De
Instituto a Facultad
Alfonso Nieto
El
Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra se
transformó en
Facultad en 1971. Esto fue resultado de un proceso complejo,
iniciado en octubre de 1969, que culminó, en su
primera etapa, con el punto 5 de la Disposición
Transitoria Segunda de la Ley General de Educación
de 1970. La segunda etapa se cerró con el Decreto
2070/1971, y el comienzo de las Facultades en Madrid, Barcelona
y Navarra en el curso académico 1971/1972. Así nacieron
las Facultades de Ciencias de la Información, o
de Comunicación,
como se llaman actualmente la nuestra y otras más.
¿Cómo discurrió tal proceso? Las
cosas no se hacen solas, siempre hay alguien que las hace.
En este caso, los promotores y principales partícipes
fueron José María Hernández Sampelayo
y Alejandro Fernández Sordo, por parte de la Administración
Pública; Emilio Romero y Luis María Anson
(director y subdirector de la Escuela Oficial de Periodismo
de Madrid) por parte de la profesión periodística;
y Adolfo Muñoz Alonso y yo, pertenecientes al ámbito
académico. En las gestiones participaron otros,
pero no de manera activa y continuada.
Inicialmente, Romero,
Anson y yo acudimos al Ministro de Información y Turismo, que nos dio escasas esperanzas,
y nos remitió al Subsecretario y al Director General
de Prensa, en los que encontramos mejor acogida. Varias
circunstancias favorecieron el avance. Primero: las personas
que mencioné compartíamos el objetivo de
cambiar la estructura académica de las enseñanzas
de Periodismo, Cine, Radio, Televisión, Publicidad
y Relaciones Públicas. Segundo: cada uno trabajó en
lo que podía ser más eficaz. A mí me
correspondió contribuir a la redacción de
textos legales. Al realizar las gestiones, en las que interveníamos
unos u otros, advertimos que los “imposibles” se
basaban en la legislación vigente o en un proyecto
de norma que era necesario sortear, derogar o modificar.
Tercero: se estaba elaborando el proyecto de Ley General
de Educación que introducía reformas importantes
en la enseñanza universitaria. No quisimos participar
en ninguna de las Comisiones que lo elaboraban, pues sabíamos
que poco o nada podríamos hacer. Pero esa Ley, en
tramitación, era nuestra esperanza. “Era un
autobús al que debíamos subirnos aunque fuera
en marcha”, decía Romero. Y así fue.
La cuarta circunstancia fue el clima abierto por la Ley
de Prensa de 1966 que, a pesar de sus limitaciones, fue
un respiro; y es bien sabido que la libertad, en cuanto
le dejan un resquicio, se cuela por todas partes.
La brillante
dialéctica de Emilio Romero y de Luis
María Anson fue clave, varias veces, para superar
las dificultades que nos surgían. Finalmente, en
una reunión con el Ministro de Educación,
se sugirió una fórmula que no comprometía
directamente a los Ministerios de Educación y Ciencia
y de Información y Turismo: éstos y sus representantes
aceptarían una enmienda in voce, si la presentaban
uno o varios Procuradores a Cortes sin cargos en la Administración
Pública, y la respaldaba una amplia mayoría.
Parecía adecuado que tal enmienda se formulara el
penúltimo o el último día de discusión
del proyecto de Ley. Y eso ocurrió. El punto 5 de
la Disposición Transitoria segunda fue aprobado
por unanimidad; casi me atrevería a decir que por
aclamación.
La segunda etapa, en mi opinión, fue más
laboriosa. Una vez dentro de la Universidad, a nuestros
estudios le comenzaron a salir muchas novias: Filosofía
y Letras, Económicas, Bellas Artes, Telecomunicaciones… ¿Qué necesidad
había de una nueva Facultad cuando ya teníamos
tantas?, se decía.
Cuando se promulgó el Decreto 2070/1971, el rótulo
que había a la puerta de mi despacho, y que decía “Director”,
fue sustituido por otro que decía “Decano”.
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Alfonso Nieto fue
el primer decano de la Facultad
de Ciencias de la Información de la Universidad
de Navarra. |
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Es
bien sabido que la libertad, en cuanto le dejan un
resquicio, se cuela por todas partes |
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Clase
práctica de Luka Brajnovic en la ya Facultad de
Ciencias de la Información. |
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