Indro
Montanelli en la Facultad
Manuel Casado
Lo recuerdo de pie, con su considerable
estatura –casi
1,90–, dominando el Aula Magna desde la tarima presidencial,
con los brazos abiertos como si fuera a alcanzar las dos
paredes del aula, hablando a un auditorio juvenil que ocupaba
todos los asientos disponibles y había invadido
la alfombra, usando el suelo como asiento. Ha sido uno
de los que más –si no el que más– público
estudiantil atrajo a su conferencia. Era ya un personaje
mítico internacional del periodismo, y hacía
unos pocos años había emprendido una nueva
aventura profesional en Milán: la creación
de un periódico, Il Giornale
Nuovo que, según
decía, vivía de la caridad; esto porque fue
un éxito editorial que superó el punto de
equilibrio: imprimir el periódico para todo el que
deseaba comprarlo obligó a solicitar donativos a
los propios lectores, para cubrir el déficit generado
por ese mismo éxito.
Carlos Soria, a quien sucedí algunos años
después en el Decanato de la Facultad, hizo su presentación
ante aquel desbordante auditorio. Entre otras cosas dijo
lo que sigue: “Hace ya algunos años, cuando
Indro Montanelli tenía sus raíces en Roma,
al borde de Piazza Navona, alguien escribió de él:
no pertenece a ningún partido, ningún régimen
le ha hecho caballero, tiene un perro lobo de nombre Gomulka,
al que trata como un perro; es alto, va mucho de caza,
y tiene un automóvil que no sabe conducir”.
Montanelli no concebía el periodismo como un oficio: “El
periodismo no puede ser para ustedes como un oficio, declaró.
O es una misión, o no es nada”. Después
de su conferencia, Montanelli, entre otras actividades,
mantuvo una sesión informativa sobre la prensa italiana,
concedió una rueda de prensa, y tuvo una sesión
de trabajo con los participantes del VI Programa de Graduados
Latino Americanos (PGLA).
De todos modos, y aunque sin duda
su estancia entre nosotros fue la más clamorosa, la visita de Montanelli fue
una más entre varias decenas, de personas pertenecientes
tanto al ámbito académico como al profesional,
que han intervenido cada año en las actividades
formativas de la Facultad. En aquel curso 1976-77, por
ejemplo, nos visitaron entre otros Denis McQuail, profesor
de la Universidad de Amsterdam, José Mario Armero,
presidente de Europa Press, Ricardo Díez-Hochleitner,
miembro del consejo ejecutivo de la UNESCO, José Oneto,
director de Cambio 16, Frans Kempers, que dirigía
la revista Gazette, Horacio Saénz Guerrero, director
de La Vanguardia, John Merrill, que por aquellos años
era profesor en la School of Journalism de la Universidad
de Missouri (la más antigua del mundo, que celebra
su centenario al mismo tiempo que nuestra Facultad celebra
sus 50 años, y con la que tenemos un acuerdo de
colaboración desde hace bastantes años),
Jacinto Jiménez Eguizabal, director de la OJD (Oficina
de Justificación de la Difusión), Félix
Fernández Shaw, miembro fundador de la Organización
de la Televisión Iberoamericana (OTI), etc., etc.
La
cooperación entusiasta de tantas gentes en las
actividades de la Facultad a lo largo de este medio siglo
ha sido impresionante; y con todos tiene la Facultad una
deuda de gratitud. Pero creo que se me puede excusar este
recuerdo especial de Indro Montanelli, que acometió la
aventura de Il Giornale Nuovo como un veterano llamado
nuevamente a filas. Recordé su estampa en el Aula
Magna cuando Dios se lo llevó, ya nonagenario.
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Manuel Casado [mcasado@unav.es]
fue decano de la Facultad
de Ciencias de la Información de la Universidad de Navarra. |
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El
mítico periodista italiano ha
sido uno de los que más público estudiantil
atrajo a su conferencia
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Indro
Montanelli, hablando en el Aula Magna. |
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