Seminario 29 de marzo de 2012
"Cuestiones actuales en torno a la discreción de juicio para el matrimonio"

El grave defecto de discreción de juicio del canon 1095,2 y el don esponsal.
Resumen de la ponencia impartida por el Prof. Juan Ignacio Bañares

 

Tanto en el ámbito de la doctrina canónica como en el de la jurisprudencia se ha escrito mucho sobre la discreción de juicio y la incapacidad para el consentimiento, y con un contenido en ocasiones muy diverso. Las cuestiones que subyacen son complejas, los supuestos de hecho son muy distintos y la conexión del tema con el fondo antropológico y psíquico de la persona es muy real.

En esta ponencia se intenta aportar un punto de vista antropológico, a partir de la consideración de la unidad sustancial de la persona humana, del carácter específico que tiene la sexualidad como dimensión esponsal de la entera persona femenina o masculina, y de la correspondencia entre este ‘principio de unidad’ y el ‘principio de normalidad’ del ser y del obrar de cada persona, varón o mujer. Se trata de profundizar en la relación entre la incapacidad para emitir un consentimiento naturalmente suficiente por grave defecto de discreción de juicio, y esa capacidad natural de la persona a la que acabamos de referirnos.

Como es sabido, para medir la incapacidad en estos supuestos, se recurre a la consideración de los derechos y obligaciones del matrimonio. En este texto el autor se plantea si tal vez podría ser suficiente considerar la relación de causalidad entre el contrayente y su acto de consentimiento, siempre teniendo en cuenta que se trata de un compromiso de futuro. Así, la consideración de obligaciones y derechos resultaría siempre útil como guía, pero se reconocería más directamente el fundamento de la causa de nulidad en el defecto de posesión de sí que padece el contrayente carente de suficiente discreción de juicio. De este modo tal vez podría mostrarse mejor la unidad de la persona humana –que no puede separarse de su carácter o dimensión esponsal- y podría situarse explícitamente la medida de la incapacidad en la lesión directa y grave de la capacidad de entender y/o querer, como sugirió el Romano Pontífice en su conocido Discurso a la Rota del año 1987. Es decir, se trataría de medir la lesión existente en el sujeto –más que el objeto- y medirla por sus efectos en la persona como principio de unidad en el obrar –más que aplicando un concepto de contrayente quizá excesivamente abstracto y desencarnado-.

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