Libros bíblicos objeto de este curso
La Biblia cristiana, tal como aparece en los códices más antiguos,
presenta los libros que la integran agrupados en tres grandes conjuntos: Libros
históricos (incluyendo el Pentateuco); libros proféticos (los cuatro profetas mayores y
los doce menores) y libros poéticos. Este último grupo incluye el libro de los Salmos,
el del Cantar de los Cantares y los que llamamos libros sapienciales (Job, Proverbios,
Eclesiastés, Elesiástico y Sabiduría). Es este tercer grupo el que corresponde a la
asignatura que vamos a estudiar. Como rasgo común se podría señalar que están escritos
en ritmo poético; pero tal rasgo no es exclusivo de ellos, ya que también ese ritmo es
empleado en gran parte de los escritos de los Profetas.
En la Biblia hebrea los libros de ese tercer grupo, exceptuados
Eclesiástico y Sabiduría que no forman parte del canon bíblico judío, están
contenidos junto a otros más en el conjunto denominado "Los escritos". Este
conjunto en la tradición judía viene a incluir los libros sagrados que no pertenecen ni
a la Ley (Pentateuco) ni a los Profetas. Su agrupación responde por tanto a un criterio
negativo: el no formar parte de los otros grupos.
Nos enfrentamos pues a un grupo de libros sagrados muy heterogéneo, y
de muy distinta incidencia en el conocimiento bíblico de la mayoría de los cristianos.
Algunos de ellos son muy utilizados y aun populares, como los Salmos y el libro de Job;
otros, como Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría, ni siquiera son muy bien
diferenciados uno de otro incluso por cristianos con cierta cultura religiosa; y, en
cuanto al Cantar de los Cantares, o suena a algo místico debido a los comentarios
realizados por escritores clásicos de nuestra lengua, o se piensa en él como un texto
curioso en la Biblia que sirve para las lecturas en la celebración del matrimonio. Tanto
el uso frecuente de alguno de estos libros (los Salmos), como la notoriedad de otros
(Job), e incluso la escasa familiaridad con otros (Eclesiástico o Sabiduría), y su misma
diversidad, hacen aún más interesante el estudio de este bloque de libros bíblicos.
Decimos aún más interesante, porque el interés primero que despiertan brota del hecho
de que forman parte de la Biblia: son libros sagrados y canónicos, y, en consecuencia,
Palabra de Dios a los hombres. Pero ¿cómo se da e ellos la Palabra de Dios?
Características peculiares de estos libros
En estos libros no encontramos ni leyes o promesas hechas por Dios, ni
oráculos de personas que hablen en su nombre. Todo en ellos -excepto algún pequeño
oráculo en los Salmos, o la locución de Dios a Job desde la tormenta, o los discursos de
la Sabiduría- tiene el carácter de ser directamente palabra humana: es el hombre piadoso
el que reza y expone sus sentimientos ante Dios en los Salmos; los enamorados quienes
cantan sus poemas en el Cantar de los Cantares, o los sabios quienes transmiten su
enseñanza, fruto de su reflexión o recibida por tradición, en los libros sapienciales.
En estos libros parece escucharse exclusivamente la voz de sus autores; pero sus palabras,
escritas bajo el carisma de la inspiración divina, son proclamadas en la Iglesia como
Palabra de Dios, porque son libros que forman parte de la Sagrada Escritura. Este hecho,
que puede parecer paradójico, nos lleva a comprender mejor la verdadera naturaleza de la
Escritura y de la inspiración de los libros sagrados. Todos ellos ofrecen directamente la
palabra del hombre que es a su vez y de forma misteriosa Palabra de Dios, con
independencia de que se le atribuya a Él o se hable en su nombre o no. (Dei
Verbum....)
Al estudiar estos libros lo más importante será, por tanto, descubrir
cómo habla Dios a través de ellos: cómo mediante la oración que brota del corazón de
los autores de los Salmos, o mediante los sentimientos de amor expresados en el Cantar, o
mediante la búsqueda u oferta de sabiduría de los sabios, Dios está llamando al lector
creyente y poniendo en su interior, oración, sentimientos de amor, o afán de verdad. La
Palabra de Dios queda modalizada de maneras diversas en los libros que vamos a estudiar:
aparecerá como palabra orante o locución amorosa o expresión de sabiduría. Así se
convierte en vehículo para acercarnos a Él desde las dimensiones fundamentales de
nuestro ser. Tal ha de ser el objetivo último del estudio de esta asignatura.
Orden seguido en el estudio de estos libros
Aun alterando el orden en que los libros que vamos a estudiar aparecen
en la Biblia, del que daremos razón a su debido tiempo, hemos querido seguir en esta
asignatura un orden que refleje esas modalidades de la Palabra de Dios que acabamos de
señalar. Así, tras una unidad didáctica dedicada a presentar el conjunto de los libros
que vamos a estudiar tal como aparece en la Biblia, y a hacer una primera aproximación a
ellos, pasaremos en la unidad didáctica II al estudio del libro de los Salmos, en la III
al del Cantar de los Cantares, y en las restantes a los libros sapienciales. Puesto que
estos últimos reflejan tres momentos cruciales en el camino recorrido por la reflexión
sapiencial en Israel les dedicaremos tres unidades didácticas: la IV destinada a ver el
origen y las características de la tradición sapiencial y su primer desarrollo literario
en el libro de los Proverbios; la V a estudiar dos obras en las que, desde la experiencia
del sufrimiento del justo (libro de Job) o desde la consideración de que la muerte hace
iguales a todos (libro del Eclesiastés), se plantean cuestionamientos serios a lo que la
tradición proponía, y la VI a otras dos obras en las que se ofrecen vías de solución y
visiones de síntesis ya en la época cercana al Nuevo Testamento (libros del
Eclesiástico y de la Sabiduría).
Como todos los libros del Antiguo Testamento, los que aquí vamos a
estudiar preparaban la Revelación plena de Dios en Jesucristo consignada por escrito en
el Nuevo Testamento. Ahora bien, no lo hacían ni como los libros históricos ni como los
Profetas. Los libros históricos iban mostrando las intervenciones de Dios en la historia
del pueblo y preparaban así la intervención definitiva con la venida de Jesucristo que
inaugura el Reino de Dios; los Profetas anunciaban ese Reino y al Mesías que lo
instauraría. Los libros objeto de esta asignatura ni narran historia ni contienen
profecías; preparaban la venida de Cristo haciendo profundizar la relación del hombre
con Dios mediante la oración, mediante el sentimiento más fuerte del amor y mediante el
uso de la razón para descubrir su presencia en la creación, en la historia y en su Ley.
Al llegar a su plenitud esa relación del hombre con Dios en Cristo, el Verbo de Dios
hecho hombre, adquieren su cumplimiento definitivo los libros que vamos a estudiar. Por
eso señalaremos su orientación hacia el Nuevo Testamento, a cuya luz podrán ser
comprendidos con más profundidad, al tiempo que ayudarán al lector a conocer mejor y
unirse más fuertemente a Jesucristo recorriendo el camino que marcan esos libros.