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Reseña / José Julio PERLADO El artículo literario y periodístico. Paisajes y personajes Ediciones Internacionales Universitarias (Eiunsa), Madrid, 2007, 324 pp.

No existen recetas mágicas para escribir artículos literarios. Así lo ha puesto de manifiesto José Julio Perlado, en una obra en la que se recogen las reflexiones de los grandes articulistas españoles acerca de este subgénero periodístico. Reflexiones como las de Julio Camba, capaz de convertir cualquier objeto en un artículo de periódico: “Para la mayoría de las gentes, el desierto es el desierto, y el bosque es el bosque. Para el escritor, en cambio, el desierto es una crónica, y el bosque es otra crónica. Usted, amigo lector, me deja a mí frente al mar, pongamos por caso, mientras va a darse un pequeño paseo, y cuando vuelva, ¿qué creerá usted que he hecho yo con la azul inmensidad? Pues exactamente lo mismo que hubiera hecho con una iglesia románica, con un par de calcetines [...]: la habré cogido y la habré transformado, reduciéndola a una superficie literaria de 150 centímetros cuadrados, poco más o menos” (p. 91). José Julio Perlado cita también en su libro las palabras de César González Ruano, quien consideraba imprescindible sentarse todas las mañanas en un café para redactar sus textos: “No sé qué tiene el café que pone un artículo por la mañana como la gallina pone un huevo. No falla. El artículo tiene su gasto, pero sale de un tirón mucho mejor que el escrito en casa”. Un gasto diario que el periodista, cliente asiduo del madrileño Café Teide, con su habitual sentido del humor, cifra en 29,60 pesetas –cantidad resultante de la suma del coste del taxi de ida y vuelta, el primer y el segundo café, los periódicos, el tintero y la pluma, la factura del teléfono y los negros emboquillados–: “Sin contar propinas, seis duros de gastos en un artículo de trescientas pesetas. Comercialmente, yo creo que es mucho. Pero el artículo lo agradece. Se nota que lleva dentro todo eso: humo, cafeína, lectura del día, un poco de lujo... Vamos, creo yo” (p. 90). Estas y otras confidencias de los grandes articulistas españoles desde el siglo XIX hasta nuestros días se recogen en la obra de Perlado, escritor de sobrada experiencia periodística –director de las revistas Crítica y Momento, redactor jefe de la Estafeta Literaria, así como corresponsal en Roma del periódico Madrid o del Diario de Barcelona, y de ABC en París– y docente –Profesor Titular de Redacción Periodística en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid–. El libro se divide en dos partes. La primera es presentada por el propio autor como una “modesta guía teórica” sobre el artículo periodístico, pero constituye en realidad una valiosa aportación fruto de una encomiable labor de revisión bibliográfica y hemerográfica. En ella se recogen las reflexiones de Larra, Azorín, Baroja, Unamuno, Antonio Machado, Álvaro Cunqueiro, José Pla o Eugenio d’Ors –además de las de otros insignes periodistas– sobre el arte de escribir artículos, la elección del tema y de un título capaz de atraer al lector, el influjo del redactor sobre la opinión pública, o las relaciones entre el periodismo y la literatura; polémicas como esta última, que tiene su origen a mediados del siglo XIX, cuando en los manuales de preceptiva literaria comienza a hacerse alusión al artículo periodístico. Hasta entonces el periodismo guardaba una estrecha relación con la literatura, de ahí que no existiera la necesidad de identificarlo como un género independiente. Sin embargo, con el surgimiento de las primeras agencias de prensa –en 1855 se funda en París la agencia Havas, y en 1868 comienza a difundir sus noticias la primera agencia española, Fabras– los artículos firmados van cediendo su primacía a las noticias anónimas. Estas poseen unas características especiales –concisión, objetividad, veracidad, etc.– muy diferentes a las de los textos literarios, de ahí que el periodismo comience a considerarse entonces un género literario nuevo, con unas características peculiares. El principal defensor de la idea del periodismo como género literario autónomo fue Joaquín Francisco Pacheco, cuya propuesta abriría una gran polémica en el seno de la Real Academia Española. Entre los valedores de la tesis de Pacheco se encontraba también Eugenio Sellés –quien eligió el periodismo como tema central de su discurso de ingreso en esta institución–, y entre sus detractores, escritores de reconocido prestigio como Juan Valera o Isidoro Fernández Flórez, quienes negaron al periodismo la categoría de género propio ya que, a su juicio, sólo los escritores podían ejercer como periodistas. De acuerdo con José Julio Perlado, tales corrientes de opinión han proseguido y se han ido entrecruzando hasta la época actual. Así por ejemplo, según Arcadi Espada, el periodismo no puede considerarse en modo alguno literatura, mientras para Manuel Rivas “el periodista es un escritor. Trabaja con palabras. Busca comunicar una historia y lo hace con una voluntad de estilo [...]. Cuando tienen valor, el periodismo y la literatura sirven para el descubrimiento de la otra verdad, del lado oculto, a partir del hilo de un suceso. Para el escritor periodista o el periodista escritor la imaginación y la voluntad de estilo son las alas que dan vuelo a ese valor” (p. 37). En la segunda parte, Perlado incorpora una recopilación de sus propios artículos literarios dados a conocer a lo largo de los últimos cuarenta años en diversas publicaciones españolas de reconocido prestigio –como ABC, Blanco y Negro o El Alcázar–. Esta antología nos conduce a través de un placentero viaje por diversas ciudades europeas y norteamericanas en las que afamados escritores y artistas ejercieron su labor de creación –la Praga contemplada por los ojos de Kafka, la Venecia de Thomas Mann, el París de Proust, la Roma de Stravinsky, etc.–. La lectura de estas páginas finales resulta tan amena, que el autor podría hacer suyas las palabras del genial Julio Camba quien, al preguntarle un periodista inglés cómo redactaba sus artículos, respondió con su ironía habitual: “¿Mis artículos? Yo los hago bastante bien” (p. 18).

 

Ana MANCERA RUEDA
se.su@arecnamana

 

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