Tema 11.
La comunicación de la misma vida divina, que incluye la presencia de la Trinidad en el
alma, y su íntima transformación en Jesucristo por la gracia, con el consiguiente
intercambio de amor entre el cristiano y Dios. De ahí se deduce que la vida espiritual
cristiana es mucho más que una simple experiencia psicológica religiosa más o menos
intensa, y que no se puede reducir a mera subjetividad.
2. La Teología dogmática proporciona un fundamento doctrinal objetivo imprescindible
para el estudio de la vida espiritual; pero la Teología espiritual añade el estudio de
la vida espiritual precisamente en cuanto algo vivo, dinámico, en su amplia variedad y
riqueza de manifestaciones experimentales.
3. Ambas estudian el obrar cristiano y se complementan e iluminan mutuamente en ese
terreno; pero la Teología moral centra su atención en la estructura de la acción moral
y en su adecuación objetiva al fin último al que se orienta, mientras la Teología
espiritual no se centra en la acción concreta, sino en toda la experiencia evolutiva de
la vida cristiana, en lo que tiene de vivo y de desarrollo efectivo hacia la santidad.
4. El método deductivo es necesario para extraer conclusiones teológico-espirituales
de la Revelación y de otras partes de la teología; pero la importancia de la experiencia
espiritual en cuanto tal en esta disciplina hace necesario el recurso constante a la
inducción, para que la reflexión no se transforme en algo frío y alejado de la realidad
viva que esta ciencia estudia.
Tema 2
1. Unidad y sencillez; cercanía con la figura y la enseñanza de Jesús y los
Apóstoles; sentido profundo y fuerte de la santidad como meta de la vida cristiana; el
martirio como criterio y modelo de santidad; importancia de la oración; valor de lo
ordinario en la vida cristiana; fuerte sentido apostólico; etc.
2. La vida monástica tiene su origen en el desierto de Egipto a finales del siglo III
e inicios del IV, cuando algunos cristianos (entre los que destaca San Antonio Abad)
sienten la llamada de Dios a una vida de soledad, con dedicación exclusiva a la oración
y la penitencia. Los primeros monjes son eremitas, pero pronto surge en la misma zona la
vida en común o cenobítica, por iniciativa de San Pacomio, autor de la primera regla
monástica.
3. Las órdenes mendicantes suponen una evolución de la vida religiosa, con algunas
novedades importantes respecto a los monjes: pobreza personal y colectiva más radical,
dedicación preferente a la predicación itinerante, y para ello, mayor dedicación al
estudio, mayor movilidad, organización más centralizada y dinámica, etc.
4. Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz son las figuras cumbres y más
influyentes; junto a ellos destacan también San Ignacio de Loyola, como fundador y a
través de sus Ejercicios, San Juan de Ávila y Fray Luis de Granada, como escritores y
maestros.
5. Hay una profunda renovación de ideas y formas prácticas en la vida espiritual, por
el influjo de figuras como Santa Teresita; un renovado interés por el estudio de los
clásicos y de la Teología espiritual, con la aparición de cátedras, manuales y
revistas especializadas; una fuerte renovación de la espiritualidad sacerdotal; y sobre
todo un progresivo interés por la vida espiritual y el apostolado de los laicos, que
alcanza su punto culminante con San Josemaría Escrivá y la fundación del Opus Dei.
Tema 3
1. Esa relación se establece entre Dios y cada cristiano personalmente, no de forma
genérica o abstracta. Cada uno es hijo o hija de Dios, y es amado por Él como tal, de
forma única e irrepetible, debiendo ser la respuesta también muy personal.
2. En esa relación Dios abre a cada uno su intimidad y se da a sí mismo: nos
introduce en su vida intratrinitaria, nos da a su Hijo y a su Espíritu, se vuelca en
nosotros con su infinito amor y nos da el amor con el que poder amarle. La respuesta del
hijo debe dejarse conducir a esa intimidad y abrir su alma de par en par a la presencia y
el amor de Dios.
3. Dios es verdadero Padre y ama de verdad a cada uno de sus hijos; por eso, aun sin
dejar de ser Trascendente, Inmutable, Eterno, etc., vive con total intensidad junto a cada
uno de sus hijos todos los abatares de su vida, compartiendo plenamente sus sentimientos,
inquietudes, proyectos, etc.
Tema 4
1. Es, ante todo, un seguimiento de su misma Persona, no sólo de su doctrina,
enseñanza o ejemplo; que exige un compromiso radical, hasta la Cruz. Además, es Él
quien llama y elige a sus discípulos, no los discípulos los que le eligen como maestro;
y su enseñanza tiene la autoridad del que es la Verdad y autor de la misma Ley.
2. Es antes la incorporación: la imitación es una consecuencia. No se trata de imitar
a Jesús, hasta llegar a parecerse a Él, sino de que hemos recibido desde el Bautismo su
mismo ser y vida en nosotros, y hemos de adecuar nuestro comportamiento y nuestras obras a
esa realidad constitutiva de nuestras almas divinizadas.
3. Su amor: su amor humano y divino; en el trato con Dios Padre y en su despliegue
hacia los demás hombres; teniendo en cuenta que no es una simple imitación externa de
sus sentimiento y acciones, sino una participación en su mismo amor vivo en nuestros
corazones, que hemos recibido con la efusión de su Espíritu.
Tema 5
1. El Espíritu Santo enseña todos los aspectos de la vida espiritual, ilumina toda
nuestra vida, orientando nuestras acciones; es motor de nuestra santidad, realizando en
nosotros y con nosotros cada paso de nuestro camino interior; purifica y enciende nuestra
alma, trasformándola en su propia naturaleza, divinizándola; proyecta a través de
nosotros su acción santificadora en otras almas.
2. El don de ciencia es una ayuda en el ejercicio de la fe para saber descubrir la
presencia de Dios en el hombre y en el mundo, el valor divino de todas las cosas creadas,
de todas las acciones y de todos los sucesos, y saber actuar en consecuencia con visión
sobrenatural.
3. El don de consejo facilita la recepción de las luces divinas sobre nuestra vida
espiritual y la docilidad para su ejecución, y es particularmente importante en el
apostolado y la dirección espiritual de las almas, ayudándonos a conducir a los demás
siguiendo siempre el criterio y la voluntad divinas y no los propios.
Tema 6
1. En la Iglesia se actualiza continuamente la acción de Dios y la presencia de
Jesucristo. A través de ella nos llega continuamente su palabra, su voluntad, su acción
santificadora, etc. En ella y por ella se realiza el encuentro personal de cada uno con el
Señor.
Tema 7
1. No. El mundo posee también una dimensión espiritual y trascendente, en cuanto ha
sido creado por Dios, redimido por Jesucristo y tiene su fin y su sentido en el mismo
Dios; esa dimensión alcanzará su plenitud y se manifestará plenamente al fin de los
tiempos.
2. La santificación del mundo consiste en descubrir esa dimensión espiritual que las
realidades terrenas poseen y contribuir con el Creador y el Redentor a su desarrollo y
transformación, en beneficio del mundo mismo, del prójimo y de uno mismo, tanto material
como espiritual.
Tema 8
1. Su maternidad. La mediación mariana está íntimamente unida a su maternidad. Sólo
Ella es Madre de Dios y Madre nuestra, y sólo ella, por tanto, puede ejercer una
verdadera función de Madre en la relación de cada cristiano con Dios. De esa maternidad
brotan todos los demás aspectos de su universal y eficaz mediación.
2. La singularidad brota precisamente de la Maternidad: como verdadera Madre, la
relación de María con cada hijo o hija suya es única e irrepetible; su amor, su trato y
su cuidado por cada uno se personaliza completamente, y la respuesta del hijo debe ser
coherente con esa entrega personal de la Virgen a él.
Tema 9
1. El aspecto relacional nos muestra que la vida espiritual cristiana tiene siempre dos
protagonistas: Dios y el alma; y que consiste básicamente en la relación que se
establece entre los dos. Una relación personal, íntima e intensa, destinada a hacerse
cada vez más estrecha. Nos muestra también que la santidad es una tarea personal,
apoyada siempre en la cooperación libre y responsable con la acción santificadora
divina.
2. El aspecto dinámico subraya que la vida espiritual es una realidad destina a crecer
y desarrollarse, y que su estudio se centra precisamente en su evolución, en lo que
tradicionalmente se llamado camino, intinerario, subida de la vida cristiana hacia Dios,
hacia la santidad.
Tema 10
1. Cada hombre es aquello para lo que Dios le ha creado. Por eso, el sentido de su vida
es el que Dios tiene previsto desde toda la eternidad para él: debe procurar conocer ese
plan divino y realizarlo libre y responsablemente. En la medida en que lo haga estará
más realizado también humanamente, pues alcanzará su verdadero fin: la santidad.
2. No es correcto. Aunque la vocación incluye una dimensión psicológica, la
trasciende ampliamente y no está condiciona da por ella. Además los aspectos
psicológicos pueden ser muy variados: por ejemplo, no siempre hay un momento único y
privilegiado en el que uno "descubre" su propia vocación; para muchas personas
ese descubrimiento es progresivo, poco preciso y diferenciado, etc., pero tienen verdadera
vocación y procuran seguirla, incluso aunque no la llamen así.
3. Ante todo, en el hecho de que la vocación es personal, individual y concreta.
Además, la riqueza del seguimiento de Cristo y de su misión redentora da lugar a una
gran diversidad de tareas y de instituciones en la Iglesia, con las que muchas vocaciones
entroncan, aunque no todas necesariamente.
Tema 11
1. Santidad ontológica designa la realidad de que el hombre es santificado en el
bautismo al ser justificado, hecho hijo de Dios, incorporado a Cristo. La santidad ética
designa la manifestación externa, en las obras y en la vida, de esa realidad ontológica.
2. El peligro de vincular la perfección cristiana a un estado de vida concreto,
oscureciendo así la llamada universal a la santidad o incluso negándola. Aunque pueda
explicarse y comprenderse su uso histórico, es mejor evitar su uso, para salvaguardar
siempre en toda su radicalidad la afirmación de la llamada universal a la santidad.
3. Que la llamada a la santidad no está vinculada a ningún estado determinado, ni
depende de unas determinadas condiciones de existencia, sino que se dirige personalmente a
cada uno y consiste esencialmente en la plenitud de la caridad, amor a Dios y a los
demás, asequible a todo cristiano y en cualquier circunstancia.
Tema 12
1. La Palabra de Dios, la liturgia y las virtudes teologales. Por la primera, el mismo
Dios nos habla, inicia el diálogo de la oración; la segunda es ya lugar de oración y
alimento de toda otra forma de oración; el ejercicio de las virtudes teologales es el que
nos pone en contacto con el mismo Dios y nos permite tratarle. Pero también cualquier
acontecimiento y aspecto de la vida humana ordinaria es fuente, motivo, ocasión y tema de
oración.
2. El interlocutor de la oración es Dios mismo y tal como Dios es y se nos ha
revelado. Por eso, la oración es, ante todo, trinitaria: se trata a las tres Personas
divinas en cuanto son un solo Dios y a la vez en su diversidad personal. También es
cristológica, y por tanto se trata a Jesús como Dios y como Hombre, en la unidad de su
Persona. Es también mariana, al ser María camino directo de relación con la Trinidad,
por voluntad del mismo Dios. La oración también se dirige a los ángeles y a los santos,
por su estrecha unión con la Trinidad en el cielo.
3. Diálogo y reflexión sobre la Palabra de Dios, la liturgia, la vida personal, etc.;
utilización del pensamiento, la imaginación y los deseos; diversidad y libertad de
métodos, pero siempre bajo la guía del Espíritu Santo
4. Los métodos de oración pueden ser una ayuda para aprender a rezar o mejorar la
forma de hacer oración, pero respetando siempre la naturaleza personal, íntima y libre
de la oración cristiana. Por eso, pueden ser contraproducentes aquello métodos que se
apoyan en concepciones no personales del hombre y de Dios; y en cualquier caso, el método
no puede condicionar el desarrollo mismo de la oración cristiana. Los mejores maestros de
oración tienden a evitar hablar de métodos propiamente dichos.
Tema 13
1. En su sentido más general y profundo, sí, pues toda vida cristiana debe tender a
la participación más intensa posible en los "misterios" divinos. En cambio, si
por mística se entienden determinados fenómenos extraordinarios o experiencias
peculiares de la vida de algunas personas santas, ya no estamos hablando de lo común a
todo cristiano; aunque esas mismas experiencias sí pueden enseñar muchas cosas sobre el
camino común.
2. Los propios santos místicos han insistido, y en ocasiones con mucha fuerza, en que
esos fenómenos no se deben buscar ni desear; y han promovido una extrema prudencia a la
hora de juzgarlos y valorarlos; poniendo siempre el criterio de la verdadera santidad en
las virtudes, la vida de oración, el espíritu de sacrificio, el afán de almas, etc.
3. Trato de amistad con Dios, recogimiento y silencio, mirada de fe, sencillez,
intimidad y profundidad, comunión con los misterios de Dios
4. Indica que la contemplación más elevada no sólo es compatible con cualquier
trabajo, activida o situación en la vida, sino que puede y debe surgir con naturalidad de
esas mismas realidades, como fruto de la presencia de Dios en todas ellas, del esfuerzo
personal por santificarlas y del encuentro personal del alma enamorada con Dios que tiende
a ser continuo y abarcante de toda la persona y de toda su vida y actividad.
Tema 14
1. Ante todo, en la vida espiritual es imprescindible el humilde reconocimiento de los
propios pecados y malas inclinaciones; para poder después luchar, con la ayuda de la
gracia, para alejarse de los primeros y vencer los segundos. El itinerario espiritual
puede ser así visto como una progresiva purificación del alma.
2. No, eso sería empobrecer su sentido. Ya el mismo San Pablo compara esa lucha con el
deporte. La ascética cristiana tiene un sentido positivo, deportista, optimista: está
movida por el amor; aunque, desde luego, el alejamiento del pecado es una de las
consecuencias importantes de ese crecimiento en el amor.
3. Porque así es el amor divino, así nos ha amado Dios. Dios nos ha manifestado su
amor mediante el anonadamiento de la Encarnación y de la Cruz, para culminar en la
victoria de la Resurrección. Nuestro amor a Dios y al prójimo, que es participación en
el mismo amor divino, debe seguir, en correspondencia, ese mismo camino. Sin entrega y
sacrificio no hay verdadera comunión con la persona amada, no se alcanza la plenitud del
amor que nos espera.