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Departamento de Historia - Historia Antigua
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TEXTOS SOBRE LA ÉPOCA DE LA I Y II GUERRA PÚNICA
I
INTERVENCIÓN POPULAR EN DECISIONES DE POLÍTICA EXTERIOR
Y COMIENZO DE LA I G.P.
Polibio, Hist.I.10-11
"Los romanos consideraban, con razón, que si los cartagineses
se apoderaban también de Sicilia serían unos vecinos temibles
y excesivamente peligrosos, pues los habrían rodeado y ejercerían
su influjo sobre todas las partes de Italia. Estaba, pues, claro que, si
no ayudaban a los mamertinos, los cartagineses se adueñarían
inmediatamente de Sicilia (...) Con todo ello a la vista y pensando que
ni podían abandonar Mesina ni dejar que los cartagineses hicieran
desde ella un puente para sus ataques contra Italia, deliberaron largamente."
"El Senado, por lo dicho, rechazó por completo la petición:
las ventajas que traería dar esa ayuda eran menores que lo absurdo
de apoyar a los mamertinos. Pero la plebe, que estaba arruinada por las
guerras anteriores y que deseaba recuperarse como fuese, decidió,
en último término, dar la ayuda, tanto por lo que se ha dicho
sobre el interés común que esta guerra ofrecía cuanto
porque los generales, en privado, andaban mostrando sus grandes y evidentes
ventajas. El pueblo aprobó el decreto por votación (...)"
Polibio, Hist.I.59.
"Los romanos ponían igual ahínco en su lucha por los
medios materiales, aunque hacía casi cinco años que habían
dejado por completo las operaciones navales, a causa de los desastres [años
255, 253, 249] y porque, además, estaban persuadidos de que su infantería
decidiría la guerra. No obstante, al comprobar que las cosas no
iban según lo previsto, a causa, sobre todo, de la pericia del general
cartaginés, por tercera vez acordaron confiar en las fuerzas navales,
por creer que sólo mediante un expediente de esa clase podrían
terminar la guerra con ventaja, si eran capaces de dirigir la empresa con
tino."
"Primero se habían doblegado ante los caprichos del Destino
y se habían retirado de la mar; luego, habían sido vencidos
en Drépano. Así, se trataba de su tercer intento (y gracias
a ello vencieron) [...] En la iniciativa fue determinante su moral combativa,
puesto que en el tesoro público ya no había fondos para llevarla
adelante; pero se halló medio de ponerla en marcha merced a la emulación
y la generosidad que hacia el bien general mostraron los principales ciudadanos.
En efecto: bien individualmente, bien asociados dos o tres, según
sus posibilidades, se ofrecieron a suministrar una quinquerreme equipada,
con la condición de recobrar el gasto si las cosas salían
como se esperaba. De tal modo apenas se tardó en disponer doscientas
quinquerremes, que construyeron según el modelo del barco [capturado
a Aníbal el] rodio..."
Polibio, Hist.II.24
"De modo tal que (el total de fuerzas dependientes de Roma llegaba
a más de 150.000 infantes y a unos 6.000 jinetes, mientras que)
el conjunto de hombres capaces de tomar las armas, tanto romanos cuanto
aliados suyos, sobrepasaba los 700.000 infantes y llegaba casi a 70.000
jinetes. Aníbal disponía de menos de 20.000 hombres para
enfrentarse a ellos cuando se encaminó a Italia..."
Algunas cifras extraídas de las fuentes (Livio, sobre todo)
muestran la fuerza demográfica romana (se trata probablemente del
número de ciudadanos romanos movilizables):
año
censo
264
292.234
251
297.797
246
241.212
233
270.713
208
137.108
204
214.000
Plutarco, Vida de Fabio Máximo, III.4 - IV.12.
"Tan pronto como el pretor Pomponio tuvo noticia de la derrota, convocó
al pueblo en asamblea. Allí, sin rodeos ni demoras, compareció
y dijo, sin más: «Romanos, hemos sido vencidos en una gran
batalla. El ejército está destruido. El cónsul Flaminio,
muerto. Deliberad sobre vuestra seguridad y salvación» (...)
Todos a un tiempo llegaron a igual conclusión: los asuntos públicos
exigían la autoridad de uno solo que no tuviera que dar cuenta a
nadie, lo que ellos llamaban la 'dictadura'. Era preciso que quien obtuviese
semejante poder fuese un hombre inflexible e impávido. No había
sino uno: Fabio Máximo, que, por su inteligencia y su elevado carácter,
fuera digno de tal cosa (...)"
"Comenzó por pedir al senado permiso para ir a caballo durante
las campañas (lo que, en efecto, no estaba permitido: una antigua
ley lo prohibía, ya porque siendo la infantería lo prin-cipal
del ejército se creyese que el general había de quedar a
su frente y no abandonarla, ya por-que se quisiese mostrar que, aun siendo
los de este cargo poderes propios de un tirano, el dic-tador se hallaba,
no obstante, sujeto al pueblo...) Fabio se hizo preceder de veinticuatro
lic-tores. Y como uno de los cónsules se llegase a él, le
envió a uno de sus servidores a ordenarle que prescindiese de los
lictores, que depusiese las insignias de su poder y que se presentase ante
él como un simple particular."
Livio.XXIII.49
"Correspondía al pretor Fulvio [Flacco] actuar en los comicios,
revelar al pueblo las necesidades de la República, exhortar a quienes
habían acrecido su fortuna gracias a las contratas públicas
y convencerlos de que pusieran su dinero a plazos a disposición
de la misma República que les había posibilitado enriquecerse,
corriendo con la adjudicación de suministros para el ejército
de Hispania [año 215], bajo promesa de que, en cuanto que hubiera
dinero en el erario, serían los primeros en cobrar (...). Se presentaron
a la adjudicación tres sociedades, con un total de 19 personas,
que pusieron estas condiciones: una, ser liberados del servicio militar
mientras estuviesen en el desempeño de este servicio público;
otra, que el cargamento de las naves estaría acogido a seguro a
costa y riesgo de la República, contra los efectos de la violencia,
fuera ésta de las tempestades o del enemigo. Obtenidas ambas, se
encargaron del asunto y, así, la fortuna de los particulares se
inmiscuyó en los asuntos del Estado."
Livio, XXVIII.45.
"En cuanto a levar nuevos reclutas, Escipión no logró
nada [del Senado], aunque se había empleado a fondo. Obtuvo, al
menos, permiso para llevar voluntarios en su ejército. Y como había
anunciado que la flota por construir no supondría gastos a la República,
también logró permiso para aceptar los ofrecimientos de los
aliados con vistas a la construcción de barcos nuevos. Los pueblos
de Etruria, primero, cada cual según sus medios, prometieron ayuda
al cónsul: las gentes de Caere, trigo para los aliados marítimos
y suministros de toda clase; los de Populonia, hierro; los de Tarquinia,
tejidos para velámenes; los de Volterra, efectos para los barcos
y grano; los de Arretio, tres mil escudos, otros tantos cascos, dardos
y jabalinas y picas largas hasta un total de cincuenta mil de todas las
clases, hachas, palas, hoces, cestas, muelas y todo el equipo preciso para
armar cuarenta barcos de guerra, cien mil raciones de grano y provisiones
de camino para decuriones y remeros; los de Perusa, Clusio y Ruselas, madera
de abeto para barco y gran cantidad de grano (...) Los pueblos de Umbría
y, además, las gentes de Nursia, de Reate y Aminterna y todo el
territorio sabino prometieron soldados; los marsos, pelignios y marrucinos
mandaron las listas de muchísimos voluntarios para la flota. Los
de Camerino, unidos a Roma por un tratado, mandaron una cohorte de seiscientos
hombres armada al completo. Apenas preparadas en los astilleros treinta
carenas de barco (...), Escipión mismo comunicó su impulso
a las tareas y, cuarenta y cinco días después de haberse
talado los troncos, los barcos, armados y pertrechados, estaban a flote."
Livio, XXV, 1.
"A medida que la guerra se prolongaba y que los éxitos y fracasos
hacían variar no sólo la suerte sino el estado de ánimo
de la gente de Roma, invadieron la Ciudad tales prácticas religiosas,
en gran parte extranjeras, que repentinamente pareció o bien que
los hombres o bien que los dioses habían cambiado. Se abandonaron
los ritos romanos, pero no sólo en privado, entre las paredes de
las casas, sino en público, en el Foro, en el Capitolio, donde podía
contemplarse cómo multitud de mujeres no guardaban las costumbres
ancestrales ni en sus sacrificios ni en sus plegarias a los dioses. Sacrificadores
y adivinos se adueñaban de los espíritus y su número
aún creció a causa de la llegada a la Ciudad de plebeyos
del campo, expulsados de sus tierras por el miedo y la carestía
y a quienes tan larga guerra hacía rudos y peligrosos (...)"
"Al principio se oía a algunos ciudadanos de bien indignarse
en privado; luego, el asunto llegó al senado y las quejas se hicieron
públicas. Los ediles y los oficiales de justicia, recriminados duramente
por el senado al no haber puesto coto a tales prácticas, estuvieron
a punto de ser golpeados cuando intentaron echar a la muchedumbre del Foro
e impedir los preparativos de semejantes ceremonias. Cuando se advirtió
que el mal era demasiado grave como para que le pusiesen remedio los magistrados
inferiores, el senado encomendó al pretor urbano, M. Aurelio, que
liberase al pueblo de esas prácticas. Aurelio comunicó a
los comicios la decisión formal del senado y mandó que cualquiera
que tuviese listas de profecías, fórmulas de ruegos mágicos
y recetas escritas para sacrificios las entregase ante su tribunal antes
del 1º de abril, prohibiendo que en todo recinto público o
consagrado se hiciera cualquier sacrificio que siguiese ritos novedosos
o extraños."