías pedagógicas.
Con todo, aun en esta situación es decir, careciendo de
doctrinas filosóficas sobre la educación sólidamente establecidas y ampliamente
aceptadas se observa que existe un grupo de conceptos fundamentales que están
presentes en las diversas concepciones pedagógicas. Estos conceptos vertebran el temario
de nuestra disciplina.
Frente a la duda universal como método que aboca en el relativismo,
hay sobrados motivos para afirmar: a) la comunidad de una naturaleza en todos los hombres,
que permite hablar de lo humano y también de lo inhumano como algo real; b)
la orientación preferente hacia la culminación de dicha naturaleza según sus propias
exigencias, que es lo que se llama bien no la idea del bien, sino su
realización; c) la singularización de dicha naturaleza y de la realización del
bien en la persona, raíz y fundamento de la unidad de vida; y d) la capacidad efectiva de
conocer esta realidad mediante la razón, que si bien puede errar, constitutivamente se
orienta constantemente a la verdad, y puede alcanzarla.
Desde estos hondos supuestos, atendiendo a los conceptos comunes
indicados antes, se constituye la Filosofía de la Educación como disciplina sapiencial y
académica
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Programa de la asignatura |
Filosofía de la Educación II
Unidad didáctica
4. La libertad: dimensión esencial de la finalidad educativa.
Tema 7.
Concepto de libertad.
Noción de libertad. Desviaciones y reducciones de la libertad. La
autonomía como finalidad ideal.
Tema 8. Libertad y educación.
Sentido pedagógico del ideal de autonomía. Autoridad y libertad en
educación. La autoridad educativa.
Unidad didáctica 5. Persona y educación.
Tema 9. Noción transcendental de persona.
La persona y la eminencia de la educación. La persona: de la
subsistencia a la transcendencia. La persona: intimidad, donación y transcendencia.
Tema 10. Persona y
formación humana.
El crecimiento personal. La formación humana. Agentes y ámbitos de
la formación humana.
Unidad didáctica 6. Educación y virtudes.
Tema 11. Hábitos y virtudes.
Naturaleza de los hábitos: libertad y posesión. La educación como
formación de virtudes.
Tema 12. La formación humana.
Dimensiones de la formación humana: estética, afectiva, moral,
intelectual y cívica.

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Materiales Didácticos |
Texto base
Como se ha indicado en la primera parte de
la asignatura, el texto base, que opera como manual de la asignatura, es
Naval, C. y Altarejos, F., Filosofía de la Educación, Eunsa,
Pamplona, 2000.
Se
dispone además de una Guía para los Estudios a distancia
Bibliografía
Complementaria
La bibliografía complementaria es la
reseñada en las notas a pie de página del manual que sirve de Texto base. No obstante,
pueden destacarse los siguientes libros como más dirimentes para la doctrina de la
asignatura.
Altarejos, F., Educación y felicidad, Eunsa, Pamplona, 1986,
2ª ed.
García Hoz, V., Cuestiones de filosofía individual y filosofía
social de la educación, Rialp, Madrid, 1962
Millán-Puelles, A., La formación de la personalidad humana,
Rialp, Madrid, 1963
Pieper, J., Las virtudes fundamentales, Rialp, Madrid, 1980
Polo, L. ¿Quién es el hombre?, Rialp, Madrid, 1991
Redondo, E. Educación y comunicación, Ariel, Barcelona, 1999

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Modelo de orientaciones para el
estudio |
La índole
de la Prueba Presencial de Evaluación en el caso de los alumnos matriculados en la
asignatura- es el mejor indicio para entender las siguientes orientaciones generales:
1. No se trata de memorizar, sino de comprender. En el examen
final o prueba presencial se podrá disponer de todo el material que se desee: el manual o
libro de texto base, apuntes, notas, otros libros, diccionarios, etc. En esta asignatura
la idea de "estudio" no es la habitual, pues si bien se estudia para saber,
aquí "saber" no es recordar, sino comprender y relacionar los conceptos.
2. Se trata de leer y de releer. Las pausas o alto en la lectura
no está determinada por la retención memorística sino por la comprensión de lo leído.
La regla de oro para esta lectura sería: "no pasar a otra cosa mientras no se haya
entendido la anterior"; etimológicamente, "lección" significa lectura.
3. Leer con talante indagador e inquisitivo. Una lectura como la
que se propone es eficaz si suscita interrogantes selectos en el lector. Éstos, más que
expresiones de duda o de ignorancia, serán preguntas de desarrollo o de relación de
conceptos; previsiblemente irán en aumento a medida que se avance en el estudio de la
materia. Así una pregunta válida no es del tipo: "esto no lo entiendo", o
"¿qué quiere decir esto?" (para contestar a esta pregunta, se relee lo
anterior, o se consulta directamente al profesor); sino de otros tipos, como: "¿en
qué puede concluir esto?"; "¿por qué se dice esto, y no esto otro?";
"¿qué relación tiene esto con esto otro?".
4. Anotar ordenadamente las preguntas suscitadas. Sea con fichas
o con otro procedimiento aunque se recomienda el primero: abrir fichas se
trata de no fiar a la memoria las reflexiones personales suscitadas por las preguntas, que
en la mayoría de los casos no serán meras "ocurrencias" individuales, sino
hallazgos subjetivos en el aprendizaje; y por tanto, elementos valiosos para la
comprensión personal de la materia.
Unidad
didáctica 4. La libertad: dimensión esencial de la finalidad educativa.
Tema 7. Concepto de
libertad.
Pedagógicamente, la libertad surge de
la consideración de la perfectibilidad humana: el hombre puede mejorar... pero también
puede empeorar. Reflexionando sobre la experiencia sobre todo, atendiendo a la
posibilidad y la necesidad del crecimiento de la libertad se descubre que ésta no
consiste sólo en la mera elección, que se eleva por encima de la determinación
conductual del animal. La libertad no consiste sólo en la elección, esto es, en el libre
arbitrio; esto es el requisito o condición, pero propiamente la libertad es la autoderminación
en razón del fin. De una mala comprensión de la libertad derivan muchos de los
profundos errores prácticos, esto es, éticos, políticos y pedagógicos. Así ocurre,
por ejemplo, cuando se afirma la libertad como absoluta, por encima incluso de la
felicidad, como se expresa frecuentemente al decir: "si me equivoco, por lo menos me
equivoco yo". Todas las desviaciones y reducciones de la libertad concluyen en el
principio dominante de la acción humana en la actualidad: el ideal de la autonomía
individual, que por otra parte, es el más frecuente objetivo de la educación actual.
Tema 8. Libertad
y educación.
La autonomía individual tiene un
sentido pedagógico positivo, entendiéndola desde la libertad relativa y situada, y no
desde la libertad absoluta. Así, la autonomía personal no lo sería respecto de la
constitución o establecimiento de la ley según postulan J. J. Rousseau e I. Kant,
y tras ellos toda la posteridad filosófica, sino respecto de su cumplimiento. Es
forzoso que haya una cierta e inicial heteronomía en la educación, pero su objetivo es
propiciar la posterior autonomía personal. Lo formativo es que las normas se cumplan por
la autodeterminación de la voluntad: ésta es la real y deseable autonomía personal.
Así entendida, se puede afirmar que si hay oposición entre autoridad y libertad, ésta
relación es de complementariedad, como la oposición que hay entre padre-hijo o
izquierda-derecha: ambas se oponen, pero no se excluyen, sino que se demandan mutuamente.
Igual tipo de oposición existe entre autoridad y educación.
Unidad
didáctica 5. Persona y educación.
Tema 9. Noción
transcendental de persona.
La educación tiene como referente
inmediato al ser humano como persona, acaso como ninguna otra actuación o práctica
humanas. Sin embargo, no puede acceder directamente a la persona, sino sólo a sus
acciones y actividades: aquí radica la dificultad esencial la pobreza y la
grandeza que encierra la educación. No obstante, es imprescindible conocer lo que
significa ser persona para poder educar; para poder suscitar la acción personal:
para promover la formación de la persona, o la persona formada. La noción
clásica de la persona, fundada en la subsistencia tiene un rango metafísico,
propio de un saber teórico. A la educación le conviene más la noción transcendental,
más afín a un saber práctico, que define a la persona desde la nota radical de la coexistencia.
Desde ésta, la persona es un ser abierto a la realidad; apertura que se realiza en otras
tres notas características: intimidad, donación y transcendencia.
Tema 10. Persona
y formación humana.
La persona tiene su vida en el
crecimiento propio, como desarrollo perfectivo de sus potencias y como plenificación de
su ser. Desde la consideración de la persona como ser de apertura apuntada en el tema
anterior, el crecimiento personal define a la persona como el perfeccionador que se
perfecciona y perfecciona a otras personas. El verdadero sentido de la perfectibilidad
humana se distingue netamente de la idea de evolución: no se trata de cambiar
adaptativamente, sino de mejorar progresivamente hacia un fin. Y esto, sin término o cese
prefijado: el crecimiento personal es de suyo irrestricto. La formación humana
consiste en este crecimiento personal ayudado o asistido; la actuación del educador está
condicionada por dicho crecimiento que sólo pertenece al educando. Es la afirmación de
la tesis clásica de que el agente propio y principal de la formación humana es el
educando, siendo los otros agentes sólo coadyuvantes o ministeriales.
Unidad
didáctica 6. Educación y virtudes.
Tema 11. Hábitos y
virtudes.
Hay una grave confusión semántica en
la actualidad sobre estos términos: hábito no es rutina ni costumbre, ni virtud es un
ideal inalcanzable de perfección. Hábito significa posesión de la potencia operativa, y
virtud, posesión perfectiva de la potencia. Ambos, hábitos y virtudes, proporcionan
estabilidad y continuidad a la conducta desde la libertad personal: la persona es dueña
de su obrar, y desde esta posesión es dueña de sí misma. Por eso la educación se
realiza como formación de hábitos operativos buenos, que en sentido eminente son las
virtudes. Mediante la formación de hábitos, la persona adquiere una segunda naturaleza
propia de ella como tal: es decir como persona concreta, y no sólo como ser humano
genérico. Siendo los hábitos la posesión de las potencias, examinando éstas, se
definen los grandes ámbitos de la formación humana: formación estética, afectiva,
moral, etc. Éstos son los contenidos del siguiente y último tema de la asignatura.
Tema 12. La
formación humana.
La formación de las potencias
sensitivas es el objeto de la educación estética; su finalidad es la integración
operativa de dichas potencias sensitivas, tanto de la sensibilidad interna como de la
externa. Al conocimiento sensible le acompañan los apetitos sensibles; su desarrollo
perfectivo son el objeto de la educación afectiva, que consiste esencialmente en la
formación de los hábitos de templanza y fortaleza, hábitos básicos en la formación
humana. Posteriormente, aparecen la formación moral y la formación intelectual,
inseparables de suyo, pero discernibles racionalmente. Los hábitos propios de la
educación moral son la justicia y la prudencia. Los hábitos intelectuales a considerar
no son los específicos de cada ciencia, sino los propios del entendimiento: abstracción,
generalización, conceptualización y judicación. Por último, la educación cívica
consiste en la formación de los hábitos o virtudes sociales: piedad, honor, observancia,
obediencia, veracidad, liberalidad, afabilidad, gratitud y vindicación.
Las orientaciones para el estudio están al
completo en zona de alumnos
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Documentación |
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