|
Juan Pablo Artero revisa quince
años
de la televisión privada en España
El profesor de fcom repasa este
viaje iniciado en 1990 en su libro 'El mercado de la
televisión
en España: oligopolio'
fcom,
18 de septiembre de 2008
El modelo televisivo adoptado en España es único.
Las cadenas privadas operan bajo el manto de unas licencias
de servicio público otorgadas por el gobierno.
Las públicas, a su vez, se financian tanto con
anuncios como con ayudas del gobierno. Un sistema mixto
que nadie más usa en Europa. Es también
un modelo relativamente joven, que en 2008 alcanza la
mayoría de edad. Juan Pablo Artero, profesor de
la Univeridad de Navarra y miembro del centro de investigación
del IESE CIEC repasa en "El mercado de la televisión
en España: oligopolio" los quince primeros
años de competencia privada en el sector. Un período
con tres etapas claras: nacimiento y crisis, búsqueda
de la rentabilidad, y consolidación.
Un
comienzo difícil
El libro empieza con
una primera etapa desde 1990 hasta 1994. Artero cree
que supuso una gran oportunidad para los grandes grupos
de comunicación nacionales
y extranjeros. El pastel se repartió así:
el grupo Godó y después el grupo Zeta se
alzarían con el control de Antena 3. Telecinco
nacería bajo el amparo de Mediaset y la Once.
Canal Plus, primer canal de pago, fue obra de Sogecable.
Las
tres cadenas empiezan en 1990 y un año más
tarde se encuentran con la guerra del Golfo y la crisis
económica. Las privadas generalistas sufrieron
especialmente por las grandes inversiones iniciales,
la inexperiencia en la gestión y unos contenidos
cada vez más caros. En 1994, Antena 3 tenía
un ratio de endeudamiento de 3,70. Telecinco, de 9,95.
Por su parte Televisión Española, que había
empezado el período con la cuenta a cero, debía
en el 94 cerca de 250.000 millones de pesetas. Sólo
Canal Plus consiguió ser rentable gracias a prácticamente
un millón de abonados.
A nivel de contenidos, se
apuesta por la ficción
y se produce un "efecto copia", lo que se conoce
como la homogeneización de la oferta. Con todo,
TVE ofrece más informativos y deportes, Telecinco
opta por los concursos y el entretenimiento de plató y
Antena 3 apuesta por un perfil familiar. Las autonómicas,
que también daban sus primeros pasos, se quedan
con parte del pastel del fútbol. La otra fue para
Canal Plus, que también apostó por los
grandes estrenos de cine.
Por su parte, los espectadores
reaccionaron con tan sólo un leve aumento en el consumo. Pasaron de
184 minutos al día en 1990 a 210 minutos en 1994.
Y si la audiencia es la misma, pero la oferta se multiplica,
el resultado es la fragmentación. Las dos cadenas
de TVE, por ejemplo, perdieron la mitad de su cuota de
pantalla en tan sólo 4 años. Aún
así la Primera fue líder todos los años,
pero al final del período tanto Telecinco como
Antena 3 le pisaban los talones. También se hizo
más difícil fidelizar a la audiencia: se
abría la era del mando a distancia y de las casas
con más un televisor.
El estancamiento de la audiencia
tuvo otra consecuencia: el parón de la inversión publicitaria.
Las cadenas intentaron sortear este obstáculo
saturando sus emisiones con anuncios, que se doblaron
entre 1990 y 1994. Pero el precio de estos espacios cayó en
picado, con descuentos de hasta el 70% a finales del
94. La crisis financiera en la que entraron las televisiones
obligó a un cambio de rumbo.
Nuevo objetivo: la rentabilidad
La
segunda parte del libro se centra en el período
1995-1999, una época en que la televisión
cambia de manos y de filosofía. Televisión
Española conoce cuatro directores en cinco años
y Antena 3 pasa a manos de Telefónica. Los grupos
Correo y Planeta entran en Telecinco con el permiso del
accionista histórico, Mediaset. Las dos privadas
en abierto empiezan con nuevo director y su principal
objetivo deja de ser alcanzar el liderazgo en audiencia
para serlo en rentabilidad.
Lo consiguieron casi todos
los años y acabaron
con ratios de endeudamiento de 0,64 (Antena 3) y 1,10
(Telecinco). Las series de ficción pierden peso
y sobre todo se importan cada vez menos. En su lugar,
productoras españolas independientes ofrecen un
producto más adaptado a los gustos locales.
Las
privadas de pago vieron nacer dos plataformas digitales:
Canal Satélite Digital (Sogecable) y Vía
Digital (Telefónica, TVE, Televisa). Las dos entablan
una guerra comercial que les lleva a perder dinero. Primero
se ven forzadas a compartir los derechos del futbol,
y ya en 1998 se plantea un primer intento de fusión.
La televisión por cable también se queda
a medio camino. En el año 95 se otorgaron 45 licencias
a dos grandes grupos, la AOC y Ono. Cuatro años
más tarde se consiguen 350.000 abonados a una
oferta de televisión, internet y teléfono
(aunque no siempre se contratan los tres servicios).
Pero la televisión por cable apenas representa
el 1% de las cadenas de pago. En el lado de las públicas,
TVE conseguía beneficios en algunos ejercicios
pero no sufragaba su deuda, de más de 500.000
millones de pesetas. Las autonómicas conseguían
más público e ingresos.
El mercado publicitario
creció un 58% y todas
las cadenas salieron ganando. Los anuncios recuperaron
parte de su precio y el único perjudicado es el
espectador, que sufría una mayor presión
publicitaria. Telecinco y Antena 3 dedicaban una quinta
parte de su programación a los anuncios, seguidas
por TVE y La 2 con un 15%. Mientras, el consumo de la
audiencia se mantenía entre 209 y 214 minutos
al día. Las generalistas de ámbito nacional
eran líderes con TVE a la cabeza, seguida de Antena
3 y Telecinco. Las tres, con un share superior
de más del 20%. Las autonómicas aumentaban
su público, aunque sólo TV3, en Cataluña,
aparecía entre las más vistas. Las nuevas
modalidades televisivas (cable, satélite, locales)
subían hasta el 4,5% a finales del 99. Entre ellas,
las plataformas de pago, que durante esta seguna etapa
doblaban su número de abonados: casi tres millones
de españoles.
Hacia la madurez del sector
A
partir del año 2000 se inaugura una nueva etapa
en el mercado televisivo. Las dos privadas en abierto
salen a bolsa, aunque en contextos diferentes. Mientras
Telecinco sigue dominada por Mediaset, Antena 3 pasa
a manos de Planeta, que en 2003 se convierte en accionista
de referencia. RTVE se adscribe a la Sociedad Estatal
de Participaciones Industriales, la SEPI. Se introducen
nuevos modelos de gestión, sobre todo una dirección
comercial más activa.
En 2005 se reparten definitivamente
las licencias de TDT entre las cadenas ya conocidas:
Veo Televisión,
Net TV y la Sexta, una nueva cadena que también
emitiría en analógico. Por último,
Canal Plus se pasa al formato digital y deja su frecuencia
a Cuatro, la nueva apuesta en abierto de Sogecable. En
total, España cuenta ya con 20 televisiones en
abierto. Todo cambia, pero todo sigue igual: en estos
inicios de siglo Antena 3, Telecinco y TVE mantienen
su vivo oligopolio televisivo.
En el ámbito de la televisión de pago,
se consuma la fusión de Vía Digital y Canal
Satélite Digital. También se unen los principales
operadores de cable, Auna y Ono. La apertura y cierre
de Quiero TV es el último reflejo de la mala situación
del sector. Todos los operadores perdieron dinero entre
2000 y 2004.
El consumo sube ligeramente hasta
los 218 minutos por persona y día. Las tres grandes mantienen su dominio
con cuotas superiores a los 20 puntos, con Televisión
Española como líder casi inamovible. Sólo
Telecinco consiguió desbancarla al final del período,
en 2004. En estos años, las cuatro ofertas generalistas
(considerando las autonómicas como agregadas en
la FORTA) se llevaron el 80% de las audiencias. El 20%
restante fue para La 2 y Canal Plus, junto con las televisiones
locales, temáticas y por satélite.
La publicidad
vive un período más convulso:
crece con fuerza en el 99 y 2000, se contrae en 2001
y sólo se recupera a partir de 2003. Telecinco
es líder en ingresos publicitarios. Supera a los
dos canales de TVE juntos, que incluso habían
aumentado su presión comercial. De todas formas,
el dominio de "las cuatro grandes" roza el
90% del mercado.
Esta concentración es en parte fruto de la regulación
del mercado, uno de los otros grandes temas que aborda
Artero en su libro. El modelo inicial ya otorgaba un
oligopolio a las generalistas y directamente un
monopolio a la única cadena de pago. Más
tarde, diversas directivas europeas intentan, sin mucho éxito,
poner orden en el mercado y moderar la competencia desleal
de las públicas españolas. De poco sirven
los códigos de autorregulación de contenidos.
El entretenimiento puro da paso a la telerrealidad.
Son
programas que en sus inicios registran una gran audiencia.
El interés por sus participantes da lugar a un curioso
fenómeno de retroalimentación: los magazines
hablan de lo que se ha visto o se verá en el reality.
Es un sistema que funciona en antena y muy rentable pero
la búsqueda de la audiencia recrudece el formato.
De poco sirven las quejas de unos pocos. Si algo muestran
quince años de competencia televisiva en España
es que la cuenta de resultados pasa por delante de la responsabilidad
social de las televisiones. Y que la audiencia manda. |