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Comunicación y Sociedad Universidad de Navarra | Facultad de Comunicación
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VOLUMEN 7 Nº1/1994
Autor / José Miguel BLANCO Profesor de Teoría del Discurso en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Navarra
Artículo / Coherencia pragmática y proyecto conversacional

El propósito de este trabajo es mostrar una de las posibles vías de investigación, en el ámbito de la Teoría del Texto, por la que creemos que se puede llegar a una explicación extensiva y eficaz de la coherencia textual, es decir una explicación realmente global que se pueda aplicar a cualquier tipo de texto. Nuestra propuesta se basa en el análisis del texto desde una doble perspectiva conversacional, semiótica y lógica, que considera a su vez la Pragmática bajo una doble dimensión: extratextual ("pragmática del habla") e intratextual ("pragmática de la lengua"). Este planteamiento, que integra los aspectos extratextuales de la comunicación en los lingüístico-textuales, proporciona una serie de criterios explicativos que permiten dar razón de la unidad de sentido de un texto sin tener que recurrir a factores de coherencia que no se encuentren en el propio texto.  

Hacia una teoría extensiva de la coherencia: el planteamiento conversacional del texto /

Si observamos las diversas explicaciones que sobre la coherencia textual han surgido a lo largo de los últimos veinticinco años [1] , no parece que ninguna de ellas haya logrado construir una teoría que sea capaz de mostrar en qué consiste realmente la unidad de sentido de un texto cualquiera. Lo que se viene estudiando en este ámbito de la lingüística no es propiamente la coherencia del texto sino más bien modos concretos de manifestarse ésta en los niveles inferiores del discurso, y sólo en determinados tipos o fragmentos de texto; no es de extrañar, pues, que los intentos de explicación realizados hasta el momento no hayan dado resultados completamente satisfactorios [2] . Parece como si la complejidad del fenómeno textual hubiera llevado a los especialistas a renunciar a una teoría extensiva de la coherencia.

En el presente trabajo tratamos de proponer una explicación global de la coherencia textual que establezca de forma coherente: a) un criterio general de coherencia, intra y/o extratextual, que sea ciertamente relevante, b) la naturaleza – lingüística o extralingüística – de los aspectos involucrados en la descripción y c) los mecanismos textuales concretos de plasmación – sintácticos, semánticos y pragmáticos – que dan razón de la unidad de sentido de un texto. Creemos que, sin una sistematización teórica previa de estas características difícilmente se podrá superar la confusión terminológica y conceptual que actualmente se observa en los estudios sobre coherencia textual [3] .

Para llevar a cabo este objetivo, centraremos nuestra exposición en la comprensión del texto como un fenómeno esencialmente comunicativo, pues partimos de que "toda comunicación se da necesariamente en el discurso, en cualquiera de sus manifestaciones, y a los tipos de texto corresponden tipos de comunicación" [4] . Se trata, por lo tanto, de un planteamiento textual eminentemente pragmático, en tanto que consideramos el texto (a) como "acción comunicativa" que, además del mensaje, (b) implica la presencia de los distintos elementos de la situación comunicativa (emisor, receptor y contextos). Asimismo, tendremos en cuenta la idea, aceptada comúnmente entre los semiólogos del texto, de que estudiar el texto desde el punto de vista interlocutivo significa considerarlo como un proyecto de conversación simbólica entre dos simulacros, enunciador y enunciatario, cuyos actos comunicativos se manifiestan en forma de estrategias organizadas en la superficie textual. Creemos que desde este punto de vista el texto no ha sido analizado todavía con suficiente profundidad, por lo que se desconocen sus posibilidades para la descripción de numerosos fenómenos textuales, como el de la coherencia.

La "teoría conversacional del texto" de U. Eco y G. Bettetini /

Como acabamos de decir, estudiar el texto desde el punto de vista comunicativo no es otra cosa que concebirlo como un proyecto de conversación simbólica entre, al menos, un enunciador y un enunciatario. Sin embargo, siempre que se habla de "estrategias discursivas", "planificación textual", "cooperación textual", "planos de la enunciación", etc,, en los planteamientos donde se enmarcan estos conceptos subyace una consideración conversacional de texto; de ahí la existencia de numerosos autores que desde múltiples campos de investigación han realizado importantes aportaciones al desarrollo de la teoría comunicativa o conversacional del discurso, como ya advierte Gianfranco Bettetini [5] . Pensemos, por ejemplo, dentro del ámbito de la Lingüística del Texto, en la idea de W. Drop de establecer las bases para la "planificación" mediante "estrategias" de los actos verbales que realiza el enunciador antes de escribir un texto. O bien, en una línea mucho más teórica, el procedimiento planificado que sigue el emisor, según la propuesta de T. A. van Dijk, en su afán de hacer comprensible o coherente un texto, así como el carácter también estratégico de la complementaria comprensión del receptor. En definitiva, podemos afirmar que tanto la consideración del texto como intercambio comunicativo propia de la Lingüística de la Enunciación, la Pragmática y el Análisis del Discurso en general, como las concepciones de la Semiótica Literaria e incluso de la Estética de la Recepción acerca del proceso comunicativo que se establece entre las instancias enunciadoras y enunciatarias del texto – empíricas, implícitas y textuales –, suponen en cierto modo diversas formas de entender el discurso conversacionalmente, en cada una de las cuales es posible encontrar planteamientos cercanos a los aquí expuestos y, por lo tanto, útiles para nuestro trabajo.

Pero si hay algunos autores que justifiquen expresamente lo que podríamos denominar una Teoría Conversacional del Texto, estos son – a nuestro juicio – Umberto Eco y, sobre todo, Gianfranco Bettetini; adscritos, como es bien sabido, el primero al campo de investigación de la semiótica literaria y el segundo al ámbito de estudio de la semiótica de los medios de comunicación. Ambos formulan y describen de manera más o menos explícita el carácter conversacional del texto. Así, en la concepción del proceso semiótico-literario que desarrolla U. Eco en su obra Lector in fabula puede descubrirse sin dificultad un planteamiento de esta naturaleza:

"Un proceso comunicativo consta de un Emisor, un Mensaje y un Destinatario. [...] el Emisor y el Destinatario están presentes en el texto no como polos del acto de enunciación, sino como papeles actanciales del enunciado" [6] .

Como se sabe, el autor centra su análisis en la descripción del carácter estratégico-cooperativo de este acto comunicativo (o conversación, desde nuestro punto de vista) que el texto narrativo comporta:

"[...] un texto es un producto cuya suerte interpretativa debe formar parte de su propio mecanismo generativo: generar un texto significa aplicar una estrategia que incluye las previsiones de los movimientos del otro" [7] .

Por su parte, al hablar sobre la conversación audiovisual, G. Bettetini propone estudiar el texto como una conversación implícita o simbólica, y dedica varios capítulos a la descripción de la naturaleza y el funcionamiento del proyecto semiótico-comunicativo del discurso, si bien ciñéndose a los textos audiovisuales:

"Incluso el texto más cerrado, más direccional, más subordinado a las instancias ordenadoras de un único origen de su sentido, se manifiesta, en esta perspectiva, como el proyecto de una conversación ya simbólicamente representada en el interior de su organización significante" [8] .

Esta misma idea conversacional del texto la volvemos a encontrar en L'occhio in vendita, concretamente en el capítulo sobre la "Semiótica de la Representación". Tras definir a los protagonistas del intercambio comunicativo, el "enunciador" y el "enunciatario", el autor afirma:

"I due soggeti simbolici, collocandosi rispettivamente all'origine e alla conclusione dell'instanza comunicativa destinata ad attuarsi per mezzo dello scambio del testo, finiscono per ricoprire i ruoli degli interlocutori di una 'conversazione' che il testo intende produrre e che, comunque, e gia progettualmente rappresentata nella sua superficie significante.

Ogni testo si manifesta insomma come il progetto di una 'conversazione', che vi e simbo1icamente 'mesa in scena', almeno nel rapporto tra il suo suggeto enunciatore e il corrispondente enunciatario" [9] .

En definitiva, podemos decir que estos dos autores plantean el carácter interlocutivo del texto basándose en la existencia en éste de: a) dos entidades simbólico-estratégicas: un "enunciador", organizador y orientador de los intercambios comunicativos (de las correlaciones semánticas, según U. Eco), y un "enunciatario" que se acopla al proyecto interlocutivo de aquél (que actualiza el contenido, para Eco); b) un proceso de cooperación entre estas dos estrategias textuales ("papeles actanciales del enunciado", en U. Eco) en el cumplimiento de las previsiones de intercambio proyectadas, y c) la manifestación en la propia superficie discursiva de este plan comunicativo estratégico figurado [10] .

El esquema conversacional del texto /


La complejidad del fenómeno comunicativo


Basándonos, pues, en la perspectiva conversacional del texto tal y como la concibe G. Bettetini (esto es, como un proyecto simbólico de cooperación comunicativa entre el enunciador y el enunciatario), parece lógico que establezcamos en primer lugar la naturaleza exacta, así como la forma de manifestarse en el texto, de los elementos que intervienen en el citado proyecto, puesto que serán estos los que se vean afectados por las distintas estrategias textuales de coherencia.

Aquí se nos presenta el problema de cuál de los diversos esquemas comunicativos hasta ahora propuestos puede describir adecuadamente el modelo de conversación textual que acabamos de definir. En este sentido, observamos que, si bien casi todos los esquemas existentes se basan en el tradicional de R. Jakobson, diversas corrientes de investigación semiótica y lingüística han desarrollado el suyo propio, supliendo antiguas deficiencias y añadiendo nuevos factores que influyen ciertamente en el proceso comunicativo. De esta complejidad es consciente, por ejemplo, la semiótica del texto literario, que distingue en su análisis varias esferas de comunicación con un intrincado sistema de referencias y situaciones interlocutivas cada una [11] . Lo mismo puede decirse, en el marco de la lingüística de la enunciación, de la crítica y la reformulación del esquema de Jakobson que lleva a cabo C. Kerbrat-Orecchioni [12] .

Entre los nuevos factores que inciden tanto en la producción como en la interpretación comunicativas, se proponen, entre otros: la existencia de varias clases de emisores y receptores que se manifiestan de forma variada en el mensaje y en el propio código; la importancia de las competencias lingüística, cultural e ideológica de los protagonistas del intercambio, así como sus determinaciones psicológicas; la influencia de los condicionamientos del "universo del discurso", la de las circunstancias de la comunicación, etc. Se quiere destacar, en definitiva, la importancia que tienen gran cantidad de aspectos extralingüísticos en el intercambio textual, los cuales tampoco descuidan en sus explicaciones ni U. Eco, cuyo modelo semióticonarrativo abarca gran cantidad de fenómenos externos al texto, ni G. Bettetini, que enumera, por ejemplo, hasta seis tipos de instancias emisoras y receptoras condicionadas, a su vez, por diversos factores semióticos que influyen en la conversación simbólica que el texto constituye.

A pesar de todo este entramado comunicativo, creemos que, profundizando en el modelo general de conversación que propone G; Bettetini para los textos audiovisuales informativos – que el propio autor aplica en ocasiones al discurso escrito –, podemos llevar a cabo una exposición bastante clarificadora del proceso comunicativo que arrastra consigo todo texto, lo cual al mismo tiempo nos permitirá una creemos que interesante aproximación a la comprensión del fenómeno de la "coherencia textual", como ya habíamos anunciado más arriba.

3.2, Elementos que intervienen en el proceso comunicativo textual. Los distintos planos conversacionales

Partiendo, como decimos, del planteamiento de fondo de Bettetini, creemos que, desde un punto de vista conversacional, todo texto escrito puede entenderse como el resultado de un conjunto de sucesivas delegaciones de la responsabilidad comunicativa a cargo de las diversas instancias enunciadoras, tanto empíricas como textuales, que intervienen en su producción. Veamos en qué consiste este proceso.

La comunicación escrita o textual, donde el intercambio de información se realiza in absentia de los interlocutores, se puede describir como aquella que tiene lugar cuando un enunciador empírico, inmerso en unas circunstancias de enunciación socio-históricamente definidas, en su afán de conversar con un enunciatario empírico ausente, delega la responsabilidad comunicativa en un enunciador simbólico, sin cuerpo, que se manifiesta implícitamente en la estructura de un texto como un conjunto de estrategias organizadoras de un saber expresivo – o textual, según la terminología coseriana; estas estrategias revelan a su vez una determinada actitud o intención interlocutiva, es decir, el "contenido especial" o "sentido" de la comunicación [13] . En su labor organizadora, el enunciador proyecta en el texto un determinado enunciatario también simbólico, constituyéndose así una conversación imaginaria entre ambos según las convenciones que regulan la actitud o intención interlocutiva concreta [14] . Por otra parte, en su propósito de conversar con el enunciatario simbólico, el enunciador expresivo también se ve obligado a delegar la responsabilidad comunicativa en un enunciador sintáctico-semántico que organice estratégicamente unos saberes elocucional e idiomático, es decir, el contenido sintáctico-semántico del texto. De nuevo, en su labor directiva, aquél proyecta un simulacro de enunciatario imaginario, con el que establece una conversación guiada según las convenciones sintácticosemánticas (elocutivas e idiomáticas) de la lengua concreta [15] .

De todo lo anterior se desprende la necesidad de distinguir tres posibilidades o planos de análisis conversacional textual: el empírico, el expresivo y el sintáctico-semántico. De ellos, creemos que sólo los dos últimos deben interesar a la lingüística del texto, ya que son los únicos donde las circunstancias de enunciación pueden ser estudiadas convencionalizadas en la lengua: en el plano expresivo vienen dadas por el tipo de texto o actitud comunicativa concreta, y en el sintáctico-semántico son las que – reguladas por las convenciones elocucionales e idiomáticas – va creando el contexto verbal. Estudiar el plano conversacional empírico que hay detrás de un texto escrito supone abordar lo que denominamos "dimensión extratextual de la pragmática", por la que lo textual queda supeditado a la eventualidad de las circunstancias de enunciación, del acto concreto de habla. En este sentido, la explicación de la coherencia bien como interpretación – coherencia a parte subjecti –, bien como conexión entre estados de cosas [16] , e incluso el abuso interpretativo del texto que denuncia Umberto Eco, son consecuencia de un análisis del sentido del texto donde prima desmesuradamente el elemento pragmático extratextual. En nuestra opinión, una teoría que pretenda ser objetiva no deberá dejar que los aspectos empíricos de la conversación contaminen las explicaciones textuales [17] .

Lo que estamos defendiendo, en definitiva, es la necesidad de que la teoría lingüística tenga en cuenta la doble dimensión de la pragmática que ya defendía en su Retórica el propio Aristóteles, como ha puesto de relieve recientemente Antonio Vilarnovo [18] . Esta doble dimensión es la que obliga, a nuestro entender, no sólo a delimitar claramente el estudio de los aspectos que caracterizan el uso empírico-oral del lenguaje (el habla) de los que intervienen en el uso escrito, sino también a considerar que en este último, en los textos, el aspecto pragmático de la lengua es posible estudiarlo intratextualmente, esto es, convencionalizado en lengua. Esta nueva perspectiva no supone volver a una explicación completamente inmanente del texto, sino que permite estudiarlo – incluida su coherencia – sin acudir a los factores situacionales empíricos de comunicación, cuya naturaleza eventual e imprevisible han venido constituyendo – a nuestro juicio – un obstáculo para el avance de la teoría del texto [19] . Tengamos en cuenta, por otra parte, que este planteamiento no se aleja de la propia tradición lingüística, que considera el lenguaje como "instrumento ordenador y estructurador del mundo" – incluida la vertiente social extralingüística –, como "acceso a las cosas", en palabras de Coseriu:

"Sólo hay ciencia con respecto a lo ya aprehendido y delimitado mediante el lenguaje, aunque la ciencia (de las 'cosas') no concierne a lo lingüístico, sino a lo extralingüístico (pero dado a través del lenguaje), no se ocupa de lo significado, sino de lo designado" [20] .


El plano expresivo como lugar relevante de coherencia textual


Como se habrá observado, en diversas ocasiones hemos aludido a la teoría del saber lingüístico de Eugenio Coseriu; sin embargo, debemos realizar ciertas matizaciones en el uso que hacemos de algunas de sus ideas.

En primer lugar, nosotros abordamos el nivel cultural del hablar, en sus tres planos – universal, histórico e individual –, desde el punto de vista del "texto", es decir, aquel elemento material en el que se concretan – y se pueden rastrear – los tres saberes o competencias lingüísticas del hombre: elocucional, idiomático y expresivo. Siguiendo, pues, las explicaciones del lingüista rumano, entendemos el texto como el producto – obra o érgon – que resulta del acto individual de materializar un saber lingüístico [21] .

Por otra parte, al pasar de la comunicación empírica a la simbólica de un texto concreto – tal y como las hemos definido –, los tres tipos de competencia lingüística presentan una serie de limitaciones. Así, por ejemplo, el saber expresivo del enunciador implícito se centra en un tipo de texto o actitud textual específica cuyas estrategias interlocutivas están reguladas por unas circunstancias interlocutivas (nunca empíricas) particularmente convencionales – las cuales crean unas expectativas a las que aquéllas deben adecuarse, si se pretende que el texto sea coherente –. En cuanto a los saberes elocucional e idiomático, cuya materialización sirve de "instrumento" para expresar la intención textual (o comunicativa), hay que señalar el hecho de que, en principio, las estrategias sintácticosemánticas tendrán que ser congruentes (respecto del saber elocucional) con los principios generales del pensamiento y el conocimiento de las cosas del universo del discurso que el contexto verbal va creando, sea el universo empírico o contrafactual. Asimismo, estas estrategias deberán implicar la corrección en cuanto plasmación de un saber idiomático – sincrónico o diacrónico, real o inventado – que se utilice según las convenciones del universo del discurso que se crea.

En el análisis de la coherencia textual resulta completamente trasladable la advertencia de E. Coseriu acerca de la anulación de la congruencia y la corrección en favor de la adecuación en el plano expresivo. En efecto, como comprobaremos, la incoherencia que puede producir la existencia en el texto de estrategias conversacionales sintáctico-semánticas incogruentes o incorrectas quedará anulada en muchas ocasiones en el plano expresivo, pues se considerarán sin embargo adecuadas para la intención comunicativa del tipo de texto. Otras veces, sin embargo la ausencia de unidad de sentido expresivo puede malograr la coherencia sintáctico-semántica. La adecuación en el plano expresivo constituye, pues, el verdadero campo de asignación de la coherencia textual [22] .

Criterios de coherencia textual: la lógica conversacional de H. P. Grice aplicada al texto /

Para enmarcar adecuadamente el estudio de la coherencia de las estrategias textuales en cada plano comunicativo – sin olvidar que el decisivo para la asignación de la coherencia es el expresivo –, nos serviremos también de una metodología puramente conversacional.

En efecto, una vez establecido el carácter "policonversacional" del texto, se nos plantea la posibilidad de trasladar los principales presupuestos de la conocida teoría de la lógica de la conversación al ámbito textual, con el propósito de hallar algún tipo de leyes que de una forma u otra regulen la coherencia según esta nueva perspectiva comunicativa. Para ello tendremos en cuenta dos de estos presupuestos, concretamente del llamado Principio de Cooperación y de la teoría de las máximas conversacionales [23] .


El principio comunicativo de cooperación como principio general de coherencia textual


Como es bien sabido, H. P. Grice sostiene que las sucesivas aportaciones del emisor y el receptor durante un acto comunicativo no se producen de forma incontrolada, sino que poseen un carácter cooperativo, es decir, observan un propósito compartido. De esta manera, el autor formula uno de los principales postulados que rigen este intercambio. Se trata del llamado Principio Cooperativo (PC), el cual reza lo siguiente:

"Haga usted su contribución a la conversación tal y como lo exige, en el estadio en que tenga lugar, el propósito o la dirección del intercambio que usted sostenga" [24] .

Trasladando este "principio de coherencia" al programa conversacional que constituye el texto, podemos decir que, por una parte, en cada plano de responsabilidad comunicativa las "contribuciones" de los protagonistas del intercambio, dirigidas por el enunciador simbólico, deberán seguir una dirección común; es decir, las distintas estrategias tendrán un mismo propósito. Por otra parte, independientemente del resultado de la coherencia en el plano del contenido sintáctico-semántico, el texto será coherente cuando se cumpla este principio en el plano de la actitud enunciativa o expresivo. Observemos, además, que este principio se adecúa perfectamente a nuestro planteamiento al poner de relieve la importancia que tienen tanto las "circunstancias" como el "fin" comunicativos en el concreto funcionamiento de la conversación. Estos mismos factores corresponden a los dos requisitos de coherencia que propone G. Bettetini: el de "aceptación" y el de "adecuación", respectivamente [25] .


Las máximas conversacionales aplicadas al texto


Conocemos también otro tipo de principios o máximas conversacionales por medio de los cuales Grice pretende regular, con bastante precisión, las distintas aportaciones que se producen durante el acto conversacional, y cuyo cumplimiento implica al mismo tiempo el del Principio de Cooperación. Estas normas abarcan cuatro categorías distintas: de Cantidad, Cualidad, Relación y Modo, las cuales se encargan en general de controlar, respectivamente, la veracidad, exhaustividad, relevancia y claridad de las distintas contribuciones. Si aplicamos estas cuatro categorías al proyecto conversacional del texto que hemos definido – donde cada contribución forma parte de un proyecto interlocutivo estratégico planeado por un enunciador –, podemos decir que aquél guardará el PC si a su vez se cumplen las cuatro máximas conversacionales (o textuales) citadas. Por lo tanto, cabe la posibilidad de clasificar las estrategias que se definan en cada plano bajo las cuatro categorías citadas. Parece, pues, que está ya definitivamente justificado hablar de una coherencia conversacional o cooperativa cuyo análisis consista en observar la planificación y previsión de estos cuatro niveles de unidad textual en los dos ámbitos comunicativos ya conocidos.


Coherencia en el plano sintáctico-semántico


En este plano conversacional se dará la coherencia cuando el sujeto enunciador disponga en el texto los mecanismos cooperativos – o estrategias textuales – necesarios para que el enunciatario actualice plena y correctamente el contenido sintáctico-semántico expresado en la superficie textual, según las convenciones elocucionales e idiomáticas y las circunstancias – empíricas o ficticias – que el contexto verbal vaya creando. Las estrategias serán, entonces, conversacionalmente congruentes y correctas, y se clasificarán en cuatro niveles de coherencia:

a)      Coherencia de Cualidad: se da cuando los mecanismos cooperativos que dispone el enunciador comportan la verdad del contenido sintáctico-semántico.

b)      Coherencia de Cantidad: se da cuando los mecanismos interlocutivos que organiza el enunciador son tan exhaustivos como requiere la actualización plena y correcta del contenido.

c)      Coherencia de Relación o Pertinencia: se da cuando los mecanismos de cooperación que utiliza el enunciador son tan relevantes como requiere la actualización plena y correcta del contenido.

d)      Coherencia de Modo: se da cuando las estrategias textuales que planifica el enunciador implican la claridad del contenido.

Por otro lado, las incoherencias que resulten del análisis de este nivel afectarán a uno o varios de los siguientes elementos conversacionales simbólicos: el enunciador, el enunciatario, el mensaje mismo o las condiciones de producción.


Coherencia en el plano expresivo


En este plano habrá coherencia cuando el sujeto enunciador disponga en el texto los mecanismos cooperativos necesarios para que el enunciatario actualice plena y correctamente la actitud enunciativa de aquél según las circunstancias definidas por las convenciones que rigen el acto enunciativo – o tipo de texto – concreto. Las estrategias resultarán o no adecuadas, y se clasificarán en cuatro niveles de coherencia:

a)      Coherencia de Cualidad: se da cuando los mecanismos interlocutivos que dispone el enunciador comportan la verdad de la actitud enunciativa.

b)      Coherencia de Cantidad: se da cuando las estrategias textuales que organiza el enunciador son tan exhaustivas como requiere la actitud enunciativa.

c)      Coherencia de Relación o Pertinencia: se da cuando los mecanismos de cooperación que planifica el enunciador son tan relevantes como requiere la actitud enunciativa.

d)      Coherencia de Modo: se da cuando los mecanismos que dispone el enunciador implican la claridad de la actitud enunciativa.

Como se puede apreciar, siempre se trata de una coherencia pragmática intratextual, puesto que las estrategias dispuestas en el texto han de ser coherentes según la intención de procurar una actualización del contenido expresivo por parte del enunciatario en unas determinadas circunstancias.

De las anteriores definiciones se deduce que tanto el saber expresivo como el elocucional y el idiomático se presentan en el texto mediante una serie de estrategias superficiales o simbólicas que responden a unos principios convencionales de Cualidad, Cantidad, Pertinencia o Modo establecidos por el tipo de texto concreto. Asimismo, al entrar en el dominio de las convenciones pragmáticas, lo hacemos también en el campo de la persuasión, de la retórica en definitiva. Tanto el saber como las estrategias lingüísticas tienen una función y una finalidad persuasiva en su concreción textual, con lo que la coherencia conversacional se convierte en una coherencia retórica con características persuasivas más o menos acusadas según el género textual de que se trate: un proyecto de conversación textual constituye una labor coherente de convencimiento por parte del sujeto enunciador sobre la veracidad, exhaustividad, pertinencia y claridad del contenido, sea el expresivo global, sea el sintácticosemántico.

La coherencia conversacional en funcionamiento. Análisis Práctico /

Todos estos "mecanismos cooperativos" de los que venimos hablando suponen numerosas estrategias sintácticas, semánticas y pragmáticas que se pueden rastrear en la superficie textual. Su conocimiento constituye, pues, un requisito indispensable para elaborar un método útil de asignación de la coherencia y, por lo tanto, para caracterizar un texto como "coherente" o "no coherente". Dada la amplitud de este aspecto de la investigación, nos limitaremos aquí a comprobar el funcionamiento de algunas de estas estrategias en unos cuantos textos. Por otro lado, definida la naturaleza conversacional de la coherencia, se ha de tener en cuenta que raramente se podrá estudiar ésta en sus distintos planos comunicativos si el objeto de nuestro estudio son textos mutilados, ya que en este caso difícilmente se podrían averiguar los verdaderos fines y circunstancias comunicativas. Así se explica, por ejemplo, que numerosos autores tengan que recurrir precisamente a estos objetivos y a los contextos para explicar la coherencia de ciertos fragmentos de textos [26] .

He aquí los tres textos que proponemos para el análisis:

Texto I

"Ocho años después de la publicación de La estructura ausente, el presente libro de Umberto Eco intenta unificar sus investigaciones semióticas desarrolladas hasta hoy para elaborar una teoría global de todos los sistemas de significación y de comunicación. Este proyecto de Semiótica general comprende dos partes fundamentales, dialécticamente interdependientes: una teoría de los códigos, que intenta explicar la organización cultural de cualquier sistema significativo, y una teoría de la producción de los signos, que reelabora los planteamientos tradicionales en este campo, sustituyendo la tipología de los signos por una tipología de los modos de producción de los signos" [27] .

Texto II

ORINOCO

l "Orinoco, déjame en tus márgenes

2 de aquella hora sin hora:

3 déjame como entonces ir desnudo, entrar en

4 tus tinieblas bautismales.

5 Orinoco de agua escarlata, déjame hundir las

6 manos que regresan

7 a tu maternidad, a tu transcurso,

8 río de razas, patria de raíces,

9 tu ancho rumor, tu lámina salvaje

10 viene de donde vengo, de las pobres

11 y altivas soledades, de un secreto

12 como una sangre, de una silenciosa

13 madre de arcilla" [28] .

Texto III

"AMOR: Tenderás a mostrarte duro y poco receptivo. Necesitas ablandar tu corazón y abrirte a los demás a la vida afectiva con más alegría.

SALUD: Probablemente te sientas débil y decaído. Toma vitaminas, ya que en esta época te vendrán muy bien porque no es un período muy favorable para tu salud.

VIDA SOCIAL: Tu vida de relación te resultará un poco sosa, a falta de un buen amigo con quien sacudirte la soledad y el aislamiento.

CONSEJO: Sé paciente. La vida poco a poco se encargará de enseñarte el nuevo camino que debes recorrer.

AGENDA: Día favorable, el 13" [29] .


Descripción del proyecto conversacional


Por lo que respecta al plan comunicativo de los textos en el plano sintáctico-semántico [30] , en los tres textos se observa una única voz del enunciado sin figuras que dialoguen. En todos ellos se pretende en principio proyectar enunciatarios que puedan actualizar plena y correctamente el contenido expresado, para lo cual éste deberá ser distribuido por el enunciador de forma estratégica, de manera que la conversación que se pretende crear resulte coherente. En cuanto a las actitudes enunciativas que toman los sujetos enunciadores expresivos en cada uno de los textos, en el primero es claramente informativa, en tanto que trata de proyectar un enunciatario capaz de actualizar las distintas estrategias que transmiten una información sobre los aspectos más interesantes de un libro, según las convenciones que rigen este tipo de acto comunicativo. En el texto II el objetivo es la creación de un mundo poético semánticamente necesario, por lo que el enunciador dispondrá todos los mecanismos cooperativos necesarios para proyectar un enunciatario que se adecúe a esta finalidad, en las circunstancias que imponen las convenciones reguladoras de tipo de acto enunciativo. Finalmente, en el texto III lo que se pretende es hacer que el enunciatario haga algo, concretamente aconsejar sobre cómo obtener la felicidad; las estrategias textuales deberán organizarse de forma que se produzca una conversación coherente en este sentido – se trata de un texto pragmático tanto en su constitución como conversación como en su finalidad enunciativa –.


Asignación de la coherencia


Por lo que respecta a las actitudes enunciativas, parece que nadie dudaría que en estos textos la intención de proyectar ya sea un enunciata  rio que resulte informado en cuanto a un libro (I), ya sea otro que "experimente" un mundo semántico poético necesario (II), ya un tercero que se sienta apelado para hacer algo (III), cumple a todas luces con los requisitos de veracidad, exhaustividad, relevancia y claridad, según las circunstancias convencionales de los actos interlocutivos que los propios textos constituyen. Estas convenciones serían del tipo "dar información nueva sobre el libro", "informar acerca de sus aspectos fundamentales", etcétera, para el primer texto; para el segundo, simplemente "crear un mundo poético necesario", y para el tercero, aconsejar sobre el "vivir con virtud, o una suficiencia de medios de vida, o la vida más agradable con seguridad, o la prosperidad de cosas y cuerpos con poder de guardarlos y disponer de ellos" [31] . Por lo tanto, podemos afirmar que estamos ante tres textos coherentes en cuanto a su plano enunciativo, una coherencia que se refleja, como acabamos de decir, en los cuatro niveles de cooperación conversacional – de Cualidad, Cantidad, Relación y Modo –.

Volviendo al plano del contenido sintáctico-semántico, debemos advertir la existencia en algún texto de determinadas estrategias de organización sintáctico-semántica que no proyectan un enunciatario capaz de actualizar plenamente el significado textual según las convenciones. Esto ocurre, sobre todo, en el texto II, donde, por ejemplo, tenemos una muestra de la estrategia de Extravagancia, que afecta claramente a la coherencia de Cualidad – según las convenciones, el enunciatario no puede llevar a cabo su contribución de actualización semántica – en "déjame hundir las manos que regresan a tu maternidad" (vv. 5, 6, y 7), etcétera. Otra estrategia, que revela la falta de coherencia de Relación, es la que supone una Presencia de saltos lógicos entre las secuencias: "Orinoco de agua escarlata" (v, 5), "silenciosa madre arcilla" (vv. 12-13), etc. O la de No-identidad, que anula la coherencia de Modo: "hora sin hora" (v. 2). También en el texto III encontramos una propuesta de contribución que afecta a la claridad de la actualización del contenido – a la coherencia de Modo, por lo tanto – : "y abrirte a los demás a la vida afectiva", se trata de una estrategia de Ambigüedad; y otra que se relaciona con la coherencia de Cantidad, en tanto que se pretende que se actualice un contenido superfluo o redundante: "ya que en esta época te vendrán muy bien porque no es un período muy favorable para tu salud".

Podríamos decir que las incoherencias en el plano conversacional sintáctico-semántico quedan anuladas en el de la actitud enunciativa debido a la planificación en este último ámbito interlocutivo de otras tantas estrategias de deshabilitación semántica o habilitación-justificación enunciativa, por otra parte ciertamente aceptables según las convenciones de cada acto expresivo. Así, el tipo de texto II – esto es, la clase convencional de acto enunciativo –, permite una estrategia de coherencia de Cualidad de Supresión metafórica de la extravagancia, así como otras de Supresión retórica de la presencia de saltos lógicos, que permiten la coherencia de Relación, etc. De la misma forma, el tipo de texto III justifica una estrategia de coherencia de Modo del tipo Supresión enunciativa de la ambigüedad, y otra de Supresión enunciativa de la redundancia, que afecta a la coherencia de Cantidad. Este tercer tipo de texto también da razón, en su plano expresivo, de supresiones de incoherencias en la Cantidad y Claridad semántica que producen algunos adjetivos de significado impreciso y general que se encuentran repartidos por toda la superficie discursiva, los cuales no favorecen precisamente una actualización plena del contenido según el conocimiento del mundo que las circunstancias semánticas configura.


Estrategias de incoherencia textual. Algunas confusiones


Para que nuestro análisis explique sobre el terreno textual algún aspecto más de los referidos en la primera parte del presente artículo, veamos diversas formas de trasladar aspectos de la coherencia en el plano conversacional empírico al plano enunciativo, y, por lo tanto, de confundir la naturaleza objetiva y científica de la coherencia textual.

Este sería el caso si se afirmara que el texto I es incoherente porque la editorial, esto es el enunciador empírico – colectivo –, lo que pretende realmente es despreciar el libro de U. Eco – suponiendo que se conociera a ciencia cierta este objetivo –. Efectivamente, se trataría de una incoherencia empírica, pero lo que revela de hecho el estudio del texto es una actitud informativa más o menos neutra y coherente según las convenciones que la rigen – es decir, un proyecto de conversación donde las contribuciones se rigen por el principio de Cooperación –, y éste es el plano al que a nuestro entender debe mirar la lingüística a la hora de asignar de forma válida y eficaz la condición de coherencia de los textos. Lo mismo se podría decir si se adujeran razones de incoherencia paratextual, "palimpsésticas", u otras que supusieran la toma en consideración de circunstancias empíricas [32] .

Podemos dar cuenta, también, de los supuestos de incoherencia conversacional o de actitud enunciativa. En este sentido, podemos advertir   que en tipos de texto informativos la mayoría de las estrategias que provocan una actualización del contenido parcial o incorrecta afectan de lleno a la coherencia en el plano expresivo. Así, por ejemplo, la Repetición semántico-literal del contenido o un caso de No-correferencialidad gramatical, que implicarían incoherencias de Cantidad y Modo respectivamente en este plano, conducirían también a la falta de coherencia – en los mismos niveles – en la actitud enunciativa, ya que la claridad y la exhaustividad semánticas están aquí en estrecha relación con las convenciones pragmáticas de la información – algo que no ocurre, e. gr., cuando en un texto se manifiesta el logos poético –.

Finalmente, parece oportuno referirnos a la distinción que se debe hacer en el texto entre "verdad de la frase", "verdad de la intención empírica", "verdad de la intención de mostrar una actitud enunciativa" y "verdad de la intención de expresar un contenido sintáctico-semántico actualizable". Los tres últimos tipos son verdades pragmáticas [33] , mientras que la primera corresponde a lo que Bettetini denomina "verdad en la expresión" [34] . Aquéllas se inscriben en un proyecto comunicativoconversacional, y se relacionan con la coherencia de Cualidad en los planos empírico, enunciativo y semántico, respectivamente. Por otro lado, la verdad de una frase es un tipo de verdad lógica, donde la expresión se considera fuera de todo contexto comunicativo, es decir que no se pone en relación con una finalidad ni circunstancias interlocutivas concretas.

Así, si en el primer texto observáramos una estrategia textual en la que se viera implicada una expresión como "Cincuenta anos después de la publicación de La estructura ausente, el presente libro de Umberto Eco ...", y en el tercero [35] otra como "La televisión poco a poco se encargará de enseñarte el nuevo camino que debes recorrer ...", estaríamos ante textos incoherentes tanto desde el punto de vista lógico de la expresión como en el plano conversacional empírico, donde se atenta contra la coherencia de Cualidad – falsedad empírica –. Pero de forma inmediata podemos comprobar que – aunque esto depende del tipo de texto según su finalidad enunciativa – en nuestro caso los textos serían objetivamente coherentes: el texto I seguiría proyectando un tipo de conversación donde el enunciatario acaba informado del libro según las    convenciones del género; en el texto II el enunciatario contribuiría a crear un mundo estético-semántico necesario, y el texto III seguiría constituyendo enunciativamente hablando una suma de consejos encaminados hacia la obtención de la felicidad [36]

Conclusión /

Las principales conclusiones que pueden extraerse de nuestro trabajo son las siguientes:

El análisis conversacional del texto se presenta como un método ciertamente útil y a la vez objetivo para explicar la coherencia global del texto, ya que, sin salirnos de los límites lingüísticos, (a) permite abarcar tanto los aspectos extratextuales como los intratextuales que influyen en la coherencia y (b) se da cuenta de los mecanismos concretos sintácticosemánticos y pragmáticos que constituyen la unidad de sentido. Considerar la doble dimensión de la pragmática – intra y extratextual – constituye un paso decisivo para dar una mayor autonomía a lo lingüístico frente a lo pragmático, tal y como se entienden estos conceptos en la actualidad. En este sentido, los presupuestos de la lógica de la conversación de Grice se adecúan perfectamente al carácter policonversacional del texto, a la vez que proporcionan los instrumentos metodológicos básicos para clasificar las estrategias textuales según varios niveles de coherencia.

La coherencia conversacional de un texto es relevante – global – en el plano de la actitud enunciativa o expresivo, que es el que desde un principio justifica la propia existencia del texto. En este plano, las estrategias textuales proyectadas obedecen a una finalidad y unas circunstancias comunicativas convencionales que corresponden a un determinado tipo de texto, las cuales no deben ser confundidas durante el análisis ni con las del plano empírico ni con las del contenido sintáctico-semántico.

La coherencia se revela como una cuestión de competencia conversacional o pragmática del enunciador en la cual están involucrados tanto el conocimiento de lo extratextual y sintáctico-semántico (saber-ser) de éste, como su capacidad de organización en el texto (saber-hacer). Esto quiere decir que cuanto mejor se conozcan y sean sistematizadas las convenciones lingüísticas que revelan esos conocimientos, mayor capacidad tendrá el estudioso de evaluar la coherencia de un texto. Los textos poéticos son, en este sentido, los que poseen menos retricciones expresivas y sintácticosemánticas para la constitución de su coherencia.

El nuevo status que esta perspectiva confiere a las distintas instancias enunciadoras y enunciatarias textuales viene a poner cierto orden dentro del caos terminológico que supone la definición de aquéllas por parte de los especialistas; conceptos como "Lector modelo", "Autor implícito", "Narratario", etc., quedan redefinidos y encuentran un nuevo sitio en la descripción conversacional del texto. Asimismo, con el planteamiento que presentamos se recupera una visión completa de la teoría de la enunciación, en tanto que en la conversación textual adquieren protagonismo no sólo la figura del enunciador sino también la del enunciatario, que había quedado marginada en la mayoría de los estudios sobre el discurso.

La descripción de los distintos planos interlocutivos dentro del análisis conversacional del texto puede proporcionar, asimismo, nuevas vías de acceso a la comprensión de otros fenómenos textuales complejos como son la finalidad y los tipos de texto, los planos de la enunciación, la planificación textual, las estrategias discursivas, etc.

Nuestra explicación se ajusta plenamente a las condiciones establecidas por A. Vilarnovo, que seguimos considerando válidas, en relación con la elaboración de una teoría explicativa eficaz y objetiva de la coherencia: l) da razón de la unidad de sentido de un texto, 2) en ella la cuestión de la congruencia – del saber elocucional – queda resuelta, 3) la explicación no se queda en el nivel lingüístico de la cohesión, 4) conjugamos claramente lo extratextual o interpretativo con lo objetivo y 5) la unidad del sentido se encuentra en el texto mismo [37] . A esto habría que añadir, en nuestra opinión, que no se debe pretender estudiar el fenómeno global de la coherencia en textos mutilados o pertenecientes a un determinado tipo de texto, ya que estos presentan carencias materiales e incluso conversacionales – con la consiguiente pérdida de información expresiva sobre la finalidad y las circunstancias comunicativas – que son a todas luces indispensables para el análisis.

Notas al pie /

[1] Vid. Vilarnovo, Antonio, "Teorías explicativas de la coherencia textual", en Revista española de lingüística, 21, l, 1991, pp. 125-144.

[2] Ibid., pp. 139-140.

[3] Buena prueba de este caos conceptual es la cantidad de “tipos de coherencia” que surgen a la hora de explicar en qué consiste la unidad de sentido de un texto: "sintáctica", "semántica", "pragmática", "gramatical", "lógica", "temática", "interna", "global", "parcial", "de detalle", etc.

[4] Vilarnovo, Antonio y Sánchez, José Francisco, Discurso, cipos de texto y comunicación, Pamplona, EUNSA, 1992, p. 13.

[5] Cfr. Bettetini, Gianfranco, La conversación audiovisual, Madrid, Cátedra, "Signo e imagen", 1986, p. 118.

[6] Eco, Humberto, Lector in fabula, Barcelona, Lumen, 1981, pp. 87 y 88.

[7] Ibid., p. 79.

[8] Bettetini, Gianfranco, La conversación audiovisual, Madrid, Cátedra, "Signo e imagen", 1986, p. 16.

[9] Bettetini, Gianfranco, L'occhio in Vendita. Per una logica e un´etica della comunicazione audiovisiva, Venecia,  Marsilio Editori, 1985, p. 44.

[10] Debemos señalar, sin embargo, que mientras U. Eco circunscribe esta planificación textual al plano del contenido, en tanto que la actualización del significado requiere una cooperación entre las instancias implícitas adecuadas, G. Bettetini lleva a cabo una explicación global del proceso que tiene en cuenta todos los elementos comunicativos, tanto simbólicos como empíricos, en sus diversos planos de actuación conversacional. Será precisamente este último planteamiento de carácter globalizador el que sigamos en nuestra explicación.

[11] Vid., p. ej., Segre, Cesare, Principios de análisis del texto literario, Barcelona, Critica, 1985, pp. 12-35.

[12] Vid., Kerbrat-Orecchioni, Catherine, L'énonciation de la .subjetivité dans le langage, Paris, Armand Colin, 1980. La autora dedica todo el primer capítulo a explicar tanto la critica al esquema tradicional de R. Jakobson como la nueva propuesta (pp. l 1-33).

[13] Cfr. Coseriu, Eugenio, Competencia lingüística, Madrid, Gredos, 1992, p. 105.

[14] Cfr. Bettetini, G., La conversación audiovisual, p. 03.

[15] Observemos que en nuestra explicación no aparecen por ningún lado los dos sujetos denominados habitualmente "Lector Modelo" y "Autor Modelo". Aunque el "Lector Modelo" de Umberto Eco coincide más o menos con el enunciatario implícito que describe G. Bettetini, por nuestra parte – y desarrollando con un poco más de profundidad la idea de este último autor – creemos que estos dos términos deben servir más bien para referirnos a dos figuras que ni tienen una entidad empírica ni aparecen objetivamente proyectadas de forma simbólica en el texto. Se trata de a) un "enunciatario modelo", preconcebido por el enunciador empírico, y b) un "enunciador modelo", imaginado a posteriori por el enunciatario empírico mediante una interpretación subjetiva del texto una vez descodificado. Los sujetos empíricos suelen estar influidos en su labor creadora por las circunstancias empíricas de la comunicación. Conviene tener presente esta distinción, puesto que – en nuestra opinión – Bettetini provoca a veces en su exposición ciertas confusiones conceptuales que dificultan una comprensión clara del proceso conversacional de texto tal y como lo hemos descrito, y, por lo tanto, de su coherencia.

[16] Vilarnovo, Antonio, "Teorías explicativas ...".

[17] En el ultimo epígrafe de este articulo  presentamos varios textos donde mostramos como la toma en consideración de aspectos conversacionales empíricos lleva a una asignación inadecuada de la coherencia, según nuestra propuesta explicativa.

[18] Vid. Vilarnovo, Antonio, "La dimensión pragmática en la retórica de Aristóteles: el autor en el texto", en Estudios en honor de Luka Brajnovic, Pamplona, EUNSA, 1992, pp. 821-825.

[19] Esto ocurre, por ejemplo, cuando G. Bettetini lleva a cabo afirmaciones como la siguiente: "En la dialéctica entre el simulacro del sujeto enunciador y la prótesis simbólica del sujeto destinatario, se desarrolla la clausura pragmática del sentido del texto: en esta operación colaboran también marcas enunciativas externas al texto, más o menos controlables por el sujeto empírico y activas en la producción-definición del sujeto enunciador." Insistimos, la unidad de sentido de un texto puede descubrirse como coherente o no intratextualmente, analizando la conversación simbólica que se da en cada plano comunicativo.

[20] Coseriu, Eugenio, “ El lenguaje y la comprensión de la existencia del hombre actual” , en  El hombre y su lenguaje, Madrid, Gredos, 1985, cap. II, pp. 41-42.

[21] Op. cit., pp. 72-106.

[22] Advertimos que sobre la superficie textual es posible encontrar en muchas ocasiones otra serie de "conversaciones" en el plano de las figuras dialogantes. No obstante, éstas no constituyen proyectos comunicativos simbólicos, sino actos interlocutivos concretos cuya coherencia se explica por el fin y las circunstancias comunicativas que el propio argumento textual va entretejiendo. Su lugar de análisis se encuentra dentro del estudio de la coherencia en el plano sintáctico-semántico.

[23] Recientemente, Lita Lundquist se ha referido a la posibilidad de explicar la coherencia del texto mediante el principio de cooperación y las máximas e implicaturas conversacionales, aunque en lugar de ser consecuente con su propuesta y llevarla hasta sus últimas consecuencias, la autora se refiere exclusivamente a las máximas de cualidad y pertinencia – así como a la teoría de los actos de habla –. Por otra parte, su propuesta está pensada sólo para los textos argumentativos. (Vid. Lundquist, Lita, "La cohérence textuelle révisée: une étude pragmatique", en Folia Linguística, XXV, 1991, pp. 91-110).

[24] Grice, H.P., “Lógica y conversación”, en Valdés Villanueva, Luis M. (ed.),  La búsqueda del significado, Madrid, Tecnos, 1991, p. 516 (trad. de Juan José Acero).

[25] La conversación audiovisual, pp. 115 y ss. Señalemos, sin embargo, que este autor se refiere más bien a dos condiciones generales que todo texto ha de tener para que se pueda clausurar su sentido pragmático, con lo que, al no distinguir los objetivos y las circunstancias en cada plano – unos con carácter expresivo, otros basados en convenciones elocucionales e idiomáticas del universo del discurso –, vuelve a quedar en el aire la confusión de aspectos interlocutivos advertida anteriormente: si se estudian las estrategias de coherencia de un texto sin distinguir las normas de aceptación y adecuación en cada esfera comunicativa, se corre el riesgo – como comprobaremos más adelante – de no hallar un método de análisis riguroso y objetivo.

[26] Véanse, por ejemplo, los distintos ejemplos que aparecen en la descripción del panorama de las principales teorías explicativas de la coherencia que lleva a cabo Antonio Vilarnovo (pp. 125-144).

[27] Contraportada de la edición española del Tratado de semiótica  general, de Umberto Eco, Barcelona, Lumen, 1978.

[28] Neruda, Pablo, "La lámpara en la tierra", IV, en Canto General, Barcelona, Seix Barral, 1985, página 14.

[29] Horóscopo del signo zodiacal “Capricornio” (semana del 10 al 16 de octubre), aparecido en la revista Suplemento semanal, Madrid,Taller de editores, nº 311, 10 de octubre de 199.3, p. 76.

[30] Aunque lo debamos tener en cuenta, prescindiremos por el momento de la explicación detallada del proceso comunicativo empírico que justifican los textos en cuestión.

[31] Aristóteles, Retórica, 1360 b, 14-17.

[32] Por ejemplo; si se dijera que "Yo, lector, no entiendo este texto; luego es incoherente".

[33] Como lo son todos los aspectos textuales desde el momento en que consideramos el texto desde el punto de vista conversacional.

[34] La distinción entre "verdad de la expresión" y "verdad pragmática" aparece en L'occhio in vendita, pp. 15-20.

[35] En el texto II ya aparece alguna expresión lógicamente falsa, por lo que remitimos a alguna de ellas.

[36] Lo mismo podría decirse en cuanto a la distinción de la "exhaustividad empírica", la "expresiva" y la "sintáctico-semántica", etc., ya realizada en parte durante el análisis de las estrategias textuales.

[37] Vid. Antonio Vilarnovo (1991), p. 102.  

 

 

 

 

 

 

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