<!DOCTYPE HTML PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN"> <!-- saved from url=(0041)http://www.unav.es/gep/PragHispZalamea.html --> <HTML><HEAD><TITLE>Utopa y praxis latinoamericana 40 (2006)Charles S. Peirce: Qu hace slido un razonamiento?</TITLE> <META http-equiv=Content-Type content="text/html; charset=iso-8859-1"> <STYLE type=text/css>BODY { BACKGROUND-COLOR: white } H2 { TEXT-ALIGN: center } H3 { TEXT-ALIGN: center } H4 { TEXT-ALIGN: justify } BLOCKQUOTE { FONT-SIZE: small; TEXT-ALIGN: justify } P { TEXT-INDENT: 2em; TEXT-ALIGN: justify } P.traductor { TEXT-ALIGN: right } </STYLE> <META content="MSHTML 6.00.2800.1498" name=GENERATOR></HEAD> <BODY> <P class=traductor><em>Utop&iacute;a y Praxis Latinoamericana</em><BR> 40 (2008), pp.<I> </I>111-125<BR> <BR> </P> <H2> <CENTER> &iquest;Qu&eacute; hace s&oacute;lido un razonamiento?<a href="#nota*"><sup>*</sup></a><br> <br> </CENTER></H2><BR> <H3> <CENTER> Charles S. Peirce (1903)<br> Traducci&oacute;n espa&ntilde;ola de Sara Barrena </CENTER></H3><BR> <BR> <BLOCKQUOTE> <div align="justify"></div> </BLOCKQUOTE><br> <P>&nbsp;</P> <P align="justify">En la ciencia, damas y caballeros, se ha declarado una enfermedad. La ciencia tiene hoy en d&iacute;a un vigor espl&eacute;ndido al haberse quitado de encima su anterior achaque de dogmatismo, y al estar en muchos aspectos en una condici&oacute;n superlativa. La nueva enfermedad est&aacute; precisamente en su primera etapa y est&aacute; confinada hasta ahora a ciertos miembros que siempre han sido d&eacute;biles. Los s&iacute;ntomas son locales. El desorden, sin embargo, no es local en su naturaleza sino constitutivo. Y hay un peligro claro de que aparezca en partes que ahora no est&aacute;n da&ntilde;adas. Hay una cierta man&iacute;a en las universidades. Por ello entiendo que ciertas ideas han llegado a ser end&eacute;micas en las universidades por fuerza de la <em>moda</em> y no por fuerza del razonamiento, sea bueno o malo. Tal fen&oacute;meno puede compararse a la fiebre. La ciencia ha pasado, en diferentes momentos, a trav&eacute;s de varias dolencias tales, algunas de ellas bastante serias. Algunas siguen su curso y la salud vuelve. El presente castigo es m&aacute;s serio, por la sencilla raz&oacute;n de que no es un mero ataque de fiebre, no es una mera moda, sino que es en gran medida el resultado de un principio. Ahora bien, todo principio, una vez que se sostiene, posee vitalidad hasta que se refuta de forma notoria, y todos hemos tenido ocasi&oacute;n de observar qu&eacute; larga vida puede persistir en principios cuya formulaci&oacute;n ha sido slida incluso despu&eacute;s de que hayan recibido su golpe de muerte. <P align="justify">El principio en este caso es una noci&oacute;n falsa acerca del razonamiento que surge de una confusi&oacute;n del pensamiento. Y, desafortunadamente, la ciencia est&aacute; mal fortificada en este momento contra tal invasi&oacute;n, ya que los cient&iacute;ficos de hoy en d&iacute;a est&aacute;n, por regla general, menos armados que sus predecesores con esa perspicacia l&oacute;gica que es necesaria para detectar una sofister&iacute;a algo sutil. He estado observando el progreso de los s&iacute;ntomas durante a&ntilde;os, y mis observaciones se dirigen a mostrar que se est&aacute;n agravando. No puedo resistirme a la creencia de que el c&aacute;ncer tiene que extenderse y afectar de forma m&aacute;s profunda. Lo que lo hace particularmente maligno es una peculiaridad de esa particular falsa noci&oacute;n de razonamiento que impedir&aacute; que cualquier refutaci&oacute;n suya reciba atenci&oacute;n alguna. Dejemos que esta noci&oacute;n de raciocinio se haga con el control una vez y la ciencia por fuerza llegar&aacute; a debilitarse en exceso. Y el &uacute;nico camino aparente para recuperarse ser&aacute; dejar atr&aacute;s gradualmente la tendencia viciosa. Ahora bien, una vez que la vitalidad de la ciencia ha sido disminuida por su condici&oacute;n m&oacute;rbida, esa resoluci&oacute;n gradual debe arrastrarse durante siglos. Una persona muy joven e ingeniosa podr&iacute;a esperar que, en una cuesti&oacute;n de suprema importancia, los hombres escucharan la refutaci&oacute;n que s&oacute;lo espera ser escuchada contra la falsa noci&oacute;n de razonamiento que es el bacilo vivo en la infecci&oacute;n de la ciencia, que prestaran a esa refutaci&oacute;n la suficiente atenci&oacute;n para ver en qu&eacute; consiste, lo que es bastante evidente. Si los hombres <em>hicieran</em> tan s&oacute;lo eso, se salvar&iacute;a la situaci&oacute;n. Pero en efecto uno debe ser tan optimista como inexperto para albergar tal esperanza. <P align="justify">Esta falsa noci&oacute;n de razonamiento puede entretejerse en varios tipos de falacias. En su apariencia externa difieren considerablemente, y no son tampoco id&eacute;nticas del todo en la textura. S&oacute;lo tendr&eacute; tiempo para considerar una. Una mara&ntilde;a de ideas es com&uacute;n a todas ellas. Selecciono para su examen un argumento tan poco il&oacute;gico como cualquiera de aquellos entretejidos a partir de esa misma mara&ntilde;a. Y de aquellos casi igual de l&oacute;gicos tomo el m&aacute;s simple. Ten&iacute;a la intenci&oacute;n de presentarles una refutaci&oacute;n completa y formal de la falacia. Pero despu&eacute;s de que la hube escrito, aunque parec&iacute;a clara y convincente, me pareci&oacute; sin embargo demasiado extensa y &aacute;rida, y sent&iacute; que ser&iacute;a abusar de su paciencia pedirles que siguieran el minucioso examen de todas las formas posibles en que la conclusi&oacute;n y las premisas podr&iacute;an enmendarse con la esperanza de encontrar una escapatoria a la refutaci&oacute;n. Por eso he decidido simplemente describir los fen&oacute;menos presentados en el razonamiento y se&ntilde;alarles despu&eacute;s c&oacute;mo el argumento bajo examen debe falsificar esos hechos independientemente de c&oacute;mo se interpreten. Esto deber&iacute;a satisfacerles en lo que se refiere a este argumento, y cuando se encuentren con otras formas de la misma mara&ntilde;a ver&aacute;n por ustedes mismos que falsifican los hechos del razonamiento de la misma forma. Mejor menciono que el argumento que criticar&eacute; est&aacute; abierto a otra objeci&oacute;n bastante distinta que aquella que he se&ntilde;alado, una m&aacute;s obvia. Pueden preguntarse por qu&eacute; la paso por alto. Es simplemente porque algunas formas en las que ocurre la misma confusi&oacute;n de pensamiento no est&aacute;n abiertas a esta misma objeci&oacute;n. S&oacute;lo se&ntilde;alo la objeci&oacute;n radical que es com&uacute;n a todas las formas. <P align="justify">Pero ustedes pensar&aacute;n que ya es hora de que les diga en qu&eacute; consiste esa mara&ntilde;a de ideas de la que ya he hablado tanto. Primero d&eacute;jenme exponer el argumento falaz que la encarna. El argumento particular que he elegido para ejemplificarla conduce a una conclusi&oacute;n m&aacute;s extrema que algunos de los otros. Lo hace porque es menos il&oacute;gico que esos otros. Su conclusi&oacute;n es que no hay distinci&oacute;n entre razonamiento bueno y malo. Aunque expuesta de esta manera cruda encontrar&iacute;a pocos que la abrazaran, sin embargo es casi sustancialmente aquello en lo que podr&iacute;a decir que creen todos en Alemania hoy en d&iacute;a. Por ejemplo, pocos tratados de l&oacute;gica del siglo XIX en alem&aacute;n tienen una palabra que decir acerca de las falacias. &iquest;Por qu&eacute; no? Porque sostienen que la ley de la l&oacute;gica es, como la ley de la naturaleza, inviolable. O para exponer el asunto con m&aacute;s exactitud, esta opini&oacute;n la mantienen los suficientes como para establecer la moda para los dem&aacute;s. La moda lo es todo entre los fil&oacute;sofos alemanes, por la sencilla raz&oacute;n de que el sustento del profesor depende de que sus conferencias est&eacute;n favorablemente en boga. El argumento falaz en s&iacute; mismo es como sigue: <P align="justify">Todo razonamiento tiene lugar en alguna mente. No ser&iacute;a el razonamiento de esa mente a menos que satisficiera la sensaci&oacute;n de logicidad (<em>logisches Gef&uuml;hl</em>) de esa mente. Pero en tanto que lo hace, no puede ganarse nada criticando m&aacute;s el razonamiento, ya que no hay ning&uacute;n otro signo posible por el que podamos saber que es bueno excepto esa sensaci&oacute;n de logicidad en la mente del que razona. Pues si el razonamiento es criticado, esa cr&iacute;tica debe ser conducida por el razonamiento, y ese razonamiento, a su vez, debe o bien aceptarse porque satisface la sensaci&oacute;n de logicidad del que razona, o criticarse de otra manera por razonamiento posterior. No puede proseguir a trav&eacute;s de una serie interminable de razonamientos. Por tanto debe haber alg&uacute;n razonamiento final que se adopte sobre la suposici&oacute;n de que un razonamiento que satisface la sensaci&oacute;n de logicidad es tan bueno como puede ser un razonamiento; y si esto no es verdadero, todo razonamiento es in&uacute;til. En consecuencia, ya que todo razonamiento satisface la sensaci&oacute;n de logicidad del que razona, todo razonamiento es tan bueno como un razonamiento puede ser. Esto es, no hay distinci&oacute;n entre razonamiento bueno y malo. <P align="justify">Este es el argumento que yo declaro una despreciable falacia. Si extendemos a los argumentos una m&aacute;xima justa de nuestras leyes, todo argumento debe suponerse s&oacute;lido hasta que se demuestre falaz. En consecuencia, me referir&eacute; a este argumento como el &quot;argumento defensor&quot;, y a los escritores que se adhieren a &eacute;l como los &quot;defensores&quot;. <P align="justify">Para enfatizar esa confusi&oacute;n que me parece tan pestilente, y para impedir que sus mentes se aparten de ella hacia <em>otro</em> fallo en el argumento defensor, lo pongo en paralelo con otro argumento que implica una confusi&oacute;n bastante an&aacute;loga. <P align="justify">A saber, encontramos en algunos de los viejos escritores un argumento falaz para probar que no hay distinci&oacute;n entre el bien y el mal moral. El argumento es como sigue: <P align="justify">La distinci&oacute;n entre un acto bueno y uno malo, si es que hay tal distinci&oacute;n, reside en el motivo. Pero el &uacute;nico motivo que un hombre puede tener es su propio placer. Ning&uacute;n otro es pensable. Pues si un hombre desea actuar de una manera, es porque obtiene placer al actuar as&iacute;. De otro modo su acci&oacute;n no ser&iacute;a voluntaria y deliberada. De esta manera no hay sino un posible motivo para la acci&oacute;n que tiene alg&uacute;n motivo, y en consecuencia, la distinci&oacute;n de bueno y malo, que ser&iacute;a una distinci&oacute;n entre motivos, no existe. <P align="justify">Ustedes ven el paralelismo entre los dos argumentos. Cada uno pretende refutar una distinci&oacute;n entre bueno y malo, uno en el razonamiento, el otro en el esfuerzo. Cada uno hace esto al afirmar que algo es impensable; uno, que un hombre adopte una conclusi&oacute;n por alguna otra raz&oacute;n que una sensaci&oacute;n de logicidad, el otro que un hombre adopte una l&iacute;nea de conducta por alg&uacute;n otro motivo que un sentimiento de placer. <P align="justify">Mi posici&oacute;n, en oposici&oacute;n a estos argumentos, es que est&aacute; tan lejos de ser verdad que todo deseo desea necesariamente su propia gratificaci&oacute;n que, por el contrario, es imposible que un deseo desee su propia gratificaci&oacute;n; y est&aacute; tan lejos de ser verdad que toda inferencia debe estar necesariamente basada en que parezca satisfactoria que, por el contrario, es imposible que alguna inferencia se base en alg&uacute;n grado en su parecer satisfactoria. <P align="justify">Quiero llevarles a que vean claramente que los defensores confunden dos categor&iacute;as distintas y que, habiendo identificado objetos que pertenecen a esas categor&iacute;as, les atribuyen una naturaleza que pertenece a una tercera categor&iacute;a. Confunden un agente eficiente, cuya misma existencia consiste en su actuar cuando y donde se da, con una formulaci&oacute;n mental general. Y si esto no fuera error suficiente, llaman a los dos que identifican una sensaci&oacute;n. El primer error es que, si se le preguntara a un hombre qu&eacute; provoc&oacute; la ca&iacute;da del campanario en Venecia, fuera a responder que la regularidad de la naturaleza. Esa es una confusi&oacute;n tolerablemente com&uacute;n, la confusi&oacute;n del decreto de una Corte con el fuerte brazo derecho del alguacil. Pero, llamarlos sensaci&oacute;n despu&eacute;s de haberlos identificado es, creo, un error peculiar de los fil&oacute;sofos. Es algo as&iacute; como confundir un hombre vivo con la idea general de hombre [<em>man</em>] y, habi&eacute;ndolo hecho, decir que fue construido con dos consonantes nasales y una vocal. <P align="justify">Tomando primero el argumento sobre la moral, confront&eacute;moslo con los hechos del caso. Los necesitaristas nos dicen que, cuando actuamos, actuamos bajo una necesidad que no podemos controlar. Me inclino a pensar que eso es sustancialmente as&iacute;. Ciertamente no podemos controlar nuestras acciones <em>pasadas</em>, y me figuro que es demasiado tarde controlar lo que est&aacute; sucediendo en el mismo instante presente. No puedes impedir lo que ya es. Si esto es verdadero, es verdadero que, <em>cuando actuamos</em>, actuamos bajo una necesidad que no podemos controlar. Pero podemos determinar nuestras acciones <em>futuras</em> en gran medida, &iquest;no es as&iacute;? Negar eso ser&iacute;a un mero hablar sin sentido y retorciendo las palabras. Sin importar lo malo que pueda ser el argumento de que s&oacute;lo podemos controlar las acciones futuras mediante una acci&oacute;n presente que es necesitada en s&iacute; misma, ser&iacute;a sin embargo in&uacute;til encontrarle fallos, ya que es del todo irrelevante. La cuesti&oacute;n es que nuestras acciones futuras ser&aacute;n controladas por nuestros esfuerzos presentes. Eso es suficiente. Pero describamos los fen&oacute;menos familiares para todos del auto-control. <P align="justify">En primer lugar, entonces, todo hombre tiene ciertos ideales de la descripci&oacute;n general de conducta que conviene a un animal racional en su particular situaci&oacute;n en la vida, lo m&aacute;s acorde con su naturaleza y relaciones totales. Si piensan que esta afirmaci&oacute;n es demasiado vaga, dir&eacute;, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, que hay tres maneras en las que estos ideales se recomiendan usualmente y que lo hacen justamente. En primer lugar, ciertas clases de conducta, cuando el hombre las contempla, tienen una cualidad est&eacute;tica. Piensa que esa conducta es buena, y aunque su noci&oacute;n pueda ser torpe o sentimental, sin embargo, si lo es, cambiar&aacute; con el tiempo y debe tender a ser puesta en armon&iacute;a con su naturaleza. En cualquier caso, su gusto es su gusto por el momento: eso es todo. En segundo lugar, el hombre se esfuerza por dar forma a sus ideales en consistencia unos con otros, pues la inconsistencia le es odiosa. En tercer lugar, imagina cu&aacute;les ser&iacute;an las consecuencias de desarrollar completamente sus ideales, y se pregunta a s&iacute; mismo cu&aacute;l ser&iacute;a la cualidad est&eacute;tica de esas consecuencias. Sin embargo, se ha embebido principalmente de sus ideales en la ni&ntilde;ez. Con todo, se han ido conformando gradualmente a su naturaleza personal y a las ideas de su c&iacute;rculo social m&aacute;s por un proceso continuo de crecimiento que por algunos actos distintos de pensamiento. Reflexionando sobre estos ideales, es conducido a tratar de hacer que su propia conducta se conforme al menos a una parte de ellos, a esa parte en la que cree completamente. A continuaci&oacute;n, formula usualmente ciertas <em>reglas de conducta</em>, por vagas que sean. Apenas puede evitar hacerlo. Adem&aacute;s, tales reglas son oportunas y sirven para minimizar los efectos de la inadvertencia futura y de los que son bien denominados enga&ntilde;os del mal dentro de &eacute;l. La reflexi&oacute;n sobre esas reglas, as&iacute; como sobre las ideas generales que est&aacute;n detr&aacute;s de ellas, tiene un cierto efecto sobre su disposici&oacute;n, de modo que aquello que se inclina a hacer naturalmente llega a modificarse. Siendo tal su condici&oacute;n, a menudo prev&eacute; que va a surgir una ocasi&oacute;n especial; entonces, una cierta reuni&oacute;n de sus fuerzas empezar&aacute; a trabajar, y ese trabajo de su ser har&aacute; que considere c&oacute;mo actuar, y de acuerdo a su disposici&oacute;n, tal y como es ahora, ser&aacute; llevado a formar una <em>resoluci&oacute;n</em> respecto a c&oacute;mo actuar&aacute; en esa ocasi&oacute;n. Esa resoluci&oacute;n es de la naturaleza de un plan, o como uno podr&iacute;a casi decir, un <em>diagrama</em>. Es una f&oacute;rmula mental siempre m&aacute;s o menos general. Siendo nada m&aacute;s que una idea, esa resoluci&oacute;n no influye necesariamente en su conducta. Pero entonces se sienta y sufre un proceso similar a aquel de imprimir una lecci&oacute;n en su memoria, cuyo resultado es que la <em>resoluci&oacute;n</em>, o f&oacute;rmula mental, se convierte en una <em>determinaci&oacute;n</em>, por la que me refiero a un agente realmente eficiente, tal que si uno sabe cu&aacute;l es su car&aacute;cter especial, uno puede <em>pronosticar</em> la conducta del hombre en la ocasi&oacute;n especial. Uno no puede hacer pron&oacute;sticos que lleguen a ser verdaderos en la mayor&iacute;a de sus pruebas por medio de alguna quimera. Debe ser por medio de algo verdadero y real. No sabemos por medio de qu&eacute; mecanismo se produce la conversi&oacute;n de una resoluci&oacute;n en determinaci&oacute;n. Se han propuesto diversas hip&oacute;tesis, pero justo ahora no nos incumben demasiado. Baste decir que la determinaci&oacute;n, o agente eficiente, es algo oculto en las profundidades de nuestra naturaleza. Una cualidad peculiar de sensaci&oacute;n acompa&ntilde;a los primeros pasos del proceso de formar esa impresi&oacute;n, pero m&aacute;s tarde no tenemos consciencia directa de ella. Podemos llegar a ser conscientes de la disposici&oacute;n, especialmente si es reprimida. En ese caso, la reconoceremos mediante una sensaci&oacute;n de <em>necesidad</em>, de <em>deseo</em>. Debo se&ntilde;alar que un hombre no siempre tiene oportunidad de formar una resoluci&oacute;n definida de antemano. Pero en tales casos hay determinaciones de su naturaleza menos definidas, pero sin embargo bien marcadas, que se desarrollan a partir de las reglas generales de conducta que ha formulado; o en casos en los que no se han formulado tales reglas apropiadas, su ideal de conducta adecuada habr&aacute; producido alguna disposici&oacute;n. Finalmente, la ocasi&oacute;n anticipada surge realmente. <P align="justify">Para fijar nuestras ideas supongamos un caso. En el curso de mis reflexiones soy conducido a pensar que ser&iacute;a bueno para m&iacute; hablar a cierta persona de cierta manera. Resuelvo que lo har&eacute; cuando nos encontremos. Pero considerando c&oacute;mo podr&iacute;a ser llevado en el calor de la conversaci&oacute;n a adoptar un tono diferente, procedo a imprimir la resoluci&oacute;n en mi alma, con el resultado de que, cuando la entrevista tiene lugar, aunque mis pensamientos est&eacute;n entonces ocupados con la materia de la charla y no pueda volver nunca a mi resoluci&oacute;n, sin embargo, la determinaci&oacute;n de mi ser influye en mi conducta. Toda acci&oacute;n acorde con una determinaci&oacute;n es acompa&ntilde;ada de una sensaci&oacute;n que es agradable, pero si la sensaci&oacute;n en un instante se siente como agradable en ese mismo instante o si el reconocimiento de ella como agradable viene un poco m&aacute;s tarde es una cuesti&oacute;n de la que es dif&iacute;cil estar seguro de hecho. El argumento pone en marcha la sensaci&oacute;n de placer y por tanto es necesario para juzgarla averiguar los hechos acerca de esa sensaci&oacute;n de forma tan exacta como podamos. Al empezar a realizar alguna serie de actos que hayan sido determinados de antemano, hay una cierta sensaci&oacute;n de alegr&iacute;a, una anticipaci&oacute;n y comienzo de una relajaci&oacute;n de la tensi&oacute;n de la necesidad, de la que llegamos a ser m&aacute;s conscientes de lo que hab&iacute;amos sido antes. En el tener lugar el acto mismo en un instante, puede ser que seamos conscientes del placer, aunque eso es dudoso. Antes de que la serie de actos se realice, ya empezamos a revisarlos, y en esa revisi&oacute;n reconocemos el car&aacute;cter placentero de la sensaciones que acompa&ntilde;an a esos actos. <P align="justify">Regresando a mi entrevista, tan pronto como termina comienzo a revisarla m&aacute;s cuidadosamente y me pregunto entonces si mi conducta fue acorde a mi resoluci&oacute;n. Esa resoluci&oacute;n, como hemos aceptado, era una f&oacute;rmula mental. El recuerdo de mi acci&oacute;n puede describirse a grandes rasgos como una imagen. Contemplo esa imagen y me pregunto a m&iacute; mismo. &iquest;Dir&eacute; que esa imagen satisface las estipulaciones de mi resoluci&oacute;n, o no? La respuesta a esa cuesti&oacute;n, como la respuesta a cualquier cuesti&oacute;n interior, es necesariamente de la naturaleza de una f&oacute;rmula mental. Es acompa&ntilde;ada, sin embargo, de una cierta cualidad de sensaci&oacute;n que est&aacute; tan relacionada con la f&oacute;rmula misma como el color de la tinta con la que algo se imprime se relaciona con el sentido de lo que se imprime. E igual que primero llegamos a ser conscientes del color peculiar de la tinta y despu&eacute;s nos preguntamos si es agradable o no, del mismo modo al formular el juicio de que la imagen de nuestra conducta satisface nuestra resoluci&oacute;n previa somos, en el mismo acto de formulaci&oacute;n, conscientes de una cierta cualidad de <em>sensaci&oacute;n</em>, la sensaci&oacute;n de satisfacci&oacute;n, y directamente despu&eacute;s reconocemos que la sensaci&oacute;n era agradable. Pero ahora puedo investigar con m&aacute;s profundidad mi conducta, y puedo preguntarme si fue acorde a mis intenciones generales. Aqu&iacute; de nuevo habr&aacute; un juicio y una sensaci&oacute;n que lo acompa&ntilde;a, y directamente despu&eacute;s un reconocimiento de que la sensaci&oacute;n era placentera o dolorosa. Este juicio, si es favorable, proporcionar&aacute; probablemente un placer menos intenso que el otro, pero la sensaci&oacute;n de satisfacci&oacute;n que es placentera ser&aacute; diferente y, como decimos, una sensaci&oacute;n <em>m&aacute;s profunda</em>. Puedo ir ahora m&aacute;s all&aacute; y preguntar c&oacute;mo la imagen de mi conducta es acorde con los ideales de conducta que se adecuan a un hombre como yo. Aqu&iacute; seguir&aacute; un nuevo juicio con su sensaci&oacute;n acompa&ntilde;ante, seguido de un reconocimiento del car&aacute;cter placentero o doloroso de esa sensaci&oacute;n. Un hombre puede criticar su propia conducta de alguna o todas estas maneras, y es fundamental se&ntilde;alar que no es una mera alabanza o culpa in&uacute;til tal como los escritores que no son los m&aacute;s sabios distribuyen a menudo entre los personajes de la historia. &iexcl;Por supuesto que no! Es aprobaci&oacute;n o desaprobaci&oacute;n de la &uacute;nica clase respetable, esa que producir&aacute; fruto en el futuro. Ya est&eacute; el hombre satisfecho o insatisfecho consigo mismo, absorber&aacute; la lecci&oacute;n como una esponja, y la siguiente vez tender&aacute; a hacerlo mejor de lo que lo hizo antes. Adem&aacute;s de estas tres auto-cr&iacute;ticas de una &uacute;nica serie de acciones, un hombre revisar&aacute; de vez en cuando sus <em>ideales</em>. Este proceso no es un trabajo que el hombre se siente a hacer y con el que termine. La experiencia de la vida est&aacute; proporcionando continuamente casos mucho m&aacute;s iluminadores. Estos son primero asimilados no en la consciencia del hombre sino en las profundidades de su ser razonable. Los resultados llegan a la consciencia m&aacute;s tarde. Pero la meditaci&oacute;n parece agitar una masa de tendencias y permitir que se establezcan m&aacute;s r&aacute;pido, de modo que sean realmente m&aacute;s conformes a lo que es adecuado para el hombre. Finalmente, adem&aacute;s de esta meditaci&oacute;n personal sobre la idoneidad de los propios ideales, que es de una naturaleza pr&aacute;ctica, est&aacute;n los estudios puramente te&oacute;ricos del estudioso de &eacute;tica que busca averiguar, como una cuesti&oacute;n de curiosidad, en qu&eacute; consiste la <em>idoneidad</em> de un ideal de conducta, y deducir de tal definici&oacute;n de idoneidad cu&aacute;l deber&iacute;a ser la conducta. Las opiniones respecto a lo saludable de este estudio difieren. A nuestro prop&oacute;sito presente s&oacute;lo le concierne se&ntilde;alar que es en s&iacute; misma una investigaci&oacute;n puramente te&oacute;rica, enteramente distinta de la tarea de conformar la propia conducta. Siempre que no se pierda de vista esa caracter&iacute;stica suya, no tengo duda de que el estudio es m&aacute;s o menos favorable para el correcto vivir. <P align="justify">De esta manera me he esforzado en describir de forma completa los fen&oacute;menos t&iacute;picos de la acci&oacute;n controlada. <em>En cada caso no est&aacute; presente cada uno de ellos</em>. As&iacute;, como ya he mencionado, no hay siempre oportunidad de formar una resoluci&oacute;n. He enfatizado especialmente el hecho de que la conducta est&aacute; determinada por lo que la precede en el tiempo, mientras que el reconocimiento del placer que trae se sigue despu&eacute;s de cada acci&oacute;n. Algunos pueden opinar que esto no es verdadero de lo que se llama la b&uacute;squeda del placer, y admito que hay espacio para su opini&oacute;n mientras que yo mismo me inclino a pensar, por ejemplo, que la satisfacci&oacute;n de comer una buena cena no es nunca una satisfacci&oacute;n en el estado instant&aacute;neo presente, sino que le sigue siempre a &eacute;l. Insisto, en cualquier caso, en que una <em>sensaci&oacute;n</em>, como mera apariencia, no puede tener poder real en s&iacute; misma para producir ning&uacute;n efecto, ni siquiera indirectamente. <P align="justify">Observar&aacute;n que mi explicaci&oacute;n de los hechos deja a un hombre en libertad completa, sin importar si concedemos o no todo lo que piden los necesitaristas. Esto es, el hombre <em>puede</em> o, si desean, est&aacute; <em>obligado</em> a <em>hacer su vida m&aacute;s razonable</em>. &iquest;Qu&eacute; otra idea distinta a esa, me gustar&iacute;a saber, puede atribuirse a la palabra libertad? <P align="justify">Comparemos ahora los hechos que he expuesto con el argumento al que me estoy oponiendo. Ese argumento descansa en dos premisas principales; primera, que, si un hombre act&uacute;a deliberadamente, es impensable que act&uacute;e por alg&uacute;n otro motivo que el placer; y segundo, que la acci&oacute;n en referencia al placer no deja espacio para ninguna distinci&oacute;n de bueno y malo. <P align="justify">Consideremos si esta segunda premisa es realmente verdadera. &iquest;Qu&eacute; se requerir&iacute;a para destruir la diferencia entre la conducta inocente y culpable? La &uacute;nica cosa que har&iacute;a ser&iacute;a destruir la facultad de auto-cr&iacute;tica efectiva. En tanto que esa facultad permanezca, en tanto que un hombre compare su conducta con un modelo preconcebido y lo haga de una forma efectiva, no supone mucha diferencia que su &uacute;nico motivo <em>real</em> sea el placer, pues llegar&aacute; a ser desagradable para &eacute;l sentir una punzada de la conciencia. Pero aquellos que se enga&ntilde;an a s&iacute; mismos con esa falacia prestan tan poco atenci&oacute;n a los fen&oacute;menos que confunden el juicio despu&eacute;s del acto de que ese acto satisface o no los requisitos de un modelo con el placer o el dolor que acompa&ntilde;a al acto mismo. <P align="justify">Consideremos ahora si la otra premisa es verdadera, que es impensable que un hombre act&uacute;e deliberadamente excepto con vistas al placer. &iquest;Cu&aacute;l es el elemento que es en verdad impensable del que carecer&iacute;a la acci&oacute;n deliberada? Es simple y &uacute;nicamente la determinaci&oacute;n. Dejemos que su determinaci&oacute;n permanezca, en tanto que es ciertamente concebible que permaneciese aunque se cortara el mismo nervio del placer, de modo que el hombre fuera perfectamente insensible al placer y al dolor, y ciertamente proseguir&aacute; la l&iacute;nea de conducta que se propone. El &uacute;nico efecto ser&iacute;a hacer las intenciones del hombre m&aacute;s inflexibles, un efecto, a prop&oacute;sito, que a menudo tenemos ocasi&oacute;n de observar en hombres cuyas sensaciones est&aacute;n casi amortiguadas por la edad o por alg&uacute;n trastorno mental. Pero aquellos que han razonado de esta manera falaz han confundido la determinaci&oacute;n de la naturaleza del hombre, que es un agente eficiente preparado previamente al acto, con la comparaci&oacute;n de la conducta con un modelo, comparaci&oacute;n que es una f&oacute;rmula mental general posterior al acto, y habiendo identificado esas dos cosas completamente distintas, las sit&uacute;an en el acto mismo como una mera cualidad de sensaci&oacute;n. <P align="justify">Ahora bien, si recurrimos al argumento defensor sobre el razonamiento, encontraremos que implica la misma clase de mara&ntilde;a de ideas. Los fen&oacute;menos del razonamiento son, en sus caracter&iacute;sticas generales, paralelos a los de la conducta moral. Pues el razonamiento es esencialmente pensamiento que est&aacute; bajo auto-control, igual que la conducta moral es conducta que est&aacute; bajo auto-control. En efecto el razonamiento es una especie de conducta controlada y como tal participa necesariamente de las caracter&iacute;sticas esenciales de la conducta controlada. Si prestan atenci&oacute;n a los fen&oacute;menos del razonamiento, aunque no sean tan familiares para ustedes como los de la moral porque no hay cl&eacute;rigos cuya tarea sea mantenerlos ante sus mentes, observar&aacute;n a pesar de todo, sin dificultad, que una persona que saca una conclusi&oacute;n racional no s&oacute;lo piensa que es verdadera, sino que piensa que un razonamiento similar lo ser&iacute;a tambi&eacute;n en todo caso an&aacute;logo. Si no piensa esto, la inferencia no ha de llamarse razonamiento. Es meramente una idea sugerida a su mente y que no puede evitar pensar que es verdadera. Pero, al no haber estado sujeta a ninguna comprobaci&oacute;n ni control, no es aprobada deliberadamente y no ha de llamarse razonamiento. Llamarlo as&iacute; ser&iacute;a ignorar una distinci&oacute;n que no conviene a un ser racional pasar por alto. Efectivamente, toda inferencia se nos impone de forma irresistible. Es decir, es irresistible en el instante en que se sugiere por primera vez. A pesar de todo, todos tenemos en nuestras mentes ciertas <em>normas</em>, o modelos generales de razonamiento correcto, y podemos comparar la inferencia con una de ellas y preguntarnos si satisface esa regla. La llamo regla, aunque la formulaci&oacute;n puede ser algo vaga, porque tiene el car&aacute;cter esencial de una regla de ser una f&oacute;rmula general aplicable a casos particulares. Si juzgamos que nuestra regla para razonar correctamente se satisface, obtenemos una sensaci&oacute;n de aprobaci&oacute;n, y la inferencia entonces no s&oacute;lo aparece como irresistible, como hac&iacute;a antes, sino que adem&aacute;s resultar&aacute; mucho m&aacute;s imperturbable por cualquier duda. <P align="justify">Pueden ver de inmediato que tenemos aqu&iacute; todos los elementos principales de la conducta moral; el modelo general concebido mentalmente de antemano, el agente eficiente en la naturaleza interna, el acto, la comparaci&oacute;n subsiguiente del acto con el modelo. Examinando los fen&oacute;menos con m&aacute;s atenci&oacute;n encontraremos que ni un s&oacute;lo elemento de la conducta moral queda sin representar en el razonamiento. Al mismo tiempo, el caso especial tiene naturalmente sus peculiaridades. <P align="justify">De esta manera tenemos un ideal general de l&oacute;gica s&oacute;lida. Pero no deber&iacute;amos describirlo naturalmente como nuestra idea de la clase de razonamiento que conviene a los hombres en nuestra situaci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo deber&iacute;amos describirlo? &iquest;C&oacute;mo, si dij&eacute;ramos que el razonamiento s&oacute;lido es tal razonamiento que en todo estado concebible del universo en el que los hechos afirmados en las premisas sean verdaderos, el hecho afirmado en la conclusi&oacute;n ser&aacute; por eso y en eso verdadero? La objeci&oacute;n a esta afirmaci&oacute;n es que s&oacute;lo cubre el razonamiento necesario, incluyendo el razonamiento acerca de las casualidades. Hay otro razonamiento que puede defenderse como probable en el sentido de que, mientras que la conclusi&oacute;n puede ser m&aacute;s o menos err&oacute;nea, sin embargo, si se persiste diligentemente en el mismo procedimiento debe, en todo universo concebible en el que conduzca a alg&uacute;n resultado, conducir a un resultado que se aproxime indefinidamente a la verdad. Cuando ese sea el caso, haremos bien en seguir ese m&eacute;todo, siempre que reconozcamos su verdadero car&aacute;cter, ya que nuestra relaci&oacute;n con el universo no nos permite tener ning&uacute;n conocimiento necesario de hechos positivos. Observar&aacute;n que en tal caso nuestro ideal est&aacute; conformado por la consideraci&oacute;n de nuestra situaci&oacute;n en relaci&oacute;n al universo de existencias. Hay todav&iacute;a otras operaciones de la mente a las que el nombre de &quot;razonamiento&quot; les es especialmente apropiado, aunque no sea un h&aacute;bito de habla predominante llamarles as&iacute;. Son conjeturas, pero conjeturas racionales, y su justificaci&oacute;n es que a menos que un hombre tenga una tendencia a adivinar correctamente, a menos que sus conjeturas sean mejores que lanzar una moneda, no se le podr&iacute;a revelar nunca ninguna verdad que no poseyera ya virtualmente, de modo que dar&iacute;a lo mismo abandonar todo intento de razonar, mientras que si tiene alguna tendencia determinada a adivinar correctamente, como <em>puede</em> tener, entonces llegar&aacute; a la verdad sin importar con qu&eacute; frecuencia adivine de forma incorrecta. Estas consideraciones toman en cuenta ciertamente la naturaleza interior del hombre, as&iacute; como sus relaciones externas, de modo que los ideales de una buena l&oacute;gica son verdaderamente de la misma naturaleza general que los ideales de conducta apropiada. Vimos que tres clases de consideraciones llegan a apoyar los ideales de conducta. Eran, en primer lugar, que cierta conducta parece apropiada en s&iacute; misma. Del mismo modo, ciertas conjeturas parecen probables y f&aacute;ciles en s&iacute; mismas. En segundo lugar, deseamos que nuestra conducta sea consistente. Del mismo modo, el razonamiento necesario ideal es simplemente consistencia. En tercer lugar, consideramos cu&aacute;l ser&iacute;a el efecto general de desarrollar por completo nuestros ideales. Del mismo modo, ciertas formas de razonamiento se recomiendan a s&iacute; mismas porque si se desarrollan persistentemente deben conducir a la verdad. El paralelismo, como ustedes perciben, es casi exacto. <P align="justify">Tambi&eacute;n hay algo tal como una <em>intenci&oacute;n</em> general l&oacute;gica. Pero no se enfatiza por la raz&oacute;n de que la voluntad no entra de forma tan violenta en el razonamiento como lo hace en la conducta moral. Ya he mencionado las normas l&oacute;gicas, que corresponden a leyes morales. Al iniciar alg&uacute;n problema dif&iacute;cil de razonamiento nos formulamos una resoluci&oacute;n l&oacute;gica; pero aqu&iacute;, de nuevo, debido a que la voluntad no tiene una tensi&oacute;n tan grande en el razonamiento como tiene a menudo en la conducta auto-controlada, esas resoluciones no son fen&oacute;menos muy prominentes. Debido a esta circunstancia, la determinaci&oacute;n eficiente de nuestra naturaleza, que nos hace razonar en cada caso como hacemos, tiene menos relaci&oacute;n con las resoluciones que con las normas l&oacute;gicas. El acto en s&iacute; mismo es, en el instante, irresistible en ambos casos. Pero, inmediatamente despu&eacute;s, est&aacute; sujeto a auto-cr&iacute;tica por comparaci&oacute;n con un modelo previo, que es siempre la norma, o <em>regla</em>, en el caso del razonamiento, aunque en el caso de la conducta externa estamos demasiado a menudo satisfechos al comparar el acto con la resoluci&oacute;n. En el caso de la conducta general, la lecci&oacute;n de satisfacci&oacute;n o insatisfacci&oacute;n no se toma con frecuencia muy en serio e influye poco en la conducta futura. Pero en el caso del razonamiento una inferencia que la auto-cr&iacute;tica desaprueba siempre se invalida de forma instant&aacute;nea, porque no hay dificultad en hacerlo. Finalmente, todas las sensaciones diferentes que, como se&ntilde;alamos, acompa&ntilde;aban a las diferentes operaciones de la conducta auto-controlada, acompa&ntilde;an igualmente a las del razonamiento, aunque no sean tan intensas. <P align="justify">De este modo el paralelismo es perfecto. Tampoco, repito, podr&iacute;a no serlo si nuestra descripci&oacute;n de los fen&oacute;menos de la conducta controlada era verdadera, ya que el razonamiento es s&oacute;lo una clase especial de conducta controlada. <P align="justify">Consideremos ahora el argumento defensor. Descansa sobre dos premisas, a saber: primero, que es impensable que se saque una conclusi&oacute;n por alguna otra raz&oacute;n que la de que estar&aacute; acompa&ntilde;ada por una sensaci&oacute;n de logicidad; segundo, que si todo razonamiento est&aacute; determinado por nuestra sensaci&oacute;n de logicidad no puede haber distinci&oacute;n entre razonamiento bueno y malo. <P align="justify">Pero estas dos premisas son falsas. Incluso si todos nuestros razonamientos estuvieran determinados por una sensaci&oacute;n de logicidad, sin embargo, en tanto que fu&eacute;ramos capaces de compararlos con <em>normas</em> basadas en la consideraci&oacute;n de la relaci&oacute;n de nuestros pensamientos con los hechos, en caso de que las normas no fuesen satisfechas, nuestra sensaci&oacute;n de logicidad ser&iacute;a invertida instant&aacute;neamente. De ninguna manera podr&iacute;a destruirse la distinci&oacute;n de razonamiento bueno y malo sin llegar a destruir el poder de compararla, despu&eacute;s de que se hiciera, con tales normas. La verdad es que los defensores confunden el juicio de satisfacci&oacute;n o insatisfacci&oacute;n de las normas que se hace posteriormente al acto de inferencia con la sensaci&oacute;n que acompa&ntilde;a a ese acto. <P align="justify">La primera premisa es todav&iacute;a m&aacute;s evidentemente falsa. Nada puede ser m&aacute;s monstruoso que decir que es impensable que un razonamiento se base en algo excepto en una sensaci&oacute;n de logicidad que es parte de &eacute;l. &iquest;C&oacute;mo puede un acto ser causado por una sensaci&oacute;n que no existe hasta que el acto existe? O, &iquest;qui&eacute;n razona alguna vez &quot;esto me parece verdadero y por tanto debe ser verdadero&quot;? Sin embargo, incluso eso no es adoptar el razonamiento porque ese mismo razonamiento parezca s&oacute;lido. Eso es algo demasiado absurdo para formularlo en palabras. La &uacute;nica cosa sin la que es impensable que el razonamiento tenga lugar es una determinaci&oacute;n de la propia naturaleza que lo causa. Pero los defensores confunden esto con esa sensaci&oacute;n en el acto que tambi&eacute;n confunden con el juicio de satisfacci&oacute;n de la norma. <P align="justify">Adem&aacute;s de este fallo principal del argumento defensor, hay otro que no puedo pasar por alto. Cuando se dice que toda inferencia &quot;asume que lo que parece ser razonamiento correcto lo es&quot;, hay una inexactitud en la expresi&oacute;n. Pues una inferencia no asume nada sino sus premisas. Pero si entendemos que esto significa que ning&uacute;n razonamiento ser&iacute;a s&oacute;lido a menos que lo que pareciese ser razonamiento correcto lo fuera, respondo que, de acuerdo a mi descripci&oacute;n de los fen&oacute;menos del razonamiento, el &uacute;nico hecho del que la solidez de todo razonamiento y la verdad de todo pensamiento humano realmente dependen es que las conjeturas de un hombre son algo mejores que la proposiciones puramente al azar. La idea de que la cr&iacute;tica de la cr&iacute;tica del razonamiento implica un nuevo razonamiento pasa por alto el hecho de que la cr&iacute;tica es apoyada por la inferencia original. &quot;El razonamiento&quot;, dice Hobbes, &quot;es c&aacute;lculo&quot;, y aunque resulta extravagante, sin embargo es del todo verdadero que la cr&iacute;tica de la cr&iacute;tica del razonamiento solamente repite el proceso, como sumar una columna de cifras por segunda vez. Es concebible que un error se repita, pero despu&eacute;s de que se ha sumado la columna, digamos diez veces, y siempre con el mismo resultado, el aritm&eacute;tico ya no tiene ninguna duda perceptible que aquietar, y sumar la columna por und&eacute;cima vez no tendr&iacute;a ning&uacute;n sentido en absoluto. En un sentido estrictamente te&oacute;rico, no es cierto que dos veces dos sean cuatro, ya que es concebible que un error que puede ocurrir una vez haya ocurrido todas las veces que se ha realizado la suma. <P align="justify">Ahora bien, damas y caballeros, pienso que estar&aacute;n de acuerdo en que el argumento defensor es absolutamente malo y, en particular, en que la cuesti&oacute;n de que es un buen y un mal razonamiento no es una cuesti&oacute;n de si la mente lo aprueba o no, sino una cuesti&oacute;n de <em>hecho</em>. Un m&eacute;todo que tiende a llevarnos hacia la verdad m&aacute;s r&aacute;pidamente de lo que podr&iacute;amos progresar de otra manera es bueno; un m&eacute;todo que tiene una tendencia a alejarnos de la verdad es del todo malo, lo aprobemos naturalmente o no. <P align="justify">Una vez derribada esta gran falacia que m&aacute;s o menos gobierna a los l&oacute;gicos alemanes, &iquest;en qu&eacute; consiste el razonamiento correcto? Consiste en un razonamiento tal que conduzca a nuestro fin &uacute;ltimo. &iquest;Cu&aacute;l, entonces, es nuestro fin &uacute;ltimo? Quiz&aacute; no es necesario que el l&oacute;gico responda a esta cuesti&oacute;n. Quiz&aacute; ser&iacute;a posible deducir las reglas correctas de razonamiento a partir de la mera suposici&oacute;n de que tenemos alg&uacute;n fin &uacute;ltimo. Pero no puedo ver c&oacute;mo podr&iacute;a hacerse esto. Si, por ejemplo, no tuvi&eacute;ramos ning&uacute;n otro fin que el placer del momento, volver&iacute;amos a caer en la misma ausencia de cualquier l&oacute;gica a la que el argumento falaz nos conducir&iacute;a. No tendr&iacute;amos ning&uacute;n ideal de razonamiento y en consecuencia ninguna norma. Me parece que el l&oacute;gico deber&iacute;a reconocer cu&aacute;l es nuestro objetivo &uacute;ltimo. Parecer&iacute;a ser tarea del moralista averiguarlo, y el l&oacute;gico tiene que aceptar la ense&ntilde;anza de la &eacute;tica a este respecto. Pero el moralista, hasta donde yo lo entiendo, meramente nos dice que tenemos un poder de auto-control, que ning&uacute;n fin estrecho o ego&iacute;sta puede resultar nunca satisfactorio, que el &uacute;nico fin satisfactorio es el m&aacute;s amplio, el m&aacute;s elevado y el m&aacute;s general posible. Y para una informaci&oacute;n m&aacute;s determinada, como yo concibo la cuesti&oacute;n, tiene que referirnos al esteta, cuya tarea es decir cu&aacute;l es el estado de cosas que es m&aacute;s admirable en s&iacute; mismo independientemente de alguna raz&oacute;n ulterior. De modo que acudimos entonces al esteta para que nos diga qu&eacute; es lo que es admirable sin ninguna raz&oacute;n para ser admirable m&aacute;s all&aacute; de su car&aacute;cter inherente. Porque eso, responde, es lo bello. S&iacute;, insistimos, tal es el nombre que t&uacute; le das, pero, &iquest;qu&eacute; <em>es</em>? &iquest;Qu&eacute; es ese car&aacute;cter? Si responde que consiste en una cierta cualidad de sensaci&oacute;n, una cierta <em>bienaventuranza</em>, de una vez me opongo del todo a aceptar esa respuesta como suficiente. Deber&iacute;a decirle, Mi querido Se&ntilde;or, si puede probarme que esa cualidad de sensaci&oacute;n de la que habla se atribuye de hecho a lo que llama bello, o a aquello que ser&iacute;a admirable sin ninguna raz&oacute;n para serlo, estoy lo suficientemente dispuesto a creerle. Pero no puedo admitir sin una prueba en&eacute;rgica que alguna cualidad particular de sensaci&oacute;n sea admirable sin una raz&oacute;n. Pues uno se resiste demasiado a creerlo a menos que est&eacute; obligado a ello. Una cuesti&oacute;n fundamental como esta, independientemente de lo pr&aacute;cticas que puedan ser sus consecuencias, difiere enteramente de cualquier cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica ordinaria en que cualquier cosa que se acepte como buena en s&iacute; misma debe aceptarse sin compromiso. <P align="justify">Al decidir cualquier cuesti&oacute;n especial de conducta es a menudo bastante correcto permitir que se sopesen diferentes consideraciones conflictivas y que se calculen sus resultantes. Pero es del todo diferente respecto a aquello que ha de ser el fin de todo esfuerzo. El objeto admirable que es admirable per se debe, sin duda, ser general. Todo ideal es m&aacute;s o menos general. Puede ser un estado de cosas complicado. Pero debe ser un <em>&uacute;nico</em> ideal; debe tener <em>unidad</em>, porque es una idea, y la unidad es esencial a toda idea y a todo ideal. Los objetos de clases completamente dispares pueden, sin duda, ser admirables, porque alguna raz&oacute;n especial puede hacer as&iacute; a cada uno de ellos. Pero cuando nos referimos al ideal de lo admirable, en s&iacute; mismo, la misma naturaleza de su ser es ser una idea precisa; y si alguien me dice que es o bien esta o aquella o aquella otra, le digo, est&aacute; claro que no tienes ni idea de lo que es precisamente. Pero un ideal debe ser capaz de ser abrazado en una idea unitaria, o no es ideal en absoluto. Por tanto, no puede haber aqu&iacute; compromisos entre consideraciones diferentes. El ideal admirable no puede ser demasiado extremamente admirable. Cuanto m&aacute;s completamente posea cualquier car&aacute;cter que sea esencial para &eacute;l, m&aacute;s admirable debe ser. Ahora bien, &iquest;a qu&eacute; llevar&iacute;a la doctrina de que lo que es admirable en s&iacute; mismo es una cualidad de sensaci&oacute;n si se tomara en toda su pureza y se llevara a su &uacute;ltimo extremo, que deber&iacute;a ser el extremo de la admirabilidad? Equivaldr&iacute;a a decir que el &uacute;nico objeto finalmente admirable es la gratificaci&oacute;n sin l&iacute;mite de un deseo, independientemente de cu&aacute;l sea la naturaleza de ese deseo. Ahora bien, eso es demasiado chocante. Ser&iacute;a la doctrina de que todos los modos superiores de consciencia que nos son familiares en nosotros mismos, tales como el amor y la raz&oacute;n, s&oacute;lo son buenos en tanto que favorecen a los m&aacute;s bajos de todos los modos de consciencia. Ser&iacute;a la doctrina de que este vasto universo de la Naturaleza que contemplamos con tanto temor s&oacute;lo es bueno para producir una cierta cualidad de sensaci&oacute;n. Ciertamente, debo ser excusado por no admitir esa doctrina a menos que se pruebe con la mayor evidencia. Entonces, &iquest;qu&eacute; prueba hay de que es verdadera? La &uacute;nica raz&oacute;n para ello que he sido capaz de encontrar es que la <em>gratificaci&oacute;n</em>, el <em>placer</em>, es el &uacute;nico resultado concebible que se satisface consigo mismo. Y por tanto, puesto que estamos buscando aquello que es <em>bueno</em> y <em>admirable</em> sin ninguna raz&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo, el <em>placer</em>, la <em>bienaventuranza</em>, es el &uacute;nico objeto que puede satisfacer las condiciones. Este es un argumento respetable. Merece consideraci&oacute;n. Su premisa, que el placer es el &uacute;nico resultado concebible que es perfectamente auto-satisfecho, debe concederse. S&oacute;lo que, en estos d&iacute;as de ideas evolutivas que pueden retrotraerse hasta la Revoluci&oacute;n Francesa como su instigadora, y todav&iacute;a m&aacute;s atr&aacute;s hasta el experimento de Galileo en la torre inclinada de Pisa, y todav&iacute;a m&aacute;s a&uacute;n hasta todas las medidas tomadas por Lutero e incluso por Robert de Lincoln en contra de los intentos de obligar a la Raz&oacute;n humana a algunas prescripciones fijadas de antemano, en estos d&iacute;as, digo, cuando esas ideas de progreso y crecimiento han crecido tanto ellas mismas como para ocupar nuestras mentes como ahora hacen, &iquest;c&oacute;mo puede esperarse que permitamos que pase la suposici&oacute;n de que lo admirable en s&iacute; mismo es un resultado inm&oacute;vil? La explicaci&oacute;n de la circunstancia de que el &uacute;nico resultado que es satisfecho consigo mismo es una cualidad de sensaci&oacute;n es que la raz&oacute;n siempre mira hacia un futuro interminable y espera sin fin mejorar sus resultados. Consideremos por un momento qu&eacute; es realmente la Raz&oacute;n, hasta donde podemos concebirla hoy. No me refiero a la facultad del hombre que se llama as&iacute; por su encarnar en alguna medida la Raz&oacute;n, o , como algo que se manifiesta a s&iacute; mismo en la mente, en la historia del desarrollo de la mente y en la naturaleza. &iquest;Qu&eacute; es esa Raz&oacute;n? En primer lugar es algo que nunca puede haber sido completamente encarnado. La m&aacute;s insignificante de las ideas generales implica siempre predicciones condicionales o requiere para que se complete que los eventos lleguen a pasar, y todo lo que alguna vez puede llegar a pasar no llega a cumplir completamente sus requisitos. Un peque&ntilde;o ejemplo servir&aacute; para ilustrar lo que estoy diciendo. Tomemos un t&eacute;rmino general cualquiera. Digo de una piedra que es <em>dura</em>. Eso significa que en tanto que la piedra permanece dura, todo ensayo de rayarla mediante la presi&oacute;n moderada de un cuchillo fallar&aacute; seguro. Llamar a la piedra <em>dura</em> es predecir que, sin importar lo a menudo que intentes el experimento, fallar&aacute; cada vez, que una serie innumerable de predicciones condicionales est&aacute; implicada en ese humilde adjetivo. Cualquier cosa que pueda haberse hecho no empezar&aacute; a agotar su significado. Al mismo tiempo, el ser mismo de lo General, de la Raz&oacute;n, es de tal modo que ese ser consiste en el actual gobernar eventos de la Raz&oacute;n. Supongamos que se ha hecho un trozo de carborundo y que posteriormente se ha disuelto en agua regia sin que nadie en ning&uacute;n momento, hasta donde yo s&eacute;, haya intentado alguna vez rayarlo con un cuchillo. Sin duda, puedo tener buenas razones, a pesar de todo, para llamarlo duro, porque haya ocurrido alg&uacute;n hecho actual tal que la Raz&oacute;n me obligue a llamarlo as&iacute;, y s&oacute;lo puede formarse una idea general de todos los hechos relativos a eso si lo llamo as&iacute;. En este caso, mi llamarlo duro es un evento actual que est&aacute; gobernado por esa ley de la dureza del trozo de carborundo. Pero si al decir que el trozo de carborundo era duro no se significara ning&uacute;n hecho actual, la palabra duro no tendr&iacute;a el menor significado al aplic&aacute;rsele. El mismo ser de lo General, de la Raz&oacute;n, consiste en que gobierna eventos individuales. As&iacute; que, entonces, la esencia de la Raz&oacute;n es tal que su ser nunca puede haber sido completamente perfeccionado. Siempre debe estar en un estado de incipiencia, de crecimiento. Es como el car&aacute;cter de un hombre, que consiste en las ideas que concebir&aacute; y en los esfuerzos que realizar&aacute;, y que s&oacute;lo desarrolla a medida que surgen las ocasiones. Sin embargo, ning&uacute;n hijo de Ad&aacute;n ha manifestado nunca completamente lo que hab&iacute;a en &eacute;l. De modo que, entonces, el desarrollo de la Raz&oacute;n requiere como una parte de &eacute;l la ocurrencia de m&aacute;s eventos individuales de los que alguna vez pueden ocurrir. Requiere tambi&eacute;n todo el colorido de todas las cualidades de sensaci&oacute;n, incluyendo al placer en su lugar apropiado entre el resto. Este desarrollo de la Raz&oacute;n consiste, como observar&aacute;n, en encarnaci&oacute;n, esto es, en manifestaci&oacute;n. La creaci&oacute;n del universo, que no tuvo lugar durante una cierta semana atareada en el a&ntilde;o 4004 a.de C. sino que est&aacute; sucediendo hoy y nunca estar&aacute; acabada, es este mismo desarrollo de la Raz&oacute;n. No veo c&oacute;mo alguien puede tener un ideal m&aacute;s satisfactorio de lo admirable que el desarrollo de la Raz&oacute;n as&iacute; entendido. La &uacute;nica cosa cuya admirabilidad no es debida a una Raz&oacute;n ulterior es la Raz&oacute;n en s&iacute; misma comprendida en toda su plenitud, en tanto que nosotros podemos abarcarla. Bajo esta concepci&oacute;n, el ideal de conducta ser&aacute; ejecutar nuestra peque&ntilde;a funci&oacute;n en la operaci&oacute;n de la creaci&oacute;n echando una mano para volver el mundo m&aacute;s razonable en la medida en que, como se dice coloquialmente, &quot;depende de nosotros&quot; hacerlo. En l&oacute;gica se observar&aacute; que el conocimiento es razonabilidad, y el ideal de razonamiento ser&aacute; seguir tales m&eacute;todos que desarrollen el conocimiento de forma m&aacute;s r&aacute;pida. La logicidad del juicio de que una piedra no puede ser al mismo tiempo dura y no dura no consiste, como Sigwart y otros l&oacute;gicos alemanes dicen, en que satisfaga nuestra <em>sensaci&oacute;n de logicidad</em>, sino que consiste en su ser verdadero, pues todo lo que es verdadero es l&oacute;gico, lo sepamos o no. Pero sabemos que esto es verdadero, no en absoluto por medio de ninguna sensaci&oacute;n peculiar que provoque en nosotros &#8212;podr&iacute;amos argumentar a partir de esa sensaci&oacute;n, es verdad, pero cualquier sensaci&oacute;n puede estropearse&#8212;, y lo sabemos de forma mucho m&aacute;s cierta a partir de esto, que cuando decimos que es verdad que &quot;una piedra es al mismo tiempo dura y no dura&quot; de lo que estamos hablando no es de qu&eacute; interpretaci&oacute;n podr&iacute;a atribuir alguien a esa afirmaci&oacute;n, sino de lo que <em>entendemos</em> por ella. Ahora bien, lo que entendemos por &quot;no&quot; es &quot;toda proposici&oacute;n ser&iacute;a verdadera si fuera&quot;. Por &quot;no dura&quot; entendemos &quot;toda proposici&oacute;n ser&iacute;a verdadera si fuera dura&quot;. De modo que decir que &quot;una piedra es al mismo tiempo dura y no dura&quot; es decir que si es dura toda proposici&oacute;n es verdadera, y es dura. En consecuencia esto ser&iacute;a afirmar que toda proposici&oacute;n es verdadera, una posici&oacute;n super-hegeliana que niega directamente la distinci&oacute;n de verdad y falsedad que, estamos plenamente convencidos, existe. <P align="justify">Recientemente ha aparecido un peque&ntilde;o libro de Victoria Lady Welby titulado <em>What is Meaning?</em> El libro tiene diversos m&eacute;ritos, entre ellos el de mostrar que hay tres modos de significar. Pero su mejor caracter&iacute;stica es que da en el blanco de la cuesti&oacute;n, &iquest;qu&eacute; es el significado? Una palabra tiene significado para nosotros en tanto que somos capaces de usarla al comunicar nuestro conocimiento a otros y al obtener el conocimiento que esos otros buscan comunicarnos. Ese es el grado inferior de significado. El <em>significado</em> de una palabra es de forma m&aacute;s completa la suma total de todas las predicciones condicionales de las que la persona que la usa <em>pretende</em> hacerse responsable o pretende negar. Esa <em>intenci&oacute;n</em> consciente o casi-consciente al usar la palabra es el segundo grado del significado. Pero, adem&aacute;s de las consecuencias a las que se entrega la persona que acepta una palabra a sabiendas, hay un vasto oc&eacute;ano de consecuencias imprevistas que la aceptaci&oacute;n de la palabra est&aacute; destinada a producir, no meramente consecuencias de conocimiento, sino quiz&aacute;s revoluciones de la sociedad. Uno no puede decir qu&eacute; poder puede haber en una palabra o en una frase para cambiar la faz de la tierra, y la suma de esas consecuencias constituye el tercer grado del significado. <P align="justify">Consideremos ahora qu&eacute; deber&iacute;a abrazar la ciencia de la l&oacute;gica. Aunque cualquier cosa que sea verdadera es l&oacute;gica sepamos que es as&iacute; o no, sin embargo es evidente que la l&oacute;gica no puede abrazar todo el conocimiento humano. El l&oacute;gico trata de asumir una actitud como si, en tanto l&oacute;gico, no tuviera informaci&oacute;n en absoluto excepto la que todo el mundo debe tener para razonar. Esto, sin embargo, no es exactamente posible. No hay una esfera exactamente definida del conocimiento tal que todo el mundo que razone deba poseerla completa y no necesite saber nada m&aacute;s. Pero el l&oacute;gico supone que el significado del lenguaje es bien conocido entre &eacute;l mismo y la persona a la que est&aacute; impartiendo su doctrina, aunque ese significado puede no ser analizado y todos sus elementos no ser distintamente reconocidos, pero no se conoce ning&uacute;n otro hecho. Por supuesto algunos otros deben conocerse, pero se dejan fuera de consideraci&oacute;n. <P align="justify">El prop&oacute;sito &uacute;ltimo del l&oacute;gico es desarrollar la teor&iacute;a de c&oacute;mo avanza el conocimiento. As&iacute; como hay una teor&iacute;a qu&iacute;mica de la tintura que no es exactamente el arte de te&ntilde;ir, y hay una teor&iacute;a de la termodin&aacute;mica que es bastante diferente del arte de construir m&aacute;quinas de vapor, as&iacute;, la Metod&eacute;utica, que es el &uacute;ltimo objetivo del estudio l&oacute;gico, es la teor&iacute;a del avance del conocimiento de todas clases. Pero esa teor&iacute;a no es posible hasta que el l&oacute;gico haya examinado primero todos los modos elementales diferentes de alcanzar la verdad y especialmente todas las clases diferentes de argumentos, y haya estudiado sus propiedades hasta donde esas propiedades conciernen al poder de los argumentos como conduciendo a la verdad. Esta parte de la l&oacute;gica se llama <em>Cr&iacute;tica</em>. Pero antes de que sea posible iniciar esta tarea de una forma racional, lo primero que es necesario es examinar rigurosamente todas las formas en las que puede expresarse el pensamiento. Pues en tanto que el pensamiento no tiene ser excepto hasta donde es encarnado, y puesto que la encarnaci&oacute;n del pensamiento es un signo, la tarea del cr&iacute;tico l&oacute;gico no puede emprenderse hasta que la completa estructura de los signos, especialmente de los signos generales, se haya investigado rigurosamente. Esto es sustancialmente reconocido por los l&oacute;gicos de todas las escuelas. Pero las diferentes escuelas conciben la tarea de forma muy diferente. Muchos l&oacute;gicos conciben que la investigaci&oacute;n excava ampliamente en la psicolog&iacute;a, que depende de lo que ha sido observado sobre la mente humana, y no ser&iacute;a necesariamente verdadero para otras mentes. Mucho de lo que dicen es incuestionablemente falso de muchas razas de la humanidad. Pero yo, por mi parte, considero poco una l&oacute;gica que no sea v&aacute;lida para todas las mentes, ya que la logicidad de un argumento dado, como he dicho, no depende de c&oacute;mo pensemos ese argumento, sino de cu&aacute;l sea la verdad. Otros l&oacute;gicos, proponi&eacute;ndose evitar cualquier contacto con la psicolog&iacute;a, hasta donde sea posible, piensan que esta primera rama de la l&oacute;gica debe relacionarse con la posibilidad del conocimiento del mundo real y con el sentido en que es verdadero que el mundo real puede ser conocido. Esta rama de la filosof&iacute;a, llamada epistemolog&iacute;a, o <em>Erkenntnislehre</em>, es por necesidad ampliamente metaf&iacute;sica. Pero yo, por mi parte, no puedo asentir ni por un instante a la proposici&oacute;n de basar la l&oacute;gica en la metaf&iacute;sica, ya que estoy completamente de acuerdo con Arist&oacute;teles, Duns Escoto, Kant y los m&aacute;s profundos metaf&iacute;sicos en que, por el contrario, la metaf&iacute;sica no puede tener una base segura excepto aquella que la ciencia de la l&oacute;gica le proporciona. Por tanto tomo una posici&oacute;n bastante similar a la de los l&oacute;gicos ingleses, comenzando por el mismo Escoto, en relaci&oacute;n a esta parte introductoria de la l&oacute;gica como s&oacute;lo un an&aacute;lisis de qu&eacute; clases de signos son absolutamente esenciales para que se encarne el pensamiento. La llamo, siguiendo a Escoto, <em>Gram&aacute;tica Especulativa</em>. Estoy plenamente de acuerdo, sin embargo con una parte de la escuela inglesa &#8212;una escuela que puedo observar que tiene ahora un seguimiento cient&iacute;fico grande y muy influyente en Alemania&#8212; estoy de acuerdo, digo, con una parte de esa escuela sin entrar por ello en un conflicto positivo con las otras, en pensar que esa Gram&aacute;tica Especulativa no deber&iacute;a confinar sus estudios a esos signos convencionales de los que se compone el lenguaje, sino que har&iacute;a bien en ampliar su campo de inter&eacute;s para tomar en consideraci&oacute;n tambi&eacute;n clases de signos que, sin ser convencionales, no son de la naturaleza del lenguaje. De hecho, como punto te&oacute;rico, soy de la opini&oacute;n de que no deber&iacute;amos limitarnos a los signos sino que deber&iacute;amos tener en cuenta ciertos objetos m&aacute;s o menos an&aacute;logos a los signos. En la pr&aacute;ctica, sin embargo, he prestado poca atenci&oacute;n a esos cuasi-signos. <P align="justify">De este modo hay, en mi visi&oacute;n de la cuesti&oacute;n, tres ramas de la l&oacute;gica: Gram&aacute;tica Especulativa, Cr&iacute;tica y Metod&eacute;utica. <p>&nbsp;</p> <HR> <P><strong><a name="nota*" id="nota*"></a>* </strong>Este texto corresponde a los <em>MS</em> 448 y 449. Se trata de la primera conferencia de las Lowell Lectures que impartir&iacute;a Peirce en 1903. Fue publicado parcialmente en <em>CP</em> 1.591-610 (<em>MS</em> 440), 7.611-15 y 8.176 (<em>MS</em> 449) y, posteriormente, en <em>The Essential Peirce. Selected Philosophical Writings</em>, Indiana University Press, Bloomington, vol 2, 1998, pp. 242-257.</P> <HR> <BR> <BLOCKQUOTE> <div align="justify">Fecha de la pgina: 23 de junio 2008<br> ltima actualizacin: 26 de marzo 2009</div> </BLOCKQUOTE><BR> <CENTER> <A href="http://www.unav.es/gep/">[P&aacute;gina Principal]</A> <A href="mailto:webmastergep@unav.es">[Sugerencias]</A> </CENTER><BR> <HR> <CENTER> <img src="UN.gif" width="204" height="94"> </CENTER> </BODY></HTML>