
La
escritora Carmen Ripa escribió este texto
bajo el
título de 'Don Luka, mi profesor':
Llegar a la universidad,
con 16 años, es descubrir
la libertad, la independencia y la responsabilidad. Para
mí, ir a la universidad, en mi caso la de Navarra,
fue un momento trascendente. Me sentí la mujer más
feliz del mundo. Iba a estudiar periodismo y, por primera
vez, salía de casa. Todo fue como lo había
pensado. Todo menos D. Luka. El mejor profesor estaba en
Pamplona, pero no era de Pamplona. D. Luka Brajnovic había
nacido en Croacia, había sido director de un periódico.
En su cara serena no se adivinaba que echaba en falta su
país y que había sufrido mucho. Él
nunca hablaba de penas, pero yo era amiga de Elica, su
hija mayor. Un día me enseñó las fotos
de sus hermanos y me llamó la atención lo
pequeños
que eran. Entonces Elica me explicó que conoció a
su padre, D. Luka, cuando tenía 13 años. "Fue
en Munich, le esperé en la estación con mi
madre, no nos habían dejado salir del país
antes. Mi padre había vagado por Europa y había
estado en un campo de concentración. Mi madre no
le había vuelto a ver, desde que yo nací.
Fue tan emocionante... Yo no podía hacerme a la
idea de que aquel señor tan delgado era mi padre.
No podía tratarle de tú y... desde entonces,
para mí, Munich es la ciudad más bonita del
mundo. Después, nacieron mis hermanos".
En los
ojos claros de D. Luka no se adivinaba tristeza, sino paz.
Sus clases eran tranquilas, reposadas, transmitían
una dulce serenidad. Aprendí mucho de él,
como periodista y como persona, porque "un profesional
de la información", decía, "es
un servidor que pone toda su capacidad, cualidades y posibilidades
de experto inteligente y honrado al servicio de los demás".
No pretendía enseñarnos a aprobar, quería
que aprendiéramos a saber. Aprobar era un momento
de la vida, saber era para siempre. No había que
avergonzarse de un suspenso. Cuando pasó el tiempo,
recordé aquellos buenos consejos. Es increíble,
pero encontré hombres imprescindibles de la historia,
incluso premios Nobel, que habían recibido papeletas
de "no apto". A Ramón y Cajal le suspendieron
en Lógica y Psicología; a Ramón del
Valle-Inclán, en latín, Castellano, Aritmética, Álgebra,
Derecho Internacional y Hacienda Pública; García
Lorca suspendió cinco veces Lengua Castellana; Azorín,
Literatura General y Literatura Española; Ramón
de la Serna, Literatura; Pío de Baroja, tres veces
Patología y nuestros grandes poetas; Machado, Eduardo
Marquina y Ramón Jiménez no aprobaron Historia
Crítica de España.
Nunca pasa nada. Lo que
merece la pena en la vida es aprender. D. Luka se ha ido
al Más Allá y nos ha dejado
parte de su saber y el ejemplo de la bondad de su corazón
que nunca transmitió un gramo de odio. Y el perdón.
Heredé una frase; o más bien una forma de
ser de él: "Todos los días de mi vida
los he pasado luchando positivamente contra el odio".
Su nombre nunca perdió el don, quizá porque
antes no tuteábamos a los profesores o simplemente
porque fue un gran señor. Hasta siempre profesor. |