Debate desde cinco ángulos
Profesores de fcom especialistas en comunicación política, opinión pública, redes, instituciones e imagen televisiva analizan el cara a cara entre Rajoy y Rubalcaba
Marta González, 10 Noviembre 2011

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El cara a cara político entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba ha dado mucho que hablar en el mundo de la comunicación. Días después del debate, los especialistas de la facultad analizan la trascendencia del encuentro y los mensajes de los oradores. Y además, les ponen nota.
Más de doce millones de españoles se sentaron frente al televisor el pasado lunes para presenciar un enfrentamiento excepcional. Hacía tres años que dos candidatos a la Presidencia del Gobierno no debatían en un cara a cara. Y lo hicieron en unas circunstancias muy diferentes –la apabullante crisis económica-, y en un ambiente más tenso de lo habitual.

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Contra las cuerdas
Los candidatos se encararon en lo que, según Jordi Rodríguez Virgili, profesor de Instituciones Jurídico-Políticas Contemporáneas, fue un enfrentamiento al estilo boxístico, en el que Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular, fue empujado contra las cuerdas con insistencia por un opositor socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, que estuvo “excesivamente agresivo”. Pero como Mohammed Ali, Rajoy supo bailar y esquivar los golpes, pese a que su comunicación no verbal y constante afán por leer no le ayudaron a construir una imagen de credibilidad.
Ambos tenían una estrategia. La de Rajoy consistía en proyectarse como futuro presidente. Y la de Rubalcaba, “obligar a concretar algunas propuestas a Rajoy, para lo que tenía que ser agresivo e intentar movilizar a los suyos”. Al último, según Rodríguez Virgili, la estrategia se le acabó yendo de las manos, y provocó el efecto opuesto. “El principal fallo de Rubalcaba fue que otorgó a Rajoy una imagen presidencial, diciéndole ese yo le voy a decir a usted lo que tiene que hacer. Después, en la segunda parte del debate, empezó a hablar en condicional, con ése si usted llega…, no dándolo por hecho”, explica.
El experto en Comunicación Política asegura que, si analizásemos el debate en sí mismo, “podríamos dar por ganador a Rubalcaba, porque estuvo de libro: pedagógico, más incisivo y directo, y con una salida y una entrada mucho mejores”. Pero fuera del plató, y teniendo en cuenta el grave contexto de desgaste tanto económico como político, Rajoy se alzó como triunfador, pues salió “como un presidente, un presidente que divaga y que no tiene buena expresividad, pero presidente al fin y al cabo”, concreta.
Las salidas y llegadas a las sedes, según Rodríguez Virgili, fueron una evidencia de esto. Mientras que el líder popular se encaminó hacia la salida “más contento”, el socialista lo hizo “más tenso” y, cuando llegó a la sede del PSOE, el recibimiento consistió en un abrazo “muy significativo” de Jaime Lissavetzky y un aplauso. Una ovación que, según el profesor, significaba más un “estamos contigo” que un “hemos arrasado”.
Pese a los errores de ambos candidatos a lo largo del debate, Rodríguez Virgili considera que los dos son “buenos oradores parlamentarios, irónicos; algo que casa mal con la televisión”. Para el recuerdo quedan dos anécdotas curiosas de sus intervenciones. La primera, el lapsus de Rajoy al referirse al otro candidato como “Rodríguez-Rubalcaba”, en alusión al presidente Zapatero. “Creo que la primera vez fue intencionado, y la ejecución fue regular. Cuando Rajoy, como en la entrada y en la salida, sigue un guion –como con su niña-, le sale mal, pero cuanto más suelto está, es mejor. Fue un punto irónico, para lanzar el mensaje de sois lo mismo, sois corresponsales de la política anterior. Las siguientes veces creo que ya fue inconsciente”.
La otra curiosidad de la noche vino también de la mano del candidato popular. En un momento de evidente tensión dentro del cara a cara, dijo a Rubalcaba: “Tranquilo, que no te está yendo tan mal el debate”. Una alusión para, según Rodríguez Virgili, “dar una sensación de control”, que recordó, según el experto, a una declaración de Nicolas Sarkozy hacia Ségolène Royale en su último debate en 2007.
Aunque Rodríguez Virgili considera que el debate fue “más ágil que el de 2008”, apunta que sus preferencias se orientan más hacia el estilo político americano, en el que los periodistas e incluso el público hacen preguntas a los candidatos. También, asegura, echó de menos la presencia del relato: “Rajoy fue muy autorreferencial. Su gran déficit fue que no apelase a los ciudadanos. Faltó que se dirigiera al corazón de los espectadores”.

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Enfrascados en sus temas
El director del Máster en Comunicación Política y Corporativa, Carlos Barrera, coincide con Rodríguez Virgili en que ambos candidatos estuvieron “demasiado enfrascados en sus temas” en un momento poco oportuno, de “desafección ciudadana hacia la clase política”. “Creo que los dos respondieron a la imagen que se tenía previamente de ellos, también sobre la estrategia que iban a seguir: más agresiva la de Rubalcaba, por necesidad de remontar en las encuestas; y una actitud conservadora y de hombre de Estado por parte de Rajoy”, concreta.
Al igual que su compañero, estima que el gran error de Rubalcaba fue dar por perdidas las elecciones en la primera parte del debate, además de su recurrencia a “un exceso de agresividad”.

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Un debate sin influencia
Desde el punto de vista de la trascendencia social, Esteban López-Escobar, catedrático de Opinión Pública en la facultad, se muestra tajante: “La influencia de este debate va a ser escasa: la gente ya tiene sus decisiones tomadas, y los indecisos pueden haberse movido en una u otra dirección”. El tradicional debate, en otras ocasiones, “ha influido más”, según López-Escobar, pero esta vez asegura que “el pescado ya está vendido. Rubalcaba quería ver si podía arañar votos o movilizar a un electorado que ahora no está dispuesto a moverse; y a Rajoy le beneficiaba la necesidad de un alivio social”.
El veterano docente sitúa a Mariano Rajoy como triunfador del encuentro, por su presentación clara de datos y decisiones, pese a que “estuvo algo redundante desde el punto de vista negativo con el tema de la economía, y también esquivo”. En el caso de Rubalcaba, López-Escobar señala que ”aunque no tenía más remedio que atacar, no lo hizo con grandeza. Se convirtió en un periodista agresivo”. Su “decepción con Rubalcaba” como hombre de nivel en los debates fue que, aun siguiendo la estela de sus predecesores como Rodríguez Zapatero o González, “éstos tenían más aplomo, un estilo que les daba cierto seso”.
Sin embargo, dejando la oratoria aparte, el profesor incide en que la labor era difícil porque “Rajoy tiene a su favor dos hechos: las evidentes cifras de paro y el progresivo aumento de la brecha entre ricos y pobres en España”. Y eso, agrega, “no es rebatible”.

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Candidatos poco telegénicos
En un mundo dominado por la cultura de la imagen, a Enrique Guerrero, profesor de Gestión de Contenidos y Producción de Entrenimiento, no le cabe duda de que “la excepcionalidad del espectáculo televisivo” ha sido la causa de que tantos españoles se congregasen frente a las pantallas el lunes. “El debate en sí mismo no es un espectáculo muy atractivo, por la rigidez de la fórmula y el miedo a fallar de los candidatos, ya que un error de cualquier tipo puede tener un coste electoral muy elevado; pero es muy lógico que tuviese más de un 54 por ciento de cuota de pantalla. Los dos candidatos discutían sobre el modelo de país que quieren, y nos afectaba a todos”, afirma.
Pese a la importancia mediática del diálogo entre Rajoy y Rubalcaba, Guerrero considera que “el espectáculo no fue muy agradable para los sentidos”, porque la pantalla no les quiere demasiado a ambos. “Cuando tenemos a dos personajes con una imagen compleja y que no se sienten cómodos delante de la cámara, es complicado gestionar el debate”, apunta. En este sentido, considera que “se podría haber cuidado más su imagen”, aunque les hace una concesión: “Hay que ponerse en situación: estás delante de una audiencia acumulada de más de 12 millones de telespectadores y en un momento crucial en el que nos jugamos el futuro del país, y en el que ellos se están jugando también su futuro y el de sus propios partidos”.
Ambos candidatos, según Guerrero, merecen un suspenso desde el punto de vista de la imagen. “Fueron poco convincentes por su escasa naturalidad, su no saber estar delante de la cámara y los pocos recursos dialécticos que tenían”, detalla, para agregar que, en suma “fue un debate televisado, pero no para televisión”.

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Twitter, echando humo
Más allá de las pantallas, el debate se fue por otros derroteros, que esta vez se centraron en el popular pajarito azul. Twitter se convirtió en un hervidero de píldoras de 140 caracteres –a veces más profundas, y otras más cómicas- acerca de lo que se estaba comentando en cada momento. En resumidas cuentas, en el debate sobre el debate: algo que hasta este encuentro no se había visto nunca.
“En otras circunstancias, la forma de comunicación era básicamente unidireccional, y luego se buscaba interpretación en los medios. Ahora, el fenómeno de Twitter durante el debate ha dado lugar a un cambio comunicativo: eran los propios usuarios los que aportaban la interpretación, y en muchos casos eran posteriormente los periodistas quienes se basaban en las interpretaciones leídas en Twitter para generar su propia interpretación de lo que se había dicho”, explica Ramón Salaverría, director del Departamento de Proyectos Periodísticos. Por lo tanto, detalla, el fenómeno ha provocado “una inversión del proceso”, lo que ha dado lugar a que, por ejemplo, los comentarios de Twitter fuesen la primera referencia que los medios tomasen antes de que saliesen los primeros sondeos posteriores al debate.
En referencia a los mensajes más estrictos –los de los candidatos-, Salaverría aprueba a ambos, pero con sus reservas. “Vi a ambos tensos. El propio formato del debate, donde el periodista estaba allí como mero guarda de agujas, tampoco incidió en la tensión, porque no había nadie que interpelara, excepto el propio candidato Rubalcaba”, comenta, a lo que añade: “Creo que no fueron a ganar, sino más bien a no perder”.
VÍDEO: El profesor Rodríguez Virgili analiza la imagen de los dos candidatos en el informativo de Cuatro:



Un buen análisis desde distintas perspectivas, muy interesantes todas ellas y bien escrito. Enhorabuena. ¡Esto es el aperitivo de un seminario en toda regla!
Sr. Guerrero, debería hacer algún apunte a la nefasta realización.
Sr. Salaverria, buen descubrimiento.¿ve los informativos?
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