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3º Curso: |
Sacramentos |
| Página de la asignatura Sacramentos | Pruebas Presenciales | Orientaciones para el estudio | Indicaciones prácticas para los que cursan la asignatura |
| Para poderse presentar a la Prueba final el alumno deberá enviar previamente al menos un Trabajo personal sobre uno de estos tres temas: Trabajo personal a distancia. Opción 1 Hacer un resumen del libro: San Ambrosio, Los Sacramentos (traducción castellana La iniciación cristiana, Rialp, Col. Nebli 45), Madrid 1977, buscando relaciones y comparaciones con el Ritual del Bautismo de Adultos, Prenotandos. Trabajo personal a distancia. Opción 2 Hacer un resumen de: Juan Pablo II, Reconciliación y Penitencia; luego comparar ese documento con el de la Conferencia Episcopal Española, Dejaos reconciliar con Dios. Trabajo personal a distancia. Opción 3 Comentario de CONCILIO VATICANO II, Ad Gentes 14. La extensión máxima y mínima del trabajo que se presente será entre 12 y 8 folios a doble espacio, respectivamente. La presentación ha de hacerse a máquina u ordenador. Esta prueba tendrá un valor máximo de 2 puntos para la calificación de la asignatura. El trabajo será remitido al profesor al menos con quince días de anticipación a la Prueba presencial. Durante su elaboración puede entrar en contacto con el profesor a través del teléfono, fax: 947.273564 y e-mail: <abadib@teleline.es>. No deje de acudir a su Profesor-tutor si encuentra dudas o dificultades al plantearse estos Trabajos. |
| Los
exámenes se celebrarán en las fechas fijadas en el calendario del Instituto y tendrán
una duración de dos horas. La prueba será escrita y constará de dos partes:
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Todo esto, no es fruto de superficialidad ni menos aún de mala voluntad. Más bien, procede de la ignorancia, pues la catequesis sobre los sacramentos ha sido, con frecuencia, deficiente. Es verdad que la reforma litúrgica realizada por indicación del concilio Vaticano II ha contribuido a que los fieles comprendan mejor lo que celebran en los sacramentos, y que la catequesis sobre la Eucaristía, el Bautismo y la Confirmación ha mejorado. Pero los fieles continúan sin saber el sentido profundo de los sacramentos y lo que éstos implican respecto a la vida real. Esta asignatura proporciona los materiales para colmar este déficit y obtener unas ideas básicas para la propia vida y la de los demás, con quienes estamos relacionados por motivos familiares, profesionales o apostólicos. Estamos, por tanto, ante una asignatura sumamente interesante; incluso, sugestiva. Es verdad que no todo se resuelve con ideas más o menos claras, pero sin ellas poco o nada se puede hacer. Baste pensar, por ejemplo, en las experiencias que, al apartarse de la doctrina o disciplina sacramentaria de la Iglesia, han contribuido a aumentar la confusión y el despego de los fieles de los sacramentos; o a convertir los sacramentos en prácticas sentimentales, en vez de medios eficaces para cambiar la vida propia y de los demás. 2. El alumno se va a encontrar, no obstante, con un tratado que le exigirá un no pequeño esfuerzo de comprensión y reflexión. Además, es previsible que se tope con esta doble tentación: la superficialidad y el abandono. La primera se le puede presentar cuando aborde cuestiones que ya conoce en parte, como ocurre con los sacramentos del Bautismo, Confirmación, Eucaristía y Penitencia. Es la hora de repetirse a sí mismo esta reflexión: lo más probable es que posea un conocimiento muy superficial, por la sencilla de razón de que nunca lo he estudiado con detenimiento. La tentación del abandono se presentará, en cambio, cuando lleguen las cuestiones difíciles, que las hay. Al concluir el estudio de la asignatura que lleva consigo tanto la comprensión de las cuestiones como su derivación práctica a la vida personal y de los demás- sentirá una alegría íntima, tanto por haber superado los obstáculos como, y sobre todo, por haber dado respuesta a unos interrogantes vitales que, de modo más o menos consciente, se ha formulado tantas veces. 3. La asignatura tiene dos grandes bloques. El primero corresponde a la Unidad Didáctica 1 y el segundo a las demás Unidades Didácticas. El primer bloque representa para la asignatura lo que los cimientos para una edificación: no se ven, pero sobre ellos se construye con solidez o sin fundamento. Aborda, en efecto, las cuestiones básicas y comunes a todos los sacramentos, por lo que son imprescindibles. Las demás Unidades tratan de los sacramentos en particular. Éstos se agrupan, a su vez, en tres bloques: sacramentos de la Iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía), de la sanación (Penitencia y Unción) y de la comunidad (Orden y Matrimonio). Unidad Didáctica 1: Los sacramentos en el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Objetivo y principales contenidos Esta Unidad Didáctica aborda las cuestiones fundamentales y comunes a todos los sacramentos, las cuales han de presidir el estudio de toda la Sacramentología. A) En relación con el misterio de Cristo, los sacramentos son actos de Cristo, en un doble sentido: en cuanto que son obra instituida por Él y en cuanto que Él obra en ellos. Jesucristo, sin embargo, se los ha entregado a la Iglesia, a la que ha dado una cierta potestad sobre los mismos. Será preciso aclarar bien hasta dónde llega esta potestad, lo cual será determinado a partir, sobre todo, de lo que la Iglesia ha hecho a lo largo de los siglos. Los sacramentos aparecerán así como acontecimientos en los que tiene lugar nuestro encuentro con Jesucristo y por los cuales nos trasmite su vida divina participada. Esto nos hará ver que la vida cristiana tiene un eminente carácter sacramental, que ha de comunicarse a los demás, mediante la evangelización, la cual no es concebible sin la sacramentalización. B) Desde el punto de vista antropológico, veremos que los sacramentos se ordenan a los hombres, tienden a la sacralización de nuestra vida, reclaman la fe subjetiva, forman parte integrante de la fe objetiva y, desde el punto de vista pedagógico, son elementos valiosísimos para la evangelización. C) Finalmente, daremos unas pinceladas básicas sobre la formación histórica del Tratado de los Sacramentos, subrayando los criterios teológicos que han guiado la acción de la Iglesia en la estructuración de lo Jesucristo ha dejado en sus manos. Evidentemente, es imprescindible preguntarse ¿qué es un sacramento? La respuesta es de tipo técnico, pero partiendo de los datos revelados, tal y como los entiende el Magisterio y la teología católica. Es una cuestión muy trabajada por la teología clásica, preocupada de precisar cuál es la naturaleza y el dinamismo de los sacramentos del Nuevo Testamento. Teniendo en cuenta que los datos de la revelación no proporcionan definiciones sino que nos ofrecen datos dispersos con finalidad no directamente científica, expondremos el proceso de reflexión sobre esos datos, rastreando los términos con que son designados los sacramentos, hasta que la terminología queda fijada en su valor semántico actual. Una vez fijada la naturaleza, trataremos de captar lo que aparece en la celebración de cualquier sacramento. Podremos advertir que los sacramentos son signos simbólicos, cuya compleja estructura está ordenada a realidades superiores a las apariencias. En este momento examinaremos cuáles son los elementos integrantes de tales signos simbólicos. Después, la fe de la Iglesia nos permitirá dar un paso más: los sacramentos son eficaces, es decir, poseen la virtud de causar lo que significan, a saber: la gracia. La eficacia de los sacramentos es un punto central y es preciso dejar bien clarificado lo que es doctrina de fe y lo que son explicaciones de los teólogos. A medida que vayamos avanzando, es posible que descubramos que teníamos unas ideas no del todo exactas, que se mueven entre dos extremos: un cierto naturalismo o una concepción un tanto mágica. Será una buena oportunidad para rectificar, si es preciso, o afianzarse en lo rectamente conocido. Todos los sacramentos causan la gracia; algunos, además, tienen otro efecto: el carácter, impreso a modo de sello dinámico o como un proyecto divino de vida que distingue al sujeto de los demás y le capacita para desempeñar importantes funciones públicas en la Iglesia y para la Iglesia. Este punto tiene una especial actualidad, y habrá que atender a la doctrina del Magisterio y a la tradición teológica mejor fundada. La Unidad Didáctica concluye con algunas cuestiones teórico-prácticas relativas a los ministros y sujetos de los sacramentos. Es preciso ponerse en condición de clarificar ideas y actitudes. Bibliografía R. Arnau, Tratado general de los Sacramentos, BAC (Serie de Manuales de Teología), Madrid 1994. N. López Martínez, Sacramentología general, Burgos (Facultad de Teología), 1-218. Catecismo de la Iglesia Católica, nn.1213-1134. Ejercicios de autocomprobación Unidad Didáctica 2: El Bautismo y la Confirmación, sacramentos de la Iniciación cristiana
Objetivo y principales contenidos Seguramente que el alumno ha oído en más de una ocasión frases como éstas: "El Bautismo es el sacramento fundante de la vida cristiana", "El Bautismo nos da una nueva naturaleza", "El Bautismo nos hace Iglesia", "El Bautismo compromete toda nuestra existencia", "Todo bautizado ha de ser santo y apóstol", "La Confirmación está en íntima relación con Bautismo", "La Confirmación nos hace más cristianos, más Iglesia, más apóstoles", "La Confirmación sigue al Bautismo y precede a la Eucaristía". Éstas y otras cuestiones encuentran su explicación en esta Unidad Didáctica. Estamos, por tanto, ante puntos absolutamente centrales y ante los que es preciso tomar partido, puesto que nosotros somos cristianos. El alumno ha de mantener siempre este punto de mira, para evitar que el Bautismo y la Confirmación sean cuestiones teológicas abstractas, sin conexión directa con su propia existencia. Sin embargo, esto no quiere decir que el modo de acercarse a esta Unidad sea una especie de "reflexión piadosa". Todo lo contrario: precisamente porque el Bautismo y la Confirmación son puntos esenciales en la vida cristiana, han de ser bien entroncados en la historia de la salvación, tal y como se describe en las fuentes de la Revelación (Antiguo y Nuevo Testamento) y se vive en la Iglesia. Esto explica que esta Unidad Didáctica dé mucho relieve a los testimonios de la Escritura y de los Santos Padres, así como a la Liturgia de la Iglesia. Si la reflexión teológica actual se ha enriquecido notablemente respecto a épocas precedentes, se debe, sin duda, a este conocimiento de la Escritura, de los Padres y de la Liturgia. El alumno, por tanto, ha de ahondar en la comprensión de estas fuentes, tanto en lo que se refiere al Bautismo como a la Confirmación. Sin esta base, todo quedaría en el aire. Pero la unidad no se limita a presentar la vertiente histórico-salvífica de estos sacramentos, sino que tiene también una parte sistemática. Es decir, después de analizar los diversos elementos que aparecen en las fuentes (Escritura, Padres, Liturgia), los sistematiza en una síntesis orgánica y coherente. Tanto en el caso del Bautismo como en el de la Confirmación, el alumno encontrará, primero, la parte histórico-salvífica y, luego, la sistemática. "¿La Confirmación debe preceder o seguir a la Primera Comunión? ¿Por qué en el caso de adultos la Confirmación y el Bautismo de celebran simultáneamente y separados en el caso de los niños?" Estas dos cuestiones encuentran su adecuado planteamiento, comprensión y solución a la luz de una realidad que nuevamente ha obtenido carta de ciudadanía en la teología y praxis eclesial: la Iniciación cristiana. El alumno ha de ser consciente de que ésta es una noción muy importante y que de su recta intelección depende que los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación se consideren menos como algo puntual, que como etapas de un único proceso, que es la inserción del hombre en el misterio de Cristo. Los frutos que el alumno cosechará del estudio concienzudo de esta Unidad, le compensarán sobradamente del esfuerzo que habrá de realizar. Bibliografía I. Oñatibia, Bautismo y Confirmación, BAC (Serie de Manuales de Teología), Madrid 2000. Conferencia Episcopal Española, La iniciación cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999. Ritual del Bautismo de Adultos y Ritual del Bautismo de Niños. Prenotandos. Catecismo de la Iglesia Católica, Parte II, nn. 1112-1321. Ejercicios de autocomprobación
Unidad Didáctica 3: El sacramento del sacrificio de Jesucristo
Objetivo y principales contenidos El sacrificio de Jesucristo en el Calvario es el punto de mira y la cumbre de toda la historia de la salvación; hasta el punto de que esta historia se puede dividir en dos mitades: la primera contempla la realización de la entrega voluntaria de Cristo a la muerte en favor de los hombres; la segunda es la aplicación de la fuerza salvadora de esa muerte a los hombres y mujeres que van apareciendo en la tierra. Ahora bien, dado que la Eucaristía es la actualización sacramental del sacrificio de Jesucristo, la Eucaristía es el punto de mira y la cumbre de toda la vida y actividad de la Iglesia, y de cada cristiano. Nos encontramos, por tanto, no ante un sacramento más, ni siquiera el más importante, sino ante el sacramento del que derivan, al que remiten y en el que culminan todos los demás. Los contenidos de esta Unidad Didáctica están profundamente vinculados con el Misterio de Dios Uno y Trino, con la Cristología, con la Eclesiología y con la Escatología. El punto de partida es, sin duda, el Misterio de Dios. A la luz de ese misterio, el hombre aparece como una criatura en la que Dios ha derramado su amor y a la que ha introducido en su vida intratrinitaria, elevándola al orden sobrenatural y redimiéndola, cuando rompió esta comunión de vida con el pecado. Esta redención, que fue realizada mediante la muerte y resurrección del Verbo Encarnado, estuvo preparada durante el tiempo de la antigua alianza, mediante figuras, tipos y profecías. El sacrificio de Cristo era perfectísimo; por eso, no era necesario realizar ningún otro ni era posible volverlo a repetir; pero como era un sacrificio destinado a los hombres de todos los tiempos, había que actualizarlo y aplicarlo. La Eucaristía es el sacramento que actualiza en todo lugar y tiempo, mediante el ministerio de la Iglesia, este sacrificio. La Eucaristía no repite el sacrificio de la Cruz, sino que lo actualiza sin cesar, para que todos podamos beneficiarnos de su eficacia redentora. Es, pues, la donación suprema de dios al hombre. Si la Eucaristía no es percibida como la suprema donación de la Trinidad a la Iglesia, será imposible comprender la importancia que el misterio eucarístico tiene para la vida cristiana, y se correrá el riesgo de menospreciarlo y de vaciarlo de contenido. Nunca se insistirá bastante en que la Eucaristía sólo es comprensible desde su dimensión histórico-salvífica, es decir: desde el sacrificio realizado por Cristo y aceptado por el Padre y donado a los hombres en y por el Espíritu. Ciertamente, esto es aplicable a todos los sacramentos en una cierta medida, puesto que todos ellos actualizan y comunican la fuerza salvadora del sacrificio de Cristo. Sin embargo, la Eucaristía va mucho más lejos, pues no sólo hace presente la fuerza salvífica de ese sacrificio, sino el mismo sacrificio. Ahora bien, como esto no sería posible más que haciendo presente la misma Persona del Verbo Encarnado, Muerto y Resucitado que fue la Víctima y el Sacerdote del sacrificio de la Cruz-, la Eucaristía es también el sacramento que hace presente realmente la Persona del Resucitado. Esta presencia llega hasta nosotros bajo la apariencia de una comida y una bebida bajo las especies de pan y vino-, porque el sacrificio se hace presente no sólo para que lo ofrezcamos sino para que, una vez ofrecido, lo comamos y así tengamos acceso a la vida de comunión trinitaria. Cristo ha querido depender tanto de las especies del pan y del vino, que su presencia entre nosotros dura mientras permanecen estas especies. El alumno debe advertir que se encuentra ante un tema transcendental. Ejercicios de autocomprobación
Unidad Didáctica 4: El sacramento de la Penitencia y el de la Unción de los enfermos
Objetivo y principales contenidos La historia del hombre es una doble historia: la de su pecado y la de la misericordia de Dios para con él. La primera página de la Sagrada Escritura se abre con la narración de la desobediencia de nuestros primeros padres, que introdujo en el mundo el pecado, el dolor y la muerte, a la que siguen las que describen los pecados de los hombres anteriores al diluvio, de los que vivieron después del diluvio y antes de la elección del pueblo de Dios, y las que se refieren a las infidelidades de este pueblo a la alianza que Yavé cumplió con él. Junto a ellas aparecen las páginas que relatan la infinita misericordia de Dios, siempre dispuesto al perdón y fiel a su designio de introducir al hombre en la comunión de su vida divina. Con Jesucristo, este designio llega a su punto culminante, dado que con su muerte destruyó nuestro pecado y nos abrió de nuevo el acceso al Padre. Gracias al Bautismo, cada uno muere al pecado y resucita a la nueva vida en Cristo, de modo que su vida entera debe ser una vida de continuo crecimiento, hasta convertir en realidad lo que san Pablo decía de sí mismo: "Ya no soy quien vive, sino que Cristo vive en mí". Ahora bien, si el Bautismo ha destruido el pecado original, no ha eliminado completamente las malas inclinaciones que introdujo en el hombre ese pecado y el hombre nuevo renacido en el Bautismo no siempre vive de acuerdo con su vocación cristiana y tantas veces comete pecados, incluso muy graves. Resulta así que la historia del "hombre nuevo" sigue siendo la historia del pecado y de la infidelidad. Pero es también, y sobre todo, la historia de la misericordia de Dios, que se compadece del hombre, sale sin cesar a su encuentro, y le reintroduce con la gracia del perdón en la casa paterna que abandonó. Esta gracia llega, de modo ordinario, mediante el sacramento de la Penitencia, que es el sacramento específico del perdón. Los Santos Padres gustaban de llamarlo "segundo bautismo", pues devuelve al pecador la vida sobrenatural recibida con el Bautismo y perdida por el pecado. La Iglesia es la depositaria de esta gracia sacramental del perdón. Puede, ciertamente, introducir variantes de tipo pastoral, en consonancia con las diversas situaciones históricas de sus hijos, pero ha de mantenerse fiel a lo que ha recibido en depósito, cumpliendo con fidelidad lo establecido por su Fundador. Así se explica que, por una parte, desde la época apostólica hasta nuestros días la Iglesia haya ejercido el perdón de los pecados en el sacramento de la Penitencia según unas coordenadas esencialmente iguales y, por otra, que tales coordenadas hayan sido dispuestas de forma diferente a lo largo de los siglos. La historia del sacramento atestigua con claridad una evolución disciplinar y una invariabilidad dogmática. Como ha ocurrido con otros sacramentos, la Iglesia ha clarificado y explicitado la doctrina del mismo al dar respuesta a los errores que iban surgiendo. En concreto, el concilio de Trento sancionó como verdades dogmáticas las cuestiones de la sacramentalidad de la Penitencia, la integridad de la confesión y el valor perdonador de la absolución. El Espíritu Santo ha hecho ver a la Iglesia que en esos puntos y en otros- ella no tiene potestad de introducir cambios substanciales. La clarificación dogmática previene a la Iglesia de caer en el error a la hora de establecer los cauces a través de los cuales llega la gracia sacramental del perdón; no la asegura, en cambio, transitar por los caminos prácticos más adecuados. De hecho, han existido momentos en los que una determinada dimensión se ha vivido mejor o peor que en otros. Aquí se encuentra la raíz de la reforma postulada, por ejemplo, por el Vaticano II, con el fin de recuperar la dimensión social del pecado, tan subrayada en los primeros siglos y un tanto olvidada en los últimos. Todos estos hechos son contemplados en la presente Unidad. El alumno comprenderá, por tanto, que se encuentra ante un tema apasionante y que le interpela, dado que la suya es también una historia donde se entrecruzan los pecados personales y la misericordia infinita de Dios. Más aún, se encuentra ante una Unidad que le ofrece las claves de comprensión de la verdadera historia de los hombres, que no es otra que la respuesta misericordiosa e incansable de Dios ante la deslealtad y extravío de los hombres sus hermanos. La Unidad está dividida en dos bloques: uno sobre la Penitencia y otro sobre la Unción. Cada uno de ellos tiene dos partes: una histórico-salvífica y otra sistemática. No son dos cosas meramente contrapuestas, porque lo histórico-salvífico fundamenta lo sistemático, y esto ayuda a comprender mejor aquello. Respecto a los Temas sobre la Penitencia, el primero está dedicado a la clarificación de dos términos que aparecen en todo el tratado: se trata de saber qué entendemos por pecado y penitencia. Son dos términos correlativos, puesto que la penitencia es necesaria porque existe el pecado. Es, pues, un tema introductorio. El segundo pretende obtener una visión panorámica de la disciplina de la penitencia hasta el concilio de Trento; disciplina en la que se trasluce la reflexión eclesial sobre los datos bíblicos que recogíamos en el tema anterior. Este panorama, además de apuntar las deficiencias humanas, pone de relieve los falsos caminos cuya andadura habrá que evitar en adelante y demuestra, desde la experiencia, la utilidad de conocer la historia para no tropezar donde otros tropezaron. El tema tercero es fundamental, porque el concilio de Trento sentó unas bases dogmáticas que en adelante condicionarán la doctrina del Magisterio y la acción pastoral del sacramento; y porque el Vaticano II y el Magisterio reciente ofrecen nuevos datos y perspectivas, que ayudan a discernir lo permanente de lo transitorio. Este es el momento más adecuado para que el alumno se percate de cuál es la doctrina de la Iglesia, sin dejarse seducir por filias o fobias, y exigirse a sí mismo una verdadera reflexión personal con el fin de formar su propio criterio, iluminado por la luz del Magisterio de la Iglesia. El último tema es una síntesis teológica en la que confluyen los temas anteriores: los datos precedentes se presuponen para los datos que ahora se ordenan sistemáticamente. Esta síntesis abarca los puntos imprescindibles que suelen estudiar los tratados clásicos acerca del sacramento de la Penitencia: institución del sacramento, estructura y efectos del mismo. Es, pues, el tema central del tratado y, como tal, requiere un estudio muy cuidadoso. El sacramento de la Unción se expone en un solo Tema, dividido, como en el caso de la Penitencia, en dos partes: una histórico-salvífica y otra sistemática. El alumno debe ser consciente de que el estudio del sacramento de la Unción es bastante sencillo; en cambio el de la Penitencia resulta difícil. Bibliografía P. Adnés, El Sacramento de la Penitencia, BAC, Madrid 1981. N. López Martínez, El sacramento de la Penitencia, Burgos (Facultad de Teología) 1989. P. López, Penitencia y Reconciliación, EUNSA, Pamplona 1990, pp. 89-335. Juan Pablo II, Reconciliatio et Paenitentia, "AAS" 77 (1985) 185-275. En castellano puede verse en A. PARDO, Enchiridion. Documentación litúrgica posconciliar, Regina, Barcelona 1992, 678-727. Conferencia Episcopal Española, Dejaos reconciliar con Dios, Edice, Madrid 1989; también se encuentra en A. PARDO, Enchiridion..., 747-803. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1422-1498. Ejercicios de autocomprobación
Unidad Didáctica 5: El sacramento del Orden
Objetivo y contenidos principales Todos los sacramentos son actos de Cristo en la Iglesia y cauces privilegiados de la acción del Espíritu, que nos comunica por ellos la vida divina participada; vida que es como un principio dinámico que capacita para que cada persona actúe y se perfeccione en su nivel individual y en su proyección social y eclesial. Dos sacramentos: el Orden y el Matrimonio, otorgan una gracia sacramental que tiene una peculiar dimensión social. "Con relación a toda la comunidad dice santo Tomás- el hombre se perfecciona de dos maneras: primera por el hecho de recibir la potestad de regir y ejercer actos públicos, cosas que corresponden en la vida espiritual al sacramento del orden...La segunda por la propagación natural, lo cual tiene lugar mediante el matrimonio, tanto en la vida corporal como en la espiritual" (Suma Teológica, 3, q.65, a.1). En esta Unidad Didáctica vamos a estudiar el sacramento del Orden. La Unidad comprende dos secciones: una de tipo histórico-salvífico y otra sistemática. Ambas podrían haber agrupado varios temas; sin embargo, cada una se estudia en uno solo, con la finalidad de que el alumno pueda hacerse cargo del tratado con mayor facilidad y claridad. El tema primero es muy amplio, pues abarca desde los datos que ofrece el Antiguo Testamento hasta los del posconcilio Vaticano II. El itinerario discurre en este sentido: se parte del sacerdocio de Cristo y luego se estudia el de sus ministros en la Iglesia, y esto segundo, tanto en los escritos del Nuevo Testamento y de los Padres, como en la praxis eclesial y en la reflexión teológica desde los orígenes hasta nuestros días. El alumno ha de ser consciente de que se encuentra ante un tema complejo y difícil. Conviene, en primer lugar, que se haga cargo de la terminología dado que con ella se opera a lo largo de este tema y del siguiente: orden, ordenación, potestad de orden, jerarquía, clero, ministros, ministerios, etc... En segundo lugar, es muy importante que se posesione bien de los datos neotestamentarios y patrísticos, para saber cuál es la voluntad de Cristo en este sacramento, y, desde esa base, estudiar la praxis eclesial, poder realizar una reflexión teológica seria y sacar conclusiones firmes, tanto desde el punto de vista doctrinal como disciplinar. Por otra parte, tendrá que saber distinguir cuidadosamente las cuestiones doctrinales en las que queda implicada la fe- y las disciplinares. En las primeras comprobará que ha existido un complejo proceso de evolución, pero como es sabido- es una evolución "homogénea", de suerte que lo que ahora cree la Iglesia conecta con los datos de la revelación. En cuanto a la disciplina descubrirá que la Iglesia ha introducido variaciones importantes, motivadas por razones pastorales. Dentro ya de la vivencia eclesial del sacramento, importa mucho que el alumno tenga muy en cuenta estas indicaciones: a) la aportación básica de la Iglesia primitiva, que persiste a lo largo de los siglos, aunque adaptándose a las variadas y complejas situaciones sociales; b) la importancia que tiene la doctrina de san Jerónimo y el Pseudo-Dionisio; c) la aportación de los juristas y teólogos medievales; d) la convulsión que supuso el Protestantismo; e) la doctrina definida del Concilio de Trento; y f) las nuevas perspectivas del Vaticano II, del Ritual de Ordenaciones y de los ministerios, tras la reforma de Pablo VI. El tema segundo es una síntesis de los principales asuntos teológicos que han ido apareciendo en el primero. Se trata, por tanto, de recoger las constantes que, a partir de los datos revelados, encontramos en la vida de la Iglesia; por ello, durante el estudio de este tema habrá que volver reiteradamente sobre el anterior. Puntos clave para la comprensión de este tema son éstos: a) la Iglesia celebró desde el principio el sacramento del Orden mediante la jeitotonía, que es el vehículo de la sucesión apostólica; b) el sacramento es único, pero la plenitud sacerdotal de Jesucristo se participa en tres grados; c) el signo sacramental está constituido por la imposición de manos y las palabras concomitantes, fijadas por el Pontifical Romano de Pablo VI; d) por la ordenación episcopal se confiere el sacramento del Orden en su grado supremo; el presbiterado también implica una participación, en sí completa, del sacerdocio de Cristo, pero en subordinación al obispo, del que los presbíteros son próvidos cooperadores; el diaconado, en cambio, aunque se confiere sacramentalmente, es sólo un ministerio de ayuda al obispo y al presbiterio en servicios especiales de carácter pastoral; los demás ministerios (lector y acólito) se confieren a laicos mediante un rito litúrgico no estrictamente sacramental; y el carácter del Orden -distinto de los del Bautismo y la Confirmación- configura al ordenado con Cristo sacerdote y le hace partícipe de su potestad para el servicio ministerial. Esta Unidad tiene especial interés para los que han recibido o recibirán el sacramento del Orden. No obstante, tiene también mucho interés para los seglares, puesto que el sacerdocio común y el ministerial, aunque difieren esencialmente, están ordenados el uno al otro, y la Iglesia es impensable sin cualquiera de los dos, dado que es "pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los obispos" (SC 26). Bibliografía R. Arnau, Orden y Ministerios, BAC (Serie de Manuales de Teología), Madrid 1995. N. López Martínez, El sacramento del Orden ,Burgos (Facultad de Teología), s/año de edición. VV. AA., La potestad de orden en los primeros siglos (vol. 4) y Los presbíteros a los diez años del Presbyterorum Ordinis (vol. 7) y los demás volúmenes de la Colección Teología del Sacerdocio, Burgos 1969-ss. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1536-1600. Ejercicios de autocomprobación
Unidad Didáctica 6: El sacramento del Matrimonio
Objetivo y principales contenidos El Matrimonio es la más importantes de todas las instituciones humanas y desde los orígenes de la humanidad aparece como el estado ordinario de las personas mayores, la raíz de la familia y el fundamento de la sociedad. Tras la elevación por Cristo a la categoría de sacramento, es también fundamento de la sociedad eclesial y símbolo viviente del amor de Cristo a la Iglesia La presente Unidad Didáctica trata de estudiar este importante tema. No es un tópico repetir que es un asunto difícil, pues San Agustín, que tanto y tan bueno escribió sobre él, confesaba que "la cuestión del matrimonio es muy oscura y muy complicada" (De coniug. adult. lib.1, cap.25: PL 40, 449). A estas dificultades inherentes al mismo Matrimonio, se añaden hoy otras externas, que provienen del mundo secular y tienen como base el positivismo y el marxismo. Estos sistemas han desencadenado una fuerte oposición a la institución matrimonial y han logrado influir notablemente en los criterios y comportamientos de no pocos cristianos. El marxismo, derrotado como sistema político, continúa influyendo notablemente en los modos de pensar de muchos y difundiendo la idea de que el Matrimonio de la Iglesia es una superestructura de la propiedad privada. El positivismo, por su parte, insiste en las teorías de que el amor y sólo el amor, entendido como mera atracción y disfrute sensible, legitima la unión matrimonial -pues el amor se halla libre de toda obligación exterior y no se puede encuadrar en una institución- y en la que califica como represión sexual, que entorpece el desarrollo armónico del hombre. A este coro se unen las voces de algunos católicos, que propugnan el establecimiento de celebraciones meramente civiles para el Matrimonio sacramento o se dejan llevar por un personalismo exagerado, donde el amor de los cónyuges juega un papel tal, que la institución matrimonial el matrimonio- queda a merced de los vaivenes de ese amor. Todas estas cuestiones no se ventilan sólo en las cátedras y en los libros especializados, sino que son objeto de debate público en los medios de comunicación social. Eso explica que se haya llegado a un estado de confusión bastante generalizada sobre aspectos tan fundamentales como la procreación, la estabilidad matrimonial, la educación de los hijos, etc. Estamos, pues, ante un sacramento que requiere un especial esfuerzo de clarificación. El alumno ha de ser consciente de la perentoria e ineludible necesidad de acercarse a las fuentes de la Revelación y al Magisterio de la Iglesia para conocer el plan de Dios sobre el Matrimonio, pues ellos son los únicos depositarios de la doctrina revelada y, por ello, los únicos garantes de la verdad objetiva sobre el Matrimonio como institución natural y como sacramento. Es posible que, a medida que va acercándose al tema, entren en liza las ideas que están en su consciente o que laten en el subconsciente. Tampoco es descartable que caiga en sus manos o ante sus ojos un artículo de periódico o un programa de televisión que sostienen tesis contrarias. Es éste un momento muy interesante para que ejerza su capacidad de crítica y adquiera una verdadera madurez intelectual; pues es el momento de valorar el número y peso de los argumentos que se aducen, las conexiones y repercusiones que su aceptación o rechazo provocarían a nivel personal y social, etc. Incluso si no se verifica esta hipótesis, el alumno no debe adoptar una postura aséptica o neutral, sino confrontar los conocimientos que está adquiriendo con lo que advierte en la vida y ambiente en que transcurre su existencia cristiana. Respecto a los contenidos de la Unidad Didáctica, conviene llamar la atención sobre la importancia que tienen los textos del Génesis y de Efesios, la doctrina del concilio de Trento y del Vaticano II, y la enseñanza de la exhortación apostólica de Juan Pablo II. Este último documento reviste especial interés para las cuestiones más actuales y conflictivas. Bibliografía A. Sarmiento, El Matrimonio Cristiano, EUNSA (Colección "Manuales de Teología", n. 30. Facultad de Teología de la Universidad de Navarra), Pamplona 1997. T. Martin, El Matrimonio, Burgos (Facultad de Teología), s/año de edición. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, parte segunda: Dignidad del Matrimonio y de la Familia, nn. 47-52. Pablo VI, Encíclica Humanae vitae, "AAS" 60 (1967) 481-503. Juan Pablo II, Familiaris consortio (22.XI.1981), "AAS" 74 (1982) 81-191. (El texto castellano fue publicado por varias editoriales; vg. PPC, Palabra, Paulinas). Catecismo de la Iglesia Católica, nn.1602-1666. Conferencia Episcopal Española, Normas sobre los matrimonios mixtos, en A. Pardo, Enchiridion. Documentación litúrgica posconciliar, Regina, Barcelona 1992, 958-962. Ejercicios de autocomprobación |