| Criterios para la formación de periodistas en la era digital |
| Criterios
para la formación de periodistas en la era digital
Ponencia presentada en I Congreso Nacional de Periodismo Digital. Huesca, 14-15 de enero de 2000.
Prof.
Ramón Salaverría
Queda prohibida la reproducción de este texto sin el permiso escrito del autor: rsalaver@unav.es
El advenimiento de Internet ha propiciado en el decenio de 1990 una revolución tecnológica que está modificando por completo los procesos de acceso, elaboración y difusión de la información. El éxito mundial de la Red supone en este sentido el principal factor de cambio para el futuro de las profesiones de la comunicación, y en particular del periodismo, pues atañe a su materia prima: la información. El ritmo de esta revolución, además, está siendo más vertiginoso que nunca. La radio necesitó 38 años antes de alcanzar los 50 millones de oyentes, en tanto que la televisión precisó de 13 años para alcanzar la misma cifra. Internet, en apenas cuatro años (desde 1991 hasta 1995), alcanzó más de 50 millones de usuarios en todo el mundo. Al filo del cambio de siglo, distintas fuentes calculan que los usuarios mundiales de la Red pueden pasar ya de los 200 millones (1). Y la progresión continúa. En España, según datos de Dataquest, se estima que el índice de penetración de Internet aumentará un 50 % anual en los próximos años, de forma que en el 2000 el número de usuarios de Internet ronde ya los 2,5 millones. En vísperas del cambio de siglo, el futuro no está libre de nubarrones, sin embargo. Un estudio publicado por la revista Forbes (2) en marzo de 1999, situaba a España en el furgón de cola de la Unión Europea en cuanto a la expansión de Internet, sólo por delante de Portugal y Grecia. Las estadísticas aportadas por esa publicación eran elocuentes: sólo un 2,2% de la población española empleaba Internet regularmente por aquellas fechas; las tarifas telefónicas de acceso a la Red resultaban caras con respecto a otros países europeos, y sólo se veían superadas por las de estados como Austria o Suiza, cuyo poder adquisitivo es mayor; las infraestructuras de telecomunicaciones seguían siendo de las más atrasadas del continente, lejos de zonas como Escandinavia o el Reino Unido. A pesar de este lastre tecnológico, el periodismo hispano brilla con luz propia en Internet. Según datos del informe El español en el mundo 1999 (3) elaborado por el Instituto Cervantes, a finales de 1998 las ediciones en español de diarios digitales ascendían a 331, cantidad sólo superada por las 1.236 publicaciones en lengua inglesa, y bastante por delante de idiomas como el alemán o el portugués, cuya representación periodística en Internet apenas sobrepasaba los 130 diarios digitales en cada caso. El país hispanohablante con más cabeceras contabilizadas en la Red era México, con 97 periódicos; le seguían Argentina, con 49, y España, con 47. De hecho, en España 1998 había resultado un boom para el periodismo en Internet, con un crecimiento del 41% en el número de publicaciones digitales. Todas estas cifras apuntan a que, si bien todavía nos encontramos en una fase inicial, Internet y las comunicaciones digitales en su conjunto parecen llamadas a convertirse en un escenario privilegiado del periodismo para el siglo XXI. De ahí que sea necesario reflexionar sobre la adecuación de las enseñanzas periodísticas actuales al nuevo panorama (4). Y esto significa plantearse algunas cuestiones clave. ¿Están preparadas las Facultades de Comunicación para satisfacer las nuevas demandas profesionales de la industria periodística? ¿Hacia dónde deben orientarse las enseñanzas del periodismo? En definitiva, ¿qué perfil debe tener el periodista en la nueva era de las comunicaciones digitales? Dos modelos de formación El reciente fenómeno de la prensa digital ha comenzado a obtener respuesta, tanto investigadora como docente, por parte de las escuelas occidentales de periodismo. Proliferan las facultades y escuelas con programas que contemplan la enseñanza de la prensa para el nuevo entorno digital. En España, desde que en 1994 se diera el primer paso con la fundación en la Universidad de Navarra del Laboratorio de Comunicación Multimedia y de la primera asignatura sobre periodismo e Internet, muchas facultades han ido incorporando a sus licenciaturas y postgrados estudios sobre periodismo digital; paralelamente, han comenzado a publicarse las primeras monografías sobre el tema y a culminarse las primeras investigaciones doctorales sobre distintos aspectos de esta nueva realidad. Tras estas experiencias iniciales, parece llegado el momento de realizar un primer balance sobre los modelos de formación que se han establecido. En este sentido, a mi modo de ver cabría hablar de dos grandes modelos: aquél por el que hasta ahora parece haberse apostado con más fuerza y que cabría describir como el de la formación de periodistas para los nuevos medios digitales y, por otro lado, el modelo, menos común por el momento, de formación de periodistas para la era digital. Aunque de entrada puedan parecer modelos similares, en el fondo lo son bien poco. Nótese que ambos responden a concepciones bien distintas de lo que supone la revolución de las comunicaciones digitales. En el primer caso, el de los periodistas formados para medios digitales, la formación se entiende como un proceso de capacitación instrumental desintegrado de la formación para otros medios tradicionales (prensa escrita, radio o televisión); lo que se busca es que el futuro periodista sea técnicamente capaz de responder a las nuevas exigencias instrumentales del nuevo medio digital. Esto se traduce en enseñanzas de tipo exclusivamente técnico en las que, por ejemplo, se aspira a poco más que instruir a los alumnos en la elaboración de páginas web o en la manipulación digital de imágenes, sin apenas poner en relación estas destrezas con los demás ámbitos del ejercicio periodístico. Es decir: un puro adiestramiento mecánico. En cambio, en el segundo caso, el de la formación de periodistas para la era digital, sin desdeñar la parte instrumental lo que se pretende sobre todo es integrar el empleo de los recursos digitales como una parte connatural a la práctica periodística, sea cual sea su soporte final (medios tradicionales o digitales) y en cualquiera de sus fases de producción (documentación, elaboración y difusión). Lo que se pretende con este modelo es formar profesionales versátiles y con criterio, centrados en la mejora de la calidad de la información periodística gracias a las mayores posibilidades de documentación, análisis, amplitud y rapidez que propician los recursos digitales. Parece haber pocas dudas de que este segundo modelo es el más deseable y el que, por encima de las habituales resistencias al cambio del mundo académico, más tarde o más temprano terminará por imponerse. La responsabilidad de la incorrecta orientación actual de la formación no hay que imputarla sólo a las Facultades de Periodismo. La manera en la que las empresas periodísticas han afrontado el nuevo medio digital también ha influido en gran medida. Y es que, en esta fase inicial de la prensa digital en la que todavía nos encontramos, los medios continúan reclamando ante todo personal técnico que les ayude a dar el salto a la Red. Así, se contentan con reclutar técnicos en informática y diseñadores de páginas web mientras, por ejemplo, no incorporan periodistas creadores de contenidos específicos y apenas invierten en formar a sus propios periodistas en el uso y elaboración de esos recursos digitales. Como consecuencia de esta actitud, se ha venido produciendo una colonización de personal técnico en labores cuya esencia es periodística y, sobre todo, se ha creado una nada saludable dicotomía entre los periodistas tradicionales y aquellos que están configurando la prensa digital del futuro. La ausencia de periodistas prestigiosos en el nuevo escenario digital, derivada de considerarlo todavía un ámbito de segunda fila frente a la prensa tradicional, limita asimismo la capacidad de innovación periodística e inversión en el nuevo medio. Así las cosas, se comprende que las Facultades estén optando, en el mejor de los casos, por un modelo de formación de periodistas capaces de elaborar publicaciones digitales, sin preocuparse en exceso todavía por la calidad periodística del producto elaborado. Bien pensado, la limitada producción bibliográfica sobre la materia y la ausencia de estándares profesionales asentados en el medio digital impide aspirar a mucho más por el momento. De técnicos a expertos en contenidos Ya hemos señalado que en la etapa actual, a la hora de lanzarse a la Red, para muchos medios prima todavía la preocupación instrumental por encima de la informativa. Importa estar presente en Internet más que hacerlo con una línea periodística de calidad. Sin embargo, a no mucho tardar, parece que ese salto cualitativo habrá de darse. A mediados de 1999, bastantes medios, sobre todo en Estados Unidos (5), han comenzado a incluir cada vez más contenidos originales en su versión digital y, paralelamente, han empezado a separar la labor mecánica de la publicación digital de la propiamente periodística de buscar, cribar, analizar y elaborar información. Aquellos medios que, olvidando la contratación de periodistas con este segundo perfil, se contentan todavía con reclutar técnicos para volcar a la Red los artículos de la edición en papel, no tardarán mucho tiempo en necesitar de creadores de contenidos específicos para el medio digital (6). Y las Facultades de Comunicación deben prepararse para el nuevo escenario. Para ello, estas Facultades deben entender el perfil de los periodistas del futuro, un perfil ligado no sólo como hasta ahora a la creación de contenidos sino, cada vez más, a la gestión de la información. La maraña de contenidos que supone Internet para cualquier usuario inexperto reclama profesionales especializados en crear pero también en analizar y jerarquizar la información. Por eso, uno de los cambios principales consistirá probablemente en mudar del modelo tradicional de enseñanza, consistente en formar a los futuros periodistas en destrezas profesionales dirigidas a enfrentar la escasez de información, hacia otro modelo en el que se forme a los periodistas para enfrentarse a la superabundancia de la información. Con Internet, el problema ya no es encontrar información, sino distinguir entre lo significativo de lo irrelevante. Las nuevas tecnologías digitales han producido cambios cuantitativos en la información. Con Internet es posible encontrar información en más cantidad, a más distancia y con más rapidez que nunca. El reto para los formadores de periodistas es hacer que esos cambios cuantitativos tengan su respuesta en desarrollos cualitativos para la profesión. Debemos reflexionar sobre la idoneidad de ciertas enseñanzas clásicas en el nuevo escenario. En el terreno práctico, parece obligado incorporar las herramientas digitales en el propio proceso de enseñanza. Sólo así podemos esperar que los futuros periodistas trasladen los hábitos adquiridos a su trabajo periodístico cotidiano. El uso de Internet como fuente documental, el empleo de bases de datos en línea o las técnicas educativas no presenciales deberán hacerse tan habituales para los alumnos como ya lo son hoy el correo electrónico o el procesador de textos. Esto, además de inversiones en infraestructuras de comunicación digital, exigirá un reciclaje profundo no sólo de los contenidos de las materias —desde la redacción periodística (7) hasta la ética y el derecho de la información, pasando por la documentación informativa o el diseño, entre otras— sino también de las propias técnicas pedagógicas empleadas por los profesores. Estos
y otros cambios, en fin, deberán encaminarse a formar periodistas
que entiendan las tecnologías digitales como herramientas connaturales
a cualquier actividad periodística. Periodistas que desarrollen
un criterio capaz de enfrentarse a la superabundancia de información
y con agilidad suficiente como para actuar en procesos de elaboración
informativa cada vez más acelerados. Periodistas con grandes dotes
divulgativas, capaces de dotar de sentido una realidad cada vez más
tecnificada y desestructurada. Periodistas, en suma, con un altísimo
compromiso ético, sabedores de que la calidad del trabajo realizado
estará expuesta al directo escrutinio por parte de los destinatarios.
Notas (1)
Cfr. Computer Industry Almanac Inc., “Over 150 Million Internet Users
Worldwide at Year-end 1998”, 30.IV.1999, http://www.c-i-a.com/199904iu.htm
; Media Awareness Network, “QuickFacts. Media Usage: Computers and the
Internet”, 1999, http://www.media-awareness.ca/eng/issues/stats/usenet.htm
|