SIGNOS DIACRÍTICOS.
Para editar y reproducir los textos epigráficos se emplean una serie signos convencionales que, permitiendo trascribir y leer el texto, ofrecen también información sobre su estado de conservación y delimitan perfectamente lo realmente conservado de las interpolaciones y restituciones del editor.
Los signos convencionales son los acordados por los papirólogos en XVIU Congreso Internacional de Orientalistas de Leyden, en 1931 (de ahí, que se le llame “Sistema Leyden”), con ligeras modificaciones para la publicación en CM, vd. H. Krummery y S. Panciera, "Criteri di edizione e segni diacritici", Tituli 2, 1980, 205-15. Los convencionalismos más corrientes son:

abc

 

 

Generalmente, se transeribe el texto en minúsculas y respetando en lo posible la distribución en renglones; si esto no fuera posíble, los saltos de línea deberán indicarse; en textos muy largos, resulta conveniente numerar las líneas de texto

ABC

Van en mayúsculas aquellas letras perfectamente visibles pero cuyo sentido se desconoce.

abc

 

Se representan con un punto suscrito las letras de las que queda algún rasgo pero cuya identificación sólo se desprende del contexto.

[abc]

Se colocan entre corchetes aquellas letras que han desaparecido por rotura o erosión del texto original.

[...]

 

Cunado se ignora el contenido de la rotura o si ésta no puede reconstuirse, se notara un punto por cada letra presumiblemente perdida.

(abc)

 

La expansión de siglas y abreviaturas se señala mediante paréntesis redondos; si se ignora o se duda del sentido de la sigla o la abreviatura, la expasión se notará (---) o (abc?).

[[abc]]

 

Se indican mediante doble corchete aquellas letras que fueron borradas intencionadamente, como sucede, por ejemplo, en el caso de la damnatio memoriae.

<abc>

Cuando el editor añade letras omitidas por error en el texto.
{abc}
Cuando el editor elimina letras que sobran en el texto original.