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Universidad de Navarra  Instituto Superior de Ciencias Religiosas.   Licenciatura
 

Filosofía de la Educación

Curso 5º. Prof: D. Alfredo Rodríguez Sedano

  

Cuadro  de  Asignaturas
Informacion para este curso
Presentación
Profesorado
Modelo de orientaciones para el estudio
Programa
Materiales didácticos
Documentación
Zona de alumnos
Orientaciones para el estudio
Trabajos personales
Exámenes
Indicaciones prácticas para los que cursan la asignatura
 

ISCR

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Presentación de la asignatura

    Esta asignatura forma una unidad, articulada en dos partes en razón de la división académica del curso en dos semestres, pero en completa continuidad interna, respecto del temario como de la metodología didáctica y la evaluación.

La Filosofía de la Educación puede contemplarse desde distintas perspectivas. Como disciplina sapiencial se vincula estrechamente a otras dos disciplinas filosóficas superiores: la Ética y la Antropología. Se las considera superiores por ser las referencias directas a la filosofía que tiene el estudio filosófico de la educación. Esto no significa que la Filosofía de la Educación sea una derivación lógica o aplicación práctica a la educación de la Ética y de la Antropología filosóficas. El punto de partida no está en estos saberes, sino en la reflexión sobre la experiencia pedagógica inmediata. Cuando surgen determinados conceptos en esta reflexión —tales como los de persona, libertad o virtud— es cuando opera la referencia a la Ética o a la Antropología; el discurso reflexivo se determina sobre todo por la dinámica propia de la indagación sobre la experiencia educativa.

Desde otra perspectiva, la Filosofía de la Educación puede considerarse como el saber teleológico de la educación. La consideración de la finalidad conforma nuestra disciplina, de manera que no sólo consta del estudio del fin de la educación, sino también del estudio del sujeto y de la propia acción educativa, pero contempladas desde la perspectiva de la finalidad. ¿Para qué se educa? Tal es la cuestión última en la Filosofía de la Educación.

Como disciplina académica, la Filosofía de la Educación tiene una corta historia. Su presencia en los currículos académicos apenas llega a un siglo de existencia. Esta juventud determina su actual consistencia, pues su nacimiento y constitución están determinados por el relativismo dominante en el pasado siglo XX; relativismo general del saber, pero acuciante precisamente en la Ética y en la Antropología. Se dice que según sea el modelo de hombre —es decir, según sean la ética y la antropología profesadas— así será la concepción de la educación, y así será su filosofía. Según ésta visión, habría que hablar con propiedad de "filosofías" de la educación, en plural; y su contenido consistiría en la mera exposición de lo que puede extraerse para el saber educativo de las distintas filosofías existentes, insistiendo en unas u otras según su mayor o menor presencia en la cultura del momento.

Pero esta concepción, además de relativista, es fáctica, pragmática y utilitarista; o sea, en buena medida es a-filosófica, en cuanto que no aborda el estudio de las causas. Más que "filosofías de la educación", se estarían considerando ideologías pedagógicas.

Con todo, aun en esta situación —es decir, careciendo de doctrinas filosóficas sobre la educación sólidamente establecidas y ampliamente aceptadas— se observa que existe un grupo de conceptos fundamentales que están presentes en las diversas concepciones pedagógicas. Estos conceptos vertebran el temario de nuestra disciplina.

Frente a la duda universal como método que aboca en el relativismo, hay sobrados motivos para afirmar: a) la comunidad de una naturaleza en todos los hombres, que permite hablar de lo humano — y también de lo inhumano— como algo real; b) la orientación preferente hacia la culminación de dicha naturaleza según sus propias exigencias, que es lo que se llama bien —no la idea del bien, sino su realización—; c) la singularización de dicha naturaleza y de la realización del bien en la persona, raíz y fundamento de la unidad de vida; y d) la capacidad efectiva de conocer esta realidad mediante la razón, que si bien puede errar, constitutivamente se orienta constantemente a la verdad, y puede alcanzarla.

Desde estos hondos supuestos, atendiendo a los conceptos comunes indicados antes, se constituye la Filosofía de la Educación como disciplina sapiencial y académica.

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Profesorado

   El Profesor encargado de esta Asignatura es:

                        D. Alfredo Rodríguez Sedano                       Tfno: 948 42 57 16               

       Pueden comunicarse con el para cualquier aclaración o consulta. Conviene que envíen sus comunicaciones por e-mail, correo o fax a la Secretaría del Instituto Superior de Ciencias Religiosas: se procurará resolverlas lo antes posible.
       Se comprueba que las gestiones telefónicas, aunque parecen ágiles y eficaces, frecuentemente resultan inconcretas y no llegan a dar soluciones definitivas.

     También pueden remitir por estos medios los Trabajos Personales a Distancia.                       

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Programa de la asignatura

Filosofía de la educación I

 

Unidad didáctica 1. Noción de educación.

Tema 1. El concepto de educación.
            Posibilidad y necesidad de la educación. Sentido etimológico del término. Concepto de educación: a) la definición de Tomás de Aquino; b) la noción de R.S. Peters. Notas esenciales del concepto de educación.

Tema 2. La actuación educativa.
            La actuación humana. La actuación educativa: enseñar y aprender. La actividad de enseñar: la docencia. La acción de aprender: la formación.

 

Unidad didáctica 2. Comunicación y saber educativos.

Tema 3. Educación y comunicación.
           
Comunicación objetiva y subjetiva. La comunicación educativa. Dimensión poética y retórica de la enseñanza.

Tema 4. El saber educativo.
           
Saber teórico y saber práctico. El conocimiento y la verdad prácticas. Dimensiones práctica y teórica del saber educativo.

 

Unidad didáctica 3. La finalidad de la educación.

Tema 5. Sentido teleológico de la actuación humana.
           
La finalidad: sentido de la actuación humana. El sentido de la finalidad: fin final y fines parciales. La disgregación de la finalidad.

Tema 6. La felicidad: fin de la educación.
           
Felicidad y obrar feliz. El obrar feliz: fin final de la educación. La contemplación como obrar feliz. Aprender y contemplar. La axiología: extravío teleológico de la educación.

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Materiales Didácticos

Texto base

Como se ha indicado antes, el texto base, que opera como manual de la asignatura, es 

Naval, C. y Altarejos, F., Filosofía de la Educación, Eunsa, Pamplona, 2000.


Bibliografía Complementaria

La bibliografía complementaria es la reseñada en el Texto base o manual. Para cada tema puede considerarse bibliografía específica la que se contiene en las notas a pie de página del manual. No obstante, pueden destacarse los siguientes libros como más dirimentes para la doctrina de la asignatura.

Altarejos, F., Educación y felicidad, Eunsa, Pamplona, 1986, 2ª ed.

García Hoz, V., Cuestiones de filosofía individual y filosofía social de la educación, Rialp, Madrid, 1962

Millán-Puelles, A., La formación de la personalidad humana, Rialp, Madrid, 1963

Pieper, J., Las virtudes fundamentales, Rialp, Madrid, 1980

Polo, L. ¿Quién es el hombre?, Rialp, Madrid, 1991

Redondo, E. Educación y comunicación, Ariel, Barcelona, 1999.

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Modelo de orientaciones para el estudio

   

La índole de la Prueba Presencial de Evaluación –en el caso de los alumnos matriculados en la asignatura- es el mejor indicio para entender las siguientes orientaciones generales:

1. No se trata de memorizar, sino de comprender. En el examen final o prueba presencial se podrá disponer de todo el material que se desee: el manual o libro de texto base, apuntes, notas, otros libros, diccionarios, etc. En esta asignatura la idea de "estudio" no es la habitual, pues si bien se estudia para saber, aquí "saber" no es recordar, sino comprender y relacionar los conceptos.

2. Se trata de leer y de releer. Las pausas o alto en la lectura no está determinada por la retención memorística sino por la comprensión de lo leído. La regla de oro para esta lectura sería: "no pasar a otra cosa mientras no se haya entendido la anterior"; etimológicamente, "lección" significa lectura.

3. Leer con talante indagador e inquisitivo. Una lectura como la que se propone es eficaz si suscita interrogantes selectos en el lector. Éstos, más que expresiones de duda o de ignorancia, serán preguntas de desarrollo o de relación de conceptos; previsiblemente irán en aumento a medida que se avance en el estudio de la materia. Así una pregunta válida no es del tipo: "esto no lo entiendo", o "¿qué quiere decir esto?" (para contestar a esta pregunta, se relee lo anterior, o se consulta directamente al profesor); sino de otros tipos, como: "¿en qué puede concluir esto?"; "¿por qué se dice esto, y no esto otro?"; "¿qué relación tiene esto con esto otro?".

4. Anotar ordenadamente las preguntas suscitadas. Sea con fichas o con otro procedimiento —aunque se recomienda el primero: abrir fichas— se trata de no fiar a la memoria las reflexiones personales suscitadas por las preguntas, que en la mayoría de los casos no serán meras "ocurrencias" individuales, sino hallazgos subjetivos en el aprendizaje; y por tanto, elementos valiosos para la comprensión personal de la materia.

 

Unidad didáctica 1. Noción de educación.

Tema 1. El concepto de educación.

Los animales son lo que son, siguiendo los dictados de la especie; el hombre es lo que llega a ser desde sí mismo, como persona. El lema de Píndaro se considera comúnmente como la expresión quintaesenciada de la educación: "llega a ser el que eres". La educación no sólo es posible, sino necesaria. Ésta consideración emplaza a la educación, desde una perspectiva teleológica, como se dijo en la presentación. ¿Qué es la educación? La respuesta a esta pregunta es el núcleo de esta unidad didáctica. En la reflexión sobre el origen etimológico del término educatio aparecen unas indicaciones que introducen la indagación conceptual. Análogamente, la consideración de dos nociones distintas y distantes en el tiempo, como las de Tomás de Aquino (siglo XIII) y R. S. Peters (siglo XX) presentan valiosas concomitancias que ayudan a establecer la definición final de educación.

Ejercicios de autocomprobación.

1.1. ¿Qué es más eficaz para la supervivencia: las potencias irracionales del animal o las potencias racionales humanas?

1.2. Desde la plasticidad humana, ¿cuál es la relación más propia con el entorno: la adaptación o la trascendencia?

1.3. ¿Puede definirse al hombre como un ser de necesidades?

1.4. ¿Cómo es posible la educación?

1.5. Trasmitir; crear; construir; nutrir; progresar. ¿Cuál de estos términos tiene una mayor analogía con educar?

1.6. ¿Tiene término la educación?

1.7. "La educación es la producción del estado perfecto del hombre en cuanto hombre, que es el estado de virtud" ¿Es correcta esta definición de la educación?

Para quienes cursan la asignatura:

1.8. Se dice que el sentido crítico y la autonomía individual son los dos grandes objetivos de la educación contemporánea. ¿Cómo se avienen o encajan en la definición ofrecida de educación: "acción recíproca de ayuda al perfeccionamiento, orientado intencionalmente a la razón, y dirigido desde ella, en cuanto que promueve la formación de hábitos éticamente buenos".

1.9. Rellenar el cuestionario de evaluación del aprendizaje (véase punto 5.2.2 del apartado de Utilización de los recursos didácticos).

 

Tema 2. La actuación educativa.

La actuación humana cobra formas diversísimas en su concreción y en su materialidad. Sin embargo, —y una vez desde la perspectiva de la finalidad— pueden distinguirse dos categorías esenciales: la acción inmanente y la actividad transeúnte o transitiva, que se expresan con los verbos obrar y hacer, respectivamente. A veces se obra bien, pero no se hace correctamente; por ejemplo, se prepara bien un examen —esto es, se obra bien— pero luego, por circunstancias diversas o por mala fortuna, no se hace bien dicho examen. ¿Qué es esencialmente la educación: un obrar o un hacer? En la respuesta se expone que es un hacer respecto a la actividad del educador y un obrar en cuanto a la acción formativa del educando. Se descubren así las dos dimensiones radicales de la educación, enseñar y aprender, íntimamente vinculadas en la educación, tal como obrar y hacer, acción y actividad, se integran en la actuación humana en general.

 

Unidad didáctica 2. Comunicación y saber educativos.

Tema 3. Educación y comunicación.

La comunicación no puede entenderse como mero intercambio de información, pues si así fuera, cuanto mayor información hubiera, también habría mayor comunicación, lo cual es desmentido por la experiencia común del uso actual de la información; por ejemplo, el acceso a Internet no propicia de suyo la comunicación interpersonal. La comunicación es una relación real de participación, en la que se distingue lo comunicado objetivamente de los sujetos que se comunican. Según se insista más en una u otra dimensión aparecen dos formas de comunicación: la objetiva y la subjetiva. Como la educación es también una relación real de participación, cabe preguntarse qué dimensión prima en ella, análogamente a la pregunta del tema anterior sobre el obrar y el hacer. La respuesta se incardina en la temporalidad de la actuación educativa: la educación se inicia como comunicación objetiva de un saber que, al pretender la formación de la persona que aprende, se abre a la comunicación subjetiva. Ello lleva a resaltar la dimensión poética y retórica de la enseñanza, frente a la dimensión enunciativa de la ciencia o saber que se enseña.

Tema 4. El saber educativo.

Una cosa es la teoría y otra, la práctica; y si es cierto el dicho de que "nada mejor para la práctica que una buena teoría", debe entenderse su sentido propio. El saber teórico es aquél que se constituye desde la finalidad de conocer la realidad, mientras que el saber práctico es el que pretende dirigir la actuación humana, el obrar y el hacer. Ambos saberes buscan la verdad; pero la verdad teórica se realiza como adecuación entre el entendimiento y la realidad, mientras que la verdad práctica consiste en la rectitud, esto es, en la adecuación entre el entendimiento y intención recta o correcta. No obstante, la distinción entre saber teórico y saber práctico no es autoexcluyente; según el método y el objeto cabe hablar de saberes teóricos puros, teórico-prácticos, práctico-teóricos y prácticos puros. Los tres últimos son las modalidades posibles de los saberes pedagógicos que conforman las llamadas "ciencias de la educación". Así, puede reformularse el enunciado inicial: nada hay mejor para la práctica que una buena ...teoría práctica"

 

Unidad didáctica 3. La finalidad de la educación.

Tema 5. Sentido teleológico de la actuación humana.

El adagio clásico "todo agente obra por un fin" es el principio de la racionalidad práctica. La actuación humana cobra sentido —tanto para el agente como para el observador— en cuanto se ordena a un fin. Para comprender suficientemente esta cuestión deben distinguirse los diferentes rangos de la finalidad: fin del agente y fin de lo obrado; fin natural y fin libre; fin final y fines parciales. Esta distinciones no operan activamente en el pensamiento moderno; su defección es causa de muchos de los problemas —y de los errores— actuales en la ética y en la pedagogía actuales. La distinción radical es la que media entre "fin como principio" y "fin como término", también denominada como fin-causa y fin-efecto; de hecho todos los objetivos de la educación contemporánea se formulan respecto al fin como término o fin-efecto, postergando u olvidando el fin como principio o fin-causa. La consecuencia es la disgregación de la finalidad: a) en la acción, la propuesta de supuestos fines, tantas veces contradictorios entre sí, que abocan a la dispersión del sentido de la vida; b) en el conocimiento, la pretensión de establecer y postular los fines de modo absoluto y voluntarista, ignorando aquéllos que nos vienen dados por naturaleza. El balance final es la confusión racional ante la finalidad y, consiguientemente, ante el sentido del obrar humano.

Tema 6. La felicidad: fin de la educación.

Las respuestas que se han dado sobre el contenido de la felicidad son ingentes y diversas. Pero previamente a cuál sea ese contenido, debe comprenderse que la felicidad no es un estado o situación al que se arriba en un determinado momento y de duración más menos efímera o permanente; más propiamente que de felicidad —sustantivo abstracto— debería hablarse de obrar feliz —verbo de acción concreto—. Este obrar feliz es el fin de la educación, que opera como un fin-causa o fin como principio: no se trata tanto de obtener determinados rendimientos, de llegar a determinadas situaciones, como de obrar de un determinado modo: este modo es la tensión u orientación a la contemplación, núcleo esencial y germinal del obrar feliz. La contemplación designa el mejor modo humano de obrar, mediante la integración operativa de las potencias superiores humanas. Este planteamiento remite necesariamente a la educación como formación de hábitos o virtudes, y no como incorporación o asunción de valores. La axiología, pese a su exitosa difusión actual no es más que la formalización idealista de la teleología educativa; acaso el mayor riesgo que entraña hoy la formación moral.

Más orientaciones para el estudio y cuestionarios de Autocomprobación en la zona de alumnos de la asignatura

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Documentación

 

 

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