La índole
de la Prueba Presencial de Evaluación en el caso de los alumnos matriculados en la
asignatura- es el mejor indicio para entender las siguientes orientaciones generales:
1. No se trata de memorizar, sino de comprender. En el examen
final o prueba presencial se podrá disponer de todo el material que se desee: el manual o
libro de texto base, apuntes, notas, otros libros, diccionarios, etc. En esta asignatura
la idea de "estudio" no es la habitual, pues si bien se estudia para saber,
aquí "saber" no es recordar, sino comprender y relacionar los conceptos.
2. Se trata de leer y de releer. Las pausas o alto en la lectura
no está determinada por la retención memorística sino por la comprensión de lo leído.
La regla de oro para esta lectura sería: "no pasar a otra cosa mientras no se haya
entendido la anterior"; etimológicamente, "lección" significa lectura.
3. Leer con talante indagador e inquisitivo. Una lectura como la
que se propone es eficaz si suscita interrogantes selectos en el lector. Éstos, más que
expresiones de duda o de ignorancia, serán preguntas de desarrollo o de relación de
conceptos; previsiblemente irán en aumento a medida que se avance en el estudio de la
materia. Así una pregunta válida no es del tipo: "esto no lo entiendo", o
"¿qué quiere decir esto?" (para contestar a esta pregunta, se relee lo
anterior, o se consulta directamente al profesor); sino de otros tipos, como: "¿en
qué puede concluir esto?"; "¿por qué se dice esto, y no esto otro?";
"¿qué relación tiene esto con esto otro?".
4. Anotar ordenadamente las preguntas suscitadas. Sea con fichas
o con otro procedimiento aunque se recomienda el primero: abrir fichas se
trata de no fiar a la memoria las reflexiones personales suscitadas por las preguntas, que
en la mayoría de los casos no serán meras "ocurrencias" individuales, sino
hallazgos subjetivos en el aprendizaje; y por tanto, elementos valiosos para la
comprensión personal de la materia.
Unidad
didáctica 1. Noción de educación.
Tema 1. El
concepto de educación.
Los animales son lo que son, siguiendo los dictados de la
especie; el hombre es lo que llega a ser desde sí mismo, como persona. El lema de
Píndaro se considera comúnmente como la expresión quintaesenciada de la educación:
"llega a ser el que eres". La educación no sólo es posible, sino necesaria.
Ésta consideración emplaza a la educación, desde una perspectiva teleológica, como se
dijo en la presentación. ¿Qué es la educación? La respuesta a esta pregunta es el
núcleo de esta unidad didáctica. En la reflexión sobre el origen etimológico del
término educatio aparecen unas indicaciones que introducen la indagación
conceptual. Análogamente, la consideración de dos nociones distintas y distantes en el
tiempo, como las de Tomás de Aquino (siglo XIII) y R. S. Peters (siglo XX) presentan
valiosas concomitancias que ayudan a establecer la definición final de educación.
Ejercicios de autocomprobación.
1.1. ¿Qué es más eficaz para la
supervivencia: las potencias irracionales del animal o las potencias racionales humanas?
1.2. Desde la plasticidad humana, ¿cuál
es la relación más propia con el entorno: la adaptación o la trascendencia?
1.3. ¿Puede definirse al hombre como un
ser de necesidades?
1.4. ¿Cómo es posible la educación?
1.5. Trasmitir; crear; construir; nutrir;
progresar. ¿Cuál de estos términos tiene una mayor analogía con educar?
1.6. ¿Tiene término la educación?
1.7. "La educación es la producción
del estado perfecto del hombre en cuanto hombre, que es el estado de virtud" ¿Es
correcta esta definición de la educación?
Para quienes cursan la asignatura:
1.8. Se dice que el sentido crítico y
la autonomía individual son los dos grandes objetivos de la educación contemporánea.
¿Cómo se avienen o encajan en la definición ofrecida de educación: "acción
recíproca de ayuda al perfeccionamiento, orientado intencionalmente a la razón, y
dirigido desde ella, en cuanto que promueve la formación de hábitos éticamente
buenos".
1.9. Rellenar el cuestionario de
evaluación del aprendizaje (véase punto 5.2.2 del apartado de Utilización de los
recursos didácticos).
Tema 2. La
actuación educativa.
La actuación humana cobra formas diversísimas en su
concreción y en su materialidad. Sin embargo, y una vez desde la perspectiva de la
finalidad pueden distinguirse dos categorías esenciales: la acción inmanente y la
actividad transeúnte o transitiva, que se expresan con los verbos obrar y hacer,
respectivamente. A veces se obra bien, pero no se hace correctamente; por ejemplo, se
prepara bien un examen esto es, se obra bien pero luego, por
circunstancias diversas o por mala fortuna, no se hace bien dicho examen. ¿Qué es
esencialmente la educación: un obrar o un hacer? En la respuesta se expone que es un
hacer respecto a la actividad del educador y un obrar en cuanto a la acción formativa del
educando. Se descubren así las dos dimensiones radicales de la educación, enseñar y
aprender, íntimamente vinculadas en la educación, tal como obrar y hacer, acción y
actividad, se integran en la actuación humana en general.
Unidad
didáctica 2. Comunicación y saber educativos.
Tema 3.
Educación y comunicación.
La comunicación no puede entenderse como mero intercambio
de información, pues si así fuera, cuanto mayor información hubiera, también habría
mayor comunicación, lo cual es desmentido por la experiencia común del uso actual de la
información; por ejemplo, el acceso a Internet no propicia de suyo la comunicación
interpersonal. La comunicación es una relación real de participación, en la que
se distingue lo comunicado objetivamente de los sujetos que se comunican. Según se
insista más en una u otra dimensión aparecen dos formas de comunicación: la objetiva y
la subjetiva. Como la educación es también una relación real de participación, cabe
preguntarse qué dimensión prima en ella, análogamente a la pregunta del tema anterior
sobre el obrar y el hacer. La respuesta se incardina en la temporalidad de la actuación
educativa: la educación se inicia como comunicación objetiva de un saber que, al
pretender la formación de la persona que aprende, se abre a la comunicación subjetiva.
Ello lleva a resaltar la dimensión poética y retórica de la enseñanza, frente a la
dimensión enunciativa de la ciencia o saber que se enseña.
Tema 4. El saber
educativo.
Una cosa es la teoría y otra, la práctica; y si es cierto
el dicho de que "nada mejor para la práctica que una buena teoría", debe
entenderse su sentido propio. El saber teórico es aquél que se constituye desde la
finalidad de conocer la realidad, mientras que el saber práctico es el que pretende
dirigir la actuación humana, el obrar y el hacer. Ambos saberes buscan la verdad; pero la
verdad teórica se realiza como adecuación entre el entendimiento y la realidad,
mientras que la verdad práctica consiste en la rectitud, esto es, en la adecuación entre
el entendimiento y intención recta o correcta. No obstante, la distinción entre saber
teórico y saber práctico no es autoexcluyente; según el método y el objeto cabe hablar
de saberes teóricos puros, teórico-prácticos, práctico-teóricos y prácticos puros.
Los tres últimos son las modalidades posibles de los saberes pedagógicos que conforman
las llamadas "ciencias de la educación". Así, puede reformularse el enunciado
inicial: nada hay mejor para la práctica que una buena ...teoría práctica"
Unidad
didáctica 3. La finalidad de la educación.
Tema 5.
Sentido teleológico de la actuación humana.
El adagio clásico "todo agente obra por un fin"
es el principio de la racionalidad práctica. La actuación humana cobra sentido
tanto para el agente como para el observador en cuanto se ordena a un fin.
Para comprender suficientemente esta cuestión deben distinguirse los diferentes rangos de
la finalidad: fin del agente y fin de lo obrado; fin natural y fin libre; fin final y
fines parciales. Esta distinciones no operan activamente en el pensamiento moderno; su
defección es causa de muchos de los problemas y de los errores actuales en la
ética y en la pedagogía actuales. La distinción radical es la que media entre "fin
como principio" y "fin como término", también denominada como fin-causa
y fin-efecto; de hecho todos los objetivos de la educación contemporánea se
formulan respecto al fin como término o fin-efecto, postergando u olvidando el fin como
principio o fin-causa. La consecuencia es la disgregación de la finalidad: a) en la
acción, la propuesta de supuestos fines, tantas veces contradictorios entre sí, que
abocan a la dispersión del sentido de la vida; b) en el conocimiento, la pretensión de
establecer y postular los fines de modo absoluto y voluntarista, ignorando aquéllos que
nos vienen dados por naturaleza. El balance final es la confusión racional ante la
finalidad y, consiguientemente, ante el sentido del obrar humano.
Tema 6. La
felicidad: fin de la educación.
Las respuestas que se han dado sobre el contenido de la
felicidad son ingentes y diversas. Pero previamente a cuál sea ese contenido, debe
comprenderse que la felicidad no es un estado o situación al que se arriba en un
determinado momento y de duración más menos efímera o permanente; más propiamente que
de felicidad sustantivo abstracto debería hablarse de obrar feliz
verbo de acción concreto. Este obrar feliz es el fin de la educación, que
opera como un fin-causa o fin como principio: no se trata tanto de obtener determinados
rendimientos, de llegar a determinadas situaciones, como de obrar de un determinado modo:
este modo es la tensión u orientación a la contemplación, núcleo esencial y
germinal del obrar feliz. La contemplación designa el mejor modo humano de obrar,
mediante la integración operativa de las potencias superiores humanas. Este planteamiento
remite necesariamente a la educación como formación de hábitos o virtudes, y no
como incorporación o asunción de valores. La axiología, pese a su exitosa
difusión actual no es más que la formalización idealista de la teleología educativa;
acaso el mayor riesgo que entraña hoy la formación moral.
Más orientaciones para el
estudio y cuestionarios de Autocomprobación en la zona de
alumnos de la asignatura
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