Seminario 29 de abril 2010
La experiencia norteamericana del sostenimiento de la Iglesia

El pasado día 29 de abril se desarrolló en la Facultad de Derecho Canónico el seminario para profesores con el título: La experiencia norteamericanana del sostenimiento de la Iglesia. El ponente era D. Ángel Ciappi, Vicario de Desarrollo y Asuntos Económicos de la Archidiócesis de San Juan (Puerto Rico). Además también forma parte del Board of Directors del International Catholic Stewardship Council.

Su intervención estuvo dirigida a comentar la Carta Pastoral de los Obispos de Estados Unidos “Stewardship: a Disciple’s Response” y el origen del movimiento de la corresponsabilidad en esa nación. A continuación recogemos algunos párrafos significativos de su intervención:
«La corresponsabilidad como estilo de vida es la clave de la exitosa experiencia de sostenimiento de la Iglesia Católica en Norteamérica. Y es exitosa porque no se queda en la superficie, en cubrir las necesidades materiales que tiene la Iglesia como institución, sino que, vivida en toda su profundidad se dirige al interior de la persona (al corazón, diríamos en lenguaje bíblico) para transformar su vida. En palabras del difunto Arzobispo Thomas Murphy: la corresponsabilidad no tiene que ver con lo que hacemos, sino con lo que somos y, más aún, de Quien somos.

Llegado este punto, creo que es importante precisar más el concepto de corresponsabilidad, del que ya hemos ofrecido algunos rasgos. Como hemos dicho, es el estilo de vida del que reconoce que todo es don de Dios y vive según las implicaciones de esta afirmación. Si todo es don de Dios, Dios es, pues, el Dador de todo don. Es también Dueño y Señor de todo. Esto significa que nosotros somos únicamente administradores, no dueños, ya que no puede haber más que un dueño. Por tanto, somos simples administradores. Lo propio del administrador es guiarse por las indicaciones del dueño y, en definitiva, tener que rendir cuentas al dueño. Así nos sucede con Dios con respecto a todo lo que ha puesto en nuestras manos. Hemos de manejarlo todo según las indicaciones y la voluntad de Dios.

El que reconoce la gratuidad del don sabe que obedece únicamente al amor infinito de Dios. Esto despierta la gratitud, que es el motor que impulsa a la generosidad en el compartir. No damos por temor, por obligación o por interés, sino por gratitud. La persona agradecida es generosa. Y puesto que la gratitud es la respuesta al don y el don (y el amor de Dios que nos manifiesta) siempre estará presente en nuestras vidas, la gratitud es un motor que no se detiene.

Si la gratitud brota de reconocer la gratuidad, la generosidad brota de la gratitud y es su medida. Por eso los que adoptan la corresponsabilidad como estilo de vida comparten en proporción no a lo que la comunidad o la Iglesia o el país necesitan, sino en proporción a lo que han recibido de Dios. Aquí radica uno de los problemas con el tradicional método de suscitar el aporte: pedimos porque necesitamos. El corresponsable no da porque haya una necesidad, sino que comparte porque tiene necesidad de dar.

Al imitar el estilo de Dios con el que él mismo se sabe amado, el corresponsable sintoniza con el mandamiento nuevo: «Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13, 34). Por eso cuando comparte busca dar lo primero y lo mejor (el concepto bíblico de primicias), sabiendo además, que su amor al prójimo es correspondencia al, y comunicación del, amor de Dios.

La corresponsabilidad renueva la Iglesia porque renueva las personas. Personas capaces de vivir la «lógica del don» son constructoras de comunión, porque donde el don se acoge y comparte como don, donde el don manifiesta el amor de Dios, Dios está presente porque Dios es amor-comunión. Y donde Dios está presente, no sólo en la intención sino en la acción, no hay problemas de sostenimiento».

Finalmente presentó algunas conclusiones de la puesta en práctica de este estilo en parroquias norteamericanas basándose en algunos estudios estadísticos recientes.

 

2010 Universidad de Navarra | Campus Universitario 31080 Pamplona (España) T 948 42 56 31 |