Departamento de Historia - Historia Antigua

Textos Para la Historia del Mundo Griego


LOS GRIEGOS Y SU TIERRA.
Los pueblos que habitan en lugares fríos, y especialmente los de Europa, están llenos de brío, pero faltos de inteligencia y de técnicas, y por eso viven en cierta libertad, pero sin organización política e incapacitados para gobernar. Los que habitan el Asia son inteligentes y de espíritu técnico, pero faltos de brío, y por tanto llevan una vida de sometimiento y servidumbre. La raza griega, así como ocupa localmente una posición intermedia, participa de las características de ambos grupos y es a la vez briosa e inteligente; por eso no sólo vive libre, sino que es la que mejor se gobierna y la más capacitada para gobernar a todos los demás si alcanzara la unidad política. (Aristóteles, Política, VII, 1327 b 22 s.)

LA TALASOCRACIA CRETENSE.
Minos fue el más antiguo de los que conservamos recuerdo que se hizo con una escuadra y, dominando la mayor parte del mar de Grecia, ejerció su poder en las Cícladas y fue el primer colonizador de las más de ellas, expulsando a los carios y estableciendo como jefes a sus propios hijos. Y, como es lógico, limpió el mar de piratas en la medida que pudo para que le llegaran mejor los tributos. (Tucídides, I, 4).

TABLILLAS EN LINEAL B.
1. i-je-re-ja, e-ke-qe, e-u-ke-to-qe, e-to-ni-jo, e-ke-e, te-o
2. ko-to-no-o-ko-de, ko-to-na-o, ke-ke-me-na-o, o-na-ta, e-ke-e (...)

LOS PUEBLOS DEL MAR.
Así habla el Rey a Hammurabi, Rey de Ugarit. Salud, que los dioses te guarden en buen estado. De lo que me has escrito ‘ha sido visto en el mar un navío enemigo’. Bien, aun si verdaderamente han sido vistos navíos enemigos, mantente firme. ¿Qué hay pues de tus tropas, de tus carros, dónde están estacionados? ¿Están o no a mano? ¿Quién te empuja tras el enemigo? Fortifica tus ciudades, lleva a ellas tus tropas y tus carros y espera al enemigo con pie firme. (Carta de Suppiluliuma II, rey hitita, a Hammurabi, rey de Ugarit.)
Al rey de Alashiya. Mi padre, así dice el Rey de Ugarit, su hijo. Caigo a los pies de mi padre. Salud a mi padre, a su casa, a sus esposas, sus tropas, a todo lo que pertenece al Rey de Alashiya mucha, mucha salud. Padre mío, los barcos enemigos ya están aquí, han incendiado mis ciudades y causado gran daño en el país. Padre mío, ¿no sabías que todas mis tropas estaban estacionadas en el país de Hatti, y que todos mis barcos todavía están en Licia y no han regresado? Así, el país está abandonado a sí mismo (...)  Considere esto mi padre, hay siete barcos enemigos que han venido y causado muy gran daño. Ahora, si hay más barcos enemigos, hágamelo saber para que pueda decidir qué hacer. (Respuesta del rey de Ugarit).
Año 8 bajo la majestad de Rameses III (...)  Los países extranjeros conspiraron en sus islas. De repente las tierras fueron apartadas y diseminadas en la contienda. Ninguna tierra podía sostenerse frente a sus armas, desde Hatti, Kode, Karkemish, Arzawa y Alasiya en adelante (...)  desolaron a sus gentes y su tierra fue como lo que nunca había sido. Avanzaban hacia Egipto mientras la llama se preparaba ante ellos. Su confederación la formaban los peleset, tjeker, sakeles, denyen y weses, con sus territorios unificados (...)  Pero el corazón de este dios, el Señor de los dioses, estaba preparado y dispuesto a atraparlos como pájaros (...)  Organicé mi frontera en Djahi, preparé frente a ellos a príncipes, jefes de guarniciones y maryannu. He dispuesto las bocas del río como un fuerte muro, con naves de guerra y embarcaciones de cabotaje, con la tripulación completa (...)  Las tropas consistían en hombres elegidos de Egipto (...)  Yo era el valiente Montu, firme al frente de ellos, de modo que viesen la presa en mis manos. Aquellos que llegaron a mi frontera, su simiente no existe, su corazón y su alma terminaron para siempre jamás. Aquellos que vinieron juntos por el mar, la llama entera estuvo delante de ellos en las bocas del río, y una empalizada de lanzas los rodeó en la playa. Fueron arrastrados y postrados en la orilla, muertos y amontonados de pies a cabeza. Sus naves y sus bienes fueron como si hubiesen caído en el agua. (Inscripción egipcia, h.1188).

EL SINOIKISMO ATENIENSE.
"Después del fin de Egeo, Teseo concibió un grande y admirable proyecto: el de reunir a quienes habitaban el Ática en una sola ciudad y hacer un solo pueblo con un solo Estado de gente que hasta entonces había estado desperdigada y que difícilmente podía ser convocada para defender el bien común, de gente que, a veces, incluso se enemistaba y luchaban entre sí. Por consiguiente, iba visitando los distintos pueblos y familias procurando convencerlos de su proyecto. Los hombres corrientes y los pobres aceptaron en seguida sus exhortaciones, a los poderosos les hablaba de un gobierno sin rey, una democracia en la que él sólo sería un jefe guerrero y un guardián de las leyes, y en la que en lo demás habría igualdad de derechos para todos; de esta forma, unos se dejaron convencer y otros, que temían el poder, que ya era grande y la audacia de Teseo, prefirieron hacer ver que consentían en ello por convencimiento en vez de por la fuerza. Destruyó, pues, los diferentes pritáneos y los bouleuteria, suprimió las magistraturas locales e hizo un solo pritáneo y un solo bouleuterion, comunes a todos, donde ahora se alza la ciudad. Llamó al Estado que había creado Atenas e instituyó las Panateneas como sacrificio común. Celebró también el sacrificio de los Metoikia el día 16 del mes Hekatombeon, que todavía se sigue celebrando. Pasó después a organizar el Estado, una vez que hubo renunciado a la realeza, como había prometido, y comenzó por los dioses. (...) Como quería engrandecer aún más la ciudad, llamaba a todo el mundo a disfrutar de la igualdad de derechos. Dicen que el pregón "Todos aquí, buena gente" fue el empleado por Teseo cuando estaba reuniendo todas las poblaciones en un solo pueblo. No permitió, sin embargo, que la abigarrada muchedumbre que llegaba introdujera confusión y desorden en la democracia, sino que él fue el primero en separar los nobles, los campesinos y los artesanos. A los nobles les encargó de ocuparse de las cosas divinas, suministrar los magistrados, enseñar las leyes e interpretar las tradiciones profanas y sagradas; con ello, púsoles en pie de igualdad con los demás ciudadanos, pues, en opinión general, los nobles sobresalían por su entendimiento, por su utilidad los campesinos y por su número los artesanos. Que él  fue el primero en inclinarse por la muchedumbre, como dice Aristóteles,  y en renunciar a la monarquía, parece confirmarlo Homero en el Catálogo de las naves, donde sólo llamademos a los atenienses. Teseo acuñó también moneda en la que estaba grabado un buey, aludiendo ya al toro de Maratón, ya al general de Minos, o por incitar a los ciudadanos a la agricultura. De ahí, según se dice, las expresiones “del valor de cien bueyes” y “del valor de diez bueyes”.
Anexionada firmemente al Ática el territorio de Mégara, erigió en el Istmo aquella famosa estela, en la que había una inscripción en dos trímetros que indicaban la frontera. El primero, que miraba a Oriente, rezaba: “No es esto ya el Peloponeso, sino Jonia”. Y el otro que miraba a occidente: “Esto es el Peloponeso, y no Jonia”. (Plutarco, Vidas Paralelas, Teseo.XXIV-XXV)

LOS DIOSES.
Comencemos por las Musas que a Zeus padre con himnos alegran su inmenso corazón dentro del Olimpo, narrando al unísono el presente, el pasado y el futuro. Ellas, lanzando al viento su voz inmortal, alaban con su canto primero, desde el origen, la augusta estirpe de los dioses a los que engendró Gea y el vasto Urano y los que de aquéllos nacieron, los dioses dadores de bienes. Luego, a Zeus padre de dioses y hombres, cómo sobresale con mucho entre los dioses y es el de más poder. Y cuando cantan la raza de los hombres y los violentos Gigantes, regocijan el corazón de Zeus dentro del Olimpo las Musas Olímpicas. Las alumbró en Pieria, Mnemósine, señora de las colinas de Eleuter (...)  Nueve noches se unió con ella el prudente Zeus subiendo su lecho sagrado, lejos de los Inmortales. De las Musas y del flechador Apolo descienden los aedos y citaristas que hay sobre la tierra; y de Zeus, los reyes. (Hesíodo, Teogonía, 37 ss.)
En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo (...)  Del Caos surgieron Erebo y la negra Noche. De la Noche a su vez nacieron el Eter y el Día, a los que alumbró preñada en contacto amoroso con Erebo. Gea alumbró primero al estrellado Urano para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habitan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio. (Hesíodo, Teogonía, 117 ss.)

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS 109-115.
En primer lugar los inmortales, los que tienen la morada en el Olimpo, crearon una raza de hombres perecederos. Era cuando Cronos reinaba en el cielo. Vivían como dioses, con el ánimo libre de cuidados, lejos de trabajos y aflicciones; no les sobrevenía la temible vejez: brazos y pies siempre iguales se regocijaban en banquetes, fuera de todo mal. 298-316. Ahora bien, acuérdate siempre de nuestro encargo y trabajo, Perses, estirpe de dioses, para que te aborrezca el hambre y la venerable Deméter de hermosas coronas te quiera y llene de alimento tu cabaña; pues el hambre siempre acompaña al holgazán. Los dioses y los hombres se indignan contra el que vive sin hacer nada (...)  Pero tú preocúpate por disponer las faenas a su tiempo para que se te llenen los graneros con el sazonado sustento.El trabajo no es ninguna deshonra; la inactividad deshonra. 248-273. Jueces, vosotros pensad también en esta justicia; pues cerca, entre los hombres, mezclándose, los inmortales están dándose cuenta de cuántos con torcidas sentencias se rozan unos a otros, sin cuidarse de la mirada divina. Treinta veces mil inmortales, guardianes de los mortales, de parte de Zeus están sobre la fértil tierra; ellos vigilan las sentencias y crueles acciones disfrazadas de bruma, inspeccionándolo todo sobre la tierra. La Justicia, es doncella de la estirpe de Zeus y de gran veneración para los dioses que tienen el Olimpo, y cuando alguien la daña con torcidas injurias al punto sentándose al lado de su padre Zeus, el hijo de Cronos, le pone al corriente de las intenciones de los hombre injustos, a fin de que el pueblo pague las estupideces de sus jueces, que en funestos pensamientos falsean la justicia siguiendo por tortuoso camino. Cuidándoos de esto, jueces, devoradores de regalos, enderezad vuestras opiniones; olvidaos de una vez de sentencias torcidas (...)  El ojo de Zeus todo lo ve y de todo se da cuenta, y ahora de esto si siquiera se apercibiría; y no se le escapa lo que de justicia encierra una ciudad (...)  Pero no tengo esperanzas de que el prudente Zeus ratifique este tipo de justicia. 30-39. Pues poco le dura el interés por los litigios y las reuniones públicas a aquél en cuya casa no se encuentra en abundancia el sazonado sustento, el grano de Deméter, que la tierra produce. Cuando te hayas provisto bien de él, entonces sí que puedes suscitar querellas y pleitos sobre haciendas ajenas. Pero ya no te será posible obrar así por segunda vez; al contrario, resolvamos nuestra querella ateniéndonos a sentencias justas, que por venir de Zeus son las mejores. Pues ya repartimos nuestra herencia y tu te llevaste robado mucho más de la cuenta, lisonjeando descaradamente a los reyes devoradores de regalos que se las componen a su gusto para administrar este tipo de justicia.

LA REFORMA HOPLÍTICA.
Avancemos trabando muralla de cóncavos escudos, marchando en hileras Panfilios, Hileos y Dimanes, y blandiendo en las manos, homicidas, las lanzas. De tal modo, confiándonos a los eternos dioses, sin tardanza acatemos las órdenes de los capitanes, y todos al punto vayamos a la ruda refriega, alzándonos firmes enfrente de esos lanceros. Tremendo ha de ser el estrépito en ambos ejércitos al chocar entre sí los redondos escudos, y resonarán cuando topen los unos sobre otros (...) Pues es hermoso morir si uno cae en la vanguardia cual guerrero valiente que por su patria pelea (...) con coraje luchemos por la patria y los hijos, y muramos sin escatimarles ahora nuestras vidas (...) Los que se atreven, en fila cerrada, a luchar cuerpo a cuerpo y a avanzar en vanguardia, en menor número mueren y salvan a quienes les siguen. Los que tiemblan se quedan sin nada de honra (...) Id todos al cuerpo a cuerpo, con la lanza larga o la espada herid y acabad con el fiero enemigo. Poniendo pie junto a pie, apretando escudo contra escudo, penacho junto a penacho y casco contra casco, acercad pecho a pecho y luchad contra el contrario, manejando el puño de la espada o la larga lanza (...) ¡Adelante hijos de los ciudadanos de Esparta, la ciudad de los bravos guerreros! Con la izquierda embrazad vuestro escudo y la lanza con audacia blandid, sin preocuparos de salvar vuestra vida; que ésa no es costumbre de Esparta. (Tirteo, h. mitad siglo VII a.C.)
Algún Sayo alardea con mi escudo, arma sin tacha, que tras un matorral abandoné, a pesar mío. Puse a salvo mi vida. ¿Qué me importa el tal escudo? ¡Váyase al diantre! Ahora adquiriré otro no peor. (Arquíloco, m. del s. VII a. C.)
Los ejércitos hacen todos esto: suelen cabecear hacia su ala derecha en las acometidas y, en consecuencia, dominan ambos con su ala derecha el ala izquierda del contrario, y ello a causa de que cada soldado, por temor, protege lo más posible su lado desnudo (es decir, el derecho) con el escudo del compañero situado a su derecha, y por considerar que la formación compacta es lo que ofrece mayor seguridad. En realidad, el que inicia el desvío es el que va el primero por la derecha, en su afán de hurtar continuamente la parte desnuda de su cuerpo a los contrarios; después le siguen por el mismo temor también los demás. (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso , V 71).
Entre los griegos, el primer tipo de constitución surgió después de la abolición de la monarquía, de los que hacían la guerra, en un principio de los caballeros (porque la guerra tenía su fuerza y su superioridad en la caballería, debido al hecho de que sin una formación coordinada la infantería armada resulta inútil y los antiguos no conocían ni las tácticas ni los tipos de formación de los hoplitas, de suerte que su fuerza estaba en los jinetes); pero, al crecer las ciudades y hacerse más fuertes los que tenían armas, fueron más también los que participaron en el gobierno. (Aristóteles, Política, 1297 b).

LA TIRANÍA.
El tirano sale del pueblo y de la masa contra los elementos destacados para evitar que el pueblo sufra injusticia por parte de ellos. Esto se pone de manifiesto en lo ocurrido, porque prácticamente la mayor parte de los tiranos han nacido, por así decirlo, de demagogos que habían obtenido la confianza del pueblo por sus ataques a la clase superior. En efecto, entre las tiranías unas se establecieron de ese modo cuando ya las ciudades habían crecido; otras, anteriores a ésas, surgieron de reyes que transgredían las normas tradicionales y tendían a un mando más despótico; otras, de candidatos elegidos para las magistraturas principales (porque antiguamente las asambleas nombraban a los magistrados, tanto civiles como religiosos, para mucho tiempo), y otras, de las oligarquías, al elegir a uno solo para las principales magistraturas. Todas esas variedades de tiranía tenían posibilidad de imponerse fácilmente sólo con que decidieran hacerlo, ya que contaban previamente con la fuerza necesaria, unas las del poder real y las otras la de la magistratura en cuestión. Así, Fidón de Argos y otros tiranos se constituyeron en tales siendo reyes; los de Jonia y Falaris, a partir de las magistraturas; Panecio en Leontinos, Cípselo en Corinto, Pisístrato en Atenas, Dionisio en Siracusa y otros igualmente, a partir de la demagogia. (Aristóteles, Política , 1310 b).

LEGISLADORES.
Entre los que han tratado de las formas de gobierno (...) algunos han sido legisladores: unos desarrollaron su actividad política en sus propias ciudades, otros en el extranjero. De ellos, unos fueron sólo autores de leyes,  otros también de una constitución, como es el caso de Licurgo y Solón, ya que estos establecieron a la vez leyes y constituciones. Legisladores fueron Zaleuco entre los locrios y Carondas de Catania, tanto entre sus conciudadanos como entre los de otras ciudades calcídicas de Italia y Sicilia (...) De Dracón hay leyes, pero esas leyes que promulgó las adaptó a una constitución preexistente; en ellas no hay nada de particular que merezca mención, como no sea su severidad por la magnitud del castigo. (Aristóteles, Política  II 12).

LAS APOIKÍAS.
Acto seguido, los samios partieron de la isla y se hicieron a la mar ansiosos por llegar a Egipto, pero el viento de levante les desvió de su ruta. Y como el aire no amainó, atravesaron las Columnas de Hércules y, bajo el amparo divino, llegaron a Tartesos. Por aquel entonces esa plaza comercial (emporion) estaba sin explotar, de manera que, a su regreso a la patria, los samios, con el producto de su flete, obtuvieron, que nosotros sepamos positivamente, muchos más beneficios que cualquier otro griego. Los samios apartaron el diezmo de sus ganancias, seis talentos, y mandaron hacer una vasija de bronce del tipo que las cráteras argólicas, alrededor de la cual hay unas cabezas de grifos en relieve. (Heródoto, IV 152)
A él y a los demás de Tera les salía todo mal. Los terenses, por desconocer la causa de las desgracias, envían a Delfos a consultar sobre los males presentes. La Pitia les responde que les irían mejor las cosas si acompañaban a Bato a fundar una colonia en Cirene, en Libia. Despidieron los terenses a Bato con dos naves de cincuenta remos (...) Poblaron una isla cerca de Libia, cuyo nombre fue Platea. Dicen que es una isla de las mismas dimensiones que la actual ciudad de Cirene. Después de habitarla durante dos años no les fue mejor, y entonces, dejando sólo a uno, fueron a Delfos para, una vez allí, consultar el oráculo, arguyendo que ya habitaban Libia y no les iba mejor por ello. La Pitia les dio esta respuesta: "Quieres que te vaya mejor, pero tu no has ido a Libia, abundante en grano. Me maravillo de tu sagacidad". Al oír esto, los de Bato regresaron, pues no abandonaba Apolo la idea de la colonia antes de llegar a la misma Libia. Tras llegar a la isla y recoger al que quedaba, fueron a fundar una colonia en el propio territorio de Libia, frente a la isla, en un lugar de hermosos valles cercados por ambos lados con un río que corría en un extremo. (Heródoto, IV 156-160).

ESPARTA. LA GRAN RHETRA. INSTITUCIONES.
Cuando todo el mundo estaba reunido, no se permitía a ninguno presentar propuestas, sino que el pueblo era soberano para decidir sobre las propuestas presentadas por los ancianos y los reyes. Pero más tarde, cuando ya el pueblo por medio de supresiones y añadidos lograba adulterar y tergiversar las propuestas, los reyes Polidoro y Teopompo añadieron la retra siguiente: 'Pero si el pueblo habla de modo errado, los ancianos y los reyes deben oponerse'. Esto es, deberían dejar de ratificar la decisión, rechazándola enteramente y disolver la asamblea sobre la base de que estaban adulterando y transformando la propuesta en algo contrario al interés común. (Plutarco, Licurgo, 6).
De su asiento todos se levantan cuando aparece el rey, pero no los éforos de los asientos eforales. Se intercambian juramentos todos los meses, los éforos en nombre de la ciudad y el rey en el suyo propio; el juramento implica para el rey reinar según las leyes establecidas en la ciudad y, para la ciudad, mantener la monarquía inquebrantable, si aquel mantiene lo jurado. (Jenofonte, Constitución de los Lacedemonios, 15, 6 s.)
Si alguien me pregunta si yo creo que las leyes de Licurgo permanecen inmutables aún hoy, ¡por Zeus!, ya no podría afirmarlo con seguridad. Realmente, sé que los lacedemonios antes preferían vivir ellos solos en su patria disfrutando de sus moderados bienes, a ser harmostas de la ciudad y, al ser adulado, caer víctimas de la corrupción. También sé que, antes, ellos temían que se les viera con oro; en cambio, ahora, hay algunos que se enorgullecen de poseerlo. También conozco que, antes, había expulsiones de extranjeros, y que no se permitía salir del país a los ciudadanos para que no se contaminaran con la molicie de los extranjeros. Ahora, en cambio, sé que los que se consideran los mejores, se esfuerzan en ser harmostas en el extranjero y que nunca llegue su cese. Hubo un tiempo en que se preocupaban por ser dignos de mandar; en cambio, ahora se ocupan mucho más de conseguir el mando, que de ser merecedores de él. En consecuencia, los griegos iban antes a Lacedemonia y les pedían que tomaran el mando contra los que pretendían ofenderles; ahora en cambio, son muchos los que se auxilian mutuamente para impedirles que vuelvan a tomar el mando. (Jenofonte, Constitución de los Lacedemonios, 14).
El principio de la corrupción y decadencia de la República de los lacedemonios casi ha de situarse desde que, destruyendo el imperio de los atenienses, comenzaron a abundar en oro y en plata. Con todo, habiendo establecido Licurgo que no se introdujese confusión en la sucesión de las casas, y dejando en consecuencia el padre al hijo su lote (kleros), puede decirse que esta disposición y la igualdad que ella mantuvo preservaron a la República de otros males. Pero siendo éforo un hombre poderoso y de carácter obstinado y duro, llamado Epitadeo, por disensiones que había tenido con su hijo, escribió una ley por la cual era permitido a todo ciudadano dar su lote en vida a quien quisiese, o dejársela por testamento (...)  Los poderosos adquirieron ya sin medida, arrojando de sus lote a sus legítimos herederos y bien presto, reducidas las haciendas a pocos poseedores, no se vio en la ciudad más que pobreza, la cual desterró las ocupaciones honestas, introduciendo las que no lo son, juntamente con la envidia y el odio a los que eran ricos. Así es que no habrían quedado más que unos setecientos espartanos, y de éstos acaso sólo un centenar poseían tierras, y todos los demás no eran más que una muchedumbre oscura y miserable, que en las guerras exteriores defendía a la República tibia y flojamente, y en casa estaba siempre al acecho de la ocasión oportuna para la mudanza y trastorno del gobierno. (Plutarco, Agis, 5).

LA REBELIÓN DE LA JONIA.
"Pues bien, Aristágoras, el tirano de Mileto, llegó a Esparta cuando Cleómenes poseía el poder. Como es natural, mantuvo con él una entrevista, llevando consigo, al decir de los lacedemonios, una lámina de bronce en la que figuraba grabado un mapa de toda la tierra, así como la totalidad del mar y todos los ríos. Y, en el curso de la entrevista, Aristágoras le dijo lo siguiente: 'Cleómenes, no te extrañes por mi interés en venir hasta aquí, pues la situación en la actualidad es la siguiente: los hijos de los jonios son esclavos, en lugar de hombres libres, lo cual constituye, principalmente para nosotros, un baldón y una amargura inmensa; pero también lo es para vosotros, más que para otros griegos, por cuanto que estáis a la cabeza de la Hélade. En esta tesitura, liberad, ¡por los dioses de Grecia!, de su actual esclavitud a los jonios, un pueblo de vuestra misma sangre. Y podéis culminar la empresa con facilidad, puesto que los bárbaros [persas] no son gente bizarra, mientras que vosotros, en el terreno militar, habéis alcanzado las máximas cotas en razón de vuestro arrojo...' Y por cierto que esos pueblos, que confinan unos con otros, se hallan situados como voy a indicarte. Con los jonios, que están aquí, lindan ahí los lidios, que ocupan una región fértil y que poseen grandes sumas de dinero' (y, a medida que citaba esos pueblos, iba señalando su situación en el mapa de la tierra que llevaba grabado en la lámina de metal)." (Her. V 49, año 499)

ATENAS. LA EUNOMÍA.
Nuestra ciudad nunca perecerá por decisión de Zeus ni por voluntad de los bienaventurados dioses inmortales: hasta tal punto en verdad nuestra magnánima guardiana de padre poderoso, Palas Atenea, tiene sus manos sobre nosotros. Son ellos mismos los que quieren destruir la gran ciudad con sus insensateces, los ciudadanos, seducidos por las riquezas, y la mente injusta de los que dirigen al pueblo, a quienes espera sufir muchos pesares por su gran desmesura. (Solón, frag., 3).

PISÍSTRATO.
Así es como empezó su tiranía Pisístrato y tales fueron sus vicisitudes. Como hemo dicho, gobernó con moderación, más constitucional que tiránicamente (...)  adelantaba dinero a los necesitados para sus trabajos, de forma que pudieran ganarse la vida con la agricultura (...)  Estableció también jueces locales y él mismo salía a menudo al campo para inspeccionar y zanjar las disputas, para que no tuvieran necesidad de bajar a la ciudad en detrimento de la agricultura (...)  Por ello, permaneció mucho tiempo en el poder (...)  pues la mayoría de los nobles y de los demócratas estaban de su parte. (Aristóteles,Constitución de los Atenienses, 16).

CLÍSTENES.
El pueblo tenía confianza en Clístenes, el cual se hallaba entonces a la cabeza de las masas, tres años después del derrocamiento de los tiranos, durante el arcontado de Iságoras. Lo primero que hizo fue repartir a todos los ciudadanos en diez tribus en vez de las cuatro antiguas (...)  con el fin de que participaran más personas en la vida política (...)  Hizo después la boulé de quinientos miembros en vez de cuatrocientos, cincuenta de cada tribu (...)  Dividió además el territorio en treinta partes atendiendo a los demoi: en diez partes la ciudad y alrededores, en otras diez la ribera y en diez también el interior. Llamó a estas treinta partes trities y adjudicó por sorteo tres a cada tribu de forma que cada una de ellas participara de todas las comarcas (...)  Los atenienses se llamaban a sí mismos por los demoi. Creó también demarcos (...)  Con estos cambios, la constitución se hizo mucho más democrática que la de Solón. (Aristóteles,Constitución de los Atenienses, 21 s.)

LA DEMOCRACIA.
Tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para otros que imitadores de los demás. Su nombre es democracia, por no depender el gobierno de pocos, sino de un número mayor; de acuerdo con nuestras leyes, cada cual está en situación de igualdad de derechos en las disensiones privadas, mientras que según el renombre de cada uno, a juicio de la estimación pública, tiene en algún respecto, es honrado en la cosa pública, y no tanto por la clase social a la que pertenece como por su mérito (...)  y en lo referente a la educación, hay quienes desde niños buscan el valor con un fatigoso entrenamiento, mientras que nosotros, aunque vivimos plácidamente, no por eso nos lanzamos menos a aquellos peligros que estén en relación con nuestra fuerza (...)  Nos preocupamos a la vez de los asuntos privados y de los públicos, y gentes de diferentes oficios conocen suficientemente la cosa públicaç pues somos los únicos que consideramos no hombre pacífico, sino inútil, al que nada participa en ella, y además, o nos formamos un juicio propio o al menos estudiamos con exactitud los negocios públicos (...)  En resumen, afirmo que la ciudad entera es la escuela de Grecia, y creo que cualquier ateniense puede lograr una personalidad completa en los más distintos aspectos y dotada de la mayor flexibilidad (...) Y que esto no es una exageración retórica, sino la realidad, lo demuestra el poderío mismo de la ciudad, que hemos adquirido con este carácter; pues es Atenas la única de las ciudades de hoy que va a la prueba con un poderío superior a la fama que tiene, y la única que ni despierta en el enemigo que la ataca una indignación producida por la manera de ser de la ciudad que le causa daños, ni provoca en los súbditos el reproche de que no son gobernados por hombres dignos de ello (...)  Fue por una ciudad así por la que murieron éstos, considerando justo, con toda nobleza, que no les fuera arrebatada, y por la que todos los que quedamos es natural que queramos sufrir penalidades. (Tucídides, Hª de la Guerra del Peloponeso, II, 37 ss.)

LA LIGA DELIO-ÁTICA.
Tomando, pues, el mando los atenienses de esta forma por voluntad de los aliados por el odio que tenían a Pausanias, señalaron las ciudades que debían aportar dinero para la guerra y las que debían aportar naves; el motivo oficial era vengarse de los sufrido arrasando la tierra del Rey. Fue entonces cuando los atenienses establecieron la magistratura de los helenotamías, que recibían el tributo (phoros); pues así fue llamada la contribución de dinero. El primer tributo que se estableció fue de cuatrocientas sesenta talentos, y el tesoro se guardaba en Delos, en cuyo templo se celebraban las asambleas. (Tucídides, Hª de la Guerra del Peloponeso, I, 96).

LOS SOCIOS DE LA LIGA.
[Hablan los mitilenios] La alianza entre nosotros y los atenienses se originó cuando vosotros [lacedemonios] abandonásteis la guerra contra los persas, mientras que ellos perseveraron para acabar lo que quedaba por hacer. Sin embargo, no nos hicimos aliados de los atenienses para esclavizar a Grecia en su beneficio, sino aliados de los griegos para libertar a Grecia de los persas en el suyo propio. Y mientras los atenienses tuvieron la hegemonía en calidad de iguales, marchamos con ardor a su lado; mas cuando vimos que disminuían su enemistad con los persas y se afanaban en esclavizar a los aliados, no permanecimos ya tranquilos. Y como los aliados no podían unirse y defenderse con la superioridad numérica de sus votos, fueron esclavizados, a excepción de los de Quíos, y nosotros luchamos a su lado no siendo autónomos y libres más que de nombre. Sin embargo, ya no teníamos en los atenienses unos hegemones de confianza, a juzgar por los ejemplos precedentes; pues no era lógico que sometieran a aquellos con los que se aliaron al tiempo que con nosotros, y no hicieran lo mismo con los demás, si alguna vez podían. (Tucídides, Hª de la Guerra del Peloponeso,  III, 10).

LA GUERRA DEL PELOPONESO.
Tucídides el ateniense relató la guerra entre los peloponesios y los atenienses describiendo cómo lucharon unos contra otros, y se puso a ello apenas fue declarada por considerar que iba a ser grande y más famosa que todas las anteriores; se fundaba en que ambos bandos estaban en muy buena situación para ella gracias a sus preparativos de todas clases, y en que veía que el resto de los griegos se aliaba a uno u otro partido, unos inmediatamente y otros retrasando el momento. Pues fue éste, efectivamente, el mayor desastre que haya sobrevenido a los griegos y a una parte de los bárbaros, y, por así decirlo, a la mayoría de los hombres. (Tucídides, Hª de la Guerra del Peloponeso,  I, 1).
...Más que mirando a un jefe de batallón enemigo de los dioses, con sus tres penachos y su capa de un rojo violento, que dice él que tiene un tinte de Sardes; pero si hay que combatir llevando la capa, se queda entonces bañado de un tinte de Cízico y luego huye el primero como un caballo-gallo rubio sacudiéndose los penachos...Y cuando están en Atenas, hacen lo insoportable, a unos alistan, a otros arriba y abajo les borran dos o tres veces. "Mañana es la partida". Uno no ha comprado provisiones, porque no sabía que iba a salir él...Esto nos lo hacen a los campesinos, pero a los de la ciudad mucho menos, esos que para los dioses y los hombres son... pierde-escudos...en casa son leones, zorras en guerra. (Aristófanes, La paz, 1159-1190).
Compruebo que todo ha experimentado tal progreso que nada de lo presente es semejante a lo pasado, no obstante, considero que realmente nada ha cambiado ni progresado más que el arte de la guerra. Pues, en primer lugar, oigo decir que los lacedemonios y todos los demás, durante cuatro o cinco meses, en la estación veraniega propiamente dicha, invadían y devastaban el territorio enemigo con sus hoplitas y ejércitos de ciudadanos y luego retrocedían a su patria de nuevo... En cambio, ahora, (...) oís decir que Filipo se encamina adonde quiere, no por llevar tras de sí una falange de hoplitas, sino porque le están vinculados soldados armados a la ligera, jinetes, arqueros, mercenarios, en fin, tropas de esa especie. Y una vez que cae sobre una ciudad afectada de discordia interna, y que nadie sale en defensa de su país por desconfianza, instala sus máquinas de guerra y la asedia. Y paso por alto el hecho de que no establece ninguna diferencia entre verano o invierno ni tiene una estación reservada que deje pasar como intervalo. (Demóstenes, Filípicas, III, 48 ss.)
Buscamos mandar sobre todos, pero no queremos ir a una expedición militar, y nos falta poco para emprender la guerra contra todos los hombres, pero no nos ejercitamos a nosotros mismos para ella, sino a hombres desterrados, desertores o que proceden de otras maldades, gente que si uno les paga un sueldo mayor, irá con él contra nosotros (...) Hemos llegado a tal grado de locura que, faltándonos el sustento cotidiano, hemos intentado mantener tropas mercenarias y maltratamos e imponemos un tributo especial a nuestros aliados para proporcionar un sueldo a enemigos comunes a todos los hombres. Somos tan inferiores a nuestros antepasados...que aquéllos, si habían votado hacer la guerra a alguien, se creían en la obligación de poner en peligro sus propias personas para defender su opinión, aunque la acrópolis estuviera llena de oro y plata. Nosotros, en cambio, a pesar de haber llegado a tanta miseria y de ser tantos, utilizamos, como el gran rey, tropas mercenarias. (Isócrates, Discurso sobre la paz, 46 ss.)

LA UTOPÍA.
Es preciso, y prioritario, establecer la población en un lugar lo más céntrico posible del territorio, pero el paraje elegido también debe tener todas las demás ventajas que puedan beneficiar a la comunidad, ventajas que no son difíciles ni de comprender ni de enumerar. Y después de esto, delimitar doce partes...y con ella (la ciudad), el territorio entero. Y es menester que las doce partes sean iguales en el sentido de que sean pequeñas las de buena tierra y mayores las de tierra peor. Y se delimitarán cinco mil y cuarenta lotes y cada uno de ellos será dividido en dos partes y con estos dos pedazos emparejados se harán otros lotes de modo que cada uno de ellos tenga una parte más cercana y otra más lejana... (Platón, Leyes, V, 745 b ss.)

FILIPO II.
Tú eres el único que ha recibido de la fortuna el poder de enviar embajadores a quien tu quieres, de recibir a quien te place, de decir lo que juzgas útil, además de que posees una riqueza y un poder que ningún griego puede alcanzar, necesarios para lo que diré. Te aconsejo establecer la unión entre los griegos y emprender la expedición contra los Bárbaros; hacia los griegos la persuasión es útil, hacia los persas conviene la fuerza. (...) Digo que es preciso que seas el benefactor de los griegos, el rey de los macedonios, el amo del mayor número posible de bárbaros.  (Isócrates, Filipo, 15 y 154).

ALEJANDRO III.
Sería mucho más justo considerar dios a Alejandro que hacerlo con Dióniso o Heracles... no puede haber dudas acerca de que cuando Alejandro haya desaparecido los hombres lo honrarán como a una divinidad; cuanto más justo sería, por lo tanto, que lo honraran en vida antes que una vez muerto, ya que para entonces los honores de nada le valdrían. (Arriano, Anábasis, IV, 10, 6 s.)

LOS REINOS HELENÍSTICOS.
Por primera vez la multitud saludó a Antígono y a Demetrio como reyes. Antígono, en consecuencia, fue coronado de inmediato por sus amigos y Demetrio recibió una diadema de su padre con una carta en la que era saludado como rey. En Egipto, por su parte, los seguidores de Ptolomeo también dieron a éste el título de rey al enterarse de aquellos extremos con el fin de no mostrarse marginados por su derrota. Y así esa emulación implicó la misma práctica entre los demas sucesores: Lisímaco comenzó a llevar una diadema y también lo hizo Seleuco en sus entrevistas con los griegos... Sin embargo, Casandro, aunque los otros se dirigieran a él como a un rey en sus cartas y peticiones, siempre escribió sus documentos tal como lo había hecho hasta entonces. (Plutarco, Demetrio, 18 1- s.)
¿Quien no conoce las acciones de Casandro, Demetrio y Antígono Gonatas, tan recientes todas ellas que cualquier referencia es superflua? Algunos de ellos introdujeron guarniciones en las ciudades y otros implantaron tiranías, de modo que no han dejado ciudad alguna con el derecho de llamarse a sí misma libre. (Polibio, IX, 29 5 s.)
Hemos vendido a Laodice Pannu Kome y la casa solariega y las tierras de Zelia... y cuantos caseríos (topoi) pueda haber en esa tierra, y los laoí que vivan allí con sus casas y todas sus propiedades y con los ingresos de quincuagésimo nono año, a un precio de treinta talentos de plata. (Carta de Antíoco II a Metrófanes).