El ajolote es un animal, un anfibio
parecido a una salamandra. Es endémico de México,
es decir, sólo se puede encontrar naturalmente en
determinados lagos y canales cercanos a la capital del país.
Su nombre científico es Ambystoma mexicanum.
La pigmentación de su piel puede
ser muy variada: los hay rosas, café oscuro, verdes
con manchas parduscas, entre otras combinaciones. El tronco
de su cuerpo es convexo y alargado; tiene una cola en forma
de aleta que puede medir la mitad de su cuerpo. El ajolote
tiene unas extremidades muy delgadas y frágiles;
curiosamente tienen cinco dedos en las patas traseras y
cuatro en las delanteras. Su cabeza es grande y chata; sus
ojos, sin párpados, son muy pequeños. En la
parte lateral del cuello tiene tres pares de branquias externas.
Éstas le sirven para tomar oxígeno del agua,
aunque suelen también subir a la superficie a respirar.
Los ajolotes no mudan de piel como lo hacen las salamandras
y otros tipos de anfibios y reptiles.
Este extraño anfibio tiene un desarrollo
metabólico de neotenia. Esto quiere decir que puede
llegar a la madurez fisiológica y sexual en su estado
larvario (o de renacuajo). Otra característica peculiar
es que puede regenerar partes fundamentales de su cuerpo,
como por ejemplo, el corazón. Los ajolotes pueden
llegar a vivir en estado natural aproximadamente veinticinco
años. Es un animal carnívoro de carácter
pasivo y solitario.
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