La orientación educativa tiene dos dimensiones:
1) Teórica: es una fundamentación científica de la práctica orientadora;
2) Práctica: ayuda a identificar y a aplicar la modalidad de orientación más
aconsejable en cada caso. Se realiza en forma de "intervenciones orientadoras".
Por medio de ellas se promueve el perfeccionamiento de una persona determinada en
situaciones concretas, de acuerdo con sus necesidades, durante un tiempo determinado,
mediante Programas y actividades, con propósito preventivo o correctivo.
El orientador debe
aspirar a que sus intervenciones orientadoras sean de calidad. Para lograrlo ha de cuidar
al menos cuatro factores:
1.- Adaptarse a las diferencias individuales. Ayudar a cada persona en lo que más
necesita;
2.- Capacitar a cada persona para aprender por su cuenta;
3.- Ayudar en el autoconocimiento como base para la toma de decisiones personales;
4.- Ayudar a cada persona a que conozca el entorno social en el que vive.
El enfoque y contenido de la asignatura "Orientación escolar y acción
tutorial" responde a esa caracterización básica.
En contraste con
la orientación tradicional, que se limitaba a ser ocasional y correctiva o remedial
(prestaba atención solamente a los alumnos con problemas especiales), la orientación
actual se dirige a todos los alumnos, se integra en el proceso educativo y tiene carácter
proactivo (es anticipadora o preventiva y estimula el desarrollo de capacidades).
Este segundo enfoque tiene algunas
ventajas: al adelantarse a los problemas, pone a los alumnos en situación de éxito; se
reducen las dificultades y se gana tiempo; genera automotivación.
La orientación
escolar es una responsabilidad compartida, dentro de cada escuela, por los padres,
profesores, profesores-tutores y orientador.
Uno de los principales cauces
es la tutoría. Se trata de un proceso de ayuda personal escolar y profesional, que
realiza el profesor-tutor con la ayuda del resto de los profesores y de los padres de los
alumnos, y que busca personalizar la educación.