Pie de foto: Profesores Juan González Ayesta, Javier Otaduy y Antonio Viana, coordinadores del proyecto.

DICCIONARIO GENERAL DE DERECHO CANÓNICO

El profesor de Derecho Canónico, Javier Otaduy, explica la situación actual de este proyecto surgido de la iniciativa del Instituto Martín de Azpilcueta de la Facultad de Derecho Canónico de este Centro académico.

Después de tres años de iniciarse la labor del Diccionario General de Derecho Canónico, ¿en qué punto se encuentra?

Una corrección. El proyecto, exactamente, no empezó hace tres años. Lo que sucede es que en ese momento se hizo público y comenzaron a pedirse las colaboraciones. Pero para entonces llevábamos tres años y medio de trabajo. No se sabía, pero se hizo entonces la tarea más básica e importante. Por ejemplo: establecer el elenco de voces, decidir el autor más adecuado para cada una de ellas, pedir el parecer de otros especialistas, etc. Piense que son más de 2.000 entradas.

Tres años después, ¿dónde estamos?

Depende, el proyecto es largo. Hay tres grandes labores: recepción de originales, traducción y revisión. Cada una de ellas tiene su ritmo. En recepción estamos en el 70%, es decir, hemos recibido 1.510 voces de un total de 2.154.

Según los plazos establecidos, ¿qué nos transmiten estos datos?

Nos transmiten que se ha de contar con numerosos imponderables. Son 600 autores. Algunos han debido renunciar por diversos motivos, incluso algunos han fallecido inesperadamente. Esto no supone un drama, simplemente una empresa de una envergadura poco menos que universal.

Parece una carrera de obstáculos…

Sí, una carrera de fondo, un proceso gradual. Hay 400 colaboradores que ya han acabado. Pero muchos otros se han ido incorporando en etapas distintas del proyecto. Un amigo mío, al proponerle colaborar, me advirtió que estas iniciativas suelen llevar tres veces más de trabajo del que uno prevé. Es más o menos así. Lo que importa es el buen “estado de salud” del proyecto.

¿Qué significa buen “estado de salud” del proyecto?

El ritmo de trabajo y producción es constante. El profesor Antonio Viana se ha añadido al grupo de dirección, lo que supone una ayuda muy valiosa; que se percibe una motivación extra en los profesores de nuestra Facultad; y que en el mundo del Derecho Canónico las expectativas son grandes. He estado hace tres meses en Venecia, en el Congreso Internacional, le puedo decir que ese interés se palpa.

Recepción, traducción y revisión. ¿Qué puede decir de las dos últimas?

Hay que digerir el material recibido. Unas 800 voces están redactadas en italiano, inglés, francés, alemán o portugués. La traducción es un trabajo que hemos comenzado más tarde, aunque ahora estamos dándole ritmo. Hay 10 traductores externos que trabajan en ello. Algunos profesores de la Facultad nos ayudan también. Revisar quiere decir dos cosas: primero, el trabajo de dos personas que procuran adaptar los originales a condiciones formales de presentación, ocupándose de que el conjunto sea homogéneo; después, dos referees revisan todo a fondo y aseguran las condiciones de editabilidad.

¿Hay fecha de publicación?

Es prematuro hablar de edición. Aunque la dirección del proyecto tiene su agenda, parece que gravitan demasiados imponderables para hablar de fechas. Pero sí será en un plazo razonable.