La Universidad de Navarra celebra un acto en homenaje al profesor Francisco Domingo
El arzobispo de Tarragona destacó su labor en el ISCR, que ha formado a más de 6.000 profesores de religión, catequistas y otros educadores de la fe
| De izquierda a derecha, Enrique Molina, Juan Chapa, Francisco Domingo, Jaume Pujol y María José Monfort. |
| Foto: Manuel Castells |
La Universidad de Navarra celebró un acto en homenaje a Francisco Domingo, profesor de la Facultad de Teología y del Instituto Superior de Ciencias Religiosas (ISCR). En él participaron Mons. Jaume Pujol, arzobispo de Tarragona; el decano, Juan Chapa; el director del ISCR; Enrique Molina; y María José Monfort, graduada de este Instituto.
El arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, alabó su labor durante más de 30 años en el departamento de Pastoral y Catequesis y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas (ISCR), que ha formado a más de 6.000 profesores de religión, catequistas y demás educadores de la fe. También recordó su puesta en marcha, que ambos impulsaron en 1998.
“Sin él -manifestó-, el ISCR no hubiera tenido el ambiente cálido, familiar y de una atención individualizada que lo ha caracterizado. Una real preocupación por todos y cada uno de los alumnos. Impulsó el lanzamiento de los manuales, mil veces corregidos. Horas de trabajo y reuniones para perfilar un texto; viajes a Madrid, a la sede de la Conferencia Episcopal Española, para lograr la aprobación de nuestro Instituto”.
Gran vocación por la tarea formativa
El decano, Juan Chapa, remarcó que “don Francisco ha puesto toda su experiencia docente y todo su saber -especulativo y práctico- al servicio de la Teología. La ha hecho más cercana y accesible a cientos de personas en el ISCR. Ha respondido generosamente a un deseo que siempre ha existido en el pueblo cristiano y que ha sido avivado por el Concilio Vaticano II al subrayar la importancia de las realidades bautismales y del sacerdocio de los fieles. Me refiero al deseo de recibir la mejor formación cristiana posible, una formación coherente con la vocación universal a la santidad y al apostolado a los que todo cristiano está llamado por el hecho de haber recibido los sacramentos de iniciación”.
Por su parte, Enrique Molina manifestó que, en la persona de Francisco Domingo, “a una inteligencia viva e inquieta, y al buen criterio, se añade un inagotable afán de ayudar y de servir a los demás”.Asimismo, puso de relieve su gran vocación por la tarea formativa, primero a través de la enseñanza secundaria y a la dirección de centros educativos y, tras doctorarse, en la Universidad de Navarra. “Su dedicación a la preparación de materiales, la conformación de manuales, la puesta a punto de los instrumentos docentes, la difusión de tantas cosas que podían ser de ayuda para quienes se desenvuelven en el ámbito de la enseñanza de la religión y de la catequesis ha sido inmensa y siempre sacrificada y escondida”.
