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Solón, Versos. 23-25 (Líricos griegos arcaicos).
“Y si respeté mi patria y no me entregué a la
amarga violencia de la tiranía, manchando y deshonrando mi fama,
no me avergüenzo de ello: pues creo que así superaré
más a todos los hombres... Los que vinieron a hacer rapiña
tenían una gran esperanza y cada uno de ellos creía que lograría
muchas riquezas, y que yo después de mis palabras moderadas, dejaría
ver ya mis planes de violencia. Frívolas esperanzas se hicieron
entonces y ahora, irritados conmigo, me miran todos de través como
un enemigo, sin tener derecho a ello: pues mis promesas las cumplí,
con ayuda de los dioses, y fuera de ellas no cometí locuras ni me
place obrar por medio de la violencia de la tiranía, ni que los
buenos posean igual porción de nuestra fértil tierra patria
que los malvados.
Mas yo, para cuantas cosas reuní al pueblo, ¿de cuál
desistí antes de lograrla? Podría testimoniar de esto en
el tribunal del tiempo, la gran madre de los dioses olímpicos, la
excelente, la Tierra negra, de la cual yo antaño arranqué
los mojones en muchas partes ahincados; ella, que antes era esclava
y ahora es libre. A Atenas, nuestra patria fundada por los dioses, devolví
muchos hombres que habían sido vendidos, ya justa, ya injustamente,
y a otros que se habían exilado por su apremiante pobreza; de haber
rodado por tantos sitios, ya no hablaban el dialecto ático. A otros,
que aquí mismo sufrían humillante esclavitud, temblando ante
el semblante de sus amos, les hice libres. Juntando la fuerza y la justicia
tomé con mi autoridad estas medidas y llegué hasta el final,
como había prometido; y, del otro lado, escribí leyes tanto
para el hombre del pueblo como para el rico, reglamentando para ambos una
justicia recta. Un malvado ambicioso que como yo hubiese tomado en sus
manos el aguijón, no habría contenido al pueblo en sus límites;
pues si yo hubiese querido lo que entonces deseaban los contrarios, o bien
lo que planeaban contra éstos los del otro bando, esta ciudad habría
quedado viuda de muchos ciudadanos. por ello, procurándome ayuda
en todas partes, me revolví como un lobo entre perros.
Si me es dado acusar claramente al pueblo, jamás habrían
podido ver ni en sueños con sus ojos lo que ahora tienen (...) Y
los más poderosos y fuertes me alabarían y me harían
su amigo (...) (pues si algún otro que yo hubiese alcanzado mi cargo)
no habría contenido al pueblo ni habría cesado hasta que,
después de batir la leche, hubiese sacado la manteca; mientras que
yo fui como una piedra de término, situado entre los dos bandos
como la tierra de nadie”.
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