Antonio López: "Emociona la voluntad de muchas personas por mejorar a través del conocimiento"
Discurso de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Navarra
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Exmo. y Revmo. Gran Canciller
Exmo. y Magnífico Sr. Rector
Exmas. Autoridades
Ilustrísimo Claustro Académico
Queridos amigos:
Intentaré expresar con unas pocas palabras lo que siento, o lo que creo, aunque será sólo una pobre aproximación.
La Universidad para mí está cerca, pero no sé si la conozco bien. Mi formación como pintor y como persona ha transcurrido por sendas paralelas aunque diferentes. Pero a muchos de nosotros nos hermana el mismo amor por el conocimiento de las cosas y la voluntad de poder transmitirlo a los demás en algún momento.
Yo creo que la búsqueda de lo que llamamos conocimiento ha sido en la vida del hombre una aspiración constante y noble, y parece que se ha superpuesto a todas las vicisitudes y dificultades de la vida. La bondad, la belleza, la inteligencia, la salud, esos “dones mayores” los concede Dios en una medida y apariencia desigual que nunca podremos comprender. Pero sorprende y emociona la voluntad de muchas personas por mejorar a través del conocimiento.
Todas las criaturas de la Tierra aprenden pronto -y parece que sin esfuerzo- aquello que necesitan saber para realizarse como seres vivos. Pero el ser humano, una familia de seres humanos, en cada generación, en todas las épocas y lugares sobrepasan el aprendizaje básico y se adentran con un impulso y una fe irresistible en el misterio del conocimiento de las cosas para saber un poco más, para conocer y entender un poco más, para tratar de ser mejores, más útiles a los semejantes, para comprender un poco mejor el enigma de la vida y de nosotros mismos.
Todo esto con paciencia, con generosidad, con riesgo, en un esfuerzo voluntario que puede durar toda la vida. El gran lugar de aprendizaje es la propia vida. De ella, como se pueda y donde se pueda, en cualquier lugar y de cualquier persona, puede surgir algo iluminador y precioso.
Pero ahora estamos en la Universidad, el lugar donde el hombre, desde hace siglos, ha concentrado la transmisión del conocimiento de todas las disciplinas del saber, de una forma reglamentada y razonable. Es el final de un recorrido que comienza, se puede decir, en el jardín de infancia. Para mí son todos lugares sagrados, luminosos, merecedores de respeto y apoyo. Decisivos para mejorar la vida de la comunidad.
Sin embargo, por su naturaleza, el aprendizaje de la pintura se va haciendo de una forma más turbulenta y oscura y, en una proporción a veces desestabilizadora y destructiva, hay que convivir desde el comienzo con dudas y contradicciones que nadie puede aclararte totalmente. Se trata de hacer el camino dejándose guiar por el propio instinto, eligiendo unas soluciones que excluyen otras, pero que parecen las tuyas y con las que construimos nuestro mundo individual. Es apasionante si sale bien la aventura.
Para mí, haya acertado o no en mi trabajo, ese lugar inestable siempre me ha gustado, porque lo siento en armonía con la impresión que me produce la vida. En este espacio he encontrado medios de supervivencia, personas que me han acompañado y que me han hecho mejor y una forma de trabajar que me ha relacionado bien con el mundo.
Empecé a pintar con 13 años. Ahora tengo 75 y sigo manteniendo fresca la necesidad, el placer de continuar una tarea que en mí abarca espacios de la vida que sólo encuentro en el trabajo. También me gustan los rituales. Los pequeños, cotidianos y graciosos, y los grandes.
El hombre siempre ha sabido materializar con movimientos, con palabras, con sonidos -en infinitas combinaciones- la esencia de lo que le conmueve y le importa. El sentimiento religioso, el amor, la muerte, la fertilidad, la supervivencia y el conocimiento han generado maravillosos y mágicos rituales de una escenografía cautivadora.
Y este acto es, desde luego, una manera de poetizar y marcar los hechos significativos de la vida.
Doy las gracias a la Universidad de Navarra por señalarme con este honor que, de verdad, no sé si me corresponde. Estoy seguro de que me hará un poco mejor y creará un nuevo vínculo con vosotros que desearía continuar.
Antonio López García*
(*) Este discurso fue leído por el artista Juan José Aquerreta en ausencia de Antonio López, aquejado de una afección, y que no pudo trasladarse a la Univeridad para recibir el galardón.
