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El presente trabajo busca afrontar un ámbito
que la investigación histórica que ha sido descuidado
incomprensiblemente, no encontrándose apenas literatura
al respecto. En concreto, pretende centrarse, no en el proceso
que arrancó a la aristocracia municipal de sus comunidades
originarias hasta convertirla en la nobleza nacional al servicio
del Emperador y del Estado y erradicada en Italia que constituía
el orden senatorial, sino en qué medida los vínculos
con las antiguas patriae u otras comunidades urbanas siguieron
vivos a pesar de esa enorme atracción que suponía
Roma y la figura del Emperador.
El servicio a la Res publica
o al Emperador como magistrados en Roma o en la provincias
constituía para los senadores la base de su posición
y de su prestigio social. Estas obligaciones inherentes a
su condición le exigía al senador una total
dedicación a los asuntos de gobierno que le excusaba,
teóricamente, de otros compromisos. Además,
la decisión de Trajano de que cada senador debía
poseer un tercio de sus bienes en Italia, buscaba vincular
al corazón del imperio a personas de muy variada procedencia
como eran los senadores.
Dicha realidad y normativa
consiguió los efectos deseados. Entre las fuentes epigráficas,
lugar en el que se encuentra la más variada información
sobre el primer ordo de la sociedad romana, se percibe con
absoluta claridad la atracción que suponía Roma
para este grupo social y lo poco presentes que se encuentra
en los curricula de estos magistrados menciones o aspectos
que permitan descubrir relaciones que sobrepasen los límites
de la más pura esfera oficial.
A pesar de la aplastante superioridad
de testimonios que marcan una clara característica
dentro del ordo, las fuentes epigráficas nos han transmitido
un grupo significativo de documentos que permiten afirmar
la existencia en el seno de familias del ordo senatorius de
vínculos vivos, transmisibles de padres a hijos, en
los que se evidencia la pervivencia de esos lazos con las
comunidades que les vieron un día partir hacia Roma
o con aquellas otras con las que, por diversos motivos, se
han creado especiales dependencias. La existencia de dichos
testimonios, minoritarios pero perfectamente perceptibles,
puede llevar a pensar si no fue ésta una realidad cotidiana,
que no tenía por qué ser recogida siempre y
en toda circunstancia, debido a que sólo interesaba
a un grupo reducido como era la comunidad con la que se habían
generado o mantenido esos vínculos especiales. Las
inscripciones de los senadores romanos no eran biografías,
sino que atendiéndose a unas normas, fundamentalmente
durante el Principado, expresaban los valores del grupo así
como buscaban particularmente destacar el prestigio social
de cada individuo. La forma de acentuar esos valores o ese
prestigio variaba según los posibles observadores del
monumento en el que la inscripción se encontraba instalada.
Así en unos casos interesaba más destacar determinados
aspectos, honores o méritos, no necesarios en otras
circunstancias.
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