Departamento de Historia - Historia Antigua

Textos griegos sobre la envidia de los dioses


 
Odis. V.116-119 
 
 
 
 
Dijo así, estremeciose Calipso, divina entre diosas,
y dejándose oír contestó con palabras aladas:
“Sois sañudos, ¡oh dioses!, no hay ser que os iguale en envidia”
(Calipso a Hermes que le pide la libertad de Odiseo)
 
Odis. IV.181-182
 
 
 
 “Mas sin duda envidiónos un dios semejante ventura
 y entre tantos, a él solo, ¡infeliz!, le privó del regreso”
 (Menelao ante Telémaco refiriéndose a Odiseo)
 
Odis. XXIII.209-12
 
 
 
 
 
 “No te enojes, Ulises, conmigo, que siempre el más cuerdo
 te mostraste de todos los hombres. Los dioses desgracias
 nos han dado envidiando a los dos que gozáramos juntos
 de la flor de la vida hasta entrar en la vejez.”
 (Penélope dirigiéndose a Odiseo)
 
Esq. Pers.352
 
 
 
 (Reina) Dime cómo fue el comienzo del combate naval.
 ¿Quienes iniciaron la lucha? ¿Los griegos? ¿O mi hijo
 lleno de orgullo (uJbru") por el gran número de sus navíos?
 
Esq. Pers.362
 
 
 
 Él (Jerjes), inmediatamente que lo hubo oído, sin advertir
 el engaño del hombre griego ni la envidia de los dioses…
 (Mensajero comunica a la Reina el engaño de su hijo en Salaminas)
 
Herod.I.32.1
 
 
Pero Solón replicó: “Creso, me haces preguntas sobre cuestiones humanas y yo sé que la divinidad es, en todos los órdenes, envidiosa y causa de perturbación.”
 
Herod.I.34.1
 
 
 Pero después de la partida de Solón, alcanzó a Creso una terrible venganza que la divinidad le envió por haberse creído –cabe deducir– el hombre más dichoso del mundo.
 
Herod.VII.10e
 
 
 
 
 
 
 
 
 Puede observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición; en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía. De ahí que, por la misma razón, un numeroso ejército pueda ser aniquilado por otro que cuente con menos efectivos: cuando la divinidad, por la envidia que siente, siembra con sus truenos pánico o desconcierto entre sus filas, dicho ejército, en ese trance, resulta aniquilado de manera ignominiosa, si tenemos en cuenta su número. Y es que la divinidad no permite que nadie, que no sea ella se vanaglorie.
 (Consejos de Artabanos a Jerjes sobre la guerra con los griegos)