Medellín:
primer encuentro PGLA
Carlos Soria
Primero llegaron a América
nuestras almas. Después,
nuestro cuerpos. Al final, la nostalgia incubada en todos
los años pamploneses del PGLA se curó y se
hizo dulce cuando nuestros ojos –del alma y del cuerpo–
se inundaron de la América que habíamos soñado
en el Campus de la Universidad de Navarra. En Medellín,
en Buenos Aires, en Viña del Mar (Chile) fuimos
felices una vez más. Aquellos Encuentros de los
egresados del Programa de Graduados Latinoamericanos (PGLA)
en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, se
han convertido –ya, para siempre– en una de las anclas
de nuestras vidas.
En 1981, en Medellín, la ciudad de la eterna primavera
a pesar de los pesares, donde los paisas cantan al hablar,
el Primer Encuentro se alió con su Jardín
Botánico. Un lugar de maravilla que han elegido
para sí las orquídeas más bellas del
mundo y los lagos mansos y azules llenos de nenúfares.
Su aroma, la quietud del Jardín en las horas del
atardecer, y la emoción desbordada de aquel Primer
Encuentro, recordaban a Luka Brajnovic que el Paraíso
existió y existirá para todos los hombres
y mujeres de corazón limpio.
En Buenos Aires, el
Encuentro fue más urbanita,
como corresponde al estilo de una ciudad encantada que
es al tiempo Madrid, París, Londres, un mar hecho
río, y otro mar –verde, de hierba– hecho Pampa.
En el Hotel Plaza, en el célebre Hotel Plaza y en
la Plaza de San Martín a donde se asoman sus fachadas,
quedaron también para siempre nuestras miradas.
Fue un Encuentro de amplias resonancias: con decir que
hasta el Presidente de la República, el Dr. Alfonsín,
nos fue a saludar…
Y en Viña del Mar, esa perla delicada que flota
en el Pacífico, nuestras chilenas y nuestros chilenos
del PGLA grabaron a fuego en todos nosotros su pasión
por el periodismo de calidad, y su delicadeza sin límites.
A pesar de nuestro escepticismo ante las instrucciones
que nos dieron nada más llegar, la noche de nuestra
despedida tuvimos un terremoto de intensidad cercana a
6 en la escala Richter…
Sobre las dos de la madrugada, los
pájaros ensordecieron
la noche con sus gritos desesperados de terror; luego,
se hizo el silencio y desde lejos, desde muy lejos, se
fue acercando un ruido sordo y oscuro que nacía
de las entrañas de la tierra, y al instante todo
empezó a moverse, sin piedad, sin esperanza, sin
terminar…
Fue la protesta de nuestros chilenos –tal
vez demasiado aparatosa– porque nos íbamos…
---
Carlos Soria fue decano de
la Facultad de Ciencias
de la Información de la Universidad
de Navarra. |
|
Los
encuentros con los graduados latinoamericanos son
una de las anclas de nuestras vidas |
| |
 |
Miguel
Urabayen, Carlos Soria, Esteban López-Escobar
y Luka Brajnovic, descendiendo del avión a su
llegada al aeropuerto colombiano de Medellín. |
|
|
|